La triste rentabilidad de la violencia

En una ocasión Buda se encontraba a punto de ser asesinado por un bandido. Con la espada en el cuello dijo:
“Concédeme un último deseo: corta esa rama”.
El bandido le dio un fuerte tajo a la rama, que cayó estrepitosamente.
“¿Y ahora? ¿Ya estás dispuesto a morir?” -preguntó el bandido-.
“Sólo una cosa más: ponla de nuevo en el árbol, por favor”.
El bandido estalló en carcajadas.
“Estás loco si piensas que se puede hacer eso!”
“Al contrario: el loco eres tú, pues piensas que destruir te hace poderoso. Despierta y comprende que las grandes personas son sólo aquellas capaces de crear”.

No sólo Buda, son muchos los personajes de la Historia que han condenado la violencia. Desde Jesucristo, que pregonaba “poner la otra mejilla” y “amar incluso a nuestros enemigos”, hasta Gandhi, que nos dejó frases célebres como: “no hay caminos para la paz, la paz es el camino”, o “lo que se obtiene con violencia solamente se puede mantener con violencia”, entre otras.

Siempre he rechazado la violencia, con una excepción: creo que la única violencia justificable es aquella necesaria para combatir y reprimir a los violentos. Por eso me indignan sobremanera los múltiples episodios de violencia que presenciamos en nuestra sociedad a diario, en muchos casos amparados en justificaciones inaceptables…

Sólo hay un tipo de violencia hoy en día rechazada unánimemente por la ciudadanía española: la violencia de género de hombre a mujer. Mientras que otros tipos de violencia no reciben ese  rechazo, especialmente por parte de la izquierda más radical, que suele incluso simpatizar con ella…

Es “violencia buena” para esa izquierda, la que ejercen los piquetes sindicales, los okupas y antisistema, los colectivos universitarios radicales (de izquierda), los africanos que asaltan nuestras fronteras de Ceuta y Melilla, los manteros que se enfrentan a la policía, los antitaurinos contra los taurinos, los anticlericales contra los católicos, la ejercida contra los no nacionalistas por parte de los golpistas catalanes, la que ellos mismos ejercen contra Policía y Guardia Civil o contra el mobiliario urbano, cada vez que se manifiestan en las calles…

No hay que olvidar que una parte de esa izquierda llegó incluso a justificar los asesinatos terroristas de 200 personas en Madrid en 2004, culpando de ellos a Aznar (y asaltando sedes del PP el día de reflexión previo a las elecciones generales), al igual que durante la Transición justificaban los asesinatos de militares y miembros de las fuerzas de seguridad del Estado a manos ETA y GRAPO (organizaciones terroristas de ideología de extrema izquierda, como la gran mayoría de las que han existido en todo el mundo).

Y es que las ideologías izquierdistas siempre tuvieron un gran culto a la violencia. Ya desde los orígenes del marxismo se defendía la revolución y los asesinatos masivos como un medio plausible para llegar y mantenerse en el poder, estableciendo la consabida y utópica “dictadura del proletariado”. Y no era simple retórica, sino que fue aplicado en muchos países a lo largo del siglo XX (Rusia y países del Telón de Acero, China, Cuba, Vietnam, Corea del Norte, etc.) dejando decenas de millones de muertos. Es más, a día de hoy en pleno siglo XXI, siguen existiendo bastantes regímenes izquierdistas que se sustentan en el ejercicio de la represión violenta contra la población civil, como vemos en las noticias a diario.

Muchos izquierdistas radicales sienten incluso admiración por los genocidas, asesinos y terroristas que perpetraron esas masacres! Afortunadamente nadie osaría llevar una camiseta con la imagen de un demente asesino como Hitler, pero sin embargo podemos ver a muchos descerebrados llevar camisetas con la imagen de otros dementes asesinos como Stalin, Lenin, Fidel Castro, Chavez o el Che Guevara…

Creo que cualquier persona que recurre a la violencia para hacer valer sus ideales o sus reivindicaciones, automáticamente pierde cualquier tipo de razón o derecho que le pudiera asistir. Pero por desgracia, para mucha gente la violencia es un recurso legítimo… Ultimamente hemos tenido que presenciar episodios violentos de los taxistas en numerosas ciudades españolas contra pacíficos conductores de vehículos VTC y sus clientes. En la mayoría de las huelgas además se suele conculcar el derecho al trabajo de los que no quieren hacer huelga. De esa forma, al final pagamos el pato todos los españolitos de a pie, a quienes nos cogen de rehenes cada poco tiempo los pilotos, maquinistas de tren, transportistas, controladores, taxistas, etc. sin que podamos hacer nada…

Lo más triste del tema es que por desgracia el ejercicio de la violencia suele devengar réditos para quien la practica, en lugar del castigo que merece. Recuerdo en los años 80 las reconversiones de la minería, las acerías y los astilleros; hubo huelgas violentísimas y enfrentamientos recurrentes contra los antidisturbios, pero finalmente el gobierno de Felipe Gonzalez acabó premiándoles con generosísimas indemnizaciones y prejubilaciones.

Hoy en día, sin ir más lejos, tenemos a los catalanazis campando a sus anchas por las calles de Cataluña, tomando plazas, e incluso playas para hacer proselitismo de su paranoia supremacista, sin que las autoridades muevan un dedo. De nuevo la violencia triunfa.

En la mayoría de grandes ciudades españolas, bandas de delincuencia organizada hacen su agosto: carteristas, atracadores, traficantes de droga, proxenetas, etc. Y cuando la policía les detiene, incluso in fraganti, la mayoría de las veces los jueces los devuelven a la calle debido a la extrema laxitud de nuestras leyes. Quizás por ello delincuentes de medio mundo (rumanos, albanokosovares, mafias rusas, narcotraficantes sudamericanos y marroquíes, etc.) establecen su base de operaciones en nuestro país, donde la rentabilidad de la violencia y la delincuencia están casi aseguradas…

Y no podemos olvidarnos del caso de ETA, que hemos tenido que padecer durante décadas: al final los réditos de su violencia los ha heredado el PNV, que ha conseguido gracias al terrorismo que más de 100.000 vascos abandonaran su tierra, dejando en mayoría a los nazionalistas… Por otra parte, aún después del fin de la delincuencia etarra, tenemos que asistir a la puesta en libertad de asesinos múltiples que no han llegado a pagar ni siquiera un año de cárcel por cada asesinato! Qué barata es la vida humana y qué rentable les ha salido matar a casi un millar de personas…

Para terminar, a todos esos violentos que he mencionado, que pretenden conseguir (o más bien imponer) cambios usando la violencia, les dejo una frase de Gandhi:

Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a tí mismo”

 

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La gestación subrogada

Desde que se desarrolló la técnica de la fecundación in vitro, surgió la posibilidad de separar los procesos de ovulación y gestación, pudiendo por tanto corresponder a mujeres diferentes. Esto ha facilitado a lo largo de las últimas décadas, en muchos países, la posibilidad de ser padres a millones de parejas con problemas reproductivos.

Con los recientes modelos de familias de personas del mismo sexo, nos encontramos con que las parejas de lesbianas pueden disfrutar de la maternidad biológica simplemente acudiendo a un banco de semen y sometiéndose a una inseminación artificial; este procedimiento está incluso costeado por la Seguridad Social, al igual que para mujeres solas (madres solteras). Sin embargo, si se trata de una pareja de gays, la única posibilidad legal en España de ser padres es acudir a la adopción, ya que el derecho a ser padres biológicos mediante gestación subrogada no sólo no está reconocido sino que es algo prohibido en España.

De entrada, la discriminación positiva hacia las lesbianas (que no necesitan de la gestación subrogada para ser madres biológicas) y en contra de los gays me parece aberrante. Pero para las familias heterosexuales tradicionales es igualmente injusto e incluso ridículo que un estado se inmiscuya en sus vidas privadas! Si una pareja adulta y una mujer adulta deciden pactar una gestación subrogada, ningún estado tiene derecho alguno, desde un punto de vista moral, a prohibirles que lo hagan… pero ahí nos encontramos con el fanatismo tanto de la derecha como de la izquierda. En ambos bandos se creen con la facultad de imponernos “su moral” a personas mayores de edad, que no necesitamos que nadie tutele nuestra vida, ni nos la complique. Y menos unos políticos a los que pagamos precisamente para todo lo contrario, es decir, para que nos la faciliten:

  • Para la derecha, desde su moral católica, el hecho de que una pareja cuente con la ayuda de una tercera persona, de una mujer que lleve a cabo la gestación del bebé para luego entregarlo en adopción, es algo inaceptable. Debe de ser que no se han leído la Biblia, porque hasta en ella se habla de esta posibilidad:

    “Sarai, mujer de Abraham, no le daba hijos; y ella tenía una sierva egipcia, que se llamaba Agar. Dijo entonces Sarai a Abraham: ya ves que Jehová me ha hecho estéril; te ruego, pues, que te llegues a mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abraham al ruego de Sarai.” (Génesis 16.1)

  • Para la izquierda, desde su fanatismo igualitarista, no se puede aceptar el tema por el solo hecho de que la gente con más dinero pueda tener acceso a la maternidad subrogada, mientras que la gente sin dinero no se lo podría permitir… Aquí caen además en una enorme incongruencia todos estos progres, tan feministas ellos: cuando hablan del aborto dicen eso de que “la mujer es dueña de su cuerpo y por tanto es libre de hacer con el lo que quiera”. Me resulta realmente curioso: para matar a un feto en gestación las mujeres han de ser libres y dueñas de sus cuerpos, pero para gestar una vida y darla en adopción no…

Me indigna que tanto unos como otros se empeñen en tratarnos como a estúpidos o como a niños pequeños a los que hay que controlar… Y lo más lamentable: sus ideologías siempre las pagan con nuestro propio dinero! Por ejemplo, los unos quieren colegios religiosos subvencionados para sus hijos y los otros quieren hacer caridad trayéndose a España a miles de africanos… pero eso sí, todo con nuestro dinero!

Enfín, como de costumbre, la postura del único partido liberal de este país (Ciudadanos) es la que más se ajusta a mis principios, aunque no esté de acuerdo con algunos de sus “remilgos”, como por ejemplo lo de prohibir que se remunere… El estado no tiene ningún derecho a impedir acuerdos entre personas adultas que no causan ningún perjuicio a terceras personas ni a la sociedad en su conjunto, aunque medie dinero en el trato. En todo caso, Hacienda podría establecer la obligación de declarar el dinero recibido por la madre subrogada y quitarle lo que estime oportuno… al fin y al cabo ya estamos acostumbrados a convivir con esa sanguijuela que se llama Hacienda, que nos roba desde que nos levantamos hasta que nos acostamos cada día!

Por último decir que países tan variopintos como Estados Unidos, Canadá, Rusia, Australia, Sudáfrica, Tailandia, India o Israel permiten la gestación subrogada, aunque no en todos los casos a homosexuales ni a extranjeros. Y en Europa, el Reino Unido, Portugal, Grecia o Dinamarca son también países que la tienen regulada. ¿Por qué los españoles tenemos que tener prohibido algo que tantos cientos de millones de personas en el mundo disfrutan?

La degeneración del liderazgo

Cuando nuestros antepasados homínidos salieron de las selvas y las sabanas africanas hace 2 millones de años, lo hicieron amparándose en la seguridad del grupo. De esa forma podían luchar contra los peligros con más garantías de éxito.

Para que esos grupos de individuos, cada vez más numerosos, funcionaran con una cierta eficacia, fue necesario crear relaciones de liderazgo, mediante las cuales un individuo asumía el papel de líder y el resto del grupo el papel de gregario. La fortaleza física, la valentía, el conocimiento del terreno y de la meteorología, la capacidad de orientación y la destreza para conseguir alimentos, debieron ser determinantes en un principio para alcanzar el puesto de líder. Y la retribución principal consistiría en ejercer de macho alfa, es decir, poder copular con las mejores hembras del grupo y con ello asegurarse la pervivencia de sus genes.

Hace “tan sólo” 70.000 años los homo sapiens vivieron la revolución cognitiva: desarrollaron la capacidad de hablar y sobre todo la imaginación. El lenguaje no es más que eso, imaginación, pero de forma consensuada entre un emisor y un receptor. Ambos  se sincronizan para imaginar una misma realidad, idea, sentimiento, etc. a partir de una determinada combinación de sonidos.

Aquello marcó la diferencia entre nuestra especie y los demás seres vivos del planeta. Mientras que el resto de animales se comunican básicamente sobre conceptos necesarios para su supervivencia (alimentación, peligros, procreación, etc.) y siempre referidos al momento presente, el homo sapiens gracias a su recién desarrollada imaginación pudo empezar a comunicarse sobre el pasado, el futuro y sobre conceptos abstractos e inventados que jamás habían existido en la Naturaleza y que desaparecerán el día en el que nos extingamos como especie: estados, reinos y fronteras; religiones y dioses; bondad y maldad; belleza y fealdad; justicia e injusticia; igualdad y derechos humanos; dinero y propiedad…

Con la revolución agrícola, hará unos 12.000 años, el homo sapiens pasa de ser nómada a ser sedentario. Por primera vez el ser humano tiene la capacidad de generar excedentes alimentarios y los asentamientos humanos empiezan a crecer exponencialmente como nunca antes. Además una buena parte de las poblaciones pudo dedicarse a otras actividades y a especializarse en distintos oficios. Se generó también la necesidad de llevar a cabo intercambios de esos excedentes alimentarios por otros bienes, lo que dio lugar al comercio.

Nació el arraigo al territorio y la necesidad de defenderlo, ya que el sustento dependía de unas tierras destinadas ahora a la agricultura y la ganadería. Surge además el concepto de “hogar”, que ya no es sólo la hoguera alrededor de la cual se reunían para comer y calentarse, sino que se amplía para incluir construcciones de carácter permanente.

Con ese nuevo modo de vida, el liderazgo empieza a basarse en lo que ahora llamamos habilidades sociales. Ya no son tan importantes las competencias para lidiar con la Naturaleza y los peligros del entorno, sino la capacidad para convencer al grupo acerca de ideas basadas en esos nuevos conceptos imaginarios que surgieron con la revolución cognitiva, como por ejemplo la necesidad de defender un territorio, los “beneficios” de adorar a un determinado dios o de llevar a cabo determinados ritos, etc.

Con grupos humanos cada vez mayores, era fácil que la competencia por ese liderazgo aumentara: cada territorio, cada familia e incluso cada gremio profesional, tenía sus propios jefes. El riesgo de enfrentamiento entre líderes era constante, así que a los más listos se les ocurrió la idea de vincularse al concepto divino: “yo soy el legítimo gobernante (rey, faraón, etc.) de determinado territorio por designio divino y por tanto nadie puede cuestionarlo”.

Así las relaciones de liderazgo, inicialmente concebidas para y por el bien del grupo, empezaron a convertirse en relaciones de dominación, por y para beneficio propio del líder y sus allegados. Desde entonces, tanto religiones como estados (desde las pequeñas ciudades-estado hasta los grandes imperios), no han dejado de usar en mayor o menor medida la posibilidad de dominar y de someter a sus correligionarios, y de intentar ampliar ese dominio a los territorios vecinos. La historia de los últimos milenios está repleta de ejemplos de ello.

Y si nos concentramos en la historia reciente, vemos que son pocos los líderes que hayan buscado el bien común; que se hayan basado en valores positivos para la colectividad. Hay algunos casos reseñables, como Gandhi o Martin Luther King por ejemplo, pero desgraciadamente son mayoría aquellos que en vez de líderes fueron simples agitadores de masas, o manipuladores que sólo buscaron la división y el enfrentamiento entre la gente para poder medrar en política.

El siglo XX estuvo lleno de casos de líderes que utilizaron el descontento de las masas para enardecer sus peores instintos, generando con ello odios, guerras e incluso genocidios. El comunismo provocó decenas de millones de muertes con su lucha de clases, su dictadura del proletariado y su ateísmo por decreto. El nazismo, con sus ideas fanáticas acerca de la supremacía de la raza aria, provocó la II Guerra Mundial y exterminó a varios millones de personas, en su mayoría judíos. El fundamentalismo yihadista ha sido la gran plaga del final del siglo XX (y desgraciadamente lo sigue siendo), por sus postulados supremacistas de la religión islámica, que considera hereje y merecedor de morir a todo aquel que se crea sus fantasías religiosas…

Pero lo triste es que en nuestro mundo occidental (y afortunadamente laico), en la actualidad aún haya líderes que defiendan casposas ideologías de clase nacidas en el siglo XIX y postulados supremacistas por razón de raza, territorio, lengua o historia. En pleno siglo XXI, en la era de Internet, el progreso está basado en la colaboración y no en la división, en el comercio libre y no en el proteccionismo, en la igualdad de derechos sin distinción de territorios y nunca en localismos aldeanos, ni en exigencias de pretendidos derechos históricos.

Tenemos por desgracia dentro de nuestro propio país, a muchos de estos líderes-agitadores, que enfrentan a españoles contra españoles, a catalanes contra catalanes, a vascos contra el resto de España, etc. Personajes que no se dan cuenta del daño que hacen en el presente y de que ese odio que están sembrando permanecerá vivo durante décadas. Basta ya de supuestos líderes que no son más que farsantes, manipuladores, xenófobos y supremacistas, amparados en ideologías sectarias y nazionalistas!

Necesitamos urgentemente líderes que tengan comportamientos ejemplares y discursos de valores universales: de unión, de paz, de igualdad, de libertad, de esfuerzo, de sostenibilidad y de amor al planeta Tierra, etc. Líderes que tengan presente que no podemos dejarle a las generaciones venideras un mundo, ni un país, más degradado y más endeudado que el que nosotros recibimos cuando nacimos…

 

 

Parar el “catalanazismo”

Según me cuentan personas que viajan con frecuencia a la región catalana, se vive allí en tal estado de tensión que afecta a las relaciones entre compañeros de trabajo, de colegio o de universidad, a la convivencia entre vecinos y sobre todo entre miembros de cada familia catalana. Es tal el odio y la crispación que ha sembrado el catalanazismo que lamentablemente se tardará muchos años en recuperar la normalidad.

Y a todo ello ha contribuido también la inacción (cuando no colaboración) de PSOE y PP durante décadas, que nos ha llevado a la actual situación, casi guerracivilista y que ya se me antoja insostenible…

Los resultados de las elecciones al Congreso de los Diputados dieron mayorías simples a Felipe González en 1993, a José María Aznar en 1996 y a Zapatero en 2004. A los dos primeros los apoyó Convergencia y Unión, y al tercero ERC. Ambos partidos nacionalistas no desaprovecharon cada ocasión para sacar tajada. Incluso Pujol con anterioridad había pactado también con Adolfo Suárez, siempre a cambio de prebendas para Cataluña.

En 2004 el parlamento catalán constituyó la ponencia para modificar el vigente estatuto de Cataluña. Pascual Maragall (del PSC) fue su impulsor desde la presidencia de la Generalidad. El lumbreras de Zapatero (que ni siguiera hablaba catalán en la intimidad como su antecesor), alentó la modificación del estatuto y aseguró estar dispuesto a aprobarlo “tal como llegara” del parlamento catalán… Por suerte hubo recursos de inconstitucionalidad y finalmente el Tribunal Constitucional pudo enmendar algunas de las barbaridades que contenía el nuevo estatuto. Pero a pesar de todo, los sucesivos gobiernos catalanes han seguido incumpliendo varias de sus resoluciones sin que les ocurriera absolutamente nada.

Durante más de 30 años se ha permitido a los nacionalistas que utilizaran la educación, el idioma y los medios de información públicos para su proselitismo, para sus mentiras, para reescribir la historia de España e incluso para sembrar el odio hacia todo lo español. Se ha permitido que gastaran dinero público en la promoción de su paranoia secesionista, incluso en el extranjero, con la creación de “embajadas catalanas” (!?). Se les ha consentido acorralar a los no nacionalistas, impidiendo que sus hijos pudieran estudiar en español, siendo así España el único país del mundo que permite que su idioma sea marginado en una de sus regiones! ¿Alguien se puede imaginar que Francia, Alemania o Rusia consintieran que en una de sus regiones se prohibiera la educación pública en francés, en alemán o en ruso? Pues eso es exactamente lo que ocurre a día de hoy en Cataluña, donde es igualmente penado el ponerle un cartel a un negocio o anunciar en los escaparates en español…

Ese adoctrinamiento sostenido en el tiempo por los colegios, las universidades y los medios de comunicación, ha hecho que el original y legítimo nacionalismo catalán, fuera poco a poco convirtiéndose en un catalanazismo sectario, excluyente y xenófobo hacia los no nacionalistas y hacia todo lo español.

La culminación de la última mascarada catalanazi con su ilegal paripé de referéndum del pasado 1-O, fue la autoproclamación de la república bananera catalana. Una vez consumado el golpe de Estado, el gobierno de Rajoy se vio abocado a la aplicación del artículo 155 de la Constitución, apoyado por el PSOE y C’s. Este artículo, en su punto 1 dice lo siguiente:

“Si una comunidad autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al presidente de la comunidad autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquella al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.”

Si nos atenemos a los hechos acaecidos en la última década y media, en la que los gobernantes catalanes han incumplido por sistema la Constitución, ese artículo debería haber sido aplicado hace ya mucho. Pero una vez más, como tantas ha sucedido en la historia, se ha optado por la política del apaciguamiento, del “mirar hacia otro lado” para no provocar un supuesto victimismo. Nuestros políticos siguen sin aprender la lección de que dejar impunes los incumplimientos legales, no sólo no consigue arreglar nada, sino todo lo contrario!

Un nuevo ejemplo de ello ha sido la chapuza de la aplicación de un artículo 155 light, algo a lo que el PSOE obligó: convocando rápidamente elecciones, no controlando los medios de comunicación públicos, ni la educación, etc. Pues bien, ya hemos visto que esto no sólo no ha solucionado nada, sino que, como podemos comprobar a diario, ha envalentonado aún más a toda esa secta de catalanazis que se aprovecha de nuestra vergonzante debilidad…

Afortunadamente, la contundencia de Ciudadanos exigiendo el cumplimiento de la ley parece que ha conseguido que tanto Pedro Sánchez como Rajoy se den cuenta de que su buenismo no va a dar resultado… Me alegro, a ver si cambian en algo y toman decisiones de una vez por todas. Por cierto, le doy la bienvenida a Pedro Sánchez (el del “no es no”) a esa nueva imagen de estadista que ahora promociona cuando dice que quiere apoyar al gobierno para “modificar el delito de rebelión a los nuevos tiempos”. Pero le recuerdo que Aznar ya aprobó una ley que convertía en delito el mero hecho de convocar un referéndum ilegal y que Zapatero la eliminó! Si los socialistas no hubieran hecho eso, todo habría sido mucho más sencillo desde el punto de vista legal, porque su delito habría sido incuestionable…

El gobierno británico suspendió en cuatro ocasiones la autonomía de Irlanda, por un período total de más de cinco años. Yo me pregunto: ¿por qué no hacemos en España lo mismo? ¿no sería todo mucho más fácil si se aplicara el artículo 155 y se suspendiera la autonomía catalana por, digamos 3 años? Ese sería un período de tiempo suficiente como para llevar a cabo la normalización de los medios de comunicación públicos, de la educación (por cierto, Rajoy ha vuelto a mentir al asegurar que el próximo curso los padres podrían elegir el idioma de la enseñanza de sus hijos), de la policía autonómica, de las finanzas…

Si los tres grandes partidos (PP, PSOE y C’s) se lo propusieran, podría tomarse esa medida y empezar a solucionar el problema catalán, mientras van saliendo los juicios pendientes y se va encarcelando e inhabilitando a todos los golpistas.

De Podemos, el otro partido nacional, mejor ni hablar: ni está ni se le espera… Ya sabemos que a esa gente cualquier cosa que pueda hacerle daño a España les pone. Aunque tengan que alinearse con postulados pseudonazis, supremacistas y xenófobos como los del catalanazismo.

Antes de terminar quiero hacer una mención especial a ese patético país llamado Bélgica, al que tuve que viajar docenas de veces por cuestiones de trabajo, a lo largo de 15 años. Un país dividido en dos, donde una mitad de la población odia a la otra y ni siquiera se entienden porque hablan idiomas diferentes… Un país que si no fuera porque Bruselas fue designada la capital de la Unión Europea, sería absolutamente insignificante. Un país que fue refugio de terroristas etarras durante décadas y que ahora lo es de golpistas catalanazis

Por último decir que mi mayor esperanza está en la Justicia española. Espero que los jueces castiguen con dureza las fechorías catalanazis y ya de paso le enmienden la plana a toda esta plaga de políticos incompetentes de PSOE y PP, que durante décadas han sido cómplices de estos golpistas y han asistido impasibles a la vulneración de los derechos de más de la mitad de la población catalana! Y aún hay gente que se extraña de que Ciudadanos no deje de subir como la espuma…

El fin de ETA

Tras décadas de delincuencia, esta banda mafiosa de Extorsionadores, Torturadores y Asesinos nos viene ahora con una vomitiva puesta en escena que sólo sirve para revolvernos las tripas aún un poco más…

Ese cínico rollo del “conflicto”, los “dos bandos”, la “lucha armada”, la “negociación”, el “desarme”, el “acercamiento” de los presos, los “observadores internacionales” y toda esa pandilla de palmeros, mamporreros y tontos útiles que les secundan (nacionalistas vascos, podemitas, etc.) simplemente apestan…

Después de casi un millar de asesinatos y varios miles de heridos, no sé como tienen vergüenza siquiera de sacar la cabeza de sus escondrijos ese atajo de asesinos. Sólo espero que Rajoy cumpla por una vez sus palabras y todo este paripé no les sirva para obtener ventaja alguna de la justicia española…

Pero dejando a un lado este numerito reciente de la banda asesina (de lo poco que quedaba ya de ella), me parece un buen momento para recapitular sobre esta lacra terrorista que marcó nuestras vidas durante décadas.

Nunca podré olvidar aquellos años 80 y 90 en Madrid, cuando cada semana esperábamos la explosión de la bomba de turno… No sabíamos dónde, ni el día o la hora, pero lo que era seguro es que el atentado terrorista del “comando Madrid” llegaría. A aquellos años los llamaron “los años de plomo” y los madrileños, los vascos y los españoles en general tuvimos que padecer la orgía de sangre que generó la basura etarra, esos que ahora comparecen en los medios internacionales pretendiendo maquillar su pasado asesino.

En el año que pasé primero como alumno y luego como alférez en la Academia Militar de Caballería de Valladolid, viví en mis carnes las extremas medidas de seguridad que debíamos seguir para protegernos del riesgo de ser objetivo terrorista. En Madrid casi todos escuchamos o anduvimos cerca de alguno de sus cobardes atentados. A mí estuvo a punto de tocarme el que perpetraron contra Aznar en 1995: el coche bomba estaba en la calle José Silva de Madrid, junto a la Clínica Belén, a 20-30 metros de mi oficina en Pan Air Líneas Aéreas. Los cristales de mi despacho saltaron por los aires, pero afortunadamente una media hora antes de mi llegada en moto a la oficina. Quizás aquel día me pudo tocar a mí la china, como a tanta gente inocente que esos mal nacidos asesinaron durante décadas…

Tampoco podré olvidar cómo la iglesia vasca protegió, alentó e incluso ayudó a fundar la banda asesina en las sacristías de muchas iglesias vascas. Durante años hubo demasiados curas cómplices de ETA y en muchos pueblos de la comunidad autónoma vasca hubo familiares de víctimas que tuvieron que enterrar a sus muertos casi a escondidas, porque el cura nacionalista/proetarra de turno les negó hasta una misa a sus feligreses “para no tener problemas”. Eran aquellos años del repugnante “algo habrá hecho”…

No olvidaré el apoyo que la izquierda le prestó durante los primeros años a ETA, especialmente a raíz del asesinato del presidente Carrero Blanco (que tantos aplaudieron) en Diciembre de 1973. En aquellos años los asesinados solían ser guardias civiles, policías, militares y quizás algún empresario, con lo cual a muchos izquierdistas les resbalaban las fechorías etarras. Pero la gente de bien y especialmente los familiares de militares abominábamos de aquella actitud tan farisea y condescendiente…

Los que tenemos una edad recordamos como durante la presidencia de Adolfo Suárez, cada vez que había un tiroteo entre etarras y guardias civiles y algún terrorista resultaba muerto, los nacionalistas vascos, comunistas y socialistas se apresuraban a requerir al ministro del interior para comparecer en el Congreso a dar explicaciones. Si moría un policía, un militar o un guardia civil no les importaba, pero si el muerto era un etarra entonces se echaban las manos a la cabeza…

Pero ETA, en su delirio asesino, amplió sus macabros objetivos y además de servidores de los cuerpos de seguridad y empresarios, empezó a matar a políticos, periodistas y gente de toda condición. Ya nadie estaba a salvo. Y por fin esa parte dormida de la sociedad empezó a despertar. Muy especialmente tras el cruel secuestro y asesinato a sangre fría del joven Miguel Angel Blanco (29 años) en 1997 en Ermua…

En todo este tiempo, se calcula que más de 200.000 vascos, muchos de ellos pequeños y medianos empresarios, acosados y extorsionados económicamente por la mafia etarra, tuvieron que optar por el exilio junto a sus familias, dejándoles el camino expedito a sus paisanos los nacionalistas, que al final se adueñaron de la comunidad, como bien reconocía el cínico de Arzalluz en su famosa frase: “unos mueven el árbol y nosotros recogemos las nueces”…

Ante esta parodia de final del terrorismo, que en realidad fue una derrota en toda regla hace ya años, gracias a la constancia de las fuerzas de seguridad del Estado, de los jueces, de las asociaciones de víctimas y de toda la sociedad española, yo reclamo desde esta humilde tribuna que se sigan investigando los crímenes pendientes, que se condene a sus autores y que todos los etarras cumplan íntegras sus penas. Que ningún asesino reciba premio alguno por dejar de asesinar!

MEMORIA, DIGNIDAD Y JUSTICIA!!!

 

 

La plaga del fundamentalismo islámico

Después de pasar 8 días en Egipto y de comprobar sobre el terreno el grado de islamización del país, el video anterior de Nasser, el que fuera presidente de Egipto hasta 1970, no me hace ninguna gracia…

Y eso que en la actualidad el país está gobernado por un militar (Abdul Fatah al-Sisi), que tras el golpe de estado de 2013 depuso al presidente del gobierno Mohamed Morsi, perteneciente al partido auspiciado por los “Hermanos Musulmanes”.

Morsi había llegado democráticamente al poder, tras 30 años de dictadura militar de Hosni Mubarak. Al principio fue considerado como un islamista moderado, pero pronto trató de aumentar la influencia del islam y de concentrar más poder en su persona, lo que generó las famosas manifestaciones multitudinarias en la plaza Tahir de El Cairo en 2012.

La población exigía vehementemente la dimisión de Morsi y tras su negativa los militares acabaron derrocándolo. A continuación los partidarios de Morsi y de los Hermanos Musulmanes organizaron revueltas, que terminaron con medidas drásticas por parte de las autoridades militares: la disolución de la hermandad, de sus organizaciones satélites y la confiscación de todos sus bienes.

A pesar de todo lo anterior, que teóricamente suponía un freno a la islamización de la República Árabe de Egipto, he sido testigo del grado de influencia que la religión islámica sigue teniendo en el país:

  1. En los 4 vuelos que he realizado con la compañía Egyptair, durante el tiempo de rodadura previo al despegue, por las pantallas del avión emiten rezos islámicos.
  2. Como contraté una tarjeta de teléfono local (de Orange) para poder tener acceso a datos, cada día recibí en el teléfono móvil SMS’s con invitaciones a rezar, frases de Mahoma, del Corán, etc. (gracias a Google translator pude traducir esos extraños mensajes en árabe que me llegaba diariamente).
  3. La práctica totalidad de las mujeres egipcias llevan diferentes tipos de velos, desde el que cubre sólo el pelo hasta el burka.
  4. Los rezos se suceden las 5 veces al día estipuladas. Incluso muchos comerciantes detienen su actividad para ello.

Además, según las estadísticas oficiales de la Organización Mundial de la Salud, Egipto se encuentra entre los países con un mayor porcentaje de mujeres sometidas a la ablación de clítoris. Y es que para los musulmanes el placer sexual femenino es pecado!

No me quiero imaginar qué habría sido del país y de su población si hubieran seguido gobernando los Hermanos Musulmanes estos últimos 5 años… Parece increíble desde una mentalidad occidental que un país haya podido retroceder tanto en medio siglo. Como se puede ver en el vídeo anterior, en 1958 daba risa la sola idea de implantar el uso del velo; Egipto era una país bastante moderno, en el que la religión pintaba mucho menos que ahora y las mujeres vestían como querían.

Y lo malo es que esta extensión de la radicalización islámica a países otrora bastante occidentales, que comenzó en Irán con la revolución de los ayatolás allá por 1979, ha prendido como la pólvora por Africa y Asia, e incluso también, aunque en menor medida, por Europa y Estados Unidos.

Los europeos tardamos siglos en relegar las creencias religiosas al ámbito de lo privado, que es donde deben estar. Afortunadamente en nuestras sociedades laicas y democráticas podemos vivir al margen de religiones, declararnos agnósticos e incluso ateos, sin temer por nuestras vidas. Por contra, en muchos países dominados por esta religión retrógrada, eso no sería posible, ya que podríamos ser condenados a muerte, al igual que si nos declaráramos homosexuales.

Ahora podría sonar a alarmista, pero analizando las proyecciones demográficas, se estima que en unas décadas la religión musulmana será la mayoritaria en el mundo. Y lo que es más preocupante, algún día lo será también en Europa, debido a dos factores:

  1. Los cristianos tienen cada vez menos hijos y llevan una vida poco o nada influenciada por su religión. Es más, el número de personas que fueron bautizadas al nacer pero que en la actualidad se declaran no religiosos, agnósticos o ateos, va en aumento en todos los países.
  2. Los musulmanes tienen un gran número de hijos y basan su existencia en el islam, que condiciona su vida privada e intentan por todos los medios que se lleve también a la vida pública, como ya sucede en tantos estados teocráticos.

La gente de mi edad no lo veremos, pero las generaciones posteriores tendrán que convivir con una situación que se me antoja complicada, y que puede retrotraerles muchos siglos atrás… ¿alguien se puede imaginar que llegue el día en que el partido de los “Hermanos Musulmanes” sea el dominante en Europa y consiga llevar a la práctica “democráticamente” lo que ya sucede en muchas dictaduras islámicas en la actualidad?

Me da pavor que pueda cumplirse ese famoso vaticinio del argelino Ahmed Ben Bella y luego repetido por Gadafi: “conquistaremos Europa con el vientre de nuestras mujeres y en pocas generaciones convertiremos Europa en Eurabia”…

Por cierto, ya hay quien ha tomado medidas para defenderse de esa amenazante expansión: en 2013 el gobierno de Angola tuvo los arrestos de declarar el islam como secta peligrosa; se prohibió su práctica y se cerraron todas sus mezquitas…

¿Y si ese fuera el camino?

Egipto y la muerte (nuestra compañera inseparable…)

Acabo de regresar de uno de esos viajes que te dejan una huella imborrable para el resto de tu vida: he pasado 8 días recorriendo Egipto, por tierra, agua (crucero por el Nilo) y aire (vuelos locales). Desde esa locura de ciudad que es El Cairo (la mayor urbe del continente africano y de todo el mundo árabe, con 17 millones de habitantes!), hasta los templos de Abu Simbel, más de 1.100 km. al sur, junto a la frontera con Sudán.

Las pirámides y la gran esfinge en Guiza, el Valle de los Reyes, los templos de Luxor, Karnak, Kom Ombo, Edfú, Hatshepsut (la faraona), los colosos de Memnón, el obelisco inacabado, la gran presa de Aswan, el lago Nasser, los poblados nubios, paseos en camello, los amaneceres y atardeceres en el Nilo… y hasta una insoportable tormenta de arena que duró casi 24 horas, son experiencias que recordaré siempre!

Egipto fue la mayor y más antigua civilización mediterránea. Durante más de 30 siglos fue la cultura más desarrollada de la Tierra, con una enorme diferencia sobre las demás, como nunca en la historia ha sucedido. Sus portentosos conocimientos en arquitectura, astronomía o medicina constituían un milagroso adelanto a su tiempo y aún a día de hoy nos parecen sorprendentes (cuando no inexplicables).

Atravesado de norte a sur por el Nilo, su fértil valle y en especial el delta en su desembocadura, son las únicas zonas habitables del país, ya que el 95% de su vasto territorio (más del doble que España) es desierto.

A partir del siglo IV a.C. fue invadido por persas, griegos, romanos y desde el siglo VII d.C. por los árabes, que islamizaron el país y a la mayoría de su población. Tan sólo los coptos (los descendientes de los egipcios originales) mantuvieron su religión cristiana. En la actualidad son poco más del 10% y conviven con la mayoría islamista suní, la religión oficial del país.

Nos hemos pegado un atracón de monumentos, casi todos funerarios, lo que me hizo pensar en escribir un post sobre esta compañera que llevamos con nosotros desde que nacemos: la muerte. Los faraones, desde el mismo día en que llegaban al trono, ordenaban la construcción de sus futuros monumentos funerarios, que tardaban lustros en terminarse. Tenían claro que su reinado iba a durar tan sólo unos años y por ello querían dejar una construcción para la posteridad, algo que les recordara durante siglos, como así ha sido.

Sin embargo en nuestra sociedad de hoy día vivimos permanentemente de espaldas a la muerte. Ya la gente no muere en casa (como hace décadas) sino en asépticos hospitales, para pasar luego a esos funcionales tanatorios. A los niños se les oculta la muerte no sólo de sus mayores, sino de todo tipo de animales. Antiguamente las personas convivían con la muerte, especialmente en los pueblos: cada año se hacía la matanza del cerdo, las gallinas y los conejos se desplumaban/despellejaban en casa, se comían animales procedentes de la caza… Hoy día todos estos animales los vemos en los supermercados ya sin cabeza, piel, plumas, patas, etc. Nada nos recuerda que antes estuvieron vivos y que han tenido que morir para llegar a la tienda.

Vivimos cada vez más desnaturalizados, más alejados de la madre Naturaleza, que se basa en el continuo ciclo de la vida y de la muerte. Esa realidad inexorable de la muerte no le interesa nada a esta sociedad actual anestesiada y carente de valores, basada en el consumismo, en un pretendido progreso basado en el crecimiento económico, en la satisfacción de unas necesidades en la mayoría de los casos inventadas, en la búsqueda permanente de mayores comodidades para conseguir una “pretendida felicidad” basada en lo material. Y todo ello sin reparar en los daños que nuestro modelo de vida causa al planeta… De hecho somos la única especie sobre la Tierra que produce residuos dañinos para sus mares, sus ríos, sus bosques, su suelo, su subsuelo y su atmósfera!

Si tuviéramos más presente la muerte, en especial nuestra propia muerte (de la que nadie vamos a escapar), seríamos consecuentes con lo efímero de nuestra existencia, no caeríamos en el absurdo de dramatizar los pequeños problemas del día a día, ni en el ridículo de vivir por y para acumular dinero, riquezas, títulos o poder. Porque al final, cuando nos llegue la hora de la muerte, nada de eso nos va a servir. Porque la muerte nos igual a todos, nos limpia de envoltorios superficiales y nos pone ante el espejo de la verdad: la única y verdadera valía de cada ser humano es su capacidad de amar y de hacer felices a los que le rodean…

Namasté! 🙏