El mal ejemplo de los dirigentes políticos españoles

Decía Albert Einstein que “el ejemplo no es la mejor manera de enseñar… es la única manera!”

Comparto esa frase y me acuerdo mucho de ella cada vez que escucho hablar a la mayoría de nuestros dirigentes políticos. Vivimos en una sociedad en la que los medios de comunicación, tanto los tradicionales (televisión, radio, prensa) como los modernos basados en Internet, nos inundan de información a cada segundo. Pero tan importante como pueda ser el contenido de la información, lo son las formas que emplea el comunicador: su vocabulario, su tono agresivo o amable, etc.

En este sentido, hay una enseñanza que me gusta tener presente y que si todos cumpliéramos (los dirigentes principalmente por su teórica posición de liderazgo), convertiría este caótico mundo en un lugar mucho más habitable… Me refiero a los 4 acuerdos toltecas (civilización precolombina de los siglos X-XII, de la zona del Méjico actual), que son 4 sencillos mandamientos para la convivencia, tanto con los demás como con uno mismo:

  1. Sé impecable con tus palabras.
  2. No te tomes nada personalmente.
  3. No hagas suposiciones.
  4. Haz siempre lo máximo que puedas.

Cuando escucho hablar a nuestros políticos me doy cuenta de lo lejos que están de cumplir esas sencillas normas. Por un lado, se limitan a hacer lo mínimo imprescindible para asegurarse la reelección; y por otro, sus discursos suelen consistir en atacar verbalmente a quienes piensan diferente, dando con ello un pésimo ejemplo a niños, jóvenes y adultos, que nos pasamos la vida recibiendo ese tipo de mensajes agresivos y negativos…

Se les llena la boca hablando de democracia, pero luego nos demuestran con su sectarismo no tener ni idea de lo que es la democracia. Hablan del respeto y de la convivencia, pero con su mal ejemplo siembran día a día la discordia y el enfrentamiento entre españoles. Se lamentan de la violencia en la sociedad (de género, terrorismo, delincuencia, etc.), pero su comportamiento diario dista mucho de propugnar la paz y la armonía entre la gente…

Me gustaría vivir en un mundo en el que los políticos se limitaran a recalcar sus diferencias ideológicas en las dos semanas de cada campaña electoral, y luego se pasaran el resto del tiempo buscando acuerdos entre ellos en beneficio de la sociedad. Pero lamentablemente esto nunca ha ocurrido, salvo honrosas y breves excepciones durante el período de la Transición…

Tras el final de la dictadura, pasamos de una España en la que casi nadie hablaba de política, a otra en la que todo se comenzó a politizar. Durante décadas la izquierda y la derecha fomentaron la división ideológica entre españoles, pero ha sido en los últimos años en los que esta lacra ha llegado a extremos insoportables con la aparición del “partido de los odiadores” (como lo llama un tío mío): los dirigentes de este partido, de cuyo nombre no quiero acordarme, utilizando todos los medios de comunicación modernos, pero a la vez usando casposas técnicas de propaganda al más puro estilo soviético, fomentaron desde un principio el odio hacia ambos bandos! Con una gran habilidad (al menos inicialmente) consiguieron que varios millones de desencantados y de desesperados por los efectos de la grave crisis económica, comprara sus mensajes populistas cargados de odio: hacia el PP, el PSOE, la Transición, la monarquía, la unidad de España, la Unión Europea, la banca, etc.

Pero afortunadamente, junto a ese “partido de los odiadores”, surgió también otro nuevo partido con un líder diferente. Alguien que sorprendentemente no necesitaba insultar o agredir a los otros partidos para articular sus discursos! Un político joven que se atrevía a decir que los seguidores de los demás partidos no eran sus enemigos sino sus compatriotas; que no vetaba a nadie por principio (como habían hecho los dos partidos tradicionales históricamente), ni se alineaba con nadie por sistema; que estaba dispuesto a pactar con todos por el bien (por la gobernabilidad) del país, de una comunidad autónoma o de un ayuntamiento.

Aquel mensaje fue considerado herético por una buena parte de seguidores de los dos bandos tradicionales y especialmente por el “partido de los odiadores”. En su afán de etiquetar a todo el mundo, unos les llamaban “marca blanca del PP” y otros “marca blanca del PSOE”… Y es que el sectarismo imperante no podía tolerar que alguien fomentara la unidad y el entendimiento. Pero ha tenido que llegar la crisis desatada por los golpistas nazi-onalistas catalanes para que la gente reaccionara mayoritariamente y tanto unos como otros se dieran cuenta de que hay cuestiones de Estado que obligan a aparcar las diferencias. Por suerte ese eterno aforismo de “la unión hace la fuerza” ha recobrado una repentina vigencia. Y como Ciudadanos era el único partido que ya venía insistiendo en esa idea, al final ha sido el gran beneficiado. Así lo atestiguan tanto su victoria en las recientes elecciones autonómicas catalanas, como todas las encuestas que se vienen publicando a nivel nacional.

Ojalá que todos aprendan la lección y se den cuenta de que sembrar cizaña, enfrentamiento y división entre los ciudadanos para conseguir réditos políticos, a largo plazo nunca puede conducir a nada bueno!

 

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