El Eneagrama

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Acabo de terminar de leer el libro “Encantado de conocerme” de Borja Vilaseca, que lleva por subtítulo “Comprende tu personalidad a través del Eneagrama”.

Ha sido para mí todo un descubrimiento este modelo psicológico que clasifica las diferentes personalidades en 9 grupos o eneatipos. Había oído hablar del tema pero me sonaba un poco a esotérico; ahora que lo he comprendido me he dado cuenta de lo erróneo de mis prejuicios… Detrás de este sistema/modelo hay décadas de trabajo y de estudio llevado a cabo por multitud de psicólogos, psiquiatras y psicoanalistas, que han comprobado que todas las personas encajan en alguno de estos 9 eneatipos. Se trata de una especie de “manual de instrucciones” de la condición humana.

Cuando nacemos llegamos a este mundo totalmente vírgenes, pero ya desde pequeñitos empezamos a desarrollar una personalidad individual, una especie de careta o de papel que queremos desempeñar en el seno de la familia, en el colegio, en el mundo… A partir de ahí nos vamos encajando inconscientemente en uno de estos 9 eneatipos. Ninguno es ni bueno ni malo, ni mejor ni peor que los otros. Son sólo un conjunto de defectos y virtudes que configuran nuestra personalidad.

Los tipos 8, 9 y 1 están dominados por el instinto. Los tipos 2, 3 y 4 están dominados por las emociones y los tipos 5, 6 y 7 están dominados por el pensamiento. Cada uno de los 9 poseen una característica egóica o “defecto” principal a corregir, que aparece en azul en el gráfico de arriba. Pueden tener también características propias de sus “dos vecinos”, denominados “alas”: por ejemplo el 9 puede tener también aspectos en común con el 8 y/o con el 1.

Cuando pasamos por etapas de crisis en nuestras vidas, se produce lo que el modelo denomina “descentramiento”, que significa que temporalmente asumimos comportamientos egóicos de un eneatipo diferente al nuestro.

Con el trabajo de maduración y de autoconocimiento a lo largo de la vida, vamos poco a poco buscando nuestra esencia y desembarazándonos de nuestros “egos” o defectos. Para ello debemos seguir un proceso de “centramiento”, que nos ayudará en esa tarea. Las personas que consiguen llegar a esa meta, a ese estado de iluminación, abandonan su eneatipo y se liberan definitivamente de las servidumbres de su ego.

Animo a todo aquel que esté interesado en el tema que lea algún buen libro sobre la materia; este de Borja Vilaseca es muy recomendable. Mientras tanto, y a modo de resumen, me permito dejar aquí las características propias de cada uno de los 9 eneatipos:

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El Enagrama en definitiva, no es más que un modelo que nos ayuda a llegar al objetivo más importante y necesario de nuestras vidas: “conócete a ti mismo”. Los griegos ya lo sabían hace más de 2.500 años y le daban tanta importancia que tenían ese aforismo inscrito en la entrada del templo de Apolo en Delfos.

Lamentablemente sin embargo, la gran mayoría pasa por la vida de una forma inconsciente y no acomete esa esencial tarea. Como decía Tolstói: “todos quieren cambiar el mundo, pero nadie quiere cambiarse a sí mismo”…

 

 

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Expectativas: el combustible de las reacciones, las exigencias y las decepciones…

Recomendaba el sabio Siddharta Gautama (Buda), hace más de 2.500 años: “no sientas por nada ni nadie un entusiasmo excesivo ni una aversión extrema; ese es el camino de la liberación”. Pero los occidentales no hacemos ningún caso de esa recomendación: vivimos en un permanente carrusel emocional, haciéndonos expectativas tanto positivas como negativas, acerca de las personas que forman parte de nuestras vidas y de los acontecimientos venideros… Siempre estamos anticipando emociones acerca de un futuro imaginario, en lugar de buscar nuestro equilibrio emocional y nuestra paz interior.

Y es que estamos empeñados en vivir en el futuro (y muchos también en el pasado), en lugar de disfrutar de cada momento presente, de nuestro “ahora”… Por ejemplo, salimos a pasear y en vez de disfrutar del paisaje, del sonido de los pájaros, de los olores y de los colores, vamos pensando en lo que tenemos que hacer al volver a casa o mañana en el trabajo, en las compras pendientes… y muchos incluso caminan mirando al teléfono móvil, ese artefacto del que parece que depende nuestra vida casi tanto como del aire que respiramos!

En nuestros pensamientos acerca de ese futuro imaginado, tendemos a idealizarlo todo, tanto a nivel profesional, como personal. Pero luego resulta que en la mayoría de las ocasiones esas expectativas creadas por nuestra imaginación no se cumplen, y nos creemos con derecho a exigir que se cumplan, culpamos a otros por ello, reaccionamos con indignación e incluso caemos en esa decepción un tanto traumática…

No nos damos cuenta de que no es la realidad ni son los demás los que nos decepcionan, sino que somos nosotros mismos, al habernos creado expectativas sin necesidad! Como dice Borja Vilaseca, “la realidad es neutra” y por tanto de nosotros depende el reaccionar de una u otra manera ante ella.

Cada uno de nosotros es libre de marcarse expectativas en la vida y luego reaccionar con entusiasmo cuando se cumplen, o con exigencias y decepciones cuando no se cumplen. Pero sin duda, lo más recomendable es vivir el presente, en el ahora, disfrutar de lo que nos ofrece la vida cada día y fluir, sin más…

Namasté!

 

Mis 10 mandamientos

De las múltiples enseñanzas que el maestro Osho nos dejó, publicadas en decenas de libros, voy a destacar ahora las tres siguientes:

  • No obedezcas ningún mandato, a no ser que sea un mandato desde tu interior.
  • No hay otro Dios que la vida misma.
  • La verdad está dentro de ti. No la busques en ninguna otra parte.

En base a esas tres ideas, después de leer varios libros del propio Osho y de investigar sobre enseñanzas budistas y taoístas, hace ya muchos años que redacté “mis 10 mandamientos”. Copié de aquí y de allá, resumí y traté de refundir en diez puntos lo que me pareció más importante. Después de ponerlos por escrito los imprimí y durante años he llevado (y aún lo llevo) ese papelito plegado en mi cartera. Son para mí una referencia y una meta a la que aspiro llegar, si es que algún día logro llevarlos a la práctica y aplicarlos sin excepción. Creo que si todas las personas fuéramos capaces de cumplirlos, el mundo sería un lugar mucho mejor. Hoy me he decidido a publicarlos en este post, para compartirlos con quien esté interesado…

  1. Haba sólo cuando sea necesario. Piensa antes lo que vas a decir. Sé breve y preciso. Si no tienes nada bueno, verdadero y útil que decir, es mejor quedarse callado y no decir nada.
  2. No te comprometas facilmente y nunca hagas promesas que no puedas cumplir.
  3. No te quejes y no utilices en tu vocabulario palabras que proyecten imágenes negativas.
  4. Aprende a escuchar, como un espejo, sin emociones y sin prejuicios. Permite una comunicación sincera y fluida.
  5. No te des mucha importancia y se humilde. Si realmente hay algo que no sabes, acéptalo. No compitas con los demás. Ayuda a los otros a percibir sus virtudes, a brillar.
  6. Ten confianza en ti mismo. Preserva tu paz interior evitando entrar en la provocación y en las trampas de los otros. Sé discreto, preserva tu intimidad.
  7. Toma regularmente momentos de silencio interno, practica el arte de no hablar. Así te volverás impasible y desarrollarás el arte de hablar sin hablar, dejando aparecer la luz de tu corazón y el poder de la sabiduría del silencio.
  8. Evita el hecho de juzgar y de criticar. Juzgar es una manera de esconder las propias debilidades: el sabio tolera todo y calla. Lo que te molesta de los otros no es más que una proyección de aquello que aún no has resuelto de ti mismo.
  9. Respeta la vida de los demás. No trates de forzar, manipular ni controlar a los otros. Deja que cada cual resuelva sus propios problemas y concentra tu energía en tu propia vida. Conviértete en tu propio maestro y deja a los demás ser lo que son, según su capacidad.
  10. Ocúpate de ti mismo, no te defiendas. Al defenderte estás dando demasiada importancia a las palabras de los otros y le das más fuerza a su agresión. Al no defenderte estás mostrando que las palabras de los otros no te afectan. No necesitas a los otros para ser feliz.

NAMASTÉ!