Las personas “tóxicas”

A lo largo de la vida es frecuente que nos topemos con este tipo de personas, por desgracia demasiado frecuentes. Se las reconoce con facilidad, aunque a veces traten de revestir su toxicidad con una apariencia de simpatía o con una imagen de alegría, de la que en realidad en su fuero interno carecen…

Son seres egoístas e inmaduros que viven en la crítica y en la queja permanentes. Nunca están a gusto con todo aquello que les depara la vida en su momento presente; para ellos siempre “falta algo” que les impide ser felices, desde cosas de importancia (cambiar de trabajo, de compañeros o de jefe, de piso, de ciudad, de país, de pareja…) a nimiedades (el frío del invierno, el calor del verano, renovar el vestuario o el peinado, etc.). Son personas que vacían inconscientemente sobre sus allegados toda la insatisfacción y la negatividad que llevan dentro. Culpan a los demás y al entorno de sus problemas, cuando en realidad esa insatisfacción que sienten sólo está motivada por su propia incapacidad de crecer como personas. Buscan a su alrededor (familia, amigos, compañeros de trabajo) a quien usar de “cubo de basura emocional”, de “porteadores” sobre los que descargar esa pesada carga que arrastran consigo: sus inseguridades, sus traumas del pasado, sus indecisiones, su cobardía para asumir sus compromisos y sus responsabilidades ante la vida y para con sus semejantes.

Intentar ayudar a este tipo de personas es muy peligroso, ya que nunca valorarán tu generosidad; nunca agradecerán todo aquello que reciban de ti y siempre te exigirán más. Si les ayudas 99 veces y te niegas una, no te agradecerán ese 99% de veces que lo hiciste, sino que te echarán en cara el 1% que te negaste. Convivir con ellos es también muy difícil ya que carecen de empatía y por tanto son incapaces de ceder, de negociar acuerdos o simplemente de aceptar los desacuerdos con cordialidad. Porque cada discusión es para ellos una cuestión de vida o muerte y por nada del mundo están dispuestos a dar su brazo a torcer. No lo reconocen, por supuesto, pero esa necesidad que tienen de imponerse, de ganar siempre, no es más que su forma de ocultar su inseguridad…

A veces esperamos que con el tiempo se den cuenta de su egoísmo, o que con nuestros actos bondadosos hacia ellos consigamos que cambien… pero en realidad nadie cambia por factores externos; el cambio es siempre un viaje interior o sino no hay tal cambio. Además “la espera” es otro mal compañero de viaje para nosotros, porque en muchas ocasiones se acaba convirtiendo en un estado adictivo, como una droga que sabemos que nos hace daño y que debemos dejarla pero nunca encontramos el momento. Esto es especialmente peligroso en el terreno sentimental: puedes ser consciente de que estás con una persona tóxica, pero como a la vez la quieres, deseas hacer todo lo posible para que alcance su paz interior y te das más tiempo… En tu fuero interno sabes que su maduración no depende de ti, que su toxicidad te hace daño, pero a la vez no puedes evitar quererla… y continuas esperando que algún día cambie, que llegue a darse cuenta de que no se puede vivir así… hasta que de repente lo que llega es el día en el que decides dejar de sufrir; y con todo el dolor de tu corazón optas por bajarte de ese tren a ninguna parte…

Y el que no sea capaz de alcanzar ese punto de no retorno, deberá resignarse de por vida, ya que a la vez de víctima, acabará convirtiéndose en cómplice, en consentidor de esa situación de maltrato emocional a la que las personas tóxicas someten a quienes les rodean, especialmente a quienes más las quieren…

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La religión de “lo políticamente correcto”

Cuando uno antepone las ideologías a las ideas, o los prejuicios a los juicios, se está comportando del mismo modo que lo hacen los fundamentalistas.

Nunca trates de explicarle a un fanático de cualquier religión que quizás todo lo que le inculcaron desde pequeño pueda ser falso. Tampoco pierdas el tiempo hablándole a un podemita (neocomunista) de los antecedentes históricos de su ideología: dictaduras, genocidios, miseria para el pueblo y enriquecimiento de los jerarcas del partido… No te esfuerces, sólo conseguirás que se atrincheren en su fundamentalismo.

Y es que el fundamentalista tiene alergia a pensar por sí mismo e incluso a la libertad individual. Sólo se encuentran seguros en manada, repitiendo las consignas de “los suyos”, sus mantras, sin desmarcarse ni un milímetro de la senda que les marcan. Con ellos no va eso que decía el filósofo de que “el camino de la sabiduría es el camino de la duda”… ¿Para qué van a dudar de nada si ya tienen todas las “certezas” escritas en sus libros “sagrados” (tanto religiosos como políticos) y a unos “líderes” que les llevan por el camino “correcto”?

Además todo fundamentalista que se precie (aunque ellos nunca admitirán serlo), debe de tener su filia y su fobia:

  • Los islamistas adoran a su dios Alá y desprecian (algunos incluso matan) a los “infieles”, que según ellos son los creyentes de todas las demás religiones, así como agnósticos y ateos.
  • Los nacionalistas de algunas regiones españolas defienden los supuestos derechos de su territorio por encima del resto, pero además odian a España y a todo lo español.
  • Los podemitas defienden a capa y espada sus casposas ideas, pero a la vez llaman “facha” (ese rápido insulto que sale de la boca de todo aquel progre que carece de argumentos que esgrimir) a quien no comulgue con ellas.
  • Las feministas dicen que defienden los derechos de las mujeres, pero también rezuman odio hacia todo lo masculino.
  • Los antisistema pretenden un mundo mejor, pero nunca pacíficamente: no dejan de sembrar la violencia y el odio allá por donde pasan (a la vez que reclaman subvenciones y ayudas del sistema del que abominan).
  • Los animalistas afirman defender a los animales, pero en seguida sale su odio a relucir cuando muere un torero, ensañándose con él y sus familias…

Y el último fundamentalismo en llegar a nuestra sociedad occidental (salvo a algunos territorios como Rusia por ejemplo) es el de la corrección política, esa dictadura que establece lo que debes pensar, decir y hacer en casi todos los órdenes de la vida. Cualquiera que se salga de esos nuevos cánones “sagrados” será sometido al escarnio público. Pobre de quien ose abandonar el redil de este nuevo integrismo, que restringe a la gente su capacidad individual de pensar, de discernir, de discrepar…

Todo aquel que se atreva a hacerlo deberá pasar por la censura de este “Ministerio de la Verdad” al más puro estilo de Orwell en su novela 1984. Y a continuación será debidamente etiquetado por esta nueva Inquisición, según el caso como: fascista, xenófobo, racista, machista, islamófobo, neoliberal, neocon…

A lo largo de mi vida me he dado muchas veces de bruces contra este muro de la corrección política. Es más, en ocasiones, dada mi defensa de las ideas liberales (tanto en lo político, como en lo económico y en también en lo personal) y de un centrismo político alejado del viejo cainismo español de rojos y azules, he acabado recibiendo ataques de los dos lados! Y es que no hay nada peor para un extremista que la no alineación, la neutralidad, la moderación… Porque en realidad para que haya bandos tiene que haber dos posiciones enfrentadas y por eso ambos se necesitan. Los que preferimos mantener nuestra independencia para poder valorar lo bueno y lo malo de cada lado, en realidad les molestamos a los dos, les estorbamos en su eterna pelea.

Voy a dar dos ejemplos claros de lo que acabo de mencionar.

  1. Siempre he estado a favor de la legalización de la prostitución ejercida libremente por aquella mujer que así lo desee (grave incorrección política la mía!). Que se termine de una vez por todas con esa hipocresía que mantiene esta actividad en el limbo de la alegalidad. Que las trabajadoras del sexo puedan cotizar a la Seguridad Social, que se regule el ejercicio de su actividad para establecer los controles sanitarios que se estimen oportunos, que se emitan facturas como en todas las demás prestaciones de servicios y que se pague a Hacienda el IVA correspondiente… Pues bien, esta postura me ha granjeado las críticas tanto de conservadores como de progres (feministas incluidas).
  2. Otro ejercicio de cinismo y de moralina política es la negativa a aceptar en España la gestación subrogada, como existe en otros países desde hace tiempo. Mientras que el matrimonio entre personas del mismo sexo ya pertenece a la corrección política (pobre de quien ose cuestionar siquiera el nombre de “matrimonio”!) y la posibilidad de que las lesbianas sean madres por inseminación artificial se ha aceptado como algo normal, al mismo tiempo dos homosexuales o una pareja heterosexual no pueden acceder a la paternidad por gestación subrogada. Es más, el lobby feminista ha conseguido incluso que la Seguridad Social (es decir, todos los españoles) corra con los gastos de su maternidad, a la vez que se niegan a que dos homosexuales o dos heterosexuales paguen de su bolsillo la inseminación artificial a una mujer que desee asumir un embarazo de forma subrogada! Una vez más en esta restricción de derechos individuales coinciden conservadores, progres y feministas.

En el caso de estos dos últimos grupos ¿no os parece una contradicción que quienes proclaman que las mujeres son las dueñas de su cuerpo cuando se habla del aborto (“nosotras parimos, nosotras decidimos”), a continuación les nieguen el derecho a decidir sobre su cuerpo a las mujeres que quieran ejercer la prostitución o la maternidad subrogada? A mi me parece de una incongruencia inadmisible.

Además, pienso que por principio no deberíamos de consentir bajo ningún concepto que los poderes públicos nos establezcan reglas morales, que coarten nuestra libertad de personas adultas o que sometan a censura nuestras transacciones económicas; en definitiva, no deberíamos de permitir que se inmiscuyan en nuestras vidas privadas!