Franco y el Valle de los Caídos (y III)

«Españoles:

Al llegar para mí la hora de rendir la vida ante el Altísimo y comparecer ante su inapelable juicio, pido a Dios que me acoja benigno a su presencia, pues quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro, y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir. Pido perdón a todos, como de todo corazón perdono a cuantos se declararon mis enemigos, sin que yo los tuviera como tales. Creo y deseo no haber tenido otros que aquellos que lo fueron de España, a la que amo hasta el último momento y a la que prometí servir hasta el último aliento de mi vida, que ya sé próximo.

Quiero agradecer a cuantos han colaborado con entusiasmo, entrega y abnegación, en la gran empresa de hacer una España unida, grande y libre. Por el amor que siento por nuestra patria os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España, don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis, en todo momento, el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido. No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta. Velad también vosotros y para ello deponed frente a los supremos intereses de la patria y del pueblo español toda mira personal. No cejéis en alcanzar la justicia social y la cultura para todos los hombres de España y haced de ello vuestro primordial objetivo. Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza de la unidad de la patria.

Quisiera, en mi último momento, unir los nombres de Dios y de España y abrazaros a todos para gritar juntos, por última vez, en los umbrales de mi muerte,

“¡Arriba España! ¡Viva España!”»

El testamento de FF que acabo de reproducir, es toda una lección de memoria histórica y una premonición de lo que está ocurriendo en la actualidad: “los enemigos de España” están, unos dentro del gobierno, y otros sacando la máxima tajada de la debilidad y de la falta de escrúpulos y de principios de Sánchez…

Ese testamento refleja fielmente el talante de aquel viejo militar gallego, cuya principal obsesión fue el servicio a España. Una vez asumida la jefatura del Estado a propuesta de la junta militar, se afanó en ganar la guerra y posteriormente en la reconstrucción nacional. Para ello fue necesaria la superación de las luchas cainitas partidistas que habían desembocado en la contienda civil, y una apuesta decidida por levantar un país sumido en la miseria de la posguerra.

Aquel régimen apostó por la educación de una población asolada por el analfabetismo (más de la mitad), por la sanidad pública, por el fomento de la natalidad, por la construcción de viviendas sociales (más de 4 millones), por la protección laboral a los trabajadores, por la creación de infraestructuras y de un tejido industrial puntero que contribuyera a levantar la maltrecha economía española. Los monopolios estatales y las empresas del INI (Instituto Nacional de Industria, creado en 1941): RENFE, Telefónica, Tabacalera, Iberia, Aviaco, CASA, HUNOSA, ASTANO, Astilleros Españoles, ENDESA, SEAT y muchas más, dieron empleo a cientos de miles de trabajadores.

Los primeros años no fueron fáciles: hubo que empezar casi desde cero. No olvidemos que todas las reservas nacionales de oro habían sido robadas del Banco de España en 1936, por orden del gobierno socialista y entregadas en su mayoría a Rusia, como expliqué en el post anterior. Además el final de la guerra española coincidió con el inicio a los pocos meses de la II Guerra Mundial.

En esta nueva contienda, a pesar del apoyo que alemanes e italianos le habían dispensado, FF se negó a apoyarles y no se sumó a ninguna declaración de guerra. Defendió en todo momento la neutralidad de nuestro país, evitando así la entrada de España en el conflicto bélico. Creo que la Historia no ha reconocido suficientemente este hecho: FF fue capaz de “torear” a Hitler, manteniendo su posición de “no beligerancia”, entregándole tan sólo la promesa de enviarles una división de soldados al frente ruso. Fue la llamada División Española de Voluntarios, más conocida como División Azul, ya que los alistados fueron en su mayoría jóvenes voluntarios falangistas. Hay que destacar que junto a varios miles de hombres, acudieron también 146 valerosas mujeres enfermeras de la Sección Femenina de Falange. Unos querían emular a sus padres, otros huían del hambre de la posguerra, pero todos fueron a luchar contra el comunismo soviético, tan tristemente vinculado al bando republicano.

La posición de neutralidad llevó a España al aislamiento internacional y a una dura situación de autarquía económica, que no terminaría hasta bastantes años después del final de la II Guerra Mundial. Pero aquello no fue óbice para que FF, que había recogido un país destrozado por la guerra, en un puñado de años lo convirtiera en un país moderno.

España pasó de ser un lugar repudiado del sur de Europa, a convertirse en uno de los principales destinos turísticos del mundo. De tener 72.000 vehículos en 1946 a superar el millón en 1966. Se construyeron  más de 1.200 hospitales, ambulatorios y residencias, así como 556 embalses que transformaron la geografía nacional y posibilitaron un desarrollo industrial  que colocó a España como la octava potencia industrial del mundo, puesto que nunca más hemos vuelto a ostentar (ahora estamos en el puesto catorce).

Todo esto se consiguió en gran medida gracias a los planes de desarrollo llevados a cabo en los años 50: FF se rodeó de los mejores ministros, profesionales punteros sin perfil político (tecnócratas) que llevaron a cabo “el milagro español”, como se conoció en todo el mundo. Durante años, España fue el país de Europa con un mayor crecimiento y el segundo a nivel mundial, sólo superado por Japón. Muchas de las infraestructuras que se crearon en aquellos años, sobre todo embalses y grandes hospitales (como La Paz, Gregorio Marañón, Ramón y Cajal y 12 de Octubre en Madrid; Valle de Hebrón en Barcelona; Cruces en Bilbao, etc.), siguen prestando un servicio impagable en la España actual. Se creó la ONCE, una fundación modélica para la educación e inserción laboral de los invidentes.

En el campo de la enseñanza el progreso fue espectacular: de 1940 a 1975 las 42.766 escuelas de enseñanza primaria se convirtieron en 110.000, de los 111 institutos de enseñanza media se pasó a 1.700, se crearon universidades laborales y becas que posibilitaron que por primera vez en la historia accedieran a ellas alumnos procedentes de las clases más humildes. Y todo se hizo con unas posibilidades económicas muy inferiores a las presentes puesto que recordemos que apenas existían los impuestos.

En el terreno de los derechos sociales, los trabajadores alcanzaron un nivel de protección comparable con la mayoría de países europeos y en muchos casos superior. Por cierto, los sindicalistas marxistas de clase, una vez llegada la democracia, nunca pidieron la eliminación de la paga extra de Julio, la indemnización de 45 días por año, la seguridad social, la jubilación a los 65 años y los muchos derechos establecidos en ordenanzas laborales (complementos por antigüedad, paga de beneficios, etc.) durante el Franquismo. Se limitaron a exigir el cambio de nombre de las calles y a mancillar su memoria; se afanaron en resaltar las sombras y a ocultar las luces de un régimen que trajo, junto con el esfuerzo de todos los españoles, tres décadas y media de paz y de progreso.

Por último, entre todos esos logros económicos y sociales, destacaría la creación de una importante clase media, algo que hizo posible una Transición política pacífica a la muerte de FF. La España de 1975 nada tenía ya que ver con aquella España analfabeta, rural y envenenada por el odio político de la España de los años 30.

En definitiva, FF no sólo ganó una guerra, sino que su régimen posterior ganó la paz. Una paz duradera, jalonada de décadas de progreso económico, de transformación del país, de unidad, de reconciliación y de orgullo nacional. Son esas las virtudes de un régimen que la izquierda jamás podrá digerir. Al igual que su muerte: de viejo, en un moderno hospital público inaugurado por él años atrás (el Hospital Universitario La Paz) y siendo despedido por millares de personas que no dudaron en pasar hasta doce horas, tanto de día como de noche, haciendo cola para darle su último adiós.

Podrán seguir insuflando mentiras y odio a la gente, pero como él mismo dijo al disolverse la Academia General Militar de Zaragoza durante la II República: “la máquina se deshace, pero la obra queda”…

Un comentario sobre “Franco y el Valle de los Caídos (y III)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s