Las personas “tóxicas”

A lo largo de la vida es frecuente que nos topemos con este tipo de personas, por desgracia demasiado frecuentes. Se las reconoce con facilidad, aunque a veces traten de revestir su toxicidad con una apariencia de simpatía o con una imagen de alegría, de la que en realidad en su fuero interno carecen…

Son seres egoístas e inmaduros que viven en la crítica y en la queja permanentes. Nunca están a gusto con todo aquello que les depara la vida en su momento presente; para ellos siempre “falta algo” que les impide ser felices, desde cosas de importancia (cambiar de trabajo, de compañeros o de jefe, de piso, de ciudad, de país, de pareja…) a nimiedades (el frío del invierno, el calor del verano, renovar el vestuario o el peinado, etc.). Son personas que vacían inconscientemente sobre sus allegados toda la insatisfacción y la negatividad que llevan dentro. Culpan a los demás y al entorno de sus problemas, cuando en realidad esa insatisfacción que sienten sólo está motivada por su propia incapacidad de crecer como personas. Buscan a su alrededor (familia, amigos, compañeros de trabajo) a quien usar de “cubo de basura emocional”, de “porteadores” sobre los que descargar esa pesada carga que arrastran consigo: sus inseguridades, sus traumas del pasado, sus indecisiones, su cobardía para asumir sus compromisos y sus responsabilidades ante la vida y para con sus semejantes.

Intentar ayudar a este tipo de personas es muy peligroso, ya que nunca valorarán tu generosidad; nunca agradecerán todo aquello que reciban de ti y siempre te exigirán más. Si les ayudas 99 veces y te niegas una, no te agradecerán ese 99% de veces que lo hiciste, sino que te echarán en cara el 1% que te negaste. Convivir con ellos es también muy difícil ya que carecen de empatía y por tanto son incapaces de ceder, de negociar acuerdos o simplemente de aceptar los desacuerdos con cordialidad. Porque cada discusión es para ellos una cuestión de vida o muerte y por nada del mundo están dispuestos a dar su brazo a torcer. No lo reconocen, por supuesto, pero esa necesidad que tienen de imponerse, de ganar siempre, no es más que su forma de ocultar su inseguridad…

A veces esperamos que con el tiempo se den cuenta de su egoísmo, o que con nuestros actos bondadosos hacia ellos consigamos que cambien… pero en realidad nadie cambia por factores externos; el cambio es siempre un viaje interior o sino no hay tal cambio. Además “la espera” es otro mal compañero de viaje para nosotros, porque en muchas ocasiones se acaba convirtiendo en un estado adictivo, como una droga que sabemos que nos hace daño y que debemos dejarla pero nunca encontramos el momento. Esto es especialmente peligroso en el terreno sentimental: puedes ser consciente de que estás con una persona tóxica, pero como a la vez la quieres, deseas hacer todo lo posible para que alcance su paz interior y te das más tiempo… En tu fuero interno sabes que su maduración no depende de ti, que su toxicidad te hace daño, pero a la vez no puedes evitar quererla… y continuas esperando que algún día cambie, que llegue a darse cuenta de que no se puede vivir así… hasta que de repente lo que llega es el día en el que decides dejar de sufrir; y con todo el dolor de tu corazón optas por bajarte de ese tren a ninguna parte…

Y el que no sea capaz de alcanzar ese punto de no retorno, deberá resignarse de por vida, ya que a la vez de víctima, acabará convirtiéndose en cómplice, en consentidor de esa situación de maltrato emocional a la que las personas tóxicas someten a quienes les rodean, especialmente a quienes más las quieren…

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La religión de “lo políticamente correcto”

Cuando uno antepone las ideologías a las ideas, o los prejuicios a los juicios, se está comportando del mismo modo que lo hacen los fundamentalistas.

Nunca trates de explicarle a un fanático de cualquier religión que quizás todo lo que le inculcaron desde pequeño pueda ser falso. Tampoco pierdas el tiempo hablándole a un podemita (neocomunista) de los antecedentes históricos de su ideología: dictaduras, genocidios, miseria para el pueblo y enriquecimiento de los jerarcas del partido… No te esfuerces, sólo conseguirás que se atrincheren en su fundamentalismo.

Y es que el fundamentalista tiene alergia a pensar por sí mismo e incluso a la libertad individual. Sólo se encuentran seguros en manada, repitiendo las consignas de “los suyos”, sus mantras, sin desmarcarse ni un milímetro de la senda que les marcan. Con ellos no va eso que decía el filósofo de que “el camino de la sabiduría es el camino de la duda”… ¿Para qué van a dudar de nada si ya tienen todas las “certezas” escritas en sus libros “sagrados” (tanto religiosos como políticos) y a unos “líderes” que les llevan por el camino “correcto”?

Además todo fundamentalista que se precie (aunque ellos nunca admitirán serlo), debe de tener su filia y su fobia:

  • Los islamistas adoran a su dios Alá y desprecian (algunos incluso matan) a los “infieles”, que según ellos son los creyentes de todas las demás religiones, así como agnósticos y ateos.
  • Los nacionalistas de algunas regiones españolas defienden los supuestos derechos de su territorio por encima del resto, pero además odian a España y a todo lo español.
  • Los podemitas defienden a capa y espada sus casposas ideas, pero a la vez llaman “facha” (ese rápido insulto que sale de la boca de todo aquel progre que carece de argumentos que esgrimir) a quien no comulgue con ellas.
  • Las feministas dicen que defienden los derechos de las mujeres, pero también rezuman odio hacia todo lo masculino.
  • Los antisistema pretenden un mundo mejor, pero nunca pacíficamente: no dejan de sembrar la violencia y el odio allá por donde pasan (a la vez que reclaman subvenciones y ayudas del sistema del que abominan).
  • Los animalistas afirman defender a los animales, pero en seguida sale su odio a relucir cuando muere un torero, ensañándose con él y sus familias…

Y el último fundamentalismo en llegar a nuestra sociedad occidental (salvo a algunos territorios como Rusia por ejemplo) es el de la corrección política, esa dictadura que establece lo que debes pensar, decir y hacer en casi todos los órdenes de la vida. Cualquiera que se salga de esos nuevos cánones “sagrados” será sometido al escarnio público. Pobre de quien ose abandonar el redil de este nuevo integrismo, que restringe a la gente su capacidad individual de pensar, de discernir, de discrepar…

Todo aquel que se atreva a hacerlo deberá pasar por la censura de este “Ministerio de la Verdad” al más puro estilo de Orwell en su novela 1984. Y a continuación será debidamente etiquetado por esta nueva Inquisición, según el caso como: fascista, xenófobo, racista, machista, islamófobo, neoliberal, neocon…

A lo largo de mi vida me he dado muchas veces de bruces contra este muro de la corrección política. Es más, en ocasiones, dada mi defensa de las ideas liberales (tanto en lo político, como en lo económico y en también en lo personal) y de un centrismo político alejado del viejo cainismo español de rojos y azules, he acabado recibiendo ataques de los dos lados! Y es que no hay nada peor para un extremista que la no alineación, la neutralidad, la moderación… Porque en realidad para que haya bandos tiene que haber dos posiciones enfrentadas y por eso ambos se necesitan. Los que preferimos mantener nuestra independencia para poder valorar lo bueno y lo malo de cada lado, en realidad les molestamos a los dos, les estorbamos en su eterna pelea.

Voy a dar dos ejemplos claros de lo que acabo de mencionar.

  1. Siempre he estado a favor de la legalización de la prostitución ejercida libremente por aquella mujer que así lo desee (grave incorrección política la mía!). Que se termine de una vez por todas con esa hipocresía que mantiene esta actividad en el limbo de la alegalidad. Que las trabajadoras del sexo puedan cotizar a la Seguridad Social, que se regule el ejercicio de su actividad para establecer los controles sanitarios que se estimen oportunos, que se emitan facturas como en todas las demás prestaciones de servicios y que se pague a Hacienda el IVA correspondiente… Pues bien, esta postura me ha granjeado las críticas tanto de conservadores como de progres (feministas incluidas).
  2. Otro ejercicio de cinismo y de moralina política es la negativa a aceptar en España la gestación subrogada, como existe en otros países desde hace tiempo. Mientras que el matrimonio entre personas del mismo sexo ya pertenece a la corrección política (pobre de quien ose cuestionar siquiera el nombre de “matrimonio”!) y la posibilidad de que las lesbianas sean madres por inseminación artificial se ha aceptado como algo normal, al mismo tiempo dos homosexuales o una pareja heterosexual no pueden acceder a la paternidad por gestación subrogada. Es más, el lobby feminista ha conseguido incluso que la Seguridad Social (es decir, todos los españoles) corra con los gastos de su maternidad, a la vez que se niegan a que dos homosexuales o dos heterosexuales paguen de su bolsillo la inseminación artificial a una mujer que desee asumir un embarazo de forma subrogada! Una vez más en esta restricción de derechos individuales coinciden conservadores, progres y feministas.

En el caso de estos dos últimos grupos ¿no os parece una contradicción que quienes proclaman que las mujeres son las dueñas de su cuerpo cuando se habla del aborto (“nosotras parimos, nosotras decidimos”), a continuación les nieguen el derecho a decidir sobre su cuerpo a las mujeres que quieran ejercer la prostitución o la maternidad subrogada? A mi me parece de una incongruencia inadmisible.

Además, pienso que por principio no deberíamos de consentir bajo ningún concepto que los poderes públicos nos establezcan reglas morales, que coarten nuestra libertad de personas adultas o que sometan a censura nuestras transacciones económicas; en definitiva, no deberíamos de permitir que se inmiscuyan en nuestras vidas privadas!

 

¿Bilingüismo o “arma de incomunicación masiva”?

Una lengua es un sistema de comunicación verbal y/o escrito de una comunidad humana. Es una herramienta básica y consustancial al ser humano; su uso nos permite vivir en sociedad e interactuar entre nosotros. Como en el Mundo hay personas que hablan otras lenguas, se supone que cuantas más conozcamos mejor será nuestra capacidad para comunicarnos con ellas. Por ese motivo, cada vez es más habitual que en los colegios se enseñe a los niños una segunda lengua desde pequeños, que les sirva para poder comunicarse con más personas cuando sean adultos.

Camilo José Cela afirmaba, en base a la proyección demográfica del número de hablantes, que dentro de unos siglos en el Mundo sólo se hablarán 3 idiomas: el chino, el español y el inglés, por este orden. No se si acertará en su previsión; quizás haya que añadir el árabe (por cierto, cómo me gustaría conocer la opinión de este grande de España, sin pelos en la lengua, acerca de la islamización de Europa…), pero lo que parece bastante probable es que las otras cinco lenguas que en la actualidad tienen más de cien millones de hablantes (portugués, ruso, japonés, hindi y bengalí) se convertirán en residuales; por no hablar del francés o el alemán, que sin llegar a esa cifra son consideradas hasta hoy como “importantes”…

Según el diccionario de la RAE, bilingüismo significa “uso habitual de dos lenguas en una misma región o por una misma persona”. Por tanto, ser bilingüe es en principio una ventaja, puesto que con ello se amplía el número de personas con las que comunicarse. Reconozco que envidio a esas personas que desde pequeños hablan inglés igual que el español, ya que gracias a eso pueden desenvolverse con más soltura por el mundo, optar a mejores puestos de trabajo, etc. Yo tuve la “desgracia” de estudiar francés en el colegio y al terminar la carrera me costó años de esfuerzo conseguir un buen nivel de inglés, imprescindible para mi desempeño profesional…

Pero lamentablemente hay un segundo tipo de bilingüismo, que no se basa en estos aspectos prácticos descritos anteriormente. Me estoy refiriendo a ese bilingüismo impuesto por razones políticas y usado en multitud de ocasiones con fines perversos: en lugar de servir para comunicarse mejor se usa para establecer barreras, diferenciación e incomunicación entre las personas. Así nos podemos encontrar con situaciones tan absurdas como por ejemplo:

  • que después de cada partido de futbol del Barcelona, en la rueda de prensa los periodistas catalanes le pregunten al entrenador (antes Luis Enrique, asturiano y ahora Valverde, extremeño) en catalán, para que un traductor les tenga que traducir la pregunta, cuando en realidad podrían hacérsela en español y evitarse ese estúpido numerito,
  • que muchos políticos catalanes, vascos y gallegos se empeñen en hablar en sus lenguas regionales en el Senado, exigiendo que se les traduzca, con el coste de personal (traductores) que ello implica para el contribuyente,
  • que cualquier profesional catalán, gallego o vasco pueda presentarse a unas oposiciones en el resto de España, mientras que la gente del resto de España no puede hacerlo en esos territorios, puesto que el conocimiento del idioma local se puntúa más que los méritos académicos y los años de experiencia para el puesto,
  • y ya el colmo de la estupidez se produjo tras los recientes atentados de Cataluña: desde todos los países mandaron enviados especiales a cubrir la noticia, seleccionando para ello a los que sabían hablar español, pero al llegar a Barcelona se encontraron con que toda la información la dieron en catalán! Evidentemente los primeros que hicieron el ridículo fueron los propios catalanes, llegando hasta ese extremo de utilizar su lengua local como “arma de incomunicación masiva”…

Lamentablemente en España estamos ya tan acostumbrados a estos desprecios y a esta falta de educación, que parece que hay que convivir con ello, pero afortunadamente los periodistas extranjeros denunciaron la situación, por estúpida y por absurda. A continuación dejo un link que recoge la queja de un periodista holandés al respecto:

http://www.elmundo.es/espana/2017/08/29/59a47754e2704e9b068b4718.html

Por cierto, trabajé durante muchos años para una compañía multinacional (TNT) cuya sede estaba a las afueras de Amsterdam, a donde me tocó viajar con regularidad, y he de decir que prácticamente todos los holandeses hablan un buen inglés. A pesar de que su idioma lo hablan unos 23 millones de personas en el Mundo, son conscientes de que no les sirve para mucho… a diferencia de los menos de tres millones de catalanohablantes, que aún no se han enterado del tema.

 

Las teorías conspiratorias

La imaginación es lo que diferencia al homo sapiens del resto de los seres inteligentes del planeta. Esta cualidad, cuando se pone al servicio de la ciencia o del arte, nos lleva a alcanzar logros que quedan para las generaciones futuras.

El problema viene cuando se le da rienda suelta a la imaginación sin rigor alguno y se acaba degenerando en “creencias” que carecen del más mínimo fundamento. Así llegamos a las supersticiones y como no, a las teorías conspiratorias. A lo largo de mi vida he escuchado todo tipo de ellas, provenientes siempre de personas que anteponen su “libre imaginación” al sentido común.

Un científico nunca opina, sino que propone teorías, las evalúa, las comprueba siguiendo criterios objetivos y sólo cuando quedan probadas las expone a sus colegas. Una cualidad esencial del científico es la humildad: no creerse nunca en posesión de la verdad absoluta y estar abierto a la posibilidad de que cualquier otro científico le demuestre que existe una teoría mejor.

El conspirador sin embargo es alguien que no atiende a razones. Tiene sus ideas “muy claras” (según él), aunque no exista la menor evidencia que las soporte; y no está dispuesto a escuchar argumentos que puedan atentar contra “sus certezas”. Para este tipo de personas, todo aquel que prefiera hacer caso al sentido común y no creerse aquello que no está demostrado, es gente “ignorante” o “poco evolucionada” a diferencia de ellos, que son los “iluminados por el conocimiento”…

Normalmente cada teoría conspiratoria va asociada a una ideología:

  • Por ejemplo algunos antiamericanos son capaces de defender la teoría de que el Apolo 11 nunca llegó a la luna y que todo fue un montaje! Da igual que lo hayan visto mil veces en televisión despegando sobre el cohete Saturno desde la base de cabo Cañaveral, o que hayan visto caer la cápsula al mar con sus tripulantes de vuelta a la Tierra. Afirman que fue un engaño propio de la guerra fría, pero no se paran a pensar que la URSS jamás puso en duda ni esa ni las seis siguientes expediciones norteamericanas a la luna (de las cuales una fracasó) efectuadas dentro del programa espacial Apolo… De sobra sabían los servicios secretos soviéticos que aquella carrera espacial en la que ellos empezaron aventajando a los americanos con el lanzamiento del Sputnik 1 (en 1957), y con sondas no tripuladas a la Luna, Venus y Marte, al final la perdieron en Julio de 1969 cuando Neil Armstrong se convirtió en el primer ser humano en pisar la superficie lunar. Es más, la última misión del Apolo en el verano de 1975, la llevaron a cabo conjuntamente entre la NASA y la URSS…
  • Hay defensores del terrorismo yihadista que caen en sus propias contradicciones: por un lado se alegran de los atentados contra Occidente y por otro los niegan, llegando a afirmar que son inventos para atemorizar a las masas. He llegado a escuchar la teoría conspiranoica de que las Torres Gemelas no las derrumbaron los atentados del 11-S… Da igual que se retransmitieran las colisiones de los dos aviones en directo y todo lo sucedido a continuación; da igual también que Bin Laden y sus secuaces se atribuyeran con orgullo los atentados…
  • Para muchos neonazis, el holocausto llevado a cabo por Hitler en la II Guerra Mundial es un invento. Para sus cortas mentes aquello no sucedió, aunque hayan quedado para la posteridad los campos de exterminio y las fotos de los pocos supervivientes liberados (al borde de la muerte) de aquella crueldad…
  • Para los judíos ortodoxos, nada que no esté escrito en la Biblia puede ser cierto. Por ese motivo niegan la existencia de los dinosaurios, a pesar de que el mundo entero esté lleno de museos de Ciencias con los centenares de esqueletos recuperados de entre los hielos y bajo la tierra. La teoría de la evolución de Darwin, comprobada y demostrada hasta la saciedad por los científicos naturalistas, es un engaño que nunca hará tambalear sus creencias fundamentalistas en lo narrado por el Génesis…
  • Los creyentes en las religiones que “venden” una vida más allá de la muerte, así como los enamorados de lo esotérico, de los espíritus y de los fantasmas, tienen tantas ganas de creer en ello, que no les hace falta mucho más. Da igual que vean que toda la vida que conocemos en la Tierra esté sometida al proceso de nacimiento-crecimiento-muerte. Según ellos el homo sapiens tiene la gran suerte de disponer de otra vida más allá de la muerte, a diferencia de sus vecinos de planeta. Porque hasta ahora no he oído a nadie hablar de la resurrección de los monos, de la ascensión a los cielos de los perros y gatos, o de la vida futura de los escarabajos… No me olvido tampoco de los que otorgan “poderes milagrosos” a estampitas, medallitas, rezos, etc.
  • Aquellos deseosos de que exista vida extraterrestre no pueden esperar a que se confirme algún caso con un mínimo de rigor. Los propios astrónomos nunca han negado su existencia, es más, afirman que estadísticamente, entre tantos miles de millones de estrellas y de planetas, hay una altísima probabilidad de que exista! Pero a continuación nos explican que lo que resulta prácticamente imposible es que podamos contactar con seres de otras galaxias, debido a las gigantescas distancias espacio-temporales. Lamentablemente, lo más probable es que cuando alguna civilización extraterrestre visite la Tierra, la nuestra lleve ya miles o millones de años extinguida. Por cierto, la ciencia tiene comprobados más del 99% de supuestos fenómenos OVNI, pero lógicamente los conspiranoicos del tema se agarran al 1% restante, no van a desfallecer porque “tan sólo” el 99% de los casos resulten falsos (y el 1 restante esté por demostrar, lo que no implica necesariamente que tengan que ser verdaderos!)…
  • Los anticapitalistas y antisistema suelen poner en entredicho prácticamente todo, ya que disponen de teorías conspiranoicas para casi todo. Me da mucha pereza entrar más en detalle, pero seguro que la mayoría habrá oído hablar de su retahíla de males del capitalismo, eso sí, sin aportar ninguna alternativa creíble! Porque si algo nos ha demostrado la historia es que, con todos sus defectos, el capitalismo y el liberalismo económico no tienen ninguna alternativa que no pase por la eliminación de las libertades individuales y la imposición de regímenes estatalistas autoritarios (tanto los regímenes fascistas como los comunistas del s. XX nos deberían de servir de lección para no volver a caer en ellos…). Es obvio que el mundo evoluciona y que los retos de la ecología y del calentamiento global deben de obligarnos a emprender las reformas necesarias para salvaguardar el futuro del planeta. Y es que no hace falta ser antisistema para ser ecologista…
  • Muchos defensores de las terapias naturales, hacen de ello una bandera para arremeter contra los avances médicos y farmacéuticos. Algunos han llegado incluso a negarse a vacunar a sus hijos y ya hemos visto como han terminado varios casos… Otros llegan a creerse cualquier teoría por peregrina que pueda parecer: desde que el limón es miles de veces mejor para luchar contra el cáncer que la quimioterapia, a que el agua de mar podría ser sustitutivo del plasma sanguíneo… Nuevamente, a este tipo de gente les da igual que las estadísticas demuestren que las sociedades con la medicina más avanzada dota a sus ciudadanos de mayor calidad y esperanza de vida que las sociedades que no disponen de ella. Por cierto, conocí un caso cercano de una mujer sevillana casada con un senegalés que viajaba cada año a África. Pues bien, fiel a sus principios se negaba a vacunarse hasta que un verano se contagió de malaria… y menos mal que ahí estuvo la medicina tradicional para salvarle la vida (que ella puso en grave riesgo por negarse a vacunarse!)…

Seguramente me dejo más tipos de conspiradores y de conspiranoicos, pero creo que con esto es más que suficiente.

En definitiva, en este mundo de Internet donde abundan la información y la desinformación, es necesario contrastar, analizar si detrás de una noticia puede haber intereses o ideologías que les lleven a tergiversar la realidad… Pero de ahí a ponerlo todo en entredicho, a creer que todo tiene explicaciones oscuras y a defender alternativas conspiranoicas que atentan contra el más mínimo sentido común… va un trecho!

Los golpes de estado “democráticos”…

Lo que está pasando en Venezuela o lo que pretenden los independentistas catalanes no son más que golpes de estado revestidos de una pretendida justificación democrática. Lo que buscan es simplemente utilizar las instituciones democráticas para a continuación cargárselas…

Pero estas tretas no son nuevas en absoluto. El siglo XX ya nos dejó varios tiranos que se ampararon en las democracias de sus países para después imponer a su población una dictadura. El más famoso de ellos fue Adolf Hitler, quien a principios de los años 20 llegó a ser el líder del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, de corte nacionalista, populista y antimarxista (claro ejemplo de que “los extremos se tocan”…). En la siguiente década, en Enero de 1933, fue nombrado canciller alemán después de haber ganado las elecciones tras varios intentos fallidos. Lo consiguió mediante una “hábil” mezcla de política y violencia callejera. Y en tan solo 2 meses, en Marzo de 1933 el Reichstag controlado por su partido, aprobó una ley que le convirtió en dictador de facto. Apoyándose en ella abolió los poderes de los landers y en Julio de ese mismo año ilegalizó todos los partidos políticos excepto el suyo. Había conseguido su objetivo…

Otro caso parecido fue el de Benito Mussolini en Italia. Llegó a ser miembro destacado del Partido Socialista Italiano pero en 1921 acabó fundando su propio partido: el Partido Nacional Fascista, otro partido de corte nacionalista y populista, además de antiliberal y anticomunista (nuevamente “los extremos se tocan”). Mussolini no fue tan sibilino ni tuvo tanta paciencia como Hitler. Directamente recurrió a la violencia y sus famosas brigadas de “camisas negras” atemorizaron de tal forma a la población, que el propio rey Víctor Manuel sucumbió y en Octubre de 1922 le encargó a Mussolini que formara gobierno “para restablecer el orden”. Su forma de hacerlo fue convertirse en dictador durante las dos décadas siguientes…

Lo que acaba de perpetrar Maduro en Venezuela, cargándose el parlamento democráticamente elegido, sólo porque su partido había perdido claramente las elecciones de 2015, no es más que un golpe de estado. Un episodio que puede terminar en guerra civil y que sin duda se estudiará en los libros de Historia dentro de unos años, al igual que los dos casos que acabo de referir.

Y las maniobras secesionistas de Puigdemont y sus secuaces en Cataluña, con su pretendido referéndum ilegal, no son más que otra demostración de políticos fanáticos que, en el nombre de un pretendido (e inexistente) “mandato democrático”, se consideran con autoridad para subvertir el estado de derecho, se olvidan de su obligación de gobernar para toda la población y se dedican a dividir y a enfrentar al pueblo con estúpidas reivindicaciones partidistas y sectarias.

Sólo espero que más pronto que tarde, a ambos les caiga encima todo el peso de la ley y que  paguen caras sus tropelías…

 

40 años de democracia

Se celebró ayer el 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas tras la dictadura y me parece una efeméride lo suficientemente importante como para dedicarle un post.

Mi generación, que hemos vivido la mayor parte de nuestra vida en democracia y sobre todo las generaciones siguientes, probablemente no le demos la importancia que se merece. Quizás también para muchos esto sea una simple “batallita del abuelo Cebolleta”, algo remoto que estudiaron en el colegio; pero realmente para la historia de un país, y parafraseando el bolero, “cuarenta años no es nada”…

Apenas un año y medio antes de aquel 15 de Junio de 1977, en concreto el 20 de Noviembre de 1975, moría Franco y España entraba en una nueva etapa llena de incógnitas e incluso de desasosiego. Aquel famoso 20-N era jueves y a mis 13 años recién cumplidos (la semana anterior) me llevé una gran alegría ya que hasta varios días después no tenía que volver al colegio, en cumplimiento de las medidas gubernativas para guardar el luto por la muerte del Generalísimo. Pero mi alegría contrastaba con el desasosiego de los mayores. Para mi familia era un día muy triste: mis abuelos habían vivido y luchado en la guerra en el “bando nacional” y mis padres se habían criado en la dictadura franquista, con el consiguiente lavado de cerebro. Comprendo que es difícil echar en falta conceptos como la libertad de expresión o la democracia cuando no se han conocido… quizás por lo mismo por lo que las generaciones más jóvenes de ahora no se pueden ni imaginar que las libertades con las que han crecido pudieran de repente desaparecer…

Aquel año y medio fue el principio de lo que se ha dado en llamar “la transición”, y se trató de un período convulso, en el que colectivos de todo tipo intentaban sacar tajada de la situación: por un lado los nostálgicos del franquismo, por otro los políticos de izquierda, sindicalistas de clase y nacionalistas (todos ello silenciados hasta entonces por el régimen), por otro la ETA… Tras aquellas primeras elecciones de Junio del 1977 que ganó la Unión de Centro Democrático de Adolfo Suárez, aún quedaban episodios importantes por escribir: la amnistía general de Octubre de 1977, el regreso de exiliados y represaliados, la elaboración de la Constitución de 1978…

Pero todo ese trabajo llevado a cabo por esa nueva profesión, la de “político” que ahora tanto denostamos, no habría sido posible si el Rey Juan Carlos no hubiera jugado sus cartas para hacerlo posible… En sólo unos meses, el delfín de Franco hizo dimitir al último jefe de gobierno del franquismo, Arias Navarro, en quien obviamente no podía confiar para llevar a cabo las reformas políticas que quería para España, y situó en su lugar a un desconocido Adolfo Suárez, antiguo falangista y exdirector de RTVE. Con la colaboración del hasta entonces presidente de las Cortes franquistas, Torcuato Fernández- Miranda, consiguieron sacar adelante la Ley para la Reforma Política en Noviembre de 1976, con la aprobación de 435 de los 531 procuradores en Cortes (el 81%), posteriormente sometida a referéndum el 15 de Diciembre, y aprobada por una abrumadora mayoría de españoles (el 94%). Quedaba claro por tanto que la sociedad española, incluidos los que con anterioridad habían apoyado el franquismo, estaba mayoritariamente a favor del tránsito hacia la democracia.

Aquel espíritu generó una ilusión colectiva que hizo posible el entendimiento entre diferentes por el bien de un país. España necesitaba de consensos esenciales para llevar a cabo el cambio político y la generosidad de la mayoría lo hizo posible. Quizás el hecho de que la batuta de la transición la llevaran personas provenientes del régimen anterior, como el Rey Juan Carlos, Suárez, Fernández-Miranda, el general Gutiérrez Mellado, etc., sea algo que la izquierda más extrema no pueda digerir jamás… Que el dictador muriera de viejo, en la cama de un simbólico hospital público madrileño (la Paz, uno de los mejores de Europa e inaugurado por él) y que encima las libertades y la democracia las trajeran exfranquistas quizás sea un sapo difícil de tragar… pero teniendo en cuenta las reticencias que existían en aquellos momentos en el estamento militar y el riesgo real de golpe de estado, es bastante evidente que sólo gente como ellos podía llevar a cabo, en tan poco tiempo, la transición de una dictadura que había durado 36 años y medio a una democracia plena como la nuestra.

En muy poco tiempo en España se pasó de no haber oído hablar nunca de política, a ser el tema de conversación en todas las tertulias. Caravanas de coches de los partidos políticos con sus banderas y megáfonos, calles empapeladas de carteles con siglas, colores y caras de “aspirantes a político”, era un espectáculo totalmente nuevo para mí. Recuerdo que por aquellos años intentaba sonsacarle a mi abuelo Francisco: “¿abuelo, tu qué eres, de izquierdas o de derechas?” Y su respuesta siempre era la misma: “yo soy guardia civil, soy de orden; la política para los políticos”. He recordado durante décadas aquella frase y hace mucho tiempo que le doy la razón:

  • Por un lado es justo reconocer el trabajo ímprobo de aquella generación de políticos, que supieron ponerse de acuerdo y consensuar la Ley para la Reforma Política (Noviembre 1976); los Pactos de la Moncloa (firmados el 25 de Octubre de 1977), esenciales para impulsar la economía española gravemente castigada desde la crisis del petróleo del 73; la Constitución española, aprobada por abrumadora mayoría en todas y cada una de las provincias españolas sin excepción el 6 de Diciembre de 1978 (con un 88,54% a favor a nivel nacional). Fueron capaces de aparcar los rencores del pasado, los posibles deseos de venganza y optaron por abrazar el espíritu de reconciliación nacional…
  • Pero por otra parte, fruto de aquella necesidad de llegar a consensos, hubo que hacer grandes concesiones que han venido lastrando nuestra democracia desde entonces. La ley electoral se redactó con el objetivo de dar cabida a todas las minorías, evitando poner un mínimo de votos a nivel nacional para obtener representación parlamentaria, como ocurre en la mayoría de países. Esto ha llevado a que partidos nacionalistas y regionalistas hayan condicionado la política española en múltiples ocasiones. Asimismo, las concesiones constitucionales a esos nacionalismos llevaron al famoso “café para todos” y a la creación del estado autonómico que se ha demostrado, por la vía de los hechos, un auténtico expolio para las finanzas públicas. Los 17 reinos de taifas autonómicos (más Ceuta y Melilla), han sido un vivero de políticos a los que poco o nada les ha importado el bien común de la nación española, sino que han hecho un mercadeo constante para obtener ventajas comparativas para su territorio. El caso más extremo se está produciendo en la actualidad con las pretensiones independentistas de Cataluña…

En definitiva, luces y sombras en estos 40 años de política española, que se encuentra en la actualidad amenazada por problemas variopintos: una deuda pública desorbitada (más del 100% del PIB, cuando el límite máximo que se estableció en su día para acceder a la Unión Europea fue del 60%), una corrupción sistémica, una amenaza secesionista en Cataluña, un populismo comunista casposo…

Haría falta a mi juicio la irrupción de una figura que liderara una reforma profunda del sistema político español, al estilo de Macron en Francia. Los franceses han decidido que ya era hora de pasar olímpicamente de conservadores y socialistas, y probar una nueva vía alejada de sectarismos. En mi opinión han optado por una buena decisión. Por desgracia en España el cainismo está tan arraigado que veo difícil que pueda suceder algo parecido, al memos a corto plazo… Ojalá me equivoque!

 

 

Las masas y la sugestión colectiva

Los humanos tenemos 5 sentidos como la mayoría de los animales vertebrados. Sin embargo, y a pesar de creernos el centro de la (supuesta) creación, el sentido de la vista de cualquier rapaz es mucho mejor que el nuestro, el oído de cualquier felino supera por mucho al nuestro, el olfato de la mayoría de los mamíferos deja al nuestro a la altura del betún, etc. Además, ni siquiera tenemos esa extraña habilidad de la que disponen tanto las aves, como muchas especies de peces e incluso de insectos, para orientarse gracias a los campos magnéticos de la Tierra.

En lo que sí que parece seguro que superamos al resto de los seres vivos del planeta es en una cualidad que el proceso evolutivo ha otorgado a nuestra inteligencia: la imaginación. Esto es lo que nos ha diferenciado en los últimos milenios del resto de nuestros vecinos terrestres y lo que nos ha llevado a creernos “los amos del Universo”. Gracias a esa imaginación hemos sido capaces de inventar artilugios de todo tipo (desde la rueda hasta los cohetes espaciales), de desarrollar realidades abstractas como el lenguaje, la escritura, las matemáticas o la economía, de crear todos los tipos de artes, etc. Hasta aquí los logros positivos de esa imaginación, que tanto ha servido para la evolución y el desarrollo del homo sapiens.

Pero como casi todo en la vida, la imaginación también ha tenido a lo largo de los siglos y continúa aún teniendo su parte negativa. Porque esa imaginación, que a nivel individual puede generar ideas, conjeturas, creencias, supersticiones, etc. sin mayores consecuencias, cuando se contagia a las masas y se convierte en sugestión colectiva, puede dar lugar a consecuencias catastróficas: de ella han salido los imperios, los reinos y los países, las guerras, las religiones… No sabemos muy bien ni cuando ni porqué el hombre pasó de jugarse la vida por defender la suya y la de su prole, a jugársela por ideas a las que su imaginación les concedió una importancia que en realidad no tenía: por defender a un rey, un territorio, una bandera, una religión…

Quizás el caso más claro de lo pernicioso de esa sugestión colectiva, de esa superstición opuesta por completo al racionalismo y al método científico, haya sido el de las religiones: cuando la ciencia no llegaba a explicar cualquier fenómeno, allí estaba la imaginación para crear dioses o demonios a conveniencia, e inventar una explicación “sobrenatural”. Así durante siglos la mayoría de las enfermedades, epidemias, sequías o plagas eran consideradas castigos divinos por supuestos (e imaginados) pecados, que obviamente se solucionarían con rezos, ofrendas, sacrificios a los dioses o promesas para el caso de que las súplicas fueran atendidas.

Esa imaginación negativa, improductiva y supersticiosa, aunque parezca mentira sigue estando muy vigente: cada día podemos ver en las noticias a individuos que se inmolan matando a otros seres humanos porque imaginan que van a obtener un premio en el (supuesto) “más allá” si aniquilan a los enemigos (imaginarios) de su religión, a la que consideran (imaginan) un conocimiento “sagrado”, incuestionable, y por la que merece la pena morir…

Mucha gente dirá: “esas son cosas de locos yihadistas, que nada tienen que ver conmigo”… Y a continuación ponemos el telediario y vemos que un millón de personas se han concentrado en el pueblo de El Rocío para “venerar a la blanca paloma”! Es evidente que ningún rociero mata a quien no se crea sus fantasías, pero también es evidente que resulta más fácil ver el fanatismo y lo irracional en los demás que en nosotros mismos…

Si lo pensamos un poco, si somos capaces de tomar una cierta distancia y de hacer una mínima autocrítica, nos daremos cuenta de que nuestra cultura española y europea, de tradición judeocristiana está también impregnada de tradiciones que sólo son fruto de la sugestión colectiva y de ese instinto de imitación de las masas… Desde lo puramente religioso, como puede ser adorar una estatua o imagen, hacer una romería, concederle a otro ser humano supuestos poderes para perdonar pecados o para bendecir cualquier objeto, hasta ser fanático de una ideología política, de un equipo deportivo, de los toros o de un determinado cantante… Para mí es inaudito observar como cualquier persona de formación científica (médico, ingeniero, economista, etc.), puede de repente comportarse de una forma tan irracional ante fenómenos religiosos, políticos o deportivos, sin cuestionarse lo más mínimo sus comportamientos…

Isaac Newton hace ya tres siglos dijo aquello de “soy capaz de calcular el movimiento de los astros, pero no la locura de la gente”, y más recientemente Albert Einstein afirmó que “es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio” y también aquello de “hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana; y del Universo no estoy seguro”…