España NO es una democracia

La democracia es un sistema de organización política en el que la soberanía nacional reside en los ciudadanos, quienes la ejercen directamente o por medio de representantes. Sus principios esenciales son:

  • La libertad (individual, de asociación, de empresa, de mercado, de opinión, de expresión, etc.),
  • La igualdad de todos ante ante la ley (tanto en derechos como en obligaciones),
  • La separación de poderes (Legislativo, Ejecutivo y Judicial),
  • El respeto al estado de Derecho, por parte de todas las personas, instituciones y entidades, tanto privadas como públicas (incluido el Estado).

Defender la democracia requiere defender las reglas del juego y sancionar a todo aquel que atente contra ellas: desde terroristas y delincuentes de todo tipo, hasta personas que no respetan (ya sea de palabra o con actos) los valores y principios democráticos.

Pues bien, de estos últimos, tenemos en España por desgracia muchos ejemplos entre la izquierda gobernante y los partidos secesionistas. Son personajes que defienden sistemas antidemocráticos y dictatoriales, e incluso reciben o han recibido apoyo económico de los mismos. Son individuos que cuestionan el estado de Derecho español, su carta magna, su integridad territorial, sus instituciones y sus símbolos. Son sujetos que atentan contra la libertad de las personas y contra sus propiedades, recurriendo incluso a la violencia. Son tipejos que justifican desde actos delictivos como la usurpación de domicilios privados o la violencia callejera, hasta el golpe de estado de los secesionistas catalanes e incluso el pasado criminal de la banda terrorista ETA.

En mi opinión, esa gente son un peligro real para el sistema democrático español. Y si España fuera una democracia verdadera y sin complejos, no admitiría que semejantes comportamientos quedaran impunes. No tiene ningún sentido que con el dinero de todos se financie a quienes solo tienen por objetivo sembrar el odio, destruir la convivencia democrática y atacar a la nación española.

Junto a los secesionistas catalanes y vascos, Pablo Iglesias es sin duda el máximo exponente de estos comportamientos antidemocráticos, que han llevado a la “batasunización” de la política española. Sus soflamas propagadoras de odio deberían haberle supuesto el procesamiento y la ilegalización de su partido hace ya tiempo.

En su paranoia totalitaria, este psicópata, burda parodia de Lenin, no para de insultar a la tercera formación política más importante de España, llamándoles fascistas e incitando a la violencia contra ellos. Como resultado, VOX lleva más de dos años sufriendo ataques de los cachorros podemitas/comunistas en la mayoría de sus actos públicos.

Habría que recordarle a este energúmeno que el único comportamiento fascista (es decir, tratar de reprimir por la violencia a quien piensa diferente) es el suyo. Lo malo es que este individuo no está solo: su discurso se lo ha copiado un PSOE radicalizado, dirigido por otro sujeto fanatizado como Sánchez, quien en lugar de actuar como presidente del gobierno de España, y con ello de TODOS los españoles, se comporta habitualmente como un hooligan procaz y deslenguado…

En ninguna democracia occidental homologada sucedería lo que está ocurriendo en España. Pero este es un solo paso más en esa estrategia totalitaria tan típicamente izquierdista, de no respetar a quien piensa distinto, e incluso llegar a criminalizarlo. Somos millones de españoles los que llevamos ya décadas sufriendo ese sectarismo enfermizo, al que mucha gente ya se ha acostumbrado e incluso lo vive como algo normal…

Y es que, ¿en qué país se admitiría como algo normal que se agrediera o se insultara a alguien solo por apoyar a un partido político, o por portar una pulsera con los colores de su bandera nacional? ¿Sería aceptable que a un italiano por lucir la bandera italiana le llamaran fascista? ¿O que a un alemán por llevar la enseña alemana le llamaran nazi? Pues bien, en España esto es algo asumido durante los más de cuarenta años de “supuesta democracia”. Y una buena parte de esta izquierda rancia que padecemos, apoya que un español no pueda llevar su bandera o la camiseta de la selección española en muchas zonas de la geografía española, sin arriesgarse a ser insultado o incluso agredido…

Estos hechos, que estamos comprobando a diario durante la campaña electoral de la Comunidad de Madrid, ponen de manifiesto que la izquierda se siente muy a gusto ante esta falta de democracia. Porque para ellos la libertad y la democracia son sólo dos banderas para engañar a la gente, obtener su apoyo y alcanzar su único fin: el PODER. Después, una vez conseguido, aparece su verdadera cara y queda patente que tanto democracia como libertad son obstáculos inservibles, de los que se puede prescindir…

Esta criminalización de toda opción política no izquierdista es una anomalía democrática, propia de regímenes totalitarios que desaparecieron de Europa el siglo pasado con la caída del Muro de Berlín. Sólo en España tenemos a esta izquierda casposa, de estilo “república bananera”.

Otro ejemplo más de este aberrante socialcomunismo: en los últimos días han anulado la ley de la época de Rajoy que prohibía los piquetes violentos durante las huelgas. Ya de por sí era algo extraño eso de tener que prohibir la violencia sindical, porque eso implicaba que los sindicalistas (todos ellos de izquierdas, por supuesto) disfrutaban del derecho a usarla… Por eso quedan retratados al derogar esa ley que sancionaba los actos violentos: para ellos es inconcebible que se les impida usar la violencia, porque es su modus operandi. De sobra sabe esta izquierda cavernaria, que sin la violencia, la coacción y la intimidación, no son nadie… Y encima tienen el cuajo de definirse como demócratas, ¡cuando no son más que una amenaza constante contra la convivencia democrática!

Ojalá algún día podamos disfrutar en nuestro país de una verdadera democracia, en la que nadie tenga que padecer violencia por apoyar la opción política que desee, por no querer participar en una huelga o por sentirse orgulloso de ser español y lucir sus símbolos.

Y por último, ojalá que en las próximas elecciones de Madrid -mi patria chica- ganen los partidos democráticos y se quede fuera del poder este socialcomunismo sectario, violento y totalitario que padecemos desde la época del infame Zapatero, y muy especialmente desde que Sánchez se echó en brazos del chavista del moño (ese con el que jamás pactaría porque le quitaría el sueño al 95% de los españoles, incluido él), de los criminales golpistas catalanes y de los neoetarras…

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