La muerte de la socialdemocracia

En 1979 el PSOE de Felipe González abandonó el marxismo como ideología oficial del partido. Con ello pretendía modernizarlo, en la línea de las socialdemocracias europeas. La decisión le salió bien, ya que en 1982 el PSOE alcanzó el poder con una abrumadora mayoría absoluta: 202 escaños.

En aquellas elecciones de hace 38 años se estableció el techo de la formación izquierdista y desde entonces nunca más se ha acercado a esa elevada cifra de escaños. A pesar de ir bajando elección tras elección, Felipe González logró mantenerse en el poder durante más de 13 años, hasta que en 1996 fue derrotado por el PP de Aznar por un escaso márgen (156 escaños, frente a los 141 de los socialistas).

La corrupción generalizada acabó provocando el hartazgo de la sociedad española y se produjo la alternancia en el gobierno. Pero hay que reconocerle a aquel PSOE que, por encima de las diferencias ideológicas que se pudiera tener con ellos, era un partido de Estado.

Tras ocho años de gobierno del PP, en 2004 se produjo un vuelco electoral provocado por los atentados islamistas de Madrid y sobre todo por la mezquina utilización que hizo de ello la izquierda. Cuando la única duda era si el PP alcanzaría o no la mayoría absoluta, el terrorismo subvirtió todos los pronósticos. El grupo PRISA se encargó de manipular la mayor masacre terrorista de la Historia de España, con el objetivo de darle la vuelta a las encuestas. Se prostituyó incluso el día de reflexión y con ello las más elementales reglas democráticas.

Como resultado de todas esas deplorables maniobras, un mediocre político, sin la más mínima formación ni experiencia, alcanzó el poder. Con Zapatero comenzó sin duda el declive de un partido que hasta entonces había sido clave en la democracia. Para enmascarar su incompetencia, ZP se dedicó a crear cortinas de humo ideológicas y a fomentar todo aquello que pudiera dividir a los españoles. Se empeñó en su particular “regreso al pasado” con el fin de adoctrinar a las generaciones más jóvenes: en resucitar los dos bandos de la Guerra Civil y en revivir el Franquismo, fomentando así un odio que llevaba casi tres décadas enterrado gracias a la Transición.

La crisis económica, agravada por su pésima gestión, provocó la salida de tan siniestro personaje, ya que en 2011 el PP recuperó el poder con una aplastante mayoría absoluta: 186 escaños, que suponían la segunda victoria más holgada de la democracia.

El gobierno de la derecha se prolongó hasta 2018, año en que fue derrotado por una moción de censura. Era la primera vez en cuarenta años de democracia que esto sucedía. Un PNV traidor, que había dado su palabra a Rajoy de que no la apoyaría, finalmente votó a favor de la moción. De esa forma tan poco ortodoxa llegó al poder el controvertido Pedro Sánchez, a quien poco antes le habían desalojado del cargo sus propios compañeros socialistas. Nunca sabremos con exactitud el precio pagado a los secesionistas vascos por aquella traición, pero todos sabemos por donde deben ir los tiros…

Tras casi un año dando tumbos, sin capacidad para sacar adelante los presupuestos generales, Sánchez optó por convocar elecciones para abril de 2019. El PSOE obtuvo 123 escaños (los mismos que la suma de PP y Ciudadanos), Podemos más sus confluencias e Izquierda Unida 33 y VOX 24. Los resultados le impedían la gobernabilidad, a menos que hubiera optado por una coalición a la alemana junto al PP o a Ciudadanos. En ambos casos el gobierno de coalición habría gozado de una cómoda mayoría absoluta. Pero la arrogancia y la soberbia de Sánchez le llevó a convocar nuevas elecciones en apenas siete meses, convencido de que podría mejorar sus resultados.

Erró totalmente en sus previsiones y las elecciones del 10 de noviembre de 2019 supusieron un nuevo fracaso para la izquierda: el PSOE perdió 3 escaños y los extremistas de Iglesias y Garzón 7. Además, mientras que el bloque de la izquierda bajaba 10 escaños, la derecha ganaba 4. Y es que a pesar del descalabro de Ciudadanos, el PP subía 23 escaños y VOX 28 (duplicando con creces su representación anterior).

Pero una vez más Sánchez desechó toda posibilidad de acuerdos de Estado para conformar un gobierno sólido, y en apenas 24 horas se echó en los brazos de quien había prometido hasta la saciedad que no era de fiar y que jamás pactaría con él. De ese modo se configuró un matrimonio de perdedores, que no daba suficiente para gobernar y que requería de apoyos de las fuerzas secesionistas antiespañolas: desde los golpistas catalanes hasta los proetarras vascos.

Esos acuerdos no sólo permitieron a Sánchez garantizarse el sillón de Moncloa, sino que sobre todo le proporcionaron la oportunidad de vengarse de su propio partido, que años atrás le había sancionado por el sólo hecho de proponerlo…

En este año transcurrido todos conocemos la historia: el “nuevo PSOE” se ha radicalizado hasta extremos nunca vistos. Su alianza con la extrema izquierda y con lo más execrable del Parlamento español le ha llevado a una deriva antidemocrática sin precedentes. Sus ataques a la libertad de expresión, a la independencia judicial, a la libertad de educación, a la monarquía e incluso a la propiedad privada, lo ponen de manifiesto. Su sectarismo ideológico raya en el fundamentalismo: quieren hacernos creer que el franquismo sigue vivo, pero que ETA nunca existió…

Pero ha sido la semana pasada cuando el PSOE se ha retratado en el Congreso, perdiendo definitivamente su condición de partido teóricamente socialdemócrata. El PP presentó una proposición no de ley con la intención de que el Congreso suscribiera la resolución del Parlamento Europeo de septiembre de 2019, aprobada por amplia mayoría (socialistas incluidos), en la que se equiparaban y se condenaban por igual los regímenes totalitarios nazi y comunista, que asolaron Europa en el siglo XX.

Era previsible que partidos antidemocráticos y totalitarios como Podemos, la CUP, Bildu, etc. no apoyarían nada que supusiera condenar el comunismo, pero lo sorprendente es que a esa vileza vergonzante se haya apuntado el PSOE, ¡que el año pasado en Europa voto a favor!

Para mí ya no existe la menor duda: España carece hoy por hoy de un partido socialdemócrata homologable. Es la EXTREMA IZQUIERDA más trasnochada y más casposa la que está instalada en Moncloa, para vergüenza de millones de españoles y europeos…

La “guerra del COVID” y las colas del hambre

Si hace un año nos hubieran dicho que en España en 2020 iba a suceder algo que provocaría más de 60.000 muertes (los mismos que causó la guerra de Cuba a finales del siglo XIX), nos habríamos podido imaginar muchas cosas: una guerra civil provocada por otro golpe de Estado en Cataluña, la explosión de una central nuclear, un terremoto… pero difícilmente lo que está sucediendo.

Sin duda la pandemia provocada por el COVID19 es mundial, pero la penosa gestión del problema es responsabilidad de los incompetentes gobernantes que nos toca padecer. Muchas guerras han causado menos muertes. España está en cabeza en el ranking mundial de infectados y muertos por millón de habitantes, de sanitarios contagiados, de ancianos fallecidos en residencias, de caída del PIB… en definitiva: somos líderes en incapacidad, ineptitud e ineficiencia. Todo ello por obra y gracia de este gobierno guerracivilista, empeñado en dividir a los españoles en base a sus cruzadas ideológicas, basadas en el odio y la aniquilación del discrepante.

En lugar de dedicar todos sus esfuerzos a luchar contra la enfermedad, han aprovechado para llevar a cabo un recorte de derechos sin parangón en las cuatro largas décadas de democracia. La censura se ha convertido ya en algo cotidiano y los pactos con los peores criminales y delincuentes del panorama español en lo habitual. Para los psicópatas que nos gobiernan son mejores los terroristas con centenares de muertes a sus espaldas, que los millones de españoles que no votan a la izquierda.

La radicalidad de Sánchez queda patente cada día, rebasando todas y cada una de las líneas rojas que provocaron que el PSOE le destituyera de su cargo hace apenas cuatro años. Su venganza se está imponiendo sobre sus responsabilidades de Estado. Ha dinamitado su partido y compite con Podemos por ver quien hace más por destruir España. Su blanqueamiento de ETA y de los golpistas catalanes, sus ataques a la Constitución, su desprecio por la separación de poderes o sus humillaciones al Rey, son el pan nuestro de cada día. Leyes como la de educación (Ley Celáa), creada exclusivamente para enfrentar, para adoctrinar, para arruinar a la escuela concertada y de educación especial, para eliminar el idioma español de la enseñanza en algunas regiones, etc., son claros ejemplos de la calaña de este gobierno.

Pero aparte de todas esas medidas ideológicas de tufo totalitario, el principal daño colateral que está generando la nefasta gestión de la pandemia es el económico. Estamos sufriendo la mayor caída del PIB y el mayor aumento de la deuda pública y del déficit de la Historia. Cien mil empresas han tenido que cerrar. Millones de trabajadores por cuenta ajena, autónomos y empresarios están sufriendo la peor crisis de sus vidas, al haber sido desposeídos por el gobierno de su derecho a trabajar. Familias enteras se hacinan cada día en los comedores sociales de Cáritas y ante los supermercados gestionados por esta ONG católica se forman a diario las vergonzosas “colas del hambre”.

Todo esto conviviendo con el gobierno más caro y más numeroso (tanto en ministerios como en asesores) de la democracia. La indecencia de esta gentuza es tal que no han tenido pudor en subirse el sueldo, con la que está cayendo… Por no hablar de los despilfarros con nuestro dinero para todas sus estupideces ideológicas, de las que deberían olvidarse (al menos en estos tristes momentos) si fueran unos buenos gestores.

Y encima todos estos españoles de bien abandonados a su suerte, tienen que ver por la televisión a los miles de inmigrantes ilegales que llegan a las costas de Canarias, alojados en hoteles de lujo (por orden del gobierno socialcomunista), con pensión completa pagada sine die con el dinero de los contribuyentes!

Sólo me queda una esperanza ante tanto despropósito: que más pronto que tarde nos intervengan desde la UE y el FMI, y con ello toda esta banda criminal de gobernantes salga por la puerta de atrás. Los recortes sin duda van a ser tremendos, pero el precio a pagar será soportable si nos liberan del yugo que nos ha impuesto la pareja tóxica ahora en el poder…