Défit público: España la peor de la clase…

Eurostat acaba de publicar los datos definitivos de déficit público del año 2016, y en ellos ha quedado reflejado que España sigue siendo la peor de la clase con diferencia… A pesar de haber cumplido la previsión con un 4,5% de déficit frente al límite que nos habían fijado del 4,6%, no deja de ser un tanto bochornoso tener el peor dato de los 28 miembros de la Unión Europea! Tan sólo Francia (3,4%) y Rumanía (3%) siguen también bajo supervisión, mientras que los otros 25 países aprueban, al no llegar al 3%.

http://www.eleconomista.es/economia/noticias/8693144/10/17/Espana-registro-el-deficit-publico-mas-alto-en-la-UE-en-2016-un-45-por-ciento-de-PIB.html

La media de déficit del conjunto de países que formamos el €uro es del 1,5%. Es decir que España triplica esa cifra! Quizás para mucha gente sea difícil de entender la gravedad de estos datos… Imaginemos que los 28 países son vehículos circulando por una carretera. Pues bien, España estaría asumiendo el riesgo de circular al triple de velocidad que los demás. O con otro ejemplo más gráfico: España estaría asumiendo el riesgo de conducir triplicando la tasa de alcoholemia del resto de conductores…

Y el problema es que, a menos que se afronten reformas profundas, esta necesaria reducción del déficit en el que llevamos instalados ya nada menos que 10 años (y los que nos quedan…), va a ser una tarea casi imposible de cumplir. Recordemos que además de los problemas que arrastramos desde que estalló la crisis (el principal la incompetencia de nuestros políticos), en los próximos meses se va a terminar “la hucha” de las pensiones y por lo tanto vamos a tener déficit en las cuentas de la Seguridad Social, lo que incrementará la cifra total del déficit público…

Pero para hacer reformas de calado es necesario tener una visión de largo plazo, de la que carecen nuestros políticos, preocupados exclusivamente por asegurarse el voto en las siguientes elecciones. Ese es el gran problema. A ellos les importa poco seguir endeudando a los ciudadanos y a las generaciones futuras, en su eterna competición de promesas de gasto público. Y los votantes no se dan cuenta de que todas esas promesas las acaban pagando siempre ellos mismos, con su propio dinero, que es del único que en realidad disponen los políticos…

Las instituciones públicas (estado central, autonomías, ayuntamientos, diputaciones y Seguridad Social), carecen de ingresos propios y por tanto NADA nos pueden dar. Por ello tienen que hacer anualmente sus presupuestos, en los que planifican por un lado cómo nos van a quitar el dinero a los ciudadanos y a las empresas, y por el otro cómo se lo van a gastar… Lo malo es que nunca lo hacen como lo haría un buen gestor, un buen empresario o un buen padre de familia. Estos siempre se las arreglan para gastar algo menos de lo que ingresan, para así poder ahorrar. Y es que el ahorro no sólo es el motor de la inversión, sino que también nos proporciona un margen de maniobra para momentos futuros en los que se presenten gastos extraordinarios…

En mi opinión y en la de muchos otros economistas, España no tiene capacidad económica hoy por hoy para compatibilizar sus dos grandes partidas de gasto: el estado de bienestar y el estado autonómico. Y aquí hay una clara disparidad de intereses entre los ciudadanos y la clase política: a nosotros nos interesa mantener el estado de bienestar (sanidad pública y gratuita, sistema público de pensiones, subsidio de desempleo, educación pública, etc.), mientras que a ellos les interesa mantener los cientos de miles de puestos que generan las 17 autonomías con sus parlamentos, consejerías, empresas públicas, etc.

Lo terrible del asunto es que haya en este país tanto ignorante que se ha creído las mentiras de los políticos, acerca de la importancia del estado autonómico para nuestras vidas. Especialmente cuando se apela a sentimientos nacionalistas irracionales y anacrónicos, que no benefician a nadie salvo a los políticos que los alimentan. El caso más flagrante está siendo el catalán, donde la región se está empobreciendo por días con la huída de las mayores empresas de su territorio, mientras que los fanáticos independentistas no se mueven ni un milímetro de su integrísimo nacionalista. En definitiva, se están echando piedras en su propio tejado para favorecer exclusivamente a los políticos de turno, que son los únicos que viven de este cuento…

 

 

 

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La “sobrevalorada” revolución digital

El pasado jueves tuve el placer de asistir, invitado por la gestora de fondos madrileña Cobas Asset Management, a la conferencia-coloquio que su presidente y CEO, Francisco García Paramés, pronunció en el hotel Alfonso XIII de Sevilla.

El acto estuvo organizado por el IESE con ocasión del inicio del curso 2017-18 de su MBA y contó con la participación estelar de este gallego de 53 años, economista por la universidad Complutense y MBA por el IESE, afincado en Madrid desde hace décadas. Para los que no le conozcan, Francisco García Paramés es famoso a nivel mundial por su brillante carrera como gestor de fondos de inversión de capital riesgo durante los últimos 25 años. Tanto es así que se le conoce como el Warren Buffett español. Hay que decir que Warren Buffett (87 años) es el segundo hombre más rico del planeta detrás de Bill Gates, con una fortuna de más de 75.000 millones de €uros, construida durante décadas gracias a su buen ojo para invertir en bolsa.

Francisco García Paramés es fiel discípulo de Warren Buffett y sigue su misma filosofía “value” de inversión, que consiste en invertir a largo plazo en empresas con una sólida cuenta de explotación, un endeudamiento asumible y sobre todo un precio de mercado atractivo, a ser posible infravalorado; nunca busca inversiones especulativas de corto plazo, sino apostar a largo plazo por inversiones bien seleccionadas, a la espera de que los precios de mercado reflejen los valores reales y se produzcan las plusvalías previstas.

No voy a entrar en los detalles más prolijos de su intervención, pero sí en algo que me llamó poderosamente la atención: Francisco explicó que existe una sobre valoración de lo que llamamos la revolución digital y que mucha gente se cree que el mundo ha cambiado radicalmente en lo que va de siglo y esto no es realmente así. Contó que tan sólo un 2% de las empresas a nivel mundial se han visto de hecho afectadas, o han sido protagonistas de esta revolución. Empresas como Google, Apple, Facebook, Amazon, etc. son sin duda parte de ese pequeño porcentaje. Pero mientras, sectores enteros siguen funcionando sin grandes cambios con respecto a décadas pasadas: banca, eléctricas, petroleras, alimentación, farmacéuticas, constructoras, aseguradoras…

Habló también de las enormes expectativas creadas desde hace ya años acerca del futuro del coche eléctrico. Y con su prudencia gallega volvió a desmontar el mito y explicó que la transición a esta tecnología llevará muchos más años de lo inicialmente previsto. Parece ser que a excepción de Tesla, que ha apostado por un segmento de coches de lujo inalcanzables para la mayoría, el resto de fabricantes de automóviles no cuenta (ni contará a corto-medio plazo) con una tecnología que ofrezca una relación calidad-precio capaz de sustituir a los actuales vehículos de combustión.

Y todo ello me recordó al inicio de mi carrera de económicas allá por 1980, cuando se vaticinaba que a finales del siglo XX o a lo sumo principios del siglo XXI, se acabaría el petróleo y el mundo se vería abocado a enormes y drásticos cambios. Cualquiera que hubiera afirmado en aquel entonces que en 2017 seguiría habiendo petróleo y además con reservas para muchas décadas, habría sido tachado de iluso o incluso de ignorante. Y sin embargo la realidad ha desmontado todas aquellas previsiones, es más, en la actualidad la producción anual de petróleo es un 50% superior a la del año 1980!

En definitiva, pienso que al ser humano en general le encantan las exageraciones y el dramatismo, y eso suele hacernos olvidar que el progreso de la Humanidad a lo largo de la Historia, ha sido un 99,999% Evolución y tan sólo un 0,001% Revolución (mal que les pese a algunos…).

 

La “pederastia psicológica”

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define pederastia como “inclinación erótica hacia los niños” y también como “abuso sexual cometido con niños”.

Para este post voy a tomarme la licencia de eliminar el matiz erótico/sexual para añadirle el psicológico, al objeto de denunciar unos comportamientos ya enquistados en nuestra sociedad y a los que creo que no les hemos sabido dar la importancia que merecen. La pederastia psicológica es para mi el “abuso psicológico cometido con niños”, algo tan grave como pueda ser el maltrato psicológico, al que sí que estamos acostumbrados a denunciar (como violencia de género, como mobbing laboral, bullying escolar, etc.).

Hoy en día está muy extendida la idea de que a los niños ni siquiera hay que orientarles en el terreno sexual, para que sean ellos los que libremente opten por ser heterosexuales, homosexuales, lesbianas, bisexuales o transexuales. Pero a la vez se da el contrasentido de aceptar que a los niños sí se les oriente en otras materias que están al margen de la formación académica: religión, ideología política…

Cuando esa orientación viene del ámbito familiar, es algo contra lo que no podemos luchar, ya que son los padres los responsables de educar a sus hijos y por tanto son muy libres de acometer su tarea educativa de la forma que estimen oportuna. A nadie le enseñan a ser padre, así que cada uno lo hace lo mejor que puede y sabe, ignorando muchas veces que está cometiendo errores que algún día le pasarán factura a su hijo… Por eso hay padres que deciden hacer socio del Madrid o del Betis a su bebé recién nacido, otros que optan por inculcar a sus hijos ideas religiosas desde que empiezan a hablar, los hay que adoctrinan a los niños ideológicamente (lucha de clases, nacionalismo, etc.) e incluso que acuden a manifestaciones políticas con ellos!

En estos días de tumulto en Cataluña con ocasión del golpe de estado llevado a cabo por el gobierno catalán y parte de su parlamento, hemos sido testigos de esta pederastia psicológica que ahora denuncio, llevada a cabo por multitud de padres en las calles. Pero lo más aberrante ha sido asistir al uso y al abuso de los niños que han perpetrado profesores y colegios enteros. Utilizar a menores de edad para apoyar comportamientos delictivos de sus gobernantes es puro fanatismo rayano en el fascismo. Esas imágenes de niños de todas las edades adoctrinados por sus profesores sin el menor pudor, me recordaba al nazismo…

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Hemos asistido perplejos a la manipulación llevada a cabo en muchos colegios, en los que se ha envenenado el cerebro de los niños. Se les ha inculcado el odio hacia sus vecinos y compañeros no nacionalistas, hacia el resto de españoles, hacia España y sus símbolos, hacia los miembros de las fuerzas de seguridad… Yo me pregunto: si condenamos un simple tocamiento a los genitales de un niño por parte de un adulto y aceptamos que se le aplique un castigo severo, ¿por qué no reaccionamos ante la profanación de sus mentes indefensas? Con el agravante de que se trata de un adoctrinamiento en masa y prolongado durante años! ¿No estamos ante un gravísimo delito continuado?

Después de 35 años de tolerancia con los nacionalismos se ha demostrado el gran error que desde el principio de la democracia se cometió: jamás se debería haber permitido la transferencia de la competencia de educación a las comunidades autónomas. Desde que se produjo, los niños españoles dejaron de ser iguales y pasaron a depender del grado de fanatismo que imperara en su región de escolarización. Los nacionalistas se han valido de esa competencia para educar durante más de 3 décadas a varias generaciones de niños en el odio a España y a todo lo español. Las inmersiones lingüísticas llevadas a cabo en muchas regiones han servido para arrinconar el idioma español común, el castellano, imponiendo el uso de las lenguas regionales en la vida pública, en sus televisiones locales, en colegios y universidades, en la sanidad pública, en las oposiciones a funcionarios, etc. con la consiguiente discriminación hacia los que son sólo castellanohablantes. ¿Es justo que un catalán, un gallego o un vasco puedan presentarse a unas oposiciones en Madrid o en Andalucía mientras que un madrileño o un andaluz no puedan hacerlo en las comunidades catalana, gallega o vasca? La triste realidad, como escribí en un post anterior, es que los nacionalistas han convertido sus lenguas locales en “armas de incomunicación masiva”, en muros divisorios para separar a quienes hablan su lengua regional de quienes no la conocen…

Una mentira no se convierte en verdad por mucho que se repita. Del mismo modo, una injusticia que atenta contra la igualdad entre españoles (recogida en la Constitución), no deja de serlo por muchos años que pasen… De esta situación son responsables los gobiernos del PSOE y del PP que durante 35 años alimentaron el monstruo del nacionalismo excluyente y sectario. De aquellos polvos tenemos ahora estos lodos. Espero que algún día llegue a la escena política alguien que sea capaz de recuperar la cordura y de liderar un cambio constitucional, con el apoyo mayoritario de la sociedad española, que ponga fin a los privilegios de estos nacionalismos casposos, anacrónicos y aldeanos que sólo sirven para enfrentar, para dividir y para obtener ventajas económicas con respecto al resto de regiones españolas…

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