Elecciones catalanas: la victoria de “los malos”

El pasado domingo tuvieron lugar las elecciones de la autonomía catalana y los resultados, para todos los que queremos a esa preciosa región española, no pueden ser más desalentadores…

Quedan ya muy lejos aquellos años en los que Cataluña era un lugar estupendo para hacer turismo e incluso para irse a vivir. La prosperidad de su economía, así como el carácter trabajador de sus gentes, eran un excelente reclamo para las inversiones extranjeras y del resto de España.

El “seny” catalán (“cordura” en español) era su seña de identidad. Desde otras regiones españolas hacíamos chistes sobre ellos y nos mofábamos de su fama de serios y de tacaños… pero no eran más que eso: bromas. Trás ello se escondía una cierta envidia de aquella región tan próspera y hacia sus gentes emprendedoras, diligentes y cumplidoras.

Pero en apenas un par de décadas, y especialmente en el último lustro, aquella imagen tan atrayente de Cataluña se ha tornado en antipatía para muchos. Durante años sus dirigentes no han hecho otra cosa más que persistir en su hoja de ruta secesionista, gobernando sólo y exclusivamente para avanzar hacia ese objetivo fantasioso y delirante. Toda opinión contraria era convenientemente combatida, estableciendo con ello dos clases de catalanes: los independentistas (“los buenos”) y el resto (“los malos”).

Ha sido una contumaz labor, destructiva y perversa, que incluía fomentar la ruptura de la convivencia entre catalanes y por ende entre españoles. No han dudado para ello en inculcar el odio a las nuevas generaciones: los colegios, los institutos, las universidades, la televisión y la radio públicas han llevado a cabo una tenaz tarea durante años… Y el lavado de cerebro ha dado sus resultados!

Una parte importante de los catalanes compran ese mensaje fundamentalista de aversión al resto de España. Su ceguera les lleva a dejarse engañar por los delincuentes condenados por golpismo y por los herederos de la banda mafiosa de los Pujol, que durante décadas robó a manos llenas a los catalanes… Y a pesar de las casi 7.000 empresas que han abandonado la región, y de la destrucción económica que el independentismo ha ocasionado, demasiada gente sigue creyéndose que Cataluña sería más próspera fuera de España (y con ello de la Unión Europea)!

Qué atrevida es la ignorancia, y qué pena me dan los catalanes de bien de toda la vida que se siguen sintiendo catalanes y españoles. Esos que tienen que ocultar sus opiniones y sus sentimientos por vivir en una sociedad enferma, en la que cualquier descerebrado de estelada y puño en alto les puede agredir verbal e incluso físicamente, tanto a ellos como a sus propiedades… Debe de ser muy duro tener que convivir con ese drama, creado deliberadamente por una élite política que antepone sus ensoñaciones paranoicas a la convivencia en paz entre catalanes.

Pero esas hordas de palurdos de estelada, a los que yo denomino “catalanazis” por sus ideas supremacistas y por sus métodos fascistas, no están solos. Tienen el apoyo de esta izquierda cavernícola y acomplejada española, que padece el síndrome de Estocolmo y persiste en su política de apaciguamiento, al más puro estilo de los vergonzantes años 30 del siglo XX! En su ignorancia supina, los del puño en alto desconocen en lo que degeneró aquel “buenismo” europeo, como única estrategia contra el nacionalismo socialista de un tal Adolf Hitler: en la II Guerra Mundial.

Se juntan en definitiva “lo peor de cada casa”, afanándose en la triste tarea de la aniquilación del disidente y de la destrucción de Cataluña. Y ese odio enconado entre conciudadanos e incluso entre hermanos, no tiene visos de mejorar, como se ha podido ver cada día durante la campaña electoral: hemos podido asistir con estupor a la retransmisión de agresiones diarias por parte de una chusma enloquecida, a todo aquel que quisiera expresar ideas contrarias al dogmatismo independentista (VOX, PP o C´s).

Y lo que es peor, las fuerzas de seguridad han sido cómplices de las agresiones, siguiendo instrucciones de sus jefes políticos, mucho más preocupados de que no se detenga a ninguno de “sus cachorros” violentos, que de hacer cumplir la ley y de proteger a las víctimas…

Han sido por tanto unas elecciones sin libertad, en las que no se han respetado los más elementales principios democráticos. Los tramposos dirigentes catalanes han querido llevarlas a cabo en esas circunstancias de violencia impune, pero en un aspecto les ha salido el tiro por la culata: el partido al que más han agredido (VOX), ha sido el que mejores resultados ha obtenido de todos los partidos nacionales que se presentaban (recordemos que el PSC es un partido diferente del PSOE y sólo se presenta en Cataluña).

Otro tema indignante es la infamia que los políticos han cometido con el tema del coronavirus: después de meses de confinamientos en los que no hemos podido salir a la calle, ni siquiera para visitar a nuestros familiares enfermos, o para enterrar a nuestros muertos, de repente las reglas cambiaron durante la campaña electoral y en el día de las votaciones. Por arte de magia el virus dejó de ser peligroso y cualquiera pudo salir para acudir a mítines políticos. Y lo más abominable de todo: se animó a los positivos a ir a votar, cuando hasta ese día se les había exigido la cuarentena y evitar cualquier contacto, ni siquiera con sus familiares directos!

Es esta una demostración más de que la desvergüenza de los gobernantes catalanes y españoles no conoce límites: se les llena la boca al hablar de “salud pública” cuando les conviene recortar nuestra libertad y sin embargo se olvidan de ella para sus intereses electorales…

Por último, aunque no tenga que ver con las elecciones catalanas, esta semana nuevamente “los malos” han incendiado las calles de muchas ciudades españolas, para protestar como energúmenos por el encarcelamiento de un delincuente multireincidente (Pablo Hasel). Este individuo que lleva años cometiendo toda suerte de delitos, ha sido convertido por los golpistas y por la extrema izquierda en una especie de héroe, en una “víctima de la libertad de expresión”. Una vez más la realidad es prostituida para manipular a los más ignorantes y a los más violentos. Y lo más triste es que sea el propio vicepresidente primero del gobierno (el innombrable de la chepa y la coleta) el que incite a la violencia callejera, al igual que muchos otros de sus viles secuaces…

España debe de ser, junto con Venezuela, el único país del mundo en el que miembros de su gobierno fomentan los disturbios y aplauden la delincuencia callejera (destrozar mobiliario urbano, escaparates de comercios y bancos, cajeros automáticos, coches y motos aparcados, agresiones a los antidisturbios, etc.). Pero al menos en Venezuela el gobierno defiende a sus fuerzas de seguridad, no como el sector podemita del gobierno español, que “se emociona” cuando la turba del puño en alto atenta contra la policía (P. Iglesias dixit). Y no olvidemos que, el responsable de que ese individuo ostente su cargo, es un embustero miserable que prometió a los españoles que jamás se lo daría: Pedro Sánchez.

En definitiva, qué pena que tanto en Cataluña como en España, gobiernen “los malos”. Porque de quien ostenta el poder desde la maldad, desde el desprecio por la ley, por la democracia y por la convivencia pacífica, nunca podremos esperar nada bueno, como ya lo estamos viendo cada día…