Las patadas al diccionario en nombre del feminismo…

Nadie duda de que los nazionalistas catalanes (convertidos desde que se han echado al monte en catalanazis) han usado durante décadas el idioma catalán como “arma de adoctrinamiento masivo” y el idioma español como “arma de discriminación masiva”. Y la gran mayoría de la gente con sentido común está en contra de semejante tropelía.

Sin embargo la corrección política izquierdista obliga a callar ante el bochornoso espectáculo protagonizado por la progresía feminista, que no duda en prostituir la lengua castellana (o el español como se llama en la mayor parte del mundo), convirtiéndola en su particular arma arrojadiza ideologizante…

Pero resulta que el lenguaje no puede ser nunca un arma, ni un medio de enfrentamiento, sino todo lo contrario: ha de ser una herramienta de entendimiento. Además, uno de los principios que rigen a todos los idiomas es el de la economía del lenguaje: siempre es más conveniente usar las fórmulas más cortas y evitar caer en las redundancias.

Buscando esta economía, hay idiomas como el inglés por ejemplo, cuyos pronombres incluyen a los dos géneros (con la excepción de she = ella) y cuyos adjetivos directamente carecen de género. We significa “nosotros” y también “nosotras”, you significa “vosotros” y “vosotras”, they significa “ellos” y “ellas”; tall significa “alto” y “alta”, smart significa “listo” (inteligente) y “lista”, fast significa “rápido” y “rápida”, etc., etc..

El idioma español es más prolijo en este aspecto y desdobla muchas palabras en dos géneros. Pero sin embargo, buscando la economía del lenguaje, cuando usamos el masculino plural hacemos referencia a los dos géneros. Por ejemplo al decir “todos”, la Real Academia de la Lengua nos dice que ya estamos incluyendo a todas las personas de ambos sexos; por tanto es redundante decir “todos y todas”.  El hecho de que “todos” sea masculino no debe llevar a desterrar su uso o a caer en la redundancia de añadirle un “y todas”. El contrapunto sería la palabra “persona”, que siendo una palabra femenina también incluye a ambos sexos. Y siguiendo esa lógica (ilógica) “progre-feminazi” habría que decir también “los y las personas” o “las personas de género masculino y las de género femenino”…

El sufijo “ista”, hace referencia a profesiones (pianista, taxista, telefonista, electricista, dentista, oculista, periodista, etc.) y también a personas “partidarias de…” (europeísta, madridista, socialista, comunista, marxista, fundamentalista, etc.). A nadie ofende que estos sustantivos y adjetivos terminados en “a” se refieran a ambos géneros; a ningún hombre se le ocurriría reclamar el cambio de estas palabras para el género masculino por “palabros” como pianisto, taxisto, madridisto o socialisto… Sin embargo hemos tenido que asistir al afán feminazi de rebautizar profesiones para conseguir que terminen en “a”: medica, arquitecta, abogada… El hecho de que la Real Academia haya acabado admitiéndolas no quiere decir que fuera necesaria su introducción. Tan solo es una muestra de que el idioma no puede ser concebido como un arma y por tanto, si una palabra se acaba convirtiendo en término de uso cotidiano, tanto en el lenguaje hablado como escrito, al final la Real Academia la acaba reconociendo oficialmente.

A mí la palabra médica me suena tan ridícula como me sonarían taxisto o telefonisto… Aunque debo reconocer que también ha habido en la historia algún caso en sentido contrario: de la tradicional profesión de modista, derivó la palabra modisto, hoy totalmente reconocida, aunque sea una excepción a la regla lingüística.

Otro caso curioso es el de los participios activos, los terminados en “ente”: atacante, saliente, cantante, amante, docente, existente, paciente, impaciente, ardiente, estudiante, independiente, residente, presidente, etc.. Pues bien, el hecho de que se hayan acabado por reconocer hace ya años palabras como presidenta o dependienta, no quiere decir que no sean términos totalmente prescindibles, como lo sería referirse a una profesora como docenta, a una alumna como estudianta, o decir que fulana es una amanta muy ardienta en la cama…

Una de las últimas estupideces protagonizadas por estas “feminazis” ha sido la de inventarse la palabra “portavoza” (como ya en su día otra célebre lumbreras, una ministra muy progre ella, se inventó la palabra “miembras”). Se da la ridícula circunstancia de que la palabra “voz” ya es una palabra femenina! Pero para estas fundamentalistas no debe ser lo suficientemente femenina si no acaba en “a”…

Enfin, esperemos que todos estos ignorantes e “ignorantas”, tan “progresistos” y progresistas, dejen de una vez por todas en paz a nuestro bonito idioma y no lo perviertan más para su apología ideológica…

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