40 años de democracia

Se celebró ayer el 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas tras la dictadura y me parece una efeméride lo suficientemente importante como para dedicarle un post.

Mi generación, que hemos vivido la mayor parte de nuestra vida en democracia y sobre todo las generaciones siguientes, probablemente no le demos la importancia que se merece. Quizás también para muchos esto sea una simple “batallita del abuelo Cebolleta”, algo remoto que estudiaron en el colegio; pero realmente para la historia de un país, y parafraseando el bolero, “cuarenta años no es nada”…

Apenas un año y medio antes de aquel 15 de Junio de 1977, en concreto el 20 de Noviembre de 1975, moría Franco y España entraba en una nueva etapa llena de incógnitas e incluso de desasosiego. Aquel famoso 20-N era jueves y a mis 13 años recién cumplidos (la semana anterior) me llevé una gran alegría ya que hasta varios días después no tenía que volver al colegio, en cumplimiento de las medidas gubernativas para guardar el luto por la muerte del Generalísimo. Pero mi alegría contrastaba con el desasosiego de los mayores. Para mi familia era un día muy triste: mis abuelos habían vivido y luchado en la guerra en el “bando nacional” y mis padres se habían criado en la dictadura franquista, con el consiguiente lavado de cerebro. Comprendo que es difícil echar en falta conceptos como la libertad de expresión o la democracia cuando no se han conocido… quizás por lo mismo por lo que las generaciones más jóvenes de ahora no se pueden ni imaginar que las libertades con las que han crecido pudieran de repente desaparecer…

Aquel año y medio fue el principio de lo que se ha dado en llamar “la transición”, y se trató de un período convulso, en el que colectivos de todo tipo intentaban sacar tajada de la situación: por un lado los nostálgicos del franquismo, por otro los políticos de izquierda, sindicalistas de clase y nacionalistas (todos ello silenciados hasta entonces por el régimen), por otro la ETA… Tras aquellas primeras elecciones de Junio del 1977 que ganó la Unión de Centro Democrático de Adolfo Suárez, aún quedaban episodios importantes por escribir: la amnistía general de Octubre de 1977, el regreso de exiliados y represaliados, la elaboración de la Constitución de 1978…

Pero todo ese trabajo llevado a cabo por esa nueva profesión, la de “político” que ahora tanto denostamos, no habría sido posible si el Rey Juan Carlos no hubiera jugado sus cartas para hacerlo posible… En sólo unos meses, el delfín de Franco hizo dimitir al último jefe de gobierno del franquismo, Arias Navarro, en quien obviamente no podía confiar para llevar a cabo las reformas políticas que quería para España, y situó en su lugar a un desconocido Adolfo Suárez, antiguo falangista y exdirector de RTVE. Con la colaboración del hasta entonces presidente de las Cortes franquistas, Torcuato Fernández- Miranda, consiguieron sacar adelante la Ley para la Reforma Política en Noviembre de 1976, con la aprobación de 435 de los 531 procuradores en Cortes (el 81%), posteriormente sometida a referéndum el 15 de Diciembre, y aprobada por una abrumadora mayoría de españoles (el 94%). Quedaba claro por tanto que la sociedad española, incluidos los que con anterioridad habían apoyado el franquismo, estaba mayoritariamente a favor del tránsito hacia la democracia.

Aquel espíritu generó una ilusión colectiva que hizo posible el entendimiento entre diferentes por el bien de un país. España necesitaba de consensos esenciales para llevar a cabo el cambio político y la generosidad de la mayoría lo hizo posible. Quizás el hecho de que la batuta de la transición la llevaran personas provenientes del régimen anterior, como el Rey Juan Carlos, Suárez, Fernández-Miranda, el general Gutiérrez Mellado, etc., sea algo que la izquierda más extrema no pueda digerir jamás… Que el dictador muriera de viejo, en la cama de un simbólico hospital público madrileño (la Paz, uno de los mejores de Europa e inaugurado por él) y que encima las libertades y la democracia las trajeran exfranquistas quizás sea un sapo difícil de tragar… pero teniendo en cuenta las reticencias que existían en aquellos momentos en el estamento militar y el riesgo real de golpe de estado, es bastante evidente que sólo gente como ellos podía llevar a cabo, en tan poco tiempo, la transición de una dictadura que había durado 36 años y medio a una democracia plena como la nuestra.

En muy poco tiempo en España se pasó de no haber oído hablar nunca de política, a ser el tema de conversación en todas las tertulias. Caravanas de coches de los partidos políticos con sus banderas y megáfonos, calles empapeladas de carteles con siglas, colores y caras de “aspirantes a político”, era un espectáculo totalmente nuevo para mí. Recuerdo que por aquellos años intentaba sonsacarle a mi abuelo Francisco: “¿abuelo, tu qué eres, de izquierdas o de derechas?” Y su respuesta siempre era la misma: “yo soy guardia civil, soy de orden; la política para los políticos”. He recordado durante décadas aquella frase y hace mucho tiempo que le doy la razón:

  • Por un lado es justo reconocer el trabajo ímprobo de aquella generación de políticos, que supieron ponerse de acuerdo y consensuar la Ley para la Reforma Política (Noviembre 1976); los Pactos de la Moncloa (firmados el 25 de Octubre de 1977), esenciales para impulsar la economía española gravemente castigada desde la crisis del petróleo del 73; la Constitución española, aprobada por abrumadora mayoría en todas y cada una de las provincias españolas sin excepción el 6 de Diciembre de 1978 (con un 88,54% a favor a nivel nacional). Fueron capaces de aparcar los rencores del pasado, los posibles deseos de venganza y optaron por abrazar el espíritu de reconciliación nacional…
  • Pero por otra parte, fruto de aquella necesidad de llegar a consensos, hubo que hacer grandes concesiones que han venido lastrando nuestra democracia desde entonces. La ley electoral se redactó con el objetivo de dar cabida a todas las minorías, evitando poner un mínimo de votos a nivel nacional para obtener representación parlamentaria, como ocurre en la mayoría de países. Esto ha llevado a que partidos nacionalistas y regionalistas hayan condicionado la política española en múltiples ocasiones. Asimismo, las concesiones constitucionales a esos nacionalismos llevaron al famoso “café para todos” y a la creación del estado autonómico que se ha demostrado, por la vía de los hechos, un auténtico expolio para las finanzas públicas. Los 17 reinos de taifas autonómicos (más Ceuta y Melilla), han sido un vivero de políticos a los que poco o nada les ha importado el bien común de la nación española, sino que han hecho un mercadeo constante para obtener ventajas comparativas para su territorio. El caso más extremo se está produciendo en la actualidad con las pretensiones independentistas de Cataluña…

En definitiva, luces y sombras en estos 40 años de política española, que se encuentra en la actualidad amenazada por problemas variopintos: una deuda pública desorbitada (más del 100% del PIB, cuando el límite máximo que se estableció en su día para acceder a la Unión Europea fue del 60%), una corrupción sistémica, una amenaza secesionista en Cataluña, un populismo comunista casposo…

Haría falta a mi juicio la irrupción de una figura que liderara una reforma profunda del sistema político español, al estilo de Macron en Francia. Los franceses han decidido que ya era hora de pasar olímpicamente de conservadores y socialistas, y probar una nueva vía alejada de sectarismos. En mi opinión han optado por una buena decisión. Por desgracia en España el cainismo está tan arraigado que veo difícil que pueda suceder algo parecido, al memos a corto plazo… Ojalá me equivoque!

 

 

Las masas y la sugestión colectiva

Los humanos tenemos 5 sentidos como la mayoría de los animales vertebrados. Sin embargo, y a pesar de creernos el centro de la (supuesta) creación, el sentido de la vista de cualquier rapaz es mucho mejor que el nuestro, el oído de cualquier felino supera por mucho al nuestro, el olfato de la mayoría de los mamíferos deja al nuestro a la altura del betún, etc. Además, ni siquiera tenemos esa extraña habilidad de la que disponen tanto las aves, como muchas especies de peces e incluso de insectos, para orientarse gracias a los campos magnéticos de la Tierra.

En lo que sí que parece seguro que superamos al resto de los seres vivos del planeta es en una cualidad que el proceso evolutivo ha otorgado a nuestra inteligencia: la imaginación. Esto es lo que nos ha diferenciado en los últimos milenios del resto de nuestros vecinos terrestres y lo que nos ha llevado a creernos “los amos del Universo”. Gracias a esa imaginación hemos sido capaces de inventar artilugios de todo tipo (desde la rueda hasta los cohetes espaciales), de desarrollar realidades abstractas como el lenguaje, la escritura, las matemáticas o la economía, de crear todos los tipos de artes, etc. Hasta aquí los logros positivos de esa imaginación, que tanto ha servido para la evolución y el desarrollo del homo sapiens.

Pero como casi todo en la vida, la imaginación también ha tenido a lo largo de los siglos y continúa aún teniendo su parte negativa. Porque esa imaginación, que a nivel individual puede generar ideas, conjeturas, creencias, supersticiones, etc. sin mayores consecuencias, cuando se contagia a las masas y se convierte en sugestión colectiva, puede dar lugar a consecuencias catastróficas: de ella han salido los imperios, los reinos y los países, las guerras, las religiones… No sabemos muy bien ni cuando ni porqué el hombre pasó de jugarse la vida por defender la suya y la de su prole, a jugársela por ideas a las que su imaginación les concedió una importancia que en realidad no tenía: por defender a un rey, un territorio, una bandera, una religión…

Quizás el caso más claro de lo pernicioso de esa sugestión colectiva, de esa superstición opuesta por completo al racionalismo y al método científico, haya sido el de las religiones: cuando la ciencia no llegaba a explicar cualquier fenómeno, allí estaba la imaginación para crear dioses o demonios a conveniencia, e inventar una explicación “sobrenatural”. Así durante siglos la mayoría de las enfermedades, epidemias, sequías o plagas eran consideradas castigos divinos por supuestos (e imaginados) pecados, que obviamente se solucionarían con rezos, ofrendas, sacrificios a los dioses o promesas para el caso de que las súplicas fueran atendidas.

Esa imaginación negativa, improductiva y supersticiosa, aunque parezca mentira sigue estando muy vigente: cada día podemos ver en las noticias a individuos que se inmolan matando a otros seres humanos porque imaginan que van a obtener un premio en el (supuesto) “más allá” si aniquilan a los enemigos (imaginarios) de su religión, a la que consideran (imaginan) un conocimiento “sagrado”, incuestionable, y por la que merece la pena morir…

Mucha gente dirá: “esas son cosas de locos yihadistas, que nada tienen que ver conmigo”… Y a continuación ponemos el telediario y vemos que un millón de personas se han concentrado en el pueblo de El Rocío para “venerar a la blanca paloma”! Es evidente que ningún rociero mata a quien no se crea sus fantasías, pero también es evidente que resulta más fácil ver el fanatismo y lo irracional en los demás que en nosotros mismos…

Si lo pensamos un poco, si somos capaces de tomar una cierta distancia y de hacer una mínima autocrítica, nos daremos cuenta de que nuestra cultura española y europea, de tradición judeocristiana está también impregnada de tradiciones que sólo son fruto de la sugestión colectiva y de ese instinto de imitación de las masas… Desde lo puramente religioso, como puede ser adorar una estatua o imagen, hacer una romería, concederle a otro ser humano supuestos poderes para perdonar pecados o para bendecir cualquier objeto, hasta ser fanático de una ideología política, de un equipo deportivo, de los toros o de un determinado cantante… Para mí es inaudito observar como cualquier persona de formación científica (médico, ingeniero, economista, etc.), puede de repente comportarse de una forma tan irracional ante fenómenos religiosos, políticos o deportivos, sin cuestionarse lo más mínimo sus comportamientos…

Isaac Newton hace ya tres siglos dijo aquello de “soy capaz de calcular el movimiento de los astros, pero no la locura de la gente”, y más recientemente Albert Einstein afirmó que “es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio” y también aquello de “hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana; y del Universo no estoy seguro”…

 

Administrador que administra…

Dice un refrán español: “administrador que administra y enfermo que se enjuaga, algo traga”…

Cuando lo que se administra es de titularidad privada, siempre hay alguien por encima de ese administrador para pedirle cuentas (consejo de administración, junta de accionistas, auditores externos y/o internos, etc.). El problema siempre suele venir cuando lo que se administra es de titularidad pública, ya que desgraciadamente está muy extendida la creencia que aquella lumbrera socialista reflejó en su famosa frase: “el dinero público no es de nadie”…

La titularidad privada siempre lleva a la eficiencia o en caso contrario a la quiebra (a desaparecer); mientras tanto la titularidad pública puede mantenerse en la ineficiencia y el derroche por los siglos de los siglos, ya que si las cuentas no cuadran, simplemente el dinero que falte se le quita a los contribuyentes cada año, con cargo a los presupuestos, y todo arreglado!

Ejemplos dramáticos de esa diferencia entre lo público y lo privado aparecen en el trato que el ser humano dispensa al medio ambiente:

  • Si yo soy el dueño de una finca, nunca voy a permitir que venga nadie a verterme escombros, basuras o productos químicos. Ahora bien, si un terreno “no es de nadie”… entonces cualquiera se cree con derecho a contaminarlo.
  • Los ríos, las playas, los mares o las calles y parques de las ciudades “no son de nadie”, por eso demasiada gente se cree con el derecho a verter desechos en ellos.
  • El aire “no es de nadie”, así que a nadie le preocupa especialmente que se contamine a diario…

Evidentemente no voy a defender aquí que haya que privatizar ríos ni mares, sólo estoy haciendo un ejercicio didáctico para que todo el mundo entienda esa diferencia de comportamiento tan extendida entre lo privado y lo público. Lo ideal sería que igual que no permitimos que nuestras propiedades sean ensuciadas, tampoco permitiéramos que los lugares públicos lo fueran. Porque los recintos públicos y muy especialmente la Naturaleza, no es que no sea de nadie, es que “es de todos”! Y por tanto todos somos “propietarios” y como tales deberíamos comportarnos, defendiéndola a capa y espada…

Pero vuelvo otra vez al tema del “administrador que administra”… En España el dinero público (ese que a mucha gente no le importa porque “no es de nadie”) se gestiona de una forma tan sumamente descentralizada, que seguramente tenemos una administración pública de las más sobredimensionados del mundo y en 4 niveles superpuestos (dejando a un lado la administración general de la Seguridad Social).

La administración central del Estado es bastante reducida y homologable a la de otros países, pero a continuación tenemos tres niveles más: las comunidades autonómicas (17 más Ceuta y Melilla), las provincias (50 más Ceuta y Melilla) con sus diputaciones provinciales y los ayuntamientos (más de 8.000!), de los que menos de un millar superan los 10.000 habitantes. Si a estos 4 niveles administrativos le añadimos las empresas públicas y semi-públicas que gestionan, imaginemos la cantidad de cientos de miles de “administradores que administran” el dinero público de todos los españoles… Por eso no es de extrañar que salgan a la luz constantemente episodios en los que “algo han tragado” políticos y administradores de todos los partidos, tanto de empresas públicas, como de ayuntamientos, diputaciones, autonomías y administración central.

Sólo por ese riesgo de que nos roben ya merecería la pena reducir el número de “administradores que administran”, pero es que además hay dos motivos claros para optimizar esta administración pública española tan elefantiásica:

  • En primer lugar la defensa de la IGUALDAD de todos los españoles. Si el artículo 14 de la Constitución recoge esa igualdad, ¿por qué hay zonas de España con mejores coberturas sanitarias que otras?, ¿por qué hay regiones en las que un español paga más impuestos que en otras?, ¿por qué hay regiones en las que se discrimina a españoles por cuestión lingüística?, ¿por qué la educación de los niños españoles es diferente dependiendo de la región en la que viva?, etc., etc.
  • En segundo lugar por EFICIENCIA. El sobre coste que nos produce a los contribuyentes el estado autonómico ya fue evaluado por el equipo económico de UPyD en 70.000 millones de €uros allá por el año 2012; ese ahorro ya nos llevaría del déficit al superávit anual de un plumazo, lo que nos serviría para bajar los impuestos y/o amortizar deuda pública. Del mismo modo no tiene sentido alguno mantener los siete mil y pico ayuntamientos de menos de 10.000 habitantes, cuando se podrían crear mancomunidades que consiguieran ahorros y sinergias…

Si otros países europeos ya han acometido esta tarea de optimización territorial hace muchos años, ¿por qué no se hace en España? La respuesta es muy sencilla: España no es una verdadera democracia, sino una partitocracia, según la cual la prioridad no somos nunca los ciudadanos/contribuyentes, sino los partidos políticos y su “juego democrático”. Para nuestros políticos, sin importar ideologías (quizás en esto sólo se salvarían la extinta UPyD y Ciudadanos, que son los únicos que se han atrevido a plantear en sus programas la reducción de la administración pública), lo importante es tener una administración lo más grande posible, con el fin de disponer de muchos puestos en los que enchufar a sus miles de afiliados y acólitos. Además están los partidos nazionalistas (lo pongo deliberadamente con “z”), que infectan nuestro sistema político con sus anacrónicos discursos identitarios y cainitas, y que utilizan las instituciones para propagar su veneno…

Va siendo hora de que este pueblo español tan adocenado, inculto y subvencionado despierte de una vez y empiece a reclamar que se gestione bien su dinero. Porque la gran mayoría, sumida en su ignorancia, no se da cuenta de que ese “juego democrático” de la partitocracia española le cuesta cada año un dineral en impuestos… Imaginemos que entre el sobre coste autonómico y el municipal (no entro en las diputaciones), el derroche anual fuera de 92.000 millones de €uros (cifra sin ningún rigor económico y que seguramente se queda corta); pues bien, haciendo una simple división, llegaríamos a la conclusión de que a cada español le cuesta la broma la friolera de 2.000 €uros anuales; es decir que a una familia de cuatro miembros le sale por 8.000 €gritos anuales, o lo que es lo mismo 667 €uros cada mes, durante todos y cada uno de los años de sus vidas…

La gran mentira de la austeridad…

Se entiende por una persona austera aquella que es ahorradora, que vive sin lujos, que se gasta menos de lo que ingresa… Sin embargo, hemos oído hasta la saciedad la palabra “austeridad”, pronunciada de boca de los políticos de izquierda, tan brillantes ellos en el uso de la demagogia, hasta el punto de conseguir que cale en la opinión pública una idea que es absolutamente falsa. Por otra parte el PP, con su habitual torpeza comunicadora, no supo desmontar esa falacia, lo que le supuso no sólo la pérdida de la mayoría absoluta conseguida en 2011, sino grandes descalabros electorales en 2015 y 2016…

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Si revisamos las cifras reales de ingresos y gastos del total de las administraciones públicas de los últimos 17 años, veremos que tan sólo durante un trienio (2005-2007) ha habido realmente austeridad en España: se ahorró por término medio un 4,4% anual sobre el total de ingresos. Bendita austeridad la de aquellos años y sabia decisión del equipo económico de Aznar de crear por aquel entonces la famosa “hucha de las pensiones”, gracias a la cual la Seguridad Social ha subsistido hasta este año sin tener que endeudarse…

Como se puede ver en los datos del cuadro, del año 2000 al 2004 hubo déficit, pero de cifras bastante contenidas. Luego llegaría la crisis y la gestión del “brillante” Zapatero, quien tan sólo en 2008 generó una cifra de déficit (49.371 millones de €uros) que triplicó a la de la suma de los primeros cinco años del siglo, gastándose un 12% más de lo ingresado. A partir de ahí, en vez de afrontar la crisis como lo hicieron las familias, los autónomos y las empresas (o sea ajustando lo más posible los gastos a los ingresos) Zapatero y su equipo económico emprendieron una huída hacia adelante, inventando ocurrencias (planes “E”, subvención por hijo, etc.) y dilapidando un dinero que no tenían! Entre 2009 y 2011, el gasto público superó a los ingresos en la friolera de 322.532 millones de €uros, un promedio de un 28% anual.

Después de semejante desastre de gestión llegó Rajoy, que con la rapidez que le caracteriza, perdió su primer año de mandato (el año 2012 fue el segundo peor de la historia después de 2009, con nada menos que 108.886 millones de €uros de déficit). Es cierto que desde el 2013 al 2016 el PP ha ido reduciendo la sangría de las cuentas públicas, pero eso sí, con una lentitud exasperante y encima subiendo impuestos (lo contrario de lo que habían prometido!). Resulta lamentable que disponiendo de una mayoría absoluta no tomaran medidas de calado para reducir este sector público hipertrofiado que ahoga a la economía productiva…

A la vista de las cifras, tardaremos aún varios años (además de los 9 que ya llevamos!) en ajustar las cuentas públicas y en dejar de engordar la deuda. La desastrosa gestión económica de nuestros gobernantes ha generado una deuda pública que al cierre del primer trimestre de 2017 ascendía a la cifra récord de 1.129.000.000.000 € (1,1 billones de €uros, el triple de la que teníamos en 2007!!!) y que lamentablemente seguirá aumentando en los próximos años…

Esto sí que es de una gravedad tremenda (y no la foto de las Azores), ya que empobrecerá a las próximas dos o tres generaciones, que será el tiempo necesario para volver a unas cifras de endeudamiento razonables; a un nivel de deuda sostenible que no lastre la economía española con unos pagos de intereses anuales desorbitados…

Cuestión aparte, que será objeto de otro post, es el análisis de porqué el gasto público ha pasado de 252.000 millones de €uros a 472.000 en 17 años, lo que representa un incremento del 88% y un atraco a mano armada para los contribuyentes, perpetrado por esta banda de políticos derrochadores (cuando no directamente ladrones) que padecemos en este país…

 

 

Expectativas: el combustible de las reacciones, las exigencias y las decepciones…

Recomendaba el sabio Siddharta Gautama (Buda), hace más de 2.500 años: “no sientas por nada ni nadie un entusiasmo excesivo ni una aversión extrema; ese es el camino de la liberación”. Pero los occidentales no hacemos ningún caso de esa recomendación: vivimos en un permanente carrusel emocional, haciéndonos expectativas tanto positivas como negativas, acerca de las personas que forman parte de nuestras vidas y de los acontecimientos venideros… Siempre estamos anticipando emociones acerca de un futuro imaginario, en lugar de buscar nuestro equilibrio emocional y nuestra paz interior.

Y es que estamos empeñados en vivir en el futuro (y muchos también en el pasado), en lugar de disfrutar de cada momento presente, de nuestro “ahora”… Por ejemplo, salimos a pasear y en vez de disfrutar del paisaje, del sonido de los pájaros, de los olores y de los colores, vamos pensando en lo que tenemos que hacer al volver a casa o mañana en el trabajo, en las compras pendientes… y muchos incluso caminan mirando al teléfono móvil, ese artefacto del que parece que depende nuestra vida casi tanto como del aire que respiramos!

En nuestros pensamientos acerca de ese futuro imaginado, tendemos a idealizarlo todo, tanto a nivel profesional, como personal. Pero luego resulta que en la mayoría de las ocasiones esas expectativas creadas por nuestra imaginación no se cumplen, y nos creemos con derecho a exigir que se cumplan, culpamos a otros por ello, reaccionamos con indignación e incluso caemos en esa decepción un tanto traumática…

No nos damos cuenta de que no es la realidad ni son los demás los que nos decepcionan, sino que somos nosotros mismos, al habernos creado expectativas sin necesidad! Como dice Borja Vilaseca, “la realidad es neutra” y por tanto de nosotros depende el reaccionar de una u otra manera ante ella.

Cada uno de nosotros es libre de marcarse expectativas en la vida y luego reaccionar con entusiasmo cuando se cumplen, o con exigencias y decepciones cuando no se cumplen. Pero sin duda, lo más recomendable es vivir el presente, en el ahora, disfrutar de lo que nos ofrece la vida cada día y fluir, sin más…

Namasté!

 

¿Monarquía o República?

Es este un debate en el que raramente escucho argumentos; todo el mundo parece tener decidida su preferencia sin saber explicar muy bien porque. O lo que es peor: simplemente se dedican a repetir consignas políticas y sectarias, sin aportar un ápice de razonamiento propio…

Tanto la extrema derecha (la Falange por ejemplo) como la extrema izquierda (los comunistas por ejemplo) siempre fueron claramente republicanistas y antimonárquicos. Para el resto de las ideologías más centradas, no es este un tema al que le den demasiada importancia. Entre otras cosas porque en una democracia parlamentaria como la nuestra, la monarquía depende en todo momento del gobierno y apenas tiene ninguna función aparte de la representación de nuestro país al más alto nivel. La propia palabra “rey” puede sonar anacrónica, si pensamos en lo que fueron los reyes y las monarquías siglos atrás en Europa; pero afortunadamente hace ya mucho que las monarquías de los países occidentales están sometidas al control democrático de los gobiernos y asumen un papel que nada tiene que ver con su historia.

Para mí, que soy un liberal convencido, lo esencial es elegir el modelo que menos nos cueste a los contribuyentes. Es más, si por mi fuera, eliminaría las 17 autonomías, todos los municipios menores de 10.000 habitantes, las diputaciones, etc; y con ello desaparecerían el 95% de los políticos de este país y por tanto se reducirían en un 95% las posibilidades de que nos robaran… pero eso ya será objeto de otro post!

No se puede afirmar como hacen algunos que una forma de jefatura de estado sea más cara que la otra. La monarquía española es claramente más barata que muchas jefaturas de república de países de nuestro entorno (Francia, por ejemplo) y también tiene un presupuesto mucho más bajo que otras monarquías. En cualquier caso, ese es un tema que depende de los presupuestos generales anuales de cada país y por tanto cada gobierno decide libremente la cantidad que quiere dedicarle. El argumento del coste anual no tiene por tanto ningún rigor a la hora de dilucidar esta cuestión.

Hay cuatro razones, que en mi opinión admiten pocas objeciones, que hacen que la monarquía sea más conveniente que la república para la jefatura de un estado:

1.- La primera y más importante es la económica: unas elecciones generales cuestan a las arcas públicas la friolera de 130 millones de €uros. Si hubiera que convocar elecciones presidenciales periódicas tendríamos un enorme gasto que ahora nos estamos ahorrando. Si tenemos en cuenta que la monarquía española lleva ya funcionando más de 40 años, imaginemos los miles de millones de €uros que llevamos ahorrados!

2.- En segundo lugar, en un país tan cainita como España, donde la mayoría son rojos o azules a muerte, la figura de una jefatura de estado neutral y apolítica, es para mí un valor a tener en gran consideración. Imaginemos que en vez de tener a un “rey de todos los españoles”, tuviéramos unos años a un presidente de república del PSOE y otros años a otro del PP… Sólo de pensarlo se me revuelve el estómago! Bastante hastiados estamos ya muchos de la política española, como para politizar también la figura del máximo representante del Estado español.

3.- En tercer lugar, una monarquía le da una estabilidad y una continuidad a la jefatura del estado, que no tiene la república, con sus cambios de presidente cada pocos años. Considero positivo que mientras que los gobiernos se van alternando cada cuatro años, el máximo representante y relaciones públicas de España ante el mundo, sea siempre el mismo. De esa forma se aumenta la visibilidad de nuestro país en el exterior, ya que todo el mundo conoce al rey de España, algo que no pasaría si cada 4 o 5 años entrara un desconocido.

4.- Por último, pero no menos importante, un rey (o reina) es una persona a la que se ha preparado desde su nacimiento para el cargo. Es instruido en idiomas, política internacional, diplomacia, economía, recibe formación militar, etc. Y sólo después de décadas de preparación asume su puesto. No quiero ni pensar en la vergüenza que pasaríamos muchos si hubiéramos tenido una república y de repente hubiera ganado las elecciones a la presidencia un individuo como Zapatero por ejemplo: un auténtico ignorante en idiomas, economía, política internacional, etc., cuyos únicos activos eran sonreír y encogerse de hombros, y hablar del talante y demás memeces huecas de contenido, como aquello de que “la Tierra pertenece al viento”…

 

La violencia feminista

 

La dictadura de la corrección política ha impuesto que todo acto de violencia de género perpetrado por un hombre sea calificado como “violencia machista”. Da lo mismo que el hombre en cuestión fuera o no machista! Eso es lo de menos… A estos dictadores (y dictadoras) del lenguaje, empeñados en etiquetarlo todo -como hacían los nazis con los judíos- poco les importa la verdad de los hechos.

Y es que en muchos casos el asesino no deja lugar a la duda, por tratarse de un tipo con antecedentes violentos, con condenas por maltrato, con orden de alejamiento, etc., pero hay otros muy diferentes, en cuya noticia escuchamos frases del estilo de: “en su entorno nadie había sospechado nunca nada”, “no había denuncias previas”, “los vecinos nunca escucharon nada”, etc. E incluso en algunos casos, el asesino después de su crimen se suicida (9 casos el año 2016)… Y en estas ocasiones, ¿nadie puede pararse a pensar que quizás ese pobre desgraciado era el que sufría la “violencia feminista”, hasta el punto de llevarle a perder la cabeza un día y cometer una atrocidad, de la que acto seguido se arrepintió hasta el punto de quitarse la vida?

Jamás permitiré que nadie ponga en duda mi defensa de la igualdad entre hombres y mujeres, así como mi absoluta condena de la violencia en todas sus múltiples facetas, y eso incluye la de género, tanto de hombres a mujeres, como de mujeres a hombres.

El problema es que la “violencia machista” está cada día en los medios de comunicación y es bandera política de todos (y todas), mientras que la “violencia feminista” es la gran olvidada, de la que nadie habla… Se sabe que cada año cerca de 3.000 hombres se suicidan (el triple que mujeres, que no llegan a 1.000) y se sospecha que muchos de ellos lo hacen abocados por una situación derivada de separaciones matrimoniales injustas, que les han hundido la vida: han perdido la convivencia diaria con sus hijos, su casa, el coche, más de la mitad de su sueldo y en ocasiones a la mujer a la que siguen queriendo y de la que nunca se hubieran separado voluntariamente…

Y hay por desgracia muchos otros miles de hombres (quizás millones) en España, que sufren cada día una “violencia feminista de baja intensidad”, como la del video que he puesto al principio. Hombres que jamás denunciarán ese maltrato psicológico e incluso físico, por evitarse la vergüenza de tener que ser señalados encima como “calzonazos”, “blandengues”, “pringaos”, etc. Porque, como denuncia ese vídeo, un mismo comportamiento si es de un hombre a una mujer se considera intolerable, pero si es de una mujer a un hombre resulta hasta “gracioso” (?)…

A lo largo de mi vida he presenciado en cientos de ocasiones ese tipo de violencia que ahora denuncio: mujeres que humillan a sus maridos en público y en privado, que les insultan, les gritan, les ridiculizan; hombres que no se atreven ni a llevarle la contraria a sus mujeres por temor a sus reacciones furibundas; que renuncian a sus opiniones y que sólo saben decir “si cariño” para evitarse problemas; mujeres que manipulan emocionalmente a sus maridos, que utilizan a los hijos o las relaciones sexuales como armas arrojadizas contra ellos; hombres dependientes emocionalmente que no son capaces de plantearse la ruptura de esas relaciones con mujeres tóxicas que les chupan la energía cada día!

Desde aquí mi solidaridad con todos estos hombres, víctimas diarias de la “violencia feminista”, de los que nadie se acordará nunca, ni aunque lleguen a quitarse la vida. Porque 3.000 hombres muertos por suicidio al año no son noticia, mientras que las 44 mujeres muertas por “violencia machista” en 2016, fueron la noticia de portada de los telediarios de esos 44 días…