El sexo tántrico

En nuestra cultura occidental solemos cometer el error de olvidarnos de que el ser humano es un todo indivisible = cuerpo + mente + consciencia (o alma, espíritu, etc., dependiendo de nuestras creencias). Por ejemplo, cuando vamos a un médico, éste sólo se preocupa de nuestra dimensión corporal. Sin embargo, cada vez está más extendida la convicción de que nuestro cuerpo físico en muchas ocasiones enferma como consecuencia de un malestar psicológico previo, que ha debilitado las defensas naturales de nuestro organismo…

Las filosofías orientales por el contrario, consideran al ser humano como algo indivisible. Disciplinas como el yoga o la meditación hacen hincapié en esta idea y buscan conectarnos con nosotros mismos, experimentando la unión de esas tres dimensiones, con el objetivo de llegar a una sensación de plenitud, de paz interior, no sólo de bienestar físico.

El tantrismo o sexo tántrico como se conoce en Occidente, busca llegar a esa unión, pero a la vez compartiendo y disfrutando de la experiencia junto con la persona amada. Utiliza para ello la energía sexual (que es la más potente y creadora que tenemos) con una serie de rituales que nos harán olvidarnos de lo meramente genital, para llegar a darle una dimensión espiritual.

Hace ya más de una década que mi curiosidad me llevó a investigar este tema y además tuve la suerte de vivir ese aprendizaje en pareja, lo cual nos dio la posibilidad de llevarlo a la práctica. Desde entonces, cada vez que sale este tema de conversación, observo en la gente un gran interés, pero también un gran desconocimiento… En este post voy a tratar de dar una pequeña introducción al tema desde mi experiencia personal. Si a alguien se le despierta la curiosidad le recomiendo que lea alguno de los muchos libros que hay publicados sobre el tema… y después que lo practique!

Una experiencia de sexo tántrico busca sublimar el encuentro sexual entre dos amantes, con el objetivo, como dije anteriormente, de darle una dimensión espiritual: convertirlo en una unión de almas. Por ello, en primer lugar se requiere que sea llevada a cabo por una pareja verdaderamente unida a nivel emocional. No sirve un “rollo de una noche”, un “follamigo/a”, ni siquiera una pareja aparentemente estable pero con la que no existe un vínculo amoroso fuerte, correspondido y consolidado.

Para el encuentro tántrico, la habitación debe ser preparada convenientemente. Con ello trataremos de involucrar los 5 sentidos, al objeto de vivir la experiencia de la forma más intensa y consciente posible a nivel sensorial:

  • Para el sentido de la vista, prepararemos una iluminación tenue, insinuante, a base de velitas por ejemplo.
  • Para el sentido del oído, pondremos una música de fondo suave, de estilo zen, o cualquier otra que nos resulte muy relajante.
  • Para el sentido del tacto utilizaremos cremas o aceites con los que acariciarnos y masajearnos.
  • Para el sentido del olfato, además del aroma de las cremas, aceites y del propio olor de nuestra pareja, podemos complementarlo encendiendo una varita de incienso.
  • Para el sentido del gusto podemos emplear cualquier manjar que nos resulte apetecible (chocolate, fresas, etc.), con el que deleitarnos a lo largo de nuestra práctica. No debemos usar bebidas alcohólicas porque disminuirían nuestra capacidad de estar plenamente conscientes y presentes.

Esta combinación de estímulos sensitivos nos proporcionará un placer corporal más intenso, más completo que el meramente genital. Pero también nos transportará a un estado mental y espiritual en el que disfrutaremos de compartir cada segundo junto a nuestro ser querido, mucho más allá de nuestros cuerpos físicos.

Una vez preparado el entorno, lo que ya de por sí nos irá predisponiendo y motivando, empezaremos con la práctica. Es importante disponer de todo el tiempo que haga falta y dejar fuera de la habitación todo aquello que pueda distraer nuestra atención, tanto a nivel físico (teléfonos móviles por ejemplo), como a nivel mental (preocupaciones y pensamientos relacionados con otros temas). Se trata de vivir la experiencia con la máxima consciencia y plenitud.

Para comenzar, una vez desnudos, uno de los dos se tumba boca abajo y el otro comienza a masajearle muy lentamente, desde los dedos de los pies hasta la coronilla, usando crema o aceite. No debemos de darle preponderancia a las zonas tradicionalmente llamadas erógenas, sino que trataremos de convertir cada poro de la piel de nuestra pareja en zona erógena.

Cuando lo creamos oportuno, le daremos la vuelta y proseguiremos con la misma técnica por un tiempo equivalente al de la espalda. A continuación cambiaremos los papeles y el masajeado se convertirá en masajista, hasta completar el ejercicio por ambos lados.

Al terminar, sentiremos una extraña mezcla de relajación y excitación. Nos sentaremos en la cama el uno frente al otro y nos acariciaremos mutuamente mientras nos miramos a los ojos amorosamente y con complicidad. Podemos también sonreírnos, abrazarnos, besarnos, olernos, susurrarnos palabras de amor al oído… en definitiva haremos todo aquello que nos haga disfrutar de la unión de nuestros cuerpos desnudos, pero tratando de no desviarnos hacia lo genital. Para ello es importante  moverse con lentitud, con delicadeza, poniendo todo nuestro cariño en cada movimiento. También es muy importante la respiración: respirar lenta y profundamente nos ayudará a controlar la excitación, alargando el estado de placer sin incurrir en la urgencia del orgasmo.

Cuando ambos hayamos alcanzado un alto nivel de excitación procederemos a la penetración, bien sentados o bien tumbados, pero tras ella permaneceremos encajados sin movernos, alargando esa sensación de unión plena mediante besos, abrazos y caricias. Seguiremos controlando la respiración (lenta y profunda) y a ser posible intentaremos sincronizarla con la de nuestra pareja. Si conseguimos hacerlo, experimentaremos una extraña sensación, ya que la excitación sexual la tenemos asociada a todo lo contrario, a una respiración agitada. Esta nueva sensación que nos rompe los esquemas tradicionales, puede llegar a ser tan placentera, que nos lleve a un estado en el que perdamos literalmente la noción del tiempo!

En esa posición de “cópula inmóvil” podemos permanecer todo el tiempo que nos plazca, hasta que finalmente optemos por buscar el orgasmo mutuo (que no tiene porqué significar el final a la sesión). Una pareja bien compenetrada sexualmente sabrá cómo llevarlo a cabo de la mejor manera. Para los orientales practicantes del tantrismo sin embargo, la eyaculación masculina es una pérdida inútil de energía y para evitarla realizan una serie de ejercicios con los músculos del perineo orientados a llegar al clímax sin eyaculación. Pero esto ya excede de una primera aproximación al tema, que es lo que he pretendido en este post…

Os deseo a todos un feliz sexo tántrico!

😉

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Cultivar nuestra energía vital

Sentirse bien, vital, feliz con uno mismo, en definitiva lleno de paz interior, suele ser uno de los objetivos que todos perseguimos. Lograrlo es un trabajo interior, una labor individual, aunque también contribuye a conseguirlo el rodearnos de personas que nos quieran y a las que querer, tanto en el terreno sentimental, como en el círculo familiar o en el ámbito de las amistades.

Esta semana leí un artículo basado en estudios estadísticos recientes, que afirmaba que la soledad afecta drásticamente a la esperanza de vida y aumenta en un 20% las probabilidades de padecer un cáncer, ya que hace que las defensas de nuestro organismo disminuyan, a diferencia de las personas que comparten su vida con uno o varios seres queridos.

Ese factor, el de compartir nuestra vida, el de disfrutar de un proyecto vital sin fecha de caducidad con esa persona especial con la que construir un vínculo afectivo gratificante y nutriente para ambos, no es algo que dependa de nosotros mismos. Por mucho que lo deseemos puede que esa persona tarde en aparecer en nuestra vida… Por eso es importante que, además de no perder la esperanza y de no dejar de creer que algún día llegará, seamos capaces de cultivar aquellos hábitos que sólo dependen de nosotros mismos, encaminados a proporcionarnos ese estado de bienestar del que hablaba en el párrafo inicial.

Es importante que alimentemos nuestra energía vital mediante múltiples actividades que nos harán sentir mejor:

  • Cuidar de nuestro cuerpo: realizar ejercicio físico, alimentarnos bien, cuidar de la salud acudiendo a cuantas revisiones médicas sean necesarias, etc.
  • Enriquecer nuestra mente: no dejar nunca de tener curiosidad por aprender cosas nuevas, por leer, por escribir, etc. En mi opinión una de las enfermedades que más daño hace a nuestra sociedad en este terreno es la adicción a la televisión…
  • Enriquecer nuestro espíritu: estar en contacto con la Naturaleza, tocar un instrumento musical, interesarse por el Arte en sus múltiples facetas, hacer yoga, colaborar con ONG’s o hacer voluntariado, etc.
  • Creer en nosotros mismos, valorarnos, amar lo que hacemos tanto en el ámbito laboral como en el de nuestras aficiones, porque en todo ello ponemos una parte de nosotros…

Y por contra es también muy importante huir de todos aquellos hábitos que nos roban energía vital, como son:

  • Procrastinar: no acometer nuestros proyectos, estar siempre buscando excusas para dilatar en el tiempo el momento de ponernos a hacer algo…
  • Las quejas: en la vida todo tiene su lado positivo y su lado negativo, pero parece que hay personas que sólo saben ver este último; la queja nunca arregla nada y sólo contribuye a enturbiar nuestro estado de ánimo. Si algo no nos gusta lo que debemos hacer es dedicar nuestras energías a cambiarlo y no a lamentarnos.
  • El desorden: llevar una vida desordenada en cuanto a hábitos y horarios, vivir en un entorno de desorden en el terreno físico, acaba afectándonos y contagiando a nuestra mente y a nuestro espíritu. Acumular objetos en desuso, ropa y trastos viejos nos hará sentir un tanto bloqueados e impedirá que exista ese espacio necesario para la llegada de novedades a nuestra vida.
  • Las personas tóxicas: aquellas que cuando aparecen sentimos que nos chupan la energía con sus quejas, sus problemas, sus traumas, sus inseguridades… y que culpan al entorno (los políticos, la situación económica, etc.) de su incapacidad para enfrentarse a la vida. En definitiva: huyamos de quien nos hace perder el tiempo y rodeémonos de quien nos haga perder la noción del tiempo!
  • No saber perdonar: es inevitable que a lo largo de la vida nos crucemos con personas y con situaciones que nos hagan daño, pero ante eso es importante que no guardemos rencor, ya que ese es un veneno que al único que hace daño es al que lo siente… Perdonar es vital, no porque vaya a tener incidencia alguna en quien nos ofendió, sino por el beneficio que nos causa a nosotros mismos.
  • No saber aceptar: hemos de reconocer que no todo en la vida sucede como nosotros desearíamos, ni las personas que nos rodean pueden ser como a nosotros nos gustaría… Trabajar la aceptación es la única manera de vivir y de convivir en paz. No podemos olvidar que todo en la vida tiene su parte buena y su parte mala y por tanto hay que aceptar a las personas y a las situaciones como un todo, con sus pros y sus contras.

A todos aquellos que por algún motivo lo estén pasando mal, les mando toda mi energía positiva y les animo a que sigan adelante, porque más pronto que tarde las rachas cambian y los problemas terminan… o símplemente dejamos de verlos como tales!

Namasté!! 🙏

El Eneagrama

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Acabo de terminar de leer el libro “Encantado de conocerme” de Borja Vilaseca, que lleva por subtítulo “Comprende tu personalidad a través del Eneagrama”.

Ha sido para mí todo un descubrimiento este modelo psicológico que clasifica las diferentes personalidades en 9 grupos o eneatipos. Había oído hablar del tema pero me sonaba un poco a esotérico; ahora que lo he comprendido me he dado cuenta de lo erróneo de mis prejuicios… Detrás de este sistema/modelo hay décadas de trabajo y de estudio llevado a cabo por multitud de psicólogos, psiquiatras y psicoanalistas, que han comprobado que todas las personas encajan en alguno de estos 9 eneatipos. Se trata de una especie de “manual de instrucciones” de la condición humana.

Cuando nacemos llegamos a este mundo totalmente vírgenes, pero ya desde pequeñitos empezamos a desarrollar una personalidad individual, una especie de careta o de papel que queremos desempeñar en el seno de la familia, en el colegio, en el mundo… A partir de ahí nos vamos encajando inconscientemente en uno de estos 9 eneatipos. Ninguno es ni bueno ni malo, ni mejor ni peor que los otros. Son sólo un conjunto de defectos y virtudes que configuran nuestra personalidad.

Los tipos 8, 9 y 1 están dominados por el instinto. Los tipos 2, 3 y 4 están dominados por las emociones y los tipos 5, 6 y 7 están dominados por el pensamiento. Cada uno de los 9 poseen una característica egóica o “defecto” principal a corregir, que aparece en azul en el gráfico de arriba. Pueden tener también características propias de sus “dos vecinos”, denominados “alas”: por ejemplo el 9 puede tener también aspectos en común con el 8 y/o con el 1.

Cuando pasamos por etapas de crisis en nuestras vidas, se produce lo que el modelo denomina “descentramiento”, que significa que temporalmente asumimos comportamientos egóicos de un eneatipo diferente al nuestro.

Con el trabajo de maduración y de autoconocimiento a lo largo de la vida, vamos poco a poco buscando nuestra esencia y desembarazándonos de nuestros “egos” o defectos. Para ello debemos seguir un proceso de “centramiento”, que nos ayudará en esa tarea. Las personas que consiguen llegar a esa meta, a ese estado de iluminación, abandonan su eneatipo y se liberan definitivamente de las servidumbres de su ego.

Animo a todo aquel que esté interesado en el tema que lea algún buen libro sobre la materia; este de Borja Vilaseca es muy recomendable. Mientras tanto, y a modo de resumen, me permito dejar aquí las características propias de cada uno de los 9 eneatipos:

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El Enagrama en definitiva, no es más que un modelo que nos ayuda a llegar al objetivo más importante y necesario de nuestras vidas: “conócete a ti mismo”. Los griegos ya lo sabían hace más de 2.500 años y le daban tanta importancia que tenían ese aforismo inscrito en la entrada del templo de Apolo en Delfos.

Lamentablemente sin embargo, la gran mayoría pasa por la vida de una forma inconsciente y no acomete esa esencial tarea. Como decía Tolstói: “todos quieren cambiar el mundo, pero nadie quiere cambiarse a sí mismo”…

 

 

Expectativas: el combustible de las reacciones, las exigencias y las decepciones…

Recomendaba el sabio Siddharta Gautama (Buda), hace más de 2.500 años: “no sientas por nada ni nadie un entusiasmo excesivo ni una aversión extrema; ese es el camino de la liberación”. Pero los occidentales no hacemos ningún caso de esa recomendación: vivimos en un permanente carrusel emocional, haciéndonos expectativas tanto positivas como negativas, acerca de las personas que forman parte de nuestras vidas y de los acontecimientos venideros… Siempre estamos anticipando emociones acerca de un futuro imaginario, en lugar de buscar nuestro equilibrio emocional y nuestra paz interior.

Y es que estamos empeñados en vivir en el futuro (y muchos también en el pasado), en lugar de disfrutar de cada momento presente, de nuestro “ahora”… Por ejemplo, salimos a pasear y en vez de disfrutar del paisaje, del sonido de los pájaros, de los olores y de los colores, vamos pensando en lo que tenemos que hacer al volver a casa o mañana en el trabajo, en las compras pendientes… y muchos incluso caminan mirando al teléfono móvil, ese artefacto del que parece que depende nuestra vida casi tanto como del aire que respiramos!

En nuestros pensamientos acerca de ese futuro imaginado, tendemos a idealizarlo todo, tanto a nivel profesional, como personal. Pero luego resulta que en la mayoría de las ocasiones esas expectativas creadas por nuestra imaginación no se cumplen, y nos creemos con derecho a exigir que se cumplan, culpamos a otros por ello, reaccionamos con indignación e incluso caemos en esa decepción un tanto traumática…

No nos damos cuenta de que no es la realidad ni son los demás los que nos decepcionan, sino que somos nosotros mismos, al habernos creado expectativas sin necesidad! Como dice Borja Vilaseca, “la realidad es neutra” y por tanto de nosotros depende el reaccionar de una u otra manera ante ella.

Cada uno de nosotros es libre de marcarse expectativas en la vida y luego reaccionar con entusiasmo cuando se cumplen, o con exigencias y decepciones cuando no se cumplen. Pero sin duda, lo más recomendable es vivir el presente, en el ahora, disfrutar de lo que nos ofrece la vida cada día y fluir, sin más…

Namasté!

 

Mis 10 mandamientos

De las múltiples enseñanzas que el maestro Osho nos dejó, publicadas en decenas de libros, voy a destacar ahora las tres siguientes:

  • No obedezcas ningún mandato, a no ser que sea un mandato desde tu interior.
  • No hay otro Dios que la vida misma.
  • La verdad está dentro de ti. No la busques en ninguna otra parte.

En base a esas tres ideas, después de leer varios libros del propio Osho y de investigar sobre enseñanzas budistas y taoístas, hace ya muchos años que redacté “mis 10 mandamientos”. Copié de aquí y de allá, resumí y traté de refundir en diez puntos lo que me pareció más importante. Después de ponerlos por escrito los imprimí y durante años he llevado (y aún lo llevo) ese papelito plegado en mi cartera. Son para mí una referencia y una meta a la que aspiro llegar, si es que algún día logro llevarlos a la práctica y aplicarlos sin excepción. Creo que si todas las personas fuéramos capaces de cumplirlos, el mundo sería un lugar mucho mejor. Hoy me he decidido a publicarlos en este post, para compartirlos con quien esté interesado…

  1. Haba sólo cuando sea necesario. Piensa antes lo que vas a decir. Sé breve y preciso. Si no tienes nada bueno, verdadero y útil que decir, es mejor quedarse callado y no decir nada.
  2. No te comprometas facilmente y nunca hagas promesas que no puedas cumplir.
  3. No te quejes y no utilices en tu vocabulario palabras que proyecten imágenes negativas.
  4. Aprende a escuchar, como un espejo, sin emociones y sin prejuicios. Permite una comunicación sincera y fluida.
  5. No te des mucha importancia y se humilde. Si realmente hay algo que no sabes, acéptalo. No compitas con los demás. Ayuda a los otros a percibir sus virtudes, a brillar.
  6. Ten confianza en ti mismo. Preserva tu paz interior evitando entrar en la provocación y en las trampas de los otros. Sé discreto, preserva tu intimidad.
  7. Toma regularmente momentos de silencio interno, practica el arte de no hablar. Así te volverás impasible y desarrollarás el arte de hablar sin hablar, dejando aparecer la luz de tu corazón y el poder de la sabiduría del silencio.
  8. Evita el hecho de juzgar y de criticar. Juzgar es una manera de esconder las propias debilidades: el sabio tolera todo y calla. Lo que te molesta de los otros no es más que una proyección de aquello que aún no has resuelto de ti mismo.
  9. Respeta la vida de los demás. No trates de forzar, manipular ni controlar a los otros. Deja que cada cual resuelva sus propios problemas y concentra tu energía en tu propia vida. Conviértete en tu propio maestro y deja a los demás ser lo que son, según su capacidad.
  10. Ocúpate de ti mismo, no te defiendas. Al defenderte estás dando demasiada importancia a las palabras de los otros y le das más fuerza a su agresión. Al no defenderte estás mostrando que las palabras de los otros no te afectan. No necesitas a los otros para ser feliz.

NAMASTÉ!

 

Espiritualidad vs. religiones…

* Religiones hay muchas (demasiadas?)… La espiritualidad es una.

 * La religión es para los dormidos… La espiritualidad es para los despiertos.

 * La religión es para aquellos que necesitan que alguien les guíe… La espiritualidad es para los que prestan oídos a su voz interior.

 * Cada religión tiene un conjunto de reglas dogmáticas e incuestionables que han de seguirse sin rechistar… La espiritualidad te invita a razonarlo todo, cuestionarlo todo y decidir tus acciones asumiendo las consecuencias.

 * La religión amenaza y amedrenta… La espiritualidad te da paz interior.

 * La religión habla de pecado y de culpa… La espiritualidad te dice “ya pasó, no te remuerdas por ello, levántate y aprende del error”.

 * La religión lo reprime todo, te vuelve falso… La espiritualidad lo trasciende todo, te hace verdadero.

 * La religión se te inculca desde niño, se te obliga a aceptarla, como esa sopa que no quieres tomar… La espiritualidad es el alimento que tú mismo buscas. 

 * La religión inventa… La espiritualidad descubre.

 * La religión es humana, es una organización con reglas… La espiritualidad es divina, sin reglas.

 * La religión es causa de división… La espiritualidad es motivo de unión.

 * La religión te busca para que creas… La espiritualidad la tienes que buscar tú.

 * La religión sigue los preceptos de un libro sagrado… La espiritualidad busca lo sagrado en todos los libros.

 * La religión se alimenta del miedo… La espiritualidad se alimenta de la confianza.

 * La religión te hace vivir en el pensamiento… La espiritualidad te hace vivir en la Conciencia.

 * La religión se ocupa del hacer… La espiritualidad se ocupa del Ser.

 * La religión te alimenta el Ego… La espiritualidad te hace trascenderlo.

 * La religión te hace renunciar al mundo… La  espiritualidad te hace disfrutar de él.

 * La religión es adoración… La espiritualidad es Meditación.

 * La religión es seguida por las masas… La espiritualidad es individualidad.

 * La religión sueña con la gloria y el paraíso… La espiritualidad te hace vivirlo aquí y ahora.

 * La religión vive en el pasado y en el futuro… La espiritualidad vive en el presente, en el aquí y ahora.

 * La religión te da promesas para después de la muerte… La espiritualidad te da la iluminación en esta vida, en tu interior, en el aquí y el ahora.