La “pederastia psicológica”

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define pederastia como “inclinación erótica hacia los niños” y también como “abuso sexual cometido con niños”.

Para este post voy a tomarme la licencia de eliminar el matiz erótico/sexual para añadirle el psicológico, al objeto de denunciar unos comportamientos ya enquistados en nuestra sociedad y a los que creo que no les hemos sabido dar la importancia que merecen. La pederastia psicológica es para mi el “abuso psicológico cometido con niños”, algo tan grave como pueda ser el maltrato psicológico, al que sí que estamos acostumbrados a denunciar (como violencia de género, como mobbing laboral, bullying escolar, etc.).

Hoy en día está muy extendida la idea de que a los niños ni siquiera hay que orientarles en el terreno sexual, para que sean ellos los que libremente opten por ser heterosexuales, homosexuales, lesbianas, bisexuales o transexuales. Pero a la vez se da el contrasentido de aceptar que a los niños sí se les oriente en otras materias que están al margen de la formación académica: religión, ideología política…

Cuando esa orientación viene del ámbito familiar, es algo contra lo que no podemos luchar, ya que son los padres los responsables de educar a sus hijos y por tanto son muy libres de acometer su tarea educativa de la forma que estimen oportuna. A nadie le enseñan a ser padre, así que cada uno lo hace lo mejor que puede y sabe, ignorando muchas veces que está cometiendo errores que algún día le pasarán factura a su hijo… Por eso hay padres que deciden hacer socio del Madrid o del Betis a su bebé recién nacido, otros que optan por inculcar a sus hijos ideas religiosas desde que empiezan a hablar, los hay que adoctrinan a los niños ideológicamente (lucha de clases, nacionalismo, etc.) e incluso que acuden a manifestaciones políticas con ellos!

En estos días de tumulto en Cataluña con ocasión del golpe de estado llevado a cabo por el gobierno catalán y parte de su parlamento, hemos sido testigos de esta pederastia psicológica que ahora denuncio, llevada a cabo por multitud de padres en las calles. Pero lo más aberrante ha sido asistir al uso y al abuso de los niños que han perpetrado profesores y colegios enteros. Utilizar a menores de edad para apoyar comportamientos delictivos de sus gobernantes es puro fanatismo rayano en el fascismo. Esas imágenes de niños de todas las edades adoctrinados por sus profesores sin el menor pudor, me recordaba al nazismo…

IMG_2020

Hemos asistido perplejos a la manipulación llevada a cabo en muchos colegios, en los que se ha envenenado el cerebro de los niños. Se les ha inculcado el odio hacia sus vecinos y compañeros no nacionalistas, hacia el resto de españoles, hacia España y sus símbolos, hacia los miembros de las fuerzas de seguridad… Yo me pregunto: si condenamos un simple tocamiento a los genitales de un niño por parte de un adulto y aceptamos que se le aplique un castigo severo, ¿por qué no reaccionamos ante la profanación de sus mentes indefensas? Con el agravante de que se trata de un adoctrinamiento en masa y prolongado durante años! ¿No estamos ante un gravísimo delito continuado?

Después de 35 años de tolerancia con los nacionalismos se ha demostrado el gran error que desde el principio de la democracia se cometió: jamás se debería haber permitido la transferencia de la competencia de educación a las comunidades autónomas. Desde que se produjo, los niños españoles dejaron de ser iguales y pasaron a depender del grado de fanatismo que imperara en su región de escolarización. Los nacionalistas se han valido de esa competencia para educar durante más de 3 décadas a varias generaciones de niños en el odio a España y a todo lo español. Las inmersiones lingüísticas llevadas a cabo en muchas regiones han servido para arrinconar el idioma español común, el castellano, imponiendo el uso de las lenguas regionales en la vida pública, en sus televisiones locales, en colegios y universidades, en la sanidad pública, en las oposiciones a funcionarios, etc. con la consiguiente discriminación hacia los que son sólo castellanohablantes. ¿Es justo que un catalán, un gallego o un vasco puedan presentarse a unas oposiciones en Madrid o en Andalucía mientras que un madrileño o un andaluz no puedan hacerlo en las comunidades catalana, gallega o vasca? La triste realidad, como escribí en un post anterior, es que los nacionalistas han convertido sus lenguas locales en “armas de incomunicación masiva”, en muros divisorios para separar a quienes hablan su lengua regional de quienes no la conocen…

Una mentira no se convierte en verdad por mucho que se repita. Del mismo modo, una injusticia que atenta contra la igualdad entre españoles (recogida en la Constitución), no deja de serlo por muchos años que pasen… De esta situación son responsables los gobiernos del PSOE y del PP que durante 35 años alimentaron el monstruo del nacionalismo excluyente y sectario. De aquellos polvos tenemos ahora estos lodos. Espero que algún día llegue a la escena política alguien que sea capaz de recuperar la cordura y de liderar un cambio constitucional, con el apoyo mayoritario de la sociedad española, que ponga fin a los privilegios de estos nacionalismos casposos, anacrónicos y aldeanos que sólo sirven para enfrentar, para dividir y para obtener ventajas económicas con respecto al resto de regiones españolas…

IMG_2022

Anuncios

La religión de “lo políticamente correcto”

Cuando uno antepone las ideologías a las ideas, o los prejuicios a los juicios, se está comportando del mismo modo que lo hacen los fundamentalistas.

Nunca trates de explicarle a un fanático de cualquier religión que quizás todo lo que le inculcaron desde pequeño pueda ser falso. Tampoco pierdas el tiempo hablándole a un podemita (neocomunista) de los antecedentes históricos de su ideología: dictaduras, genocidios, miseria para el pueblo y enriquecimiento de los jerarcas del partido… No te esfuerces, sólo conseguirás que se atrincheren en su fundamentalismo.

Y es que el fundamentalista tiene alergia a pensar por sí mismo e incluso a la libertad individual. Sólo se encuentran seguros en manada, repitiendo las consignas de “los suyos”, sus mantras, sin desmarcarse ni un milímetro de la senda que les marcan. Con ellos no va eso que decía el filósofo de que “el camino de la sabiduría es el camino de la duda”… ¿Para qué van a dudar de nada si ya tienen todas las “certezas” escritas en sus libros “sagrados” (tanto religiosos como políticos) y a unos “líderes” que les llevan por el camino “correcto”?

Además todo fundamentalista que se precie (aunque ellos nunca admitirán serlo), debe de tener su filia y su fobia:

  • Los islamistas adoran a su dios Alá y desprecian (algunos incluso matan) a los “infieles”, que según ellos son los creyentes de todas las demás religiones, así como agnósticos y ateos.
  • Los nacionalistas de algunas regiones españolas defienden los supuestos derechos de su territorio por encima del resto, pero además odian a España y a todo lo español.
  • Los podemitas defienden a capa y espada sus casposas ideas, pero a la vez llaman “facha” (ese rápido insulto que sale de la boca de todo aquel progre que carece de argumentos que esgrimir) a quien no comulgue con ellas.
  • Las feministas dicen que defienden los derechos de las mujeres, pero también rezuman odio hacia todo lo masculino.
  • Los antisistema pretenden un mundo mejor, pero nunca pacíficamente: no dejan de sembrar la violencia y el odio allá por donde pasan (a la vez que reclaman subvenciones y ayudas del sistema del que abominan).
  • Los animalistas afirman defender a los animales, pero en seguida sale su odio a relucir cuando muere un torero, ensañándose con él y sus familias…

Y el último fundamentalismo en llegar a nuestra sociedad occidental (salvo a algunos territorios como Rusia por ejemplo) es el de la corrección política, esa dictadura que establece lo que debes pensar, decir y hacer en casi todos los órdenes de la vida. Cualquiera que se salga de esos nuevos cánones “sagrados” será sometido al escarnio público. Pobre de quien ose abandonar el redil de este nuevo integrismo, que restringe a la gente su capacidad individual de pensar, de discernir, de discrepar…

Todo aquel que se atreva a hacerlo deberá pasar por la censura de este “Ministerio de la Verdad” al más puro estilo de Orwell en su novela 1984. Y a continuación será debidamente etiquetado por esta nueva Inquisición, según el caso como: fascista, xenófobo, racista, machista, islamófobo, neoliberal, neocon…

A lo largo de mi vida me he dado muchas veces de bruces contra este muro de la corrección política. Es más, en ocasiones, dada mi defensa de las ideas liberales (tanto en lo político, como en lo económico y en también en lo personal) y de un centrismo político alejado del viejo cainismo español de rojos y azules, he acabado recibiendo ataques de los dos lados! Y es que no hay nada peor para un extremista que la no alineación, la neutralidad, la moderación… Porque en realidad para que haya bandos tiene que haber dos posiciones enfrentadas y por eso ambos se necesitan. Los que preferimos mantener nuestra independencia para poder valorar lo bueno y lo malo de cada lado, en realidad les molestamos a los dos, les estorbamos en su eterna pelea.

Voy a dar dos ejemplos claros de lo que acabo de mencionar.

  1. Siempre he estado a favor de la legalización de la prostitución ejercida libremente por aquella mujer que así lo desee (grave incorrección política la mía!). Que se termine de una vez por todas con esa hipocresía que mantiene esta actividad en el limbo de la alegalidad. Que las trabajadoras del sexo puedan cotizar a la Seguridad Social, que se regule el ejercicio de su actividad para establecer los controles sanitarios que se estimen oportunos, que se emitan facturas como en todas las demás prestaciones de servicios y que se pague a Hacienda el IVA correspondiente… Pues bien, esta postura me ha granjeado las críticas tanto de conservadores como de progres (feministas incluidas).
  2. Otro ejercicio de cinismo y de moralina política es la negativa a aceptar en España la gestación subrogada, como existe en otros países desde hace tiempo. Mientras que el matrimonio entre personas del mismo sexo ya pertenece a la corrección política (pobre de quien ose cuestionar siquiera el nombre de “matrimonio”!) y la posibilidad de que las lesbianas sean madres por inseminación artificial se ha aceptado como algo normal, al mismo tiempo dos homosexuales o una pareja heterosexual no pueden acceder a la paternidad por gestación subrogada. Es más, el lobby feminista ha conseguido incluso que la Seguridad Social (es decir, todos los españoles) corra con los gastos de su maternidad, a la vez que se niegan a que dos homosexuales o dos heterosexuales paguen de su bolsillo la inseminación artificial a una mujer que desee asumir un embarazo de forma subrogada! Una vez más en esta restricción de derechos individuales coinciden conservadores, progres y feministas.

En el caso de estos dos últimos grupos ¿no os parece una contradicción que quienes proclaman que las mujeres son las dueñas de su cuerpo cuando se habla del aborto (“nosotras parimos, nosotras decidimos”), a continuación les nieguen el derecho a decidir sobre su cuerpo a las mujeres que quieran ejercer la prostitución o la maternidad subrogada? A mi me parece de una incongruencia inadmisible.

Además, pienso que por principio no deberíamos de consentir bajo ningún concepto que los poderes públicos nos establezcan reglas morales, que coarten nuestra libertad de personas adultas o que sometan a censura nuestras transacciones económicas; en definitiva, no deberíamos de permitir que se inmiscuyan en nuestras vidas privadas!

 

¿Bilingüismo o “arma de incomunicación masiva”?

Una lengua es un sistema de comunicación verbal y/o escrito de una comunidad humana. Es una herramienta básica y consustancial al ser humano; su uso nos permite vivir en sociedad e interactuar entre nosotros. Como en el Mundo hay personas que hablan otras lenguas, se supone que cuantas más conozcamos mejor será nuestra capacidad para comunicarnos con ellas. Por ese motivo, cada vez es más habitual que en los colegios se enseñe a los niños una segunda lengua desde pequeños, que les sirva para poder comunicarse con más personas cuando sean adultos.

Camilo José Cela afirmaba, en base a la proyección demográfica del número de hablantes, que dentro de unos siglos en el Mundo sólo se hablarán 3 idiomas: el chino, el español y el inglés, por este orden. No se si acertará en su previsión; quizás haya que añadir el árabe (por cierto, cómo me gustaría conocer la opinión de este grande de España, sin pelos en la lengua, acerca de la islamización de Europa…), pero lo que parece bastante probable es que las otras cinco lenguas que en la actualidad tienen más de cien millones de hablantes (portugués, ruso, japonés, hindi y bengalí) se convertirán en residuales; por no hablar del francés o el alemán, que sin llegar a esa cifra son consideradas hasta hoy como “importantes”…

Según el diccionario de la RAE, bilingüismo significa “uso habitual de dos lenguas en una misma región o por una misma persona”. Por tanto, ser bilingüe es en principio una ventaja, puesto que con ello se amplía el número de personas con las que comunicarse. Reconozco que envidio a esas personas que desde pequeños hablan inglés igual que el español, ya que gracias a eso pueden desenvolverse con más soltura por el mundo, optar a mejores puestos de trabajo, etc. Yo tuve la “desgracia” de estudiar francés en el colegio y al terminar la carrera me costó años de esfuerzo conseguir un buen nivel de inglés, imprescindible para mi desempeño profesional…

Pero lamentablemente hay un segundo tipo de bilingüismo, que no se basa en estos aspectos prácticos descritos anteriormente. Me estoy refiriendo a ese bilingüismo impuesto por razones políticas y usado en multitud de ocasiones con fines perversos: en lugar de servir para comunicarse mejor se usa para establecer barreras, diferenciación e incomunicación entre las personas. Así nos podemos encontrar con situaciones tan absurdas como por ejemplo:

  • que después de cada partido de futbol del Barcelona, en la rueda de prensa los periodistas catalanes le pregunten al entrenador (antes Luis Enrique, asturiano y ahora Valverde, extremeño) en catalán, para que un traductor les tenga que traducir la pregunta, cuando en realidad podrían hacérsela en español y evitarse ese estúpido numerito,
  • que muchos políticos catalanes, vascos y gallegos se empeñen en hablar en sus lenguas regionales en el Senado, exigiendo que se les traduzca, con el coste de personal (traductores) que ello implica para el contribuyente,
  • que cualquier profesional catalán, gallego o vasco pueda presentarse a unas oposiciones en el resto de España, mientras que la gente del resto de España no puede hacerlo en esos territorios, puesto que el conocimiento del idioma local se puntúa más que los méritos académicos y los años de experiencia para el puesto,
  • y ya el colmo de la estupidez se produjo tras los recientes atentados de Cataluña: desde todos los países mandaron enviados especiales a cubrir la noticia, seleccionando para ello a los que sabían hablar español, pero al llegar a Barcelona se encontraron con que toda la información la dieron en catalán! Evidentemente los primeros que hicieron el ridículo fueron los propios catalanes, llegando hasta ese extremo de utilizar su lengua local como “arma de incomunicación masiva”…

Lamentablemente en España estamos ya tan acostumbrados a estos desprecios y a esta falta de educación, que parece que hay que convivir con ello, pero afortunadamente los periodistas extranjeros denunciaron la situación, por estúpida y por absurda. A continuación dejo un link que recoge la queja de un periodista holandés al respecto:

http://www.elmundo.es/espana/2017/08/29/59a47754e2704e9b068b4718.html

Por cierto, trabajé durante muchos años para una compañía multinacional (TNT) cuya sede estaba a las afueras de Amsterdam, a donde me tocó viajar con regularidad, y he de decir que prácticamente todos los holandeses hablan un buen inglés. A pesar de que su idioma lo hablan unos 23 millones de personas en el Mundo, son conscientes de que no les sirve para mucho… a diferencia de los menos de tres millones de catalanohablantes, que aún no se han enterado del tema.

 

Los golpes de estado “democráticos”…

Lo que está pasando en Venezuela o lo que pretenden los independentistas catalanes no son más que golpes de estado revestidos de una pretendida justificación democrática. Lo que buscan es simplemente utilizar las instituciones democráticas para a continuación cargárselas…

Pero estas tretas no son nuevas en absoluto. El siglo XX ya nos dejó varios tiranos que se ampararon en las democracias de sus países para después imponer a su población una dictadura. El más famoso de ellos fue Adolf Hitler, quien a principios de los años 20 llegó a ser el líder del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, de corte nacionalista, populista y antimarxista (claro ejemplo de que “los extremos se tocan”…). En la siguiente década, en Enero de 1933, fue nombrado canciller alemán después de haber ganado las elecciones tras varios intentos fallidos. Lo consiguió mediante una “hábil” mezcla de política y violencia callejera. Y en tan solo 2 meses, en Marzo de 1933 el Reichstag controlado por su partido, aprobó una ley que le convirtió en dictador de facto. Apoyándose en ella abolió los poderes de los landers y en Julio de ese mismo año ilegalizó todos los partidos políticos excepto el suyo. Había conseguido su objetivo…

Otro caso parecido fue el de Benito Mussolini en Italia. Llegó a ser miembro destacado del Partido Socialista Italiano pero en 1921 acabó fundando su propio partido: el Partido Nacional Fascista, otro partido de corte nacionalista y populista, además de antiliberal y anticomunista (nuevamente “los extremos se tocan”). Mussolini no fue tan sibilino ni tuvo tanta paciencia como Hitler. Directamente recurrió a la violencia y sus famosas brigadas de “camisas negras” atemorizaron de tal forma a la población, que el propio rey Víctor Manuel sucumbió y en Octubre de 1922 le encargó a Mussolini que formara gobierno “para restablecer el orden”. Su forma de hacerlo fue convertirse en dictador durante las dos décadas siguientes…

Lo que acaba de perpetrar Maduro en Venezuela, cargándose el parlamento democráticamente elegido, sólo porque su partido había perdido claramente las elecciones de 2015, no es más que un golpe de estado. Un episodio que puede terminar en guerra civil y que sin duda se estudiará en los libros de Historia dentro de unos años, al igual que los dos casos que acabo de referir.

Y las maniobras secesionistas de Puigdemont y sus secuaces en Cataluña, con su pretendido referéndum ilegal, no son más que otra demostración de políticos fanáticos que, en el nombre de un pretendido (e inexistente) “mandato democrático”, se consideran con autoridad para subvertir el estado de derecho, se olvidan de su obligación de gobernar para toda la población y se dedican a dividir y a enfrentar al pueblo con estúpidas reivindicaciones partidistas y sectarias.

Sólo espero que más pronto que tarde, a ambos les caiga encima todo el peso de la ley y que  paguen caras sus tropelías…

 

40 años de democracia

Se celebró ayer el 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas tras la dictadura y me parece una efeméride lo suficientemente importante como para dedicarle un post.

Mi generación, que hemos vivido la mayor parte de nuestra vida en democracia y sobre todo las generaciones siguientes, probablemente no le demos la importancia que se merece. Quizás también para muchos esto sea una simple “batallita del abuelo Cebolleta”, algo remoto que estudiaron en el colegio; pero realmente para la historia de un país, y parafraseando el bolero, “cuarenta años no es nada”…

Apenas un año y medio antes de aquel 15 de Junio de 1977, en concreto el 20 de Noviembre de 1975, moría Franco y España entraba en una nueva etapa llena de incógnitas e incluso de desasosiego. Aquel famoso 20-N era jueves y a mis 13 años recién cumplidos (la semana anterior) me llevé una gran alegría ya que hasta varios días después no tenía que volver al colegio, en cumplimiento de las medidas gubernativas para guardar el luto por la muerte del Generalísimo. Pero mi alegría contrastaba con el desasosiego de los mayores. Para mi familia era un día muy triste: mis abuelos habían vivido y luchado en la guerra en el “bando nacional” y mis padres se habían criado en la dictadura franquista, con el consiguiente lavado de cerebro. Comprendo que es difícil echar en falta conceptos como la libertad de expresión o la democracia cuando no se han conocido… quizás por lo mismo por lo que las generaciones más jóvenes de ahora no se pueden ni imaginar que las libertades con las que han crecido pudieran de repente desaparecer…

Aquel año y medio fue el principio de lo que se ha dado en llamar “la transición”, y se trató de un período convulso, en el que colectivos de todo tipo intentaban sacar tajada de la situación: por un lado los nostálgicos del franquismo, por otro los políticos de izquierda, sindicalistas de clase y nacionalistas (todos ello silenciados hasta entonces por el régimen), por otro la ETA… Tras aquellas primeras elecciones de Junio del 1977 que ganó la Unión de Centro Democrático de Adolfo Suárez, aún quedaban episodios importantes por escribir: la amnistía general de Octubre de 1977, el regreso de exiliados y represaliados, la elaboración de la Constitución de 1978…

Pero todo ese trabajo llevado a cabo por esa nueva profesión, la de “político” que ahora tanto denostamos, no habría sido posible si el Rey Juan Carlos no hubiera jugado sus cartas para hacerlo posible… En sólo unos meses, el delfín de Franco hizo dimitir al último jefe de gobierno del franquismo, Arias Navarro, en quien obviamente no podía confiar para llevar a cabo las reformas políticas que quería para España, y situó en su lugar a un desconocido Adolfo Suárez, antiguo falangista y exdirector de RTVE. Con la colaboración del hasta entonces presidente de las Cortes franquistas, Torcuato Fernández- Miranda, consiguieron sacar adelante la Ley para la Reforma Política en Noviembre de 1976, con la aprobación de 435 de los 531 procuradores en Cortes (el 81%), posteriormente sometida a referéndum el 15 de Diciembre, y aprobada por una abrumadora mayoría de españoles (el 94%). Quedaba claro por tanto que la sociedad española, incluidos los que con anterioridad habían apoyado el franquismo, estaba mayoritariamente a favor del tránsito hacia la democracia.

Aquel espíritu generó una ilusión colectiva que hizo posible el entendimiento entre diferentes por el bien de un país. España necesitaba de consensos esenciales para llevar a cabo el cambio político y la generosidad de la mayoría lo hizo posible. Quizás el hecho de que la batuta de la transición la llevaran personas provenientes del régimen anterior, como el Rey Juan Carlos, Suárez, Fernández-Miranda, el general Gutiérrez Mellado, etc., sea algo que la izquierda más extrema no pueda digerir jamás… Que el dictador muriera de viejo, en la cama de un simbólico hospital público madrileño (la Paz, uno de los mejores de Europa e inaugurado por él) y que encima las libertades y la democracia las trajeran exfranquistas quizás sea un sapo difícil de tragar… pero teniendo en cuenta las reticencias que existían en aquellos momentos en el estamento militar y el riesgo real de golpe de estado, es bastante evidente que sólo gente como ellos podía llevar a cabo, en tan poco tiempo, la transición de una dictadura que había durado 36 años y medio a una democracia plena como la nuestra.

En muy poco tiempo en España se pasó de no haber oído hablar nunca de política, a ser el tema de conversación en todas las tertulias. Caravanas de coches de los partidos políticos con sus banderas y megáfonos, calles empapeladas de carteles con siglas, colores y caras de “aspirantes a político”, era un espectáculo totalmente nuevo para mí. Recuerdo que por aquellos años intentaba sonsacarle a mi abuelo Francisco: “¿abuelo, tu qué eres, de izquierdas o de derechas?” Y su respuesta siempre era la misma: “yo soy guardia civil, soy de orden; la política para los políticos”. He recordado durante décadas aquella frase y hace mucho tiempo que le doy la razón:

  • Por un lado es justo reconocer el trabajo ímprobo de aquella generación de políticos, que supieron ponerse de acuerdo y consensuar la Ley para la Reforma Política (Noviembre 1976); los Pactos de la Moncloa (firmados el 25 de Octubre de 1977), esenciales para impulsar la economía española gravemente castigada desde la crisis del petróleo del 73; la Constitución española, aprobada por abrumadora mayoría en todas y cada una de las provincias españolas sin excepción el 6 de Diciembre de 1978 (con un 88,54% a favor a nivel nacional). Fueron capaces de aparcar los rencores del pasado, los posibles deseos de venganza y optaron por abrazar el espíritu de reconciliación nacional…
  • Pero por otra parte, fruto de aquella necesidad de llegar a consensos, hubo que hacer grandes concesiones que han venido lastrando nuestra democracia desde entonces. La ley electoral se redactó con el objetivo de dar cabida a todas las minorías, evitando poner un mínimo de votos a nivel nacional para obtener representación parlamentaria, como ocurre en la mayoría de países. Esto ha llevado a que partidos nacionalistas y regionalistas hayan condicionado la política española en múltiples ocasiones. Asimismo, las concesiones constitucionales a esos nacionalismos llevaron al famoso “café para todos” y a la creación del estado autonómico que se ha demostrado, por la vía de los hechos, un auténtico expolio para las finanzas públicas. Los 17 reinos de taifas autonómicos (más Ceuta y Melilla), han sido un vivero de políticos a los que poco o nada les ha importado el bien común de la nación española, sino que han hecho un mercadeo constante para obtener ventajas comparativas para su territorio. El caso más extremo se está produciendo en la actualidad con las pretensiones independentistas de Cataluña…

En definitiva, luces y sombras en estos 40 años de política española, que se encuentra en la actualidad amenazada por problemas variopintos: una deuda pública desorbitada (más del 100% del PIB, cuando el límite máximo que se estableció en su día para acceder a la Unión Europea fue del 60%), una corrupción sistémica, una amenaza secesionista en Cataluña, un populismo comunista casposo…

Haría falta a mi juicio la irrupción de una figura que liderara una reforma profunda del sistema político español, al estilo de Macron en Francia. Los franceses han decidido que ya era hora de pasar olímpicamente de conservadores y socialistas, y probar una nueva vía alejada de sectarismos. En mi opinión han optado por una buena decisión. Por desgracia en España el cainismo está tan arraigado que veo difícil que pueda suceder algo parecido, al memos a corto plazo… Ojalá me equivoque!

 

 

Administrador que administra…

Dice un refrán español: “administrador que administra y enfermo que se enjuaga, algo traga”…

Cuando lo que se administra es de titularidad privada, siempre hay alguien por encima de ese administrador para pedirle cuentas (consejo de administración, junta de accionistas, auditores externos y/o internos, etc.). El problema siempre suele venir cuando lo que se administra es de titularidad pública, ya que desgraciadamente está muy extendida la creencia que aquella lumbrera socialista reflejó en su famosa frase: “el dinero público no es de nadie”…

La titularidad privada siempre lleva a la eficiencia o en caso contrario a la quiebra (a desaparecer); mientras tanto la titularidad pública puede mantenerse en la ineficiencia y el derroche por los siglos de los siglos, ya que si las cuentas no cuadran, simplemente el dinero que falte se le quita a los contribuyentes cada año, con cargo a los presupuestos, y todo arreglado!

Ejemplos dramáticos de esa diferencia entre lo público y lo privado aparecen en el trato que el ser humano dispensa al medio ambiente:

  • Si yo soy el dueño de una finca, nunca voy a permitir que venga nadie a verterme escombros, basuras o productos químicos. Ahora bien, si un terreno “no es de nadie”… entonces cualquiera se cree con derecho a contaminarlo.
  • Los ríos, las playas, los mares o las calles y parques de las ciudades “no son de nadie”, por eso demasiada gente se cree con el derecho a verter desechos en ellos.
  • El aire “no es de nadie”, así que a nadie le preocupa especialmente que se contamine a diario…

Evidentemente no voy a defender aquí que haya que privatizar ríos ni mares, sólo estoy haciendo un ejercicio didáctico para que todo el mundo entienda esa diferencia de comportamiento tan extendida entre lo privado y lo público. Lo ideal sería que igual que no permitimos que nuestras propiedades sean ensuciadas, tampoco permitiéramos que los lugares públicos lo fueran. Porque los recintos públicos y muy especialmente la Naturaleza, no es que no sea de nadie, es que “es de todos”! Y por tanto todos somos “propietarios” y como tales deberíamos comportarnos, defendiéndola a capa y espada…

Pero vuelvo otra vez al tema del “administrador que administra”… En España el dinero público (ese que a mucha gente no le importa porque “no es de nadie”) se gestiona de una forma tan sumamente descentralizada, que seguramente tenemos una administración pública de las más sobredimensionados del mundo y en 4 niveles superpuestos (dejando a un lado la administración general de la Seguridad Social).

La administración central del Estado es bastante reducida y homologable a la de otros países, pero a continuación tenemos tres niveles más: las comunidades autonómicas (17 más Ceuta y Melilla), las provincias (50 más Ceuta y Melilla) con sus diputaciones provinciales y los ayuntamientos (más de 8.000!), de los que menos de un millar superan los 10.000 habitantes. Si a estos 4 niveles administrativos le añadimos las empresas públicas y semi-públicas que gestionan, imaginemos la cantidad de cientos de miles de “administradores que administran” el dinero público de todos los españoles… Por eso no es de extrañar que salgan a la luz constantemente episodios en los que “algo han tragado” políticos y administradores de todos los partidos, tanto de empresas públicas, como de ayuntamientos, diputaciones, autonomías y administración central.

Sólo por ese riesgo de que nos roben ya merecería la pena reducir el número de “administradores que administran”, pero es que además hay dos motivos claros para optimizar esta administración pública española tan elefantiásica:

  • En primer lugar la defensa de la IGUALDAD de todos los españoles. Si el artículo 14 de la Constitución recoge esa igualdad, ¿por qué hay zonas de España con mejores coberturas sanitarias que otras?, ¿por qué hay regiones en las que un español paga más impuestos que en otras?, ¿por qué hay regiones en las que se discrimina a españoles por cuestión lingüística?, ¿por qué la educación de los niños españoles es diferente dependiendo de la región en la que viva?, etc., etc.
  • En segundo lugar por EFICIENCIA. El sobre coste que nos produce a los contribuyentes el estado autonómico ya fue evaluado por el equipo económico de UPyD en 70.000 millones de €uros allá por el año 2012; ese ahorro ya nos llevaría del déficit al superávit anual de un plumazo, lo que nos serviría para bajar los impuestos y/o amortizar deuda pública. Del mismo modo no tiene sentido alguno mantener los siete mil y pico ayuntamientos de menos de 10.000 habitantes, cuando se podrían crear mancomunidades que consiguieran ahorros y sinergias…

Si otros países europeos ya han acometido esta tarea de optimización territorial hace muchos años, ¿por qué no se hace en España? La respuesta es muy sencilla: España no es una verdadera democracia, sino una partitocracia, según la cual la prioridad no somos nunca los ciudadanos/contribuyentes, sino los partidos políticos y su “juego democrático”. Para nuestros políticos, sin importar ideologías (quizás en esto sólo se salvarían la extinta UPyD y Ciudadanos, que son los únicos que se han atrevido a plantear en sus programas la reducción de la administración pública), lo importante es tener una administración lo más grande posible, con el fin de disponer de muchos puestos en los que enchufar a sus miles de afiliados y acólitos. Además están los partidos nazionalistas (lo pongo deliberadamente con “z”), que infectan nuestro sistema político con sus anacrónicos discursos identitarios y cainitas, y que utilizan las instituciones para propagar su veneno…

Va siendo hora de que este pueblo español tan adocenado, inculto y subvencionado despierte de una vez y empiece a reclamar que se gestione bien su dinero. Porque la gran mayoría, sumida en su ignorancia, no se da cuenta de que ese “juego democrático” de la partitocracia española le cuesta cada año un dineral en impuestos… Imaginemos que entre el sobre coste autonómico y el municipal (no entro en las diputaciones), el derroche anual fuera de 92.000 millones de €uros (cifra sin ningún rigor económico y que seguramente se queda corta); pues bien, haciendo una simple división, llegaríamos a la conclusión de que a cada español le cuesta la broma la friolera de 2.000 €uros anuales; es decir que a una familia de cuatro miembros le sale por 8.000 €gritos anuales, o lo que es lo mismo 667 €uros cada mes, durante todos y cada uno de los años de sus vidas…

¿Monarquía o República?

Es este un debate en el que raramente escucho argumentos; todo el mundo parece tener decidida su preferencia sin saber explicar muy bien porque. O lo que es peor: simplemente se dedican a repetir consignas políticas y sectarias, sin aportar un ápice de razonamiento propio…

Tanto la extrema derecha (la Falange por ejemplo) como la extrema izquierda (los comunistas por ejemplo) siempre fueron claramente republicanistas y antimonárquicos. Para el resto de las ideologías más centradas, no es este un tema al que le den demasiada importancia. Entre otras cosas porque en una democracia parlamentaria como la nuestra, la monarquía depende en todo momento del gobierno y apenas tiene ninguna función aparte de la representación de nuestro país al más alto nivel. La propia palabra “rey” puede sonar anacrónica, si pensamos en lo que fueron los reyes y las monarquías siglos atrás en Europa; pero afortunadamente hace ya mucho que las monarquías de los países occidentales están sometidas al control democrático de los gobiernos y asumen un papel que nada tiene que ver con su historia.

Para mí, que soy un liberal convencido, lo esencial es elegir el modelo que menos nos cueste a los contribuyentes. Es más, si por mi fuera, eliminaría las 17 autonomías, todos los municipios menores de 10.000 habitantes, las diputaciones, etc; y con ello desaparecerían el 95% de los políticos de este país y por tanto se reducirían en un 95% las posibilidades de que nos robaran… pero eso ya será objeto de otro post!

No se puede afirmar como hacen algunos que una forma de jefatura de estado sea más cara que la otra. La monarquía española es claramente más barata que muchas jefaturas de república de países de nuestro entorno (Francia, por ejemplo) y también tiene un presupuesto mucho más bajo que otras monarquías. En cualquier caso, ese es un tema que depende de los presupuestos generales anuales de cada país y por tanto cada gobierno decide libremente la cantidad que quiere dedicarle. El argumento del coste anual no tiene por tanto ningún rigor a la hora de dilucidar esta cuestión.

Hay cuatro razones, que en mi opinión admiten pocas objeciones, que hacen que la monarquía sea más conveniente que la república para la jefatura de un estado:

1.- La primera y más importante es la económica: unas elecciones generales cuestan a las arcas públicas la friolera de 130 millones de €uros. Si hubiera que convocar elecciones presidenciales periódicas tendríamos un enorme gasto que ahora nos estamos ahorrando. Si tenemos en cuenta que la monarquía española lleva ya funcionando más de 40 años, imaginemos los miles de millones de €uros que llevamos ahorrados!

2.- En segundo lugar, en un país tan cainita como España, donde la mayoría son rojos o azules a muerte, la figura de una jefatura de estado neutral y apolítica, es para mí un valor a tener en gran consideración. Imaginemos que en vez de tener a un “rey de todos los españoles”, tuviéramos unos años a un presidente de república del PSOE y otros años a otro del PP… Sólo de pensarlo se me revuelve el estómago! Bastante hastiados estamos ya muchos de la política española, como para politizar también la figura del máximo representante del Estado español.

3.- En tercer lugar, una monarquía le da una estabilidad y una continuidad a la jefatura del estado, que no tiene la república, con sus cambios de presidente cada pocos años. Considero positivo que mientras que los gobiernos se van alternando cada cuatro años, el máximo representante y relaciones públicas de España ante el mundo, sea siempre el mismo. De esa forma se aumenta la visibilidad de nuestro país en el exterior, ya que todo el mundo conoce al rey de España, algo que no pasaría si cada 4 o 5 años entrara un desconocido.

4.- Por último, pero no menos importante, un rey (o reina) es una persona a la que se ha preparado desde su nacimiento para el cargo. Es instruido en idiomas, política internacional, diplomacia, economía, recibe formación militar, etc. Y sólo después de décadas de preparación asume su puesto. No quiero ni pensar en la vergüenza que pasaríamos muchos si hubiéramos tenido una república y de repente hubiera ganado las elecciones a la presidencia un individuo como Zapatero por ejemplo: un auténtico ignorante en idiomas, economía, política internacional, etc., cuyos únicos activos eran sonreír y encogerse de hombros, y hablar del talante y demás memeces huecas de contenido, como aquello de que “la Tierra pertenece al viento”…