Las películas que nunca terminan…

Desde niños, cuando nuestros padres comenzaron a llevarnos al cine, aprendimos que todas las películas tenían un principio y un final, y que una cosa eran las historias de la pantalla y otra muy distinta el mundo real. A veces nos metíamos en el argumento hasta creernos parte de la historia e incluso podíamos seguir durante días fantaseando con ser superman o jugando a la guerra de las galaxias… pero sabíamos que todo estaba en nuestra imaginación: no se nos ocurría ponernos una capa roja y saltar por la ventana porque conocíamos la diferencia entre realidad y ficción.

El problema es que después, en la edad adulta, nos cuentan muchas “películas” que demasiada gente se cree durante toda su vida. Gente que por ignorancia, por fanatismo, por inercia cultural, o por simple vagancia, prefiere no cuestionarse ese guión aprendido desde la infancia. Caben aquí “películas” de todo tipo, basadas en fantasías o en especulaciones sin el menor soporte científico. Nacer en una u otra parte del mundo no es más que una casualidad y que ello nos imponga creencias de por vida (ideología política o religiosa, ideas nacionalistas, etc.) no es más que una limitante barbaridad.

Por ejemplo, sabemos que todo ser vivo (desde un vegetal, una bacteria o un insecto a los mayores mamíferos) nace, crece, se reproduce y muere. Esta es una regla básica de la Naturaleza, pero para algunos existe una excepción: el homo sapiens. Según ellos el ser humano es el único ser vivo que no sólo nace, crece, se reproduce y muere, sino que además, dependiendo de sus fantasías religiosas, se reencarna en vidas sucesivas o dispone de un espíritu o alma que vive eternamente tras la muerte en una dimensión alternativa y paradisíaca…

A los “creyentes” (yo más bien diría “crédulos”) las religiones les cuentan “su película”, siempre basada en el argumento anterior, insistiendo además en que la suya es la única “verdadera” y las demás son falsas. Incluso hay subtramas dentro de la misma película: católicos, protestantes, ortodoxos, etc. en la cristiana; suníes, chiíes y alauitas en la musulmana… Entre estos últimos, muchos llegan incluso a matarse entre ellos por pertenecer a otra facción de la misma religión o a todo aquel que ose no creerse sus fantasías…

Otras películas que nunca terminan son las que cuentan los nazionalistas (lo pongo con “z” de nazis deliberadamente). Estos son también expertos en inventarse “sus películas” y en conseguir lavar el cerebro a miles de personas. Para ello recurren a recursos tan zafios como el de inculcar el odio hacia el vecino o hacia el que habla otra lengua, fomentar el victimismo, elaborar teorías supremacistas, reinventarse la Historia de una región, comarca o aldea, e incluso contarles “cuentos de la lechera” a la gente más incauta con promesas de una vida mejor tras conseguir imponer su fanática paranoia…

Un tercer tipo de películas que para muchos duran toda su vida son las basadas en ideologías políticas. Aquí destaca la trasnochada extrema izquierda, cuyos nostálgicos seguidores siguen creyéndose una película que en realidad terminó el siglo pasado con la caída del muro de Berlín y con la conversión de China al capitalismo más salvaje… Países enteros siguen padeciendo a día de hoy a dirigentes iluminados que les imponen a sus conciudadanos vivir dentro de esa película que hace ya muchos años que debió de echar el telón…

En último lugar destacaría a todos esos fantasiosos que prefieren cualquier ocurrencia por extraña que parezca, antes que aplicar la lógica y el método científico. Yo los llamo “los conspiranóicos”, esos que esgrimen razonamientos que nada tienen que ver con la razón, para defender sus paranoias. Estas pueden ir desde oponerse a vacunar o a escolarizar a sus hijos, hasta negar que la tierra sea redonda, los viajes espaciales, los atentados del 11-S, el calentamiento global o cualquier otra realidad sobradamente probada por la Ciencia. En general a esta gente les atrae todo aquello que afiance sus prejuicios aunque resulte increíble para el sentido común; es más, cuanto más rara, absurda o majadera parezca la idea, más atracción sentirán hacia ella…

Afortunadamente, al menos en el primer mundo, cada vez es más la gente que no se traga películas de por vida; que no se deja lavar el cerebro y que sale de la ignorancia a base de formación y de información.

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