Adiós Albert

Las elecciones plebiscitarias planteadas por Sánchez como una apuesta personal, han constituido en primer lugar un fracaso para él mismo. Su enorme vanidad y los meses que ha estado utilizando la Moncloa para hacer campaña electoral con el dinero de todos, le habían llevado al convencimiento de que esta vez sí, los españoles caerían rendidos ante sus irresistibles encantos… Pero el pueblo español no ha tragado: no sólo no ha mejorado los resultados, sino que el PSOE ha perdido 3 escaños y “su socio preferente” 7, mientras que el PP, su principal adversario ha aumentado en 22!

Se trata sin duda de un nuevo fracaso de este individuo, cuya egolatría ha arrastrado al PSOE a un viaje para el que no necesitaba alforjas. Si antes lo tenía difícil para formar gobierno, ahora lo tiene aún más difícil. Pero bueno, como ya ha quedado sobradamente demostrado, a este tipo no le importa en absoluto ni la gobernabilidad de España, ni la estabilidad institucional, ni dilapidar el dinero de los españoles, ni tan siquiera su partido, mientras que él pueda seguir en el palacio de la Moncloa con su Falcon y demás prebendas…

La segunda importante consecuencia de estas elecciones ha sido el ascenso meteórico de VOX, un partido que en apenas siete meses ha pasado de cero, primero a 24 escaños en abril y ahora a 52! De nada han servido los insultos, las amenazas e incluso las agresiones sufridas por sus militantes. España le ha dado 3.640.000 votos a un partido que se ha atrevido a sacar a debate una serie de temas que la inquisidora corrección política tenía censurados: la inmigración ilegal y el coste para el erario público, la injusta ley de violencia de género, la vergonzante ley de “la mentira histórica”, el despilfarro del elefantiásico modelo autonómico, la injusta ley electoral y las desigualdades territoriales, siempre favorables a los nacionalismos, etc.

Los hechos han demostrado que todos esos temas, que el resto de partidos quieren hurtarle a la opinión pública, sí que le interesan a millones de españoles. Personas con el mismo derecho a opinar que los demás, y que no comulgan con esa “verdad oficial” que le quieren imponer. Por fin ahora todos esos españoles tendrán en el Congreso un grupo parlamentario muy fuerte, con capacidad incluso para promover recursos de inconstitucionalidad, cada vez que la progresía se empeñe en imponer “su” verdad a costa de la libertad de expresión de los que piensan diferente…

Y la tercera consecuencia de las elecciones ha sido el descalabro sin paliativos de Ciudadanos, que ha provocado la dimisión de Albert Rivera.

Desde sus orígenes en la política catalana, siempre sentí una enorme simpatía hacia Albert, un joven abogado orgulloso de ser catalán y español, que rebosaba frescura y credibilidad. Un político totalmente diferente a los demás. Tan es así, que cuando hace unos años se creó la Plataforma Ciudadana para estudiar la posibilidad de dar el salto a la política nacional, decidí darle mi apoyo y me afilié a aquel movimiento, con la esperanza de que se convirtiera en partido político. En breve Ciudadanos salió a la arena política nacional y se convirtió en una nueva esperanza para todas las personas de ideología liberal, hastiados de las viejas contiendas entre rojos y azules.

Pero aquellas señas de identidad fueron poco a poco decayendo y en los últimos tiempos Albert Rivera cometió varios errores que le han pasado una cruel factura:

  • Le retiró el apoyo a Rajoy, que a pesar de sus múltiples sombras era infinitamente más capaz para dirigir la política española que el ególatra indocumentado de Sánchez.
  • Después de haber criticado el “no es no” de Sánchez, cuando él tuvo en su mano la posibilidad de proponer un gobierno de coalición con los socialistas que evitara la repetición de elecciones, y sobre todo la entrada de comunistas y golpistas en el gobierno, cayó en el mismo “no es no”. Seguramente su ego también le hacía creer, al igual que a Sánchez, que unas nuevas elecciones le llevarían a mejorar sus resultados…
  • Tras criticar con razón los típicos cordones sanitarios izquierdistas, él mismo los fomentó, no sólo contra el PSOE, sino también contra VOX, de quien huía como si fueran la peste. Ni quería sentarse a negociar con ellos, ni tan siquiera hablar o salir en la foto! Y el castigo a ese sectarismo del que al principio abominaba, ha sido que muchos cientos de miles de sus votantes se han ido precisamente a VOX…
  • Por último, cuando hace tan sólo unas semanas el PP le propuso ir conjuntamente a las elecciones bajo la marca “España Suma”, su afán de protagonismo le impidió aceptar lo que sin duda habría sido su tabla de salvación!

En definitiva, al igual que le ocurrió a Rosa Díez, Albert Rivera ha sido devorado por su propio Ego en apenas unos años de aventura política.

Al igual que me ocurrió con ella, me produce tristeza. Me parece que a pesar de sus errores son dos políticos que están muy por encima de la media nacional, donde abundan los lameculos, los ignorantes con carnet y los inútiles que nunca se podrían ganar la vida en el sector privado.

Además, al final ha tenido la decencia y la vergüenza torera de dimitir, algo a lo que no están acostumbrados los mediocres políticos que tenemos, el primero Rajoy, que si lo hubiera hecho habría conseguido que quedara sin efecto la moción de censura de Sánchez, origen del desgobierno que desde entonces padecemos; y el segundo Sánchez, que después de haber sacado en dos ocasiones los peores resultados históricos del PSOE, no tuvo la dignidad de dimitir, como hicieron años atrás los socialistas Almunia y Rubalcaba. Pero para eso hay que tener dignidad, que es una palabra y un concepto que no existe en el vocabulario del doctor Sáncheztein…