Prefiero…

Pasan los años, vas madurando, creciendo, aprendiendo y desaprendiendo… pero ves que mucha gente a tu alrededor sigue encasillada en sus consignas, sloganes y mantras repetidos, sin cuestionarse una coma…

No han entendido que el camino de la Sabiduría (a la que debemos aspirar, aunque sólo unos pocos elegidos alcanzarán) es el camino de la duda, nunca el de las certezas…

No se dan cuenta de que, como decía Osho, “las ideologías y las religiones no son más que prisiones para el ser humano… pero eso sí: todo el mundo presume de que su prisión es mejor que las demás! Y desde una prisión, desde la limitación que imponen los prejuicios y las creencias, es imposible salir a buscar la Verdad.”

Por si a alguien le pudiera interesar, quiero dejar a continuación varias frases que me sirven de guía. Unas son fruto de mi reflexión, otras son aforismos conocidos que he adoptado porque me parecen interesantes…

PREFIERO la Evolución a la Revolución.

PREFIERO las Ideas a las Ideologías.

PREFIERO el Progreso al Progresismo.

PREFIERO la Libertad al Liberalismo.

PREFIERO la Sociedad al Socialismo.

PREFIERO la Comunidad al Comunismo.

PREFIERO la Sabiduría Popular al Populismo.

PREFIERO el Sentimiento Nacional al Nacionalismo.

PREFIERO la Feminidad al Feminismo.

PREFIERO la Igualdad al Igualitarismo.

PREFIERO el Individuo a la Masa.

PREFIERO el Pensamiento Individual al Pensamiento Único.

PREFIERO la Espiritualidad a las Religiones.

NO ME GUSTAN las Sectas ni el Sectarismo.

HAY QUE SER TOLERANTES con todos… menos con los intolerantes.

La VIOLENCIA sólo se puede usar contra la gente violenta.

VIVE y deja vivir. RESPETA y exige que te respeten.

La FELICIDAD no es la Meta, es el Camino.

La MADURACIÓN es el resultado de un trabajo interior individual. Nadie puede madurar ni ser feliz por tí, al igual que nadie puede enfermar o morir por tí.

Namasté 🙏

 

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Carencias educativas

Estoy a punto de terminar la novela “Donde tus sueños te lleven (tu pasado no determina tu futuro)” del comunicador Javier Iriondo. Es una especie de ensayo novelado, muy inspirador, lleno de útiles consejos para incorporar a nuestra vida cotidiana. Son ideas que llevadas a la práctica nos aportan esa serenidad, ese equilibrio y esa paz interior que hacen que nos sintamos más completos y felices con nuestras vidas.

Junto con la novela histórica, este tipo de literatura de apoyo al crecimiento personal es mi preferida. Y cada vez que termino uno de estos libros se me viene a la cabeza la misma reflexión, que voy a tratar de compartir en este post y que podría resumirse en una frase: ¿no habríamos sido todos mucho más felices si nos hubieran inculcado educación emocional desde la infancia?

Desde pequeños nos enseñan lenguaje, idiomas, geografía, matemáticas, etc., pero luego en la vida tenemos que lidiar sobre todo con emociones y enfrentarnos a situaciones para las que no fuimos educados en absoluto: problemas en la relación con nuestros padres y hermanos, con los amigos y compañeros, con nuestras parejas, con nuestros jefes y colegas de trabajo… En muchas ocasiones no somos capaces de resolverlos de una forma asertiva y se generan las frustraciones y los conflictos. Nadie nos enseñó a hacerlo porque parecía que lo más importante era la educación académica, cuando en realidad lo verdaderamente importante es la educación para la vida!

No te enseñan a vivir en pareja, a construir ese vínculo afectivo fuerte que nos complementa como personas y que debe ser condición sine qua non para que, quienes lo deseen, posteriormente se conviertan en padres. Nadie nos enseñó que en la vida si se tienen claros “el qué” y “el porqué”, se encuentra “el cómo”; y esto funciona tanto a nivel individual como de pareja. Por esa desinformación y falta de preparación emocional, en la mayoría de las relaciones de pareja se acaba perdiendo la perspectiva, el valor de ese objetivo compartido (“el qué” y “el porqué”) y convirtiéndose en una lucha de egos que tarde o temprano termina en ruptura. Y el principal problema es que habitualmente el hecho de cambiar de pareja no resuelve nada, ya que si no hay crecimiento personal, las personas solemos repetir los mismos errores una y otra vez…

Tampoco nos enseñan a gestionar nuestras emociones, a relajarnos en los momentos en los que el estrés nos atenaza, con las consecuencias negativas que esto tiene para nuestra salud (contracturas musculares, enfermedades psicosomáticas, etc.). Pues bien, como practicante habitual de yoga, disciplina que aparte del trabajo postural incluye relajación y meditación, considero que sería muy positivo para los niños su aprendizaje, debido a sus importantes beneficios psicológicos (mejora de la atención, de la concentración, del autocontrol, etc.). Tanto o incluso más que la gimnasia y el deporte en general, que ya se incluyen en la formación académica.

Quiero aprovechar también este post para promocionar la labor de mi amiga, colega fotógrafa y profesora de yoga, Raquel Piñero, pionera en Andalucía en el fomento del yoga infantil. Para quien esté interesado en conocer su centro de yoga para niños en Sevilla, os dejo la dirección de su bonita página web: http://yogakids.es

Por último desear que más pronto que tarde se lleven a cabo las reformas educativas que necesita España; que lo hagan con visión de futuro y sin la politización habitual y que introduzcan de una vez por todas entre las materias obligatorias la educación para el desarrollo de la inteligencia emocional. Cuando esto suceda, las generaciones venideras seguro que estarán mucho más preparadas para la gestión de sus emociones y de los muchos conflictos que se presentan a lo largo de una vida.

 

 

Cultivar nuestra energía vital

Sentirse bien, vital, feliz con uno mismo, en definitiva lleno de paz interior, suele ser uno de los objetivos que todos perseguimos. Lograrlo es un trabajo interior, una labor individual, aunque también contribuye a conseguirlo el rodearnos de personas que nos quieran y a las que querer, tanto en el terreno sentimental, como en el círculo familiar o en el ámbito de las amistades.

Esta semana leí un artículo basado en estudios estadísticos recientes, que afirmaba que la soledad afecta drásticamente a la esperanza de vida y aumenta en un 20% las probabilidades de padecer un cáncer, ya que hace que las defensas de nuestro organismo disminuyan, a diferencia de las personas que comparten su vida con uno o varios seres queridos.

Ese factor, el de compartir nuestra vida, el de disfrutar de un proyecto vital sin fecha de caducidad con esa persona especial con la que construir un vínculo afectivo gratificante y nutriente para ambos, no es algo que dependa de nosotros mismos. Por mucho que lo deseemos puede que esa persona tarde en aparecer en nuestra vida… Por eso es importante que, además de no perder la esperanza y de no dejar de creer que algún día llegará, seamos capaces de cultivar aquellos hábitos que sólo dependen de nosotros mismos, encaminados a proporcionarnos ese estado de bienestar del que hablaba en el párrafo inicial.

Es importante que alimentemos nuestra energía vital mediante múltiples actividades que nos harán sentir mejor:

  • Cuidar de nuestro cuerpo: realizar ejercicio físico, alimentarnos bien, cuidar de la salud acudiendo a cuantas revisiones médicas sean necesarias, etc.
  • Enriquecer nuestra mente: no dejar nunca de tener curiosidad por aprender cosas nuevas, por leer, por escribir, etc. En mi opinión una de las enfermedades que más daño hace a nuestra sociedad en este terreno es la adicción a la televisión…
  • Enriquecer nuestro espíritu: estar en contacto con la Naturaleza, tocar un instrumento musical, interesarse por el Arte en sus múltiples facetas, hacer yoga, colaborar con ONG’s o hacer voluntariado, etc.
  • Creer en nosotros mismos, valorarnos, amar lo que hacemos tanto en el ámbito laboral como en el de nuestras aficiones, porque en todo ello ponemos una parte de nosotros…

Y por contra es también muy importante huir de todos aquellos hábitos que nos roban energía vital, como son:

  • Procrastinar: no acometer nuestros proyectos, estar siempre buscando excusas para dilatar en el tiempo el momento de ponernos a hacer algo…
  • Las quejas: en la vida todo tiene su lado positivo y su lado negativo, pero parece que hay personas que sólo saben ver este último; la queja nunca arregla nada y sólo contribuye a enturbiar nuestro estado de ánimo. Si algo no nos gusta lo que debemos hacer es dedicar nuestras energías a cambiarlo y no a lamentarnos.
  • El desorden: llevar una vida desordenada en cuanto a hábitos y horarios, vivir en un entorno de desorden en el terreno físico, acaba afectándonos y contagiando a nuestra mente y a nuestro espíritu. Acumular objetos en desuso, ropa y trastos viejos nos hará sentir un tanto bloqueados e impedirá que exista ese espacio necesario para la llegada de novedades a nuestra vida.
  • Las personas tóxicas: aquellas que cuando aparecen sentimos que nos chupan la energía con sus quejas, sus problemas, sus traumas, sus inseguridades… y que culpan al entorno (los políticos, la situación económica, etc.) de su incapacidad para enfrentarse a la vida. En definitiva: huyamos de quien nos hace perder el tiempo y rodeémonos de quien nos haga perder la noción del tiempo!
  • No saber perdonar: es inevitable que a lo largo de la vida nos crucemos con personas y con situaciones que nos hagan daño, pero ante eso es importante que no guardemos rencor, ya que ese es un veneno que al único que hace daño es al que lo siente… Perdonar es vital, no porque vaya a tener incidencia alguna en quien nos ofendió, sino por el beneficio que nos causa a nosotros mismos.
  • No saber aceptar: hemos de reconocer que no todo en la vida sucede como nosotros desearíamos, ni las personas que nos rodean pueden ser como a nosotros nos gustaría… Trabajar la aceptación es la única manera de vivir y de convivir en paz. No podemos olvidar que todo en la vida tiene su parte buena y su parte mala y por tanto hay que aceptar a las personas y a las situaciones como un todo, con sus pros y sus contras.

A todos aquellos que por algún motivo lo estén pasando mal, les mando toda mi energía positiva y les animo a que sigan adelante, porque más pronto que tarde las rachas cambian y los problemas terminan… o símplemente dejamos de verlos como tales!

Namasté!! 🙏

Las personas “tóxicas”

A lo largo de la vida es frecuente que nos topemos con este tipo de personas, por desgracia demasiado frecuentes. Se las reconoce con facilidad, aunque a veces traten de revestir su toxicidad con una apariencia de simpatía o con una imagen de alegría, de la que en realidad en su fuero interno carecen…

Son seres egoístas e inmaduros que viven en la crítica y en la queja permanentes. Nunca están a gusto con todo aquello que les depara la vida en su momento presente; para ellos siempre “falta algo” que les impide ser felices, desde cosas de importancia (cambiar de trabajo, de compañeros o de jefe, de piso, de ciudad, de país, de pareja…) a nimiedades (el frío del invierno, el calor del verano, renovar el vestuario o el peinado, etc.). Son personas que vacían inconscientemente sobre sus allegados toda la insatisfacción y la negatividad que llevan dentro. Culpan a los demás y al entorno de sus problemas, cuando en realidad esa insatisfacción que sienten sólo está motivada por su propia incapacidad de crecer como personas. Buscan a su alrededor (familia, amigos, compañeros de trabajo) a quien usar de “cubo de basura emocional”, de “porteadores” sobre los que descargar esa pesada carga que arrastran consigo: sus inseguridades, sus traumas del pasado, sus indecisiones, su cobardía para asumir sus compromisos y sus responsabilidades ante la vida y para con sus semejantes.

Intentar ayudar a este tipo de personas es muy peligroso, ya que nunca valorarán tu generosidad; nunca agradecerán todo aquello que reciban de ti y siempre te exigirán más. Si les ayudas 99 veces y te niegas una, no te agradecerán ese 99% de veces que lo hiciste, sino que te echarán en cara el 1% que te negaste. Convivir con ellos es también muy difícil ya que carecen de empatía y por tanto son incapaces de ceder, de negociar acuerdos o simplemente de aceptar los desacuerdos con cordialidad. Porque cada discusión es para ellos una cuestión de vida o muerte y por nada del mundo están dispuestos a dar su brazo a torcer. No lo reconocen, por supuesto, pero esa necesidad que tienen de imponerse, de ganar siempre, no es más que su forma de ocultar su inseguridad…

A veces esperamos que con el tiempo se den cuenta de su egoísmo, o que con nuestros actos bondadosos hacia ellos consigamos que cambien… pero en realidad nadie cambia por factores externos; el cambio es siempre un viaje interior o sino no hay tal cambio. Además “la espera” es otro mal compañero de viaje para nosotros, porque en muchas ocasiones se acaba convirtiendo en un estado adictivo, como una droga que sabemos que nos hace daño y que debemos dejarla pero nunca encontramos el momento. Esto es especialmente peligroso en el terreno sentimental: puedes ser consciente de que estás con una persona tóxica, pero como a la vez la quieres, deseas hacer todo lo posible para que alcance su paz interior y te das más tiempo… En tu fuero interno sabes que su maduración no depende de ti, que su toxicidad te hace daño, pero a la vez no puedes evitar quererla… y continuas esperando que algún día cambie, que llegue a darse cuenta de que no se puede vivir así… hasta que de repente lo que llega es el día en el que decides dejar de sufrir; y con todo el dolor de tu corazón optas por bajarte de ese tren a ninguna parte…

Y el que no sea capaz de alcanzar ese punto de no retorno, deberá resignarse de por vida, ya que a la vez de víctima, acabará convirtiéndose en cómplice, en consentidor de esa situación de maltrato emocional a la que las personas tóxicas someten a quienes les rodean, especialmente a quienes más las quieren…

El Eneagrama

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Acabo de terminar de leer el libro “Encantado de conocerme” de Borja Vilaseca, que lleva por subtítulo “Comprende tu personalidad a través del Eneagrama”.

Ha sido para mí todo un descubrimiento este modelo psicológico que clasifica las diferentes personalidades en 9 grupos o eneatipos. Había oído hablar del tema pero me sonaba un poco a esotérico; ahora que lo he comprendido me he dado cuenta de lo erróneo de mis prejuicios… Detrás de este sistema/modelo hay décadas de trabajo y de estudio llevado a cabo por multitud de psicólogos, psiquiatras y psicoanalistas, que han comprobado que todas las personas encajan en alguno de estos 9 eneatipos. Se trata de una especie de “manual de instrucciones” de la condición humana.

Cuando nacemos llegamos a este mundo totalmente vírgenes, pero ya desde pequeñitos empezamos a desarrollar una personalidad individual, una especie de careta o de papel que queremos desempeñar en el seno de la familia, en el colegio, en el mundo… A partir de ahí nos vamos encajando inconscientemente en uno de estos 9 eneatipos. Ninguno es ni bueno ni malo, ni mejor ni peor que los otros. Son sólo un conjunto de defectos y virtudes que configuran nuestra personalidad.

Los tipos 8, 9 y 1 están dominados por el instinto. Los tipos 2, 3 y 4 están dominados por las emociones y los tipos 5, 6 y 7 están dominados por el pensamiento. Cada uno de los 9 poseen una característica egóica o “defecto” principal a corregir, que aparece en azul en el gráfico de arriba. Pueden tener también características propias de sus “dos vecinos”, denominados “alas”: por ejemplo el 9 puede tener también aspectos en común con el 8 y/o con el 1.

Cuando pasamos por etapas de crisis en nuestras vidas, se produce lo que el modelo denomina “descentramiento”, que significa que temporalmente asumimos comportamientos egóicos de un eneatipo diferente al nuestro.

Con el trabajo de maduración y de autoconocimiento a lo largo de la vida, vamos poco a poco buscando nuestra esencia y desembarazándonos de nuestros “egos” o defectos. Para ello debemos seguir un proceso de “centramiento”, que nos ayudará en esa tarea. Las personas que consiguen llegar a esa meta, a ese estado de iluminación, abandonan su eneatipo y se liberan definitivamente de las servidumbres de su ego.

Animo a todo aquel que esté interesado en el tema que lea algún buen libro sobre la materia; este de Borja Vilaseca es muy recomendable. Mientras tanto, y a modo de resumen, me permito dejar aquí las características propias de cada uno de los 9 eneatipos:

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El Enagrama en definitiva, no es más que un modelo que nos ayuda a llegar al objetivo más importante y necesario de nuestras vidas: “conócete a ti mismo”. Los griegos ya lo sabían hace más de 2.500 años y le daban tanta importancia que tenían ese aforismo inscrito en la entrada del templo de Apolo en Delfos.

Lamentablemente sin embargo, la gran mayoría pasa por la vida de una forma inconsciente y no acomete esa esencial tarea. Como decía Tolstói: “todos quieren cambiar el mundo, pero nadie quiere cambiarse a sí mismo”…

 

 

Las masas y la sugestión colectiva

Los humanos tenemos 5 sentidos como la mayoría de los animales vertebrados. Sin embargo, y a pesar de creernos el centro de la (supuesta) creación, el sentido de la vista de cualquier rapaz es mucho mejor que el nuestro, el oído de cualquier felino supera por mucho al nuestro, el olfato de la mayoría de los mamíferos deja al nuestro a la altura del betún, etc. Además, ni siquiera tenemos esa extraña habilidad de la que disponen tanto las aves, como muchas especies de peces e incluso de insectos, para orientarse gracias a los campos magnéticos de la Tierra.

En lo que sí que parece seguro que superamos al resto de los seres vivos del planeta es en una cualidad que el proceso evolutivo ha otorgado a nuestra inteligencia: la imaginación. Esto es lo que nos ha diferenciado en los últimos milenios del resto de nuestros vecinos terrestres y lo que nos ha llevado a creernos “los amos del Universo”. Gracias a esa imaginación hemos sido capaces de inventar artilugios de todo tipo (desde la rueda hasta los cohetes espaciales), de desarrollar realidades abstractas como el lenguaje, la escritura, las matemáticas o la economía, de crear todos los tipos de artes, etc. Hasta aquí los logros positivos de esa imaginación, que tanto ha servido para la evolución y el desarrollo del homo sapiens.

Pero como casi todo en la vida, la imaginación también ha tenido a lo largo de los siglos y continúa aún teniendo su parte negativa. Porque esa imaginación, que a nivel individual puede generar ideas, conjeturas, creencias, supersticiones, etc. sin mayores consecuencias, cuando se contagia a las masas y se convierte en sugestión colectiva, puede dar lugar a consecuencias catastróficas: de ella han salido los imperios, los reinos y los países, las guerras, las religiones… No sabemos muy bien ni cuando ni porqué el hombre pasó de jugarse la vida por defender la suya y la de su prole, a jugársela por ideas a las que su imaginación les concedió una importancia que en realidad no tenía: por defender a un rey, un territorio, una bandera, una religión…

Quizás el caso más claro de lo pernicioso de esa sugestión colectiva, de esa superstición opuesta por completo al racionalismo y al método científico, haya sido el de las religiones: cuando la ciencia no llegaba a explicar cualquier fenómeno, allí estaba la imaginación para crear dioses o demonios a conveniencia, e inventar una explicación “sobrenatural”. Así durante siglos la mayoría de las enfermedades, epidemias, sequías o plagas eran consideradas castigos divinos por supuestos (e imaginados) pecados, que obviamente se solucionarían con rezos, ofrendas, sacrificios a los dioses o promesas para el caso de que las súplicas fueran atendidas.

Esa imaginación negativa, improductiva y supersticiosa, aunque parezca mentira sigue estando muy vigente: cada día podemos ver en las noticias a individuos que se inmolan matando a otros seres humanos porque imaginan que van a obtener un premio en el (supuesto) “más allá” si aniquilan a los enemigos (imaginarios) de su religión, a la que consideran (imaginan) un conocimiento “sagrado”, incuestionable, y por la que merece la pena morir…

Mucha gente dirá: “esas son cosas de locos yihadistas, que nada tienen que ver conmigo”… Y a continuación ponemos el telediario y vemos que un millón de personas se han concentrado en el pueblo de El Rocío para “venerar a la blanca paloma”! Es evidente que ningún rociero mata a quien no se crea sus fantasías, pero también es evidente que resulta más fácil ver el fanatismo y lo irracional en los demás que en nosotros mismos…

Si lo pensamos un poco, si somos capaces de tomar una cierta distancia y de hacer una mínima autocrítica, nos daremos cuenta de que nuestra cultura española y europea, de tradición judeocristiana está también impregnada de tradiciones que sólo son fruto de la sugestión colectiva y de ese instinto de imitación de las masas… Desde lo puramente religioso, como puede ser adorar una estatua o imagen, hacer una romería, concederle a otro ser humano supuestos poderes para perdonar pecados o para bendecir cualquier objeto, hasta ser fanático de una ideología política, de un equipo deportivo, de los toros o de un determinado cantante… Para mí es inaudito observar como cualquier persona de formación científica (médico, ingeniero, economista, etc.), puede de repente comportarse de una forma tan irracional ante fenómenos religiosos, políticos o deportivos, sin cuestionarse lo más mínimo sus comportamientos…

Isaac Newton hace ya tres siglos dijo aquello de “soy capaz de calcular el movimiento de los astros, pero no la locura de la gente”, y más recientemente Albert Einstein afirmó que “es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio” y también aquello de “hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana; y del Universo no estoy seguro”…

 

Expectativas: el combustible de las reacciones, las exigencias y las decepciones…

Recomendaba el sabio Siddharta Gautama (Buda), hace más de 2.500 años: “no sientas por nada ni nadie un entusiasmo excesivo ni una aversión extrema; ese es el camino de la liberación”. Pero los occidentales no hacemos ningún caso de esa recomendación: vivimos en un permanente carrusel emocional, haciéndonos expectativas tanto positivas como negativas, acerca de las personas que forman parte de nuestras vidas y de los acontecimientos venideros… Siempre estamos anticipando emociones acerca de un futuro imaginario, en lugar de buscar nuestro equilibrio emocional y nuestra paz interior.

Y es que estamos empeñados en vivir en el futuro (y muchos también en el pasado), en lugar de disfrutar de cada momento presente, de nuestro “ahora”… Por ejemplo, salimos a pasear y en vez de disfrutar del paisaje, del sonido de los pájaros, de los olores y de los colores, vamos pensando en lo que tenemos que hacer al volver a casa o mañana en el trabajo, en las compras pendientes… y muchos incluso caminan mirando al teléfono móvil, ese artefacto del que parece que depende nuestra vida casi tanto como del aire que respiramos!

En nuestros pensamientos acerca de ese futuro imaginado, tendemos a idealizarlo todo, tanto a nivel profesional, como personal. Pero luego resulta que en la mayoría de las ocasiones esas expectativas creadas por nuestra imaginación no se cumplen, y nos creemos con derecho a exigir que se cumplan, culpamos a otros por ello, reaccionamos con indignación e incluso caemos en esa decepción un tanto traumática…

No nos damos cuenta de que no es la realidad ni son los demás los que nos decepcionan, sino que somos nosotros mismos, al habernos creado expectativas sin necesidad! Como dice Borja Vilaseca, “la realidad es neutra” y por tanto de nosotros depende el reaccionar de una u otra manera ante ella.

Cada uno de nosotros es libre de marcarse expectativas en la vida y luego reaccionar con entusiasmo cuando se cumplen, o con exigencias y decepciones cuando no se cumplen. Pero sin duda, lo más recomendable es vivir el presente, en el ahora, disfrutar de lo que nos ofrece la vida cada día y fluir, sin más…

Namasté!