El fin de ETA

Tras décadas de delincuencia, esta banda mafiosa de Extorsionadores, Torturadores y Asesinos nos viene ahora con una vomitiva puesta en escena que sólo sirve para revolvernos las tripas aún un poco más…

Ese cínico rollo del “conflicto”, los “dos bandos”, la “lucha armada”, la “negociación”, el “desarme”, el “acercamiento” de los presos, los “observadores internacionales” y toda esa pandilla de palmeros, mamporreros y tontos útiles que les secundan (nacionalistas vascos, podemitas, etc.) simplemente apestan…

Después de casi un millar de asesinatos y varios miles de heridos, no sé como tienen vergüenza siquiera de sacar la cabeza de sus escondrijos ese atajo de asesinos. Sólo espero que Rajoy cumpla por una vez sus palabras y todo este paripé no les sirva para obtener ventaja alguna de la justicia española…

Pero dejando a un lado este numerito reciente de la banda asesina (de lo poco que quedaba ya de ella), me parece un buen momento para recapitular sobre esta lacra terrorista que marcó nuestras vidas durante décadas.

Nunca podré olvidar aquellos años 80 y 90 en Madrid, cuando cada semana esperábamos la explosión de la bomba de turno… No sabíamos dónde, ni el día o la hora, pero lo que era seguro es que el atentado terrorista del “comando Madrid” llegaría. A aquellos años los llamaron “los años de plomo” y los madrileños, los vascos y los españoles en general tuvimos que padecer la orgía de sangre que generó la basura etarra, esos que ahora comparecen en los medios internacionales pretendiendo maquillar su pasado asesino.

En el año que pasé primero como alumno y luego como alférez en la Academia Militar de Caballería de Valladolid, viví en mis carnes las extremas medidas de seguridad que debíamos seguir para protegernos del riesgo de ser objetivo terrorista. En Madrid casi todos escuchamos o anduvimos cerca de alguno de sus cobardes atentados. A mí estuvo a punto de tocarme el que perpetraron contra Aznar en 1995: el coche bomba estaba en la calle José Silva de Madrid, junto a la Clínica Belén, a 20-30 metros de mi oficina en Pan Air Líneas Aéreas. Los cristales de mi despacho saltaron por los aires, pero afortunadamente una media hora antes de mi llegada en moto a la oficina. Quizás aquel día me pudo tocar a mí la china, como a tanta gente inocente que esos mal nacidos asesinaron durante décadas…

Tampoco podré olvidar cómo la iglesia vasca protegió, alentó e incluso ayudó a fundar la banda asesina en las sacristías de muchas iglesias vascas. Durante años hubo demasiados curas cómplices de ETA y en muchos pueblos de la comunidad autónoma vasca hubo familiares de víctimas que tuvieron que enterrar a sus muertos casi a escondidas, porque el cura nacionalista/proetarra de turno les negó hasta una misa a sus feligreses “para no tener problemas”. Eran aquellos años del repugnante “algo habrá hecho”…

No olvidaré el apoyo que la izquierda le prestó durante los primeros años a ETA, especialmente a raíz del asesinato del presidente Carrero Blanco (que tantos aplaudieron) en Diciembre de 1973. En aquellos años los asesinados solían ser guardias civiles, policías, militares y quizás algún empresario, con lo cual a muchos izquierdistas les resbalaban las fechorías etarras. Pero la gente de bien y especialmente los familiares de militares abominábamos de aquella actitud tan farisea y condescendiente…

Los que tenemos una edad recordamos como durante la presidencia de Adolfo Suárez, cada vez que había un tiroteo entre etarras y guardias civiles y algún terrorista resultaba muerto, los nacionalistas vascos, comunistas y socialistas se apresuraban a requerir al ministro del interior para comparecer en el Congreso a dar explicaciones. Si moría un policía, un militar o un guardia civil no les importaba, pero si el muerto era un etarra entonces se echaban las manos a la cabeza…

Pero ETA, en su delirio asesino, amplió sus macabros objetivos y además de servidores de los cuerpos de seguridad y empresarios, empezó a matar a políticos, periodistas y gente de toda condición. Ya nadie estaba a salvo. Y por fin esa parte dormida de la sociedad empezó a despertar. Muy especialmente tras el cruel secuestro y asesinato a sangre fría del joven Miguel Angel Blanco (29 años) en 1997 en Ermua…

En todo este tiempo, se calcula que más de 200.000 vascos, muchos de ellos pequeños y medianos empresarios, acosados y extorsionados económicamente por la mafia etarra, tuvieron que optar por el exilio junto a sus familias, dejándoles el camino expedito a sus paisanos los nacionalistas, que al final se adueñaron de la comunidad, como bien reconocía el cínico de Arzalluz en su famosa frase: “unos mueven el árbol y nosotros recogemos las nueces”…

Ante esta parodia de final del terrorismo, que en realidad fue una derrota en toda regla hace ya años, gracias a la constancia de las fuerzas de seguridad del Estado, de los jueces, de las asociaciones de víctimas y de toda la sociedad española, yo reclamo desde esta humilde tribuna que se sigan investigando los crímenes pendientes, que se condene a sus autores y que todos los etarras cumplan íntegras sus penas. Que ningún asesino reciba premio alguno por dejar de asesinar!

MEMORIA, DIGNIDAD Y JUSTICIA!!!

 

 

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