El insulto “fascista”

Estoy harto de escuchar eso de “facha” o fascista desde que era un adolescente; pero el tema ha llegado a cotas insufribles con lo del tedioso tema catalán… Resulta que los fanáticos del secesionismo llaman fascista a todo aquel que se oponga a su fanatismo, cuando en realidad su nacionalismo identitario es lo más parecido a las ideas del fascismo y del nazismo!

Adoptan comportamientos fascistas como el de clasificar a la población en ciudadanos de primera (los nacionalistas) y de segunda (los no nacionalistas); como el de amedrentar e incluso atacar las casas de cualquier personaje público que se declare no nacionalista. Provocan la fractura social enfrentando a vecinos y a familiares a cuenta de su paranoia secesionista. Incluso han llegado a destrozar su economía provocando la salida de miles de empresas, a cuyos dueños por supuesto han calificado de fascistas…

El gobierno de España es para ellos fascista; el PP, el PSOE y Ciudadanos son partidos fascistas por apoyarle; la policía nacional, la guardia civil, los jueces y fiscales, que se limitan a hacer cumplir las leyes (o sea su trabajo) son por supuesto unos fascistas… Hasta un icono de la cultura catalana como Joan Manuel Serrat es ahora tachado de fascista por no comulgar con la secesión!

Hay que ser descerebrados para comportarse como auténticos fascistas y a la vez acusar de fascistas a quienes no lo son, simplemente por defender la legalidad, la Constitución y los derechos democráticos de quienes no desean la ruptura de una parte de España.

Me vienen a la cabeza aquellas sabias palabras de la escritora italiana Oriana Fallaci que decía: “hay dos tipos de fascistas: los fascistas y los antifascistas”. Y es que si algo nos enseñó el siglo XX es que los extremos se tocan y que el fanatismo es un peligro que puede llevar al desastre. Buena prueba de ello es lo que ocurrió en Agosto de 1939, cuando dos fanáticos como Hitler y Stalin se pusieron de acuerdo para invadir Polonia y aquello fue el origen de la II Guerra Mundial. Se suponía que la ideología nazi era anticomunista, pero aquello les dio igual: el fanatismo les unía.

Afortunadamente las ideologías fascista y nazi sucumbieron en 1945 con el final de la II GM y la muerte de sus defensores, Mussolini y Hitler. Pero por desgracia el otro fanatismo, el comunista soviético, perduró hasta la caída del muro de Berlín en 1989 e incluso a día de hoy hay gente en Europa (sobre todo en los países del sur) que sigue defendiendo el comunismo!

Basta echarle un ojo al cuadro siguiente (elaborado en el siglo XX), para comprobar que el comunismo provocó alrededor de 100 millones de muertos, siendo de lejos la ideología más mortífera de la historia:

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Y sin embargo, resulta paradójico que no se use la palabra comunista como un insulto… Mientras que cualquier símbolo nazi o fascista resulta intolerable por lo que representa, aún a día de hoy tenemos que seguir aguantando que se utilicen símbolos comunistas (la hoz y el martillo, el puño en alto, la internacional, etc.) a diario, por parte de algunos políticos, sindicalistas y sus simpatizantes.

Los países del norte de Europa lo tienen muy claro y aborrecen el comunismo, quizás porque tuvieron la amenaza más cerca: en la constitución alemana se prohibieron expresamente los partidos de ideología comunista, al igual que los de ideología nazi; en la famosa serie danesa Borgen, se ponía de manifiesto que nadie en ese país podría llegar a ser político si se descubría que en sus años jóvenes había flirteado con las ideas comunistas (casi igual que en España…). Lo mismo sucede en el resto de países nórdicos o en el Reino Unido, por ejemplo.

Hoy en día, en pleno siglo XXI, cuando tanto se habla de memoria histórica, creo que nos queda una asignatura pendiente en los países del sur de Europa: el repudio definitivo de la ideología comunista, al igual que se hizo con la ideología fascista hace ya décadas…

 

 

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Prefiero…

Pasan los años, vas madurando, creciendo, aprendiendo y desaprendiendo… pero ves que mucha gente a tu alrededor sigue encasillada en sus consignas, sloganes y mantras repetidos, sin cuestionarse una coma…

No han entendido que el camino de la Sabiduría (a la que debemos aspirar, aunque sólo unos pocos elegidos alcanzarán) es el camino de la duda, nunca el de las certezas…

No se dan cuenta de que, como decía Osho, “las ideologías y las religiones no son más que prisiones para el ser humano… pero eso sí: todo el mundo presume de que su prisión es mejor que las demás! Y desde una prisión, desde la limitación que imponen los prejuicios y las creencias, es imposible salir a buscar la Verdad.”

Por si a alguien le pudiera interesar, quiero dejar a continuación varias frases que me sirven de guía. Unas son fruto de mi reflexión, otras son aforismos conocidos que he adoptado porque me parecen interesantes…

PREFIERO la Evolución a la Revolución.

PREFIERO las Ideas a las Ideologías.

PREFIERO el Progreso al Progresismo.

PREFIERO la Libertad al Liberalismo.

PREFIERO la Sociedad al Socialismo.

PREFIERO la Comunidad al Comunismo.

PREFIERO la Sabiduría Popular al Populismo.

PREFIERO el Sentimiento Nacional al Nacionalismo.

PREFIERO la Feminidad al Feminismo.

PREFIERO la Igualdad al Igualitarismo.

PREFIERO el Individuo a la Masa.

PREFIERO el Pensamiento Individual al Pensamiento Único.

PREFIERO la Espiritualidad a las Religiones.

NO ME GUSTAN las Sectas ni el Sectarismo.

HAY QUE SER TOLERANTES con todos… menos con los intolerantes.

La VIOLENCIA sólo se puede usar contra la gente violenta.

VIVE y deja vivir. RESPETA y exige que te respeten.

La FELICIDAD no es la Meta, es el Camino.

La MADURACIÓN es el resultado de un trabajo interior individual. Nadie puede madurar ni ser feliz por tí, al igual que nadie puede enfermar o morir por tí.

Namasté 🙏

 

Carencias educativas

Estoy a punto de terminar la novela “Donde tus sueños te lleven (tu pasado no determina tu futuro)” del comunicador Javier Iriondo. Es una especie de ensayo novelado, muy inspirador, lleno de útiles consejos para incorporar a nuestra vida cotidiana. Son ideas que llevadas a la práctica nos aportan esa serenidad, ese equilibrio y esa paz interior que hacen que nos sintamos más completos y felices con nuestras vidas.

Junto con la novela histórica, este tipo de literatura de apoyo al crecimiento personal es mi preferida. Y cada vez que termino uno de estos libros se me viene a la cabeza la misma reflexión, que voy a tratar de compartir en este post y que podría resumirse en una frase: ¿no habríamos sido todos mucho más felices si nos hubieran inculcado educación emocional desde la infancia?

Desde pequeños nos enseñan lenguaje, idiomas, geografía, matemáticas, etc., pero luego en la vida tenemos que lidiar sobre todo con emociones y enfrentarnos a situaciones para las que no fuimos educados en absoluto: problemas en la relación con nuestros padres y hermanos, con los amigos y compañeros, con nuestras parejas, con nuestros jefes y colegas de trabajo… En muchas ocasiones no somos capaces de resolverlos de una forma asertiva y se generan las frustraciones y los conflictos. Nadie nos enseñó a hacerlo porque parecía que lo más importante era la educación académica, cuando en realidad lo verdaderamente importante es la educación para la vida!

No te enseñan a vivir en pareja, a construir ese vínculo afectivo fuerte que nos complementa como personas y que debe ser condición sine qua non para que, quienes lo deseen, posteriormente se conviertan en padres. Nadie nos enseñó que en la vida si se tienen claros “el qué” y “el porqué”, se encuentra “el cómo”; y esto funciona tanto a nivel individual como de pareja. Por esa desinformación y falta de preparación emocional, en la mayoría de las relaciones de pareja se acaba perdiendo la perspectiva, el valor de ese objetivo compartido (“el qué” y “el porqué”) y convirtiéndose en una lucha de egos que tarde o temprano termina en ruptura. Y el principal problema es que habitualmente el hecho de cambiar de pareja no resuelve nada, ya que si no hay crecimiento personal, las personas solemos repetir los mismos errores una y otra vez…

Tampoco nos enseñan a gestionar nuestras emociones, a relajarnos en los momentos en los que el estrés nos atenaza, con las consecuencias negativas que esto tiene para nuestra salud (contracturas musculares, enfermedades psicosomáticas, etc.). Pues bien, como practicante habitual de yoga, disciplina que aparte del trabajo postural incluye relajación y meditación, considero que sería muy positivo para los niños su aprendizaje, debido a sus importantes beneficios psicológicos (mejora de la atención, de la concentración, del autocontrol, etc.). Tanto o incluso más que la gimnasia y el deporte en general, que ya se incluyen en la formación académica.

Quiero aprovechar también este post para promocionar la labor de mi amiga, colega fotógrafa y profesora de yoga, Raquel Piñero, pionera en Andalucía en el fomento del yoga infantil. Para quien esté interesado en conocer su centro de yoga para niños en Sevilla, os dejo la dirección de su bonita página web: http://yogakids.es

Por último desear que más pronto que tarde se lleven a cabo las reformas educativas que necesita España; que lo hagan con visión de futuro y sin la politización habitual y que introduzcan de una vez por todas entre las materias obligatorias la educación para el desarrollo de la inteligencia emocional. Cuando esto suceda, las generaciones venideras seguro que estarán mucho más preparadas para la gestión de sus emociones y de los muchos conflictos que se presentan a lo largo de una vida.