Patria

Acabo de terminar de leer la famosa novela “Patria”, de Fernando Aramburu. En ella se funde la realidad con la ficción para hacer un repaso de la historia de la banda criminal ETA: ese atajo de Extorsionadores, Torturadores y Asesinos que delinquió durante más de 40 años amparándose en un fanatismo ideológico, el supremacismo vasco, que aún perdura…

Con un estilo narrativo peculiar, el autor nos introduce en la vida de un pequeño pueblo de Guipúzcoa, donde dos familias vecinas e íntimas amigas, acaban enfrentadas por culpa de la lacra terrorista.

A Bittori y a Miren les unía una gran amistad desde la juventud. La primera acaba casada con el Txato, un hombre trabajador que consigue con su esfuerzo crear una pequeña empresa de transportes. Miren se casó con Joxian, otro buen hombre, empleado en una fundición.

Los dos maridos comparten su afición por el ciclismo y por el mus. Salen juntos a pedalear cada domingo con el club ciclista al que pertenecen y juegan habitualmente a las cartas en el bar del pueblo, siempre como pareja.

Todo cambia cuando el Txato comienza a recibir cartas de la banda reclamándole el “impuesto revolucionario”. La primera vez decide pagar, pero la extorsión continúa, acompañada de pintadas amenazantes por las calles del pueblo. A partir de ahí, la cobardía, el fanatismo y el miedo, instalados entre los vecinos del pueblo, van arrinconando a la familia amenazada, rompiendo incluso la aparentemente sólida amistad de tantos años que unía a las dos familias…

Queda bien reflejada también la deplorable y vergonzante actitud de la iglesia católica vasca durante décadas: siempre mucho más comprensiva con los asesinos y sus familias, que compasiva con las víctimas…

No quiero hacer spoiler, así que ahí lo dejo. Me limito a recomendar la lectura de esta voluminosa novela, de más de 600 páginas, porque narra unos hechos muy tristes de la reciente Historia de España que no conviene olvidar, por mucho que la izquierda y sobre todo el gobierno socialista lo pretendan. El motivo: que el infame doctor Sáncheztein necesitó el apoyo de los proetarras para hacerse con el poder de aquella manera tan despreciable. La contrapartida a su apoyo en la moción de censura de 2018 consiste en blanquear a los que hasta 2011 se dedicaban a asesinar gente…

Esta izquierda sectaria y anacrónica, pretende borrar, o al menos endulzar, tras sólo 8 años desde el cese de los asesinatos, lo que durante décadas fue un suplicio para millones de españoles. Por contra, frente a esa interesada necesidad de “pasar página” en el tema etarra, el gobierno no para de sacar a relucir a Franco que lleva muerto 44 años o la Guerra Civil, que terminó hace 80! Pero bueno, no me quiero calentar con las incongruencias socialistas para no desviarme del tema…

La lectura de “Patria” ha traído a mi memoria mucho dolor. Desde las amenazas que recibió mi abuelo Francisco (guardia civil por entonces ya retirado) cuando yo era sólo un adolescente, a los compañeros de carrera en el CUNEF, que se incorporaban misteriosamente a mitad de curso. Tras todos ellos la misma triste realidad: eran hijos de empresarios vascos y sus familias huían a Madrid malvendiendo sus empresas y sus propiedades, para salvar la vida.

Esos casos reales que a lo largo de 5 años de carrera tuve la ocasión de conocer, fueron sólo la punta de un iceberg de casi 200.000 personas a las que el nazionalismo (con “Z”) vasco obligó a exiliarse durante décadas. De esa forma casi eliminaron el voto constitucionalista y consiguieron perpetuar su ideología supremacista por los siglos de los siglos…

Durante los años 80 y 90 fueron centenares los asesinatos cometidos en Madrid, muchos de ellos con “coche bomba”. En los “años de plomo”, cada semana había al menos una explosión. Cuando empezaba el lunes, no sabíamos dónde ni el número de muertos que iba a ocasionar, pero teníamos claro que antes de que llegara el sábado sucedería. Todos los madrileños pudimos escuchar algunas de esas macabras explosiones de la muerte…

Un atentado, cometido a primera hora del 19 de abril del 95, contra el entonces jefe de la oposición José María Aznar en la calle José Silva de Madrid, costó la vida a una mujer que dormía plácidamente en su cama. Yo trabajaba a pocos metros, en las oficinas de Pan Air Líneas Aéreas, situadas en esa misma calle, en el bloque contiguo al de la Clínica Belén. Ocurrió minutos antes de que pasara con mi moto para entrar al garaje del edificio. Los cristales de mi despacho, afortunadamente aún vacío, saltaron por los aires, al igual que los de la mayoría de edificios colindantes…

Por todo esto que acabo de explicar, YO NI OLVIDO NI PERDONO.

DIGNIDAD Y JUSTICIA!!!