Cuba, el país del surrealismo y de las desigualdades sociales

Desde hace años tenía gran curiosidad por conocer Cuba. Había oído mucho hablar de este país, sobre todo por su régimen dictatorial social-comunista, que lleva oprimiendo a los cubanos 61 años y que ha sobrevivido 3 décadas a la caída del Muro de Berlín y de los regímenes similares de la Europa Oriental.

Acabo de regresar de pasar una semana allí, visitando La Habana, Varadero y Matanzas y puedo decir que me he traído experiencias como para escribir un libro… En primer lugar, la alegría y la inocencia de los cubanos, que en su mayoría (salvo los mayores de 70 años) no saben lo que es vivir en libertad y que alucinan por ejemplo cuando les cuentas que en Europa todas las familias tienen al menos un coche…

Nada más llegar al aeropuerto, te llaman la atención dos cosas: que tienes que volver a pasar por controles de seguridad tanto personales como de los equipajes (similares a los que ya pasamos en Barajas), antes de pasar el control de pasaportes y de visados; en segundo lugar, las enormes colas de personas (en su mayoría familiares de cubanos que viven en el extranjero) cargadas de televisiones, equipos de aire acondicionado, etc. para pagar los impuestos aduaneros que les permita introducir en el país esos artículos, que palien las carencias de sus familiares.

En el trayecto hasta el hotel de La Habana, te encuentras con experiencias de lo más surrealistas, como de regreso al pasado: la ausencia casi total de coches (a excepción de los taxis), todos ellos antiquísimos; el estado ruinoso de la mayoría de los edificios y la escasa iluminación de carreteras y calles. Allí la electricidad sigue siendo a 125V, como en España hace 40-50 años y las farolas de La Habana tienen unas bombillas de una potencia tan pobre, que apenas te permiten ver el suelo cuando caminas…

Otro tema surrealista es la coexistencia de dos tipos de monedas y billetes completamente diferentes: el CUC o peso cubano convertible ideado para el turismo y el CUP o moneda nacional para los cubanos. Un CUC equivale casi a un €uro (1,08€) y a 24-25 CUP’s.

Al día siguiente tuvimos un tour por la ciudad, que llevábamos contratado desde España, con un guía local. El joven era un ingeniero informático que había dejado su trabajo para vivir del turismo, ya que los 25 CUC´s al mes de sueldo que recibía del estado cubano (el mismo sueldo que cobra un médico o un policía) no le daban para vivir. Nos habló de las diferencias sociales que existen en ese país, seguramente de las mayores del mundo! Por ejemplo un taxista de los típicos coches americanos de los años 50 te cobra por un paseo de una hora por la ciudad 50 CUC´s, que es lo que gana un médico en 2 meses de trabajo!!!

Al mostrale nuestro estupor, nos explicó que en Cuba la única manera de sobrevivir las familias es juntarse varias generaciones en el mismo piso: abuelos, padres, hijos y nietos, y que además al menos uno de los integrantes de la familia obtenga ingresos del turismo. Nos habló de las cartillas de racionamiento, gracias a las cuales cada persona puede obtener unas mínimas raciones mensuales de arroz, frijoles, azúcar, café, 5 huevos, 250 gr. de pollo y poquito más, a precios muy reducidos. El resto de la comida la tienen que comprar en unas tiendas, cuyos precios pudimos comprobar que doblaban y en algunos casos triplicaban a los de España! En el caso de artículos de importación podrían justificarse estos precios, pero es que el agua mineral local o las latas de cerveza cubanas (Cristal y Bucanero), valían en los supermercados 2-3 veces más de lo que vale un agua mineral o una cerveza de marca blanca en Carrefour o Mercadona en España…

En un momento en el que el grupo (16 turistas más el guía) nos concentramos en la plaza del Capitolio, para que nos hablara de la historia del edificio, se nos acercó un policía para decirnos que no podíamos pararnos allí. En su interior hay oficinas de la Asamblea Nacional de Cuba y por lo visto no se permiten concentraciones de personas en sus alrededores… El guía nos explicó que para policías seleccionan a chicos y chicas del interior, muy jóvenes, de las familias más pobres y sin apenas formación. De esa forma les es más fácil “adiestrarlos” para no pensar y cumplir las órdenes sin cuestionar…

Una de las cosas buenas que tiene Cuba es la seguridad, que según nuestro guía es lo único que funciona bien en el país: tanto para los turistas como para el control de los cubanos, ya que la policía política campa a sus anchas y cualquiera se puede meter en un buen lío si hace comentarios “que no debe” sobre el gobierno, los Castro, el comunismo, etc. Por nuestra parte, he de decir que nos sentimos seguros en todo momento; quizás porque en Cuba la delincuencia está castigadísima. Por ejemplo, el hurto de una cartera o de un bolso, que en España no es ni delito, allí está castigado con entre 4 y 8 años de cárcel… (ya podían tomar ejemplo por aquí!)

Tuvimos la oportunidad de visitar Copelia, la famosa “heladería de la revolución”, “brillante idea” de Fidel Castro para dulcificar la vida de sus rehenes/conciudadanos: se trata de una megaheladería que casi parece un pequeño centro comercial, donde los cubanos pueden tomar helados a precios muy subvencionados, eso sí, después de hacer las consabidas colas, que pueden llegar a 2 o 3 horas. Por cierto, eso de las colas es algo habitual allí en todas las tiendas, oficinas de cambio, restaurantes, etc; en lugar de pedir la vez o apuntarse en una lista de espera, allí es obligatorio hacer cola en la calle, en la puerta de cada restaurante o de cada tienda.

Esto me recuerda que una noche, haciendo la cola en uno de los restaurantes más famosos de la ciudad, situado frente al Capitolio, nos sucedió otra cosa surrealista: un empleado salió a la calle a informarnos de que había tenido lugar un corte del suministro del gas y tenían que cerrar la cocina, así que nos invitaba a todos a irnos, salvo los que quisieran platos fríos!

Eso parece ser bastante habitual por allí. Tras la caída de la URSS y con ello el final de las inyecciones de capital y de petróleo soviéticos, por lo visto estuvieron bastante tiempo con restricciones de energía eléctrica, cuyo suministro se limitaba a apenas 3 hora al día! En esa línea del surrealismo típico cubano, cabe mencionar que el único ascensor de nuestro hotel (estábamos en una tercera planta) se estropeó al segundo día y cuando nos fuimos, después de 48 horas de la avería, seguía inoperativo, con lo que tuvimos que bajar los tres pisos por las escaleras con las maletas…

Por no hablar del estado del resto del edificio y de las habitaciones: la puerta del baño no tenía pestillo (a cambio había una cuña de madera en el suelo para atrancarla), los grifos estaban tan obstruídos que apenas salía un hilillo de agua (no potable, por supuesto), la ventana no cerraba (al igual que la puerta de la terraza y la del armario de la habitación de Varadero), etc. En cuanto a la limpieza y a la calidad de las comidas, mejor ni hablar…

Por lo visto, allí los únicos que viven medianamente bien, aparte de los jerarcas del partido comunista, son los militares de alta graduación, los deportistas de élite (olímpicos, etc.) y los artistas de reconocido prestigio internacional. En estos dos últimos casos, se justifica para evitar que se exilien a la primera de cambio que puedan. A todos ellos el gobierno cubano les facilita un coche, que es un lujo que prácticamente nadie se puede permitir. En primer lugar porque está prohibida la venta libre de coches nuevos y en segundo lugar porque el mercado negro de los pocos coches de segunda mano que hay en la isla, alcanza unos precios realmente desorbitados: según varias fuentes consultadas, un coche de gama media/baja de entre 10 y 15 años se vende en el mercado negro entre 50.000 y 70.000 CUC’s (unas 10-15 veces más caros que en Europa!), precios inalcanzables para el 99% de la población. Un taxi clásico, es decir un coche americano de los años 50 que se cae a pedazos, se cotiza a 35.000 CUC’s.

Mantenerse informado allí está realmente complicado: no hay periódicos extranjeros y para conectarse a Internet desde una red wifi, hay que pagar 1€ la hora, así que opté por probar la experiencia de mantenerme desconectado toda la semana… y comprobé que realmente se puede vivir sin Internet!  🙂

Otra cosa que te llama la atención es el sentido del tiempo tan diferente al nuestro. Esa cadencia caribeña lo impregna todo. Para ellos “un minutico” puede ser más de media hora… Las citas de los guías o de los transportes, la velocidad de servicio de los camareros, etc., hay que tomárselas con resignación, no vale la pena meterles prisa porque ellos van a su ritmo!

En cuanto a la política, sólo los jóvenes se atreven a hablar cuando están seguros de que no hay “oídos peligrosos” escuchando… Suelen referirse al gobierno como “ellos”: ellos son los únicos que viven bien, a ellos no les importa el pueblo, etc. Y no confían en que la situación pueda cambiar. Hablan de que tuvieron una esperanza con Obama, pero ahora con Trump ya no la tienen. Como si fuera Estados Unidos quien recorta los derechos de los cubanos! Es evidente que tienen interiorizada desde pequeños esa mentira oficial de que la culpa de la miseria cubana es de los americanos. En fin, como toda dictadura que se precie, Cuba tiene su enemigo imaginario que le sirve de cortina de humo para justificar su régimen totalitario. Al menos en China no hay libertad pero el país ha progresado prodigiosamente en las últimas décadas al liberalizar su economía; pero lamentablemente en Cuba no tienen ni libertad ni progreso…

Podría seguir contando anécdotas, pero en definitiva me quedo con algunas ideas fundamentales: Cuba es un país precioso y muy seguro; los cubanos son una gente entrañable y divertida (a pesar de su pobreza); he disfrutado mucho fotografiando esa “realidad surrealista” de regreso a los años 50 y de ruina que todo lo envuelve… Pero sinceramente no es un destino para repetir. El Caribe tiene lugares mucho más recomendables, en los que los occidentales podemos disfrutar del nivel de vida al que estamos acostumbrados: buen servicio, buenas instalaciones, buena comida, buenos transportes, libertad de expresión, Internet, etc.