Aprender a desconfiar de la letra impresa

La semana pasada asistí a un congreso de autoedición para escritores y entre las variadas e interesantes ponencias (Google, Amazon, Telefónica, editoriales tradicionales, etc.) me llamó poderosamente la atención la del doctor Reza Hosseinpour, iraní residente en Sevilla desde hace años, donde dirige el departamento de cirugía cardiovascular pediátrica del Hospital Universitario Virgen del Rocío. Reza está considerado un gran experto a nivel internacional en la materia y ha escrito varios libros, ponencias y artículos en revistas especializadas.

Su argumentación me trasladó al año 1980, a mi primer año de universidad, cuando uno de los profesores del que ya ni recuerdo el nombre, no dejaba de repetirnos que “debíamos aprender a desconfiar de la letra impresa”. Afirmaba que lo escrito no es más que la opinión de su autor; insistía en la idea de que la formación universitaria es el camino del conocimiento, y por tanto debe estar basado en la búsqueda, en la duda más que en las certezas…

¿Cuantas veces nos hemos encontrado en la vida con personas que afirman algo con rotundidad y cuando les preguntamos por qué están tan seguros, se limitan a respondernos “lo he leído”, “lo han dicho en la radio (o en la televisión)”…? Esa supuesta “certeza” es lo que aquel docente denunciaba, refiriéndose a los libros, periódicos y revistas de economía.

Y eso que en aquellos tiempos cualquier información debía pasar por varios filtros hasta llegar a ser publicada! En la actualidad, en el mundo de Internet en el que vivimos, aquel problema sobre el que nos alertaba mi profesor ha aumentado exponencialmente, ya que cualquiera puede publicar en la red lo que le apetezca sin el más mínimo control de veracidad.

El doctor Hosseinpour, con gran sentido del humor, nos contaba su experiencia al respecto: lleva más de 25 años operando del corazón a niños y enseñando a hacerlo a estudiantes de medicina; pues bien, en ocasiones se encuentra con alumnos que cuestionan sus enseñanzas prácticas porque no se ajustan a lo que estudiaron en algún libro. Él les demuestra con hechos y con resultados que aquellas informaciones ya han quedado desfasadas, pero se encuentra con personas que cuestionan la realidad porque no coincide con lo que está escrito, como si se tratara de “libros sagrados” (que alguien se encargó de hacerlos incuestionables por definición!).

Reza nos recordó el poder que tienen los medios de comunicación debido a ese problema: si la mayoría de la gente se cree todo lo que lee, escucha en la radio o ve en la televisión, entonces resulta sumamente fácil manipular a la gente… Y sobre todo llamó nuestra atención sobre el papel de los escritores, animándonos a ejercerlo con responsabilidad y con humildad, huyendo de todo tipo de fundamentalísimos…

 

 

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