Los golpes de estado “democráticos”…

Lo que está pasando en Venezuela o lo que pretenden los independentistas catalanes no son más que golpes de estado revestidos de una pretendida justificación democrática. Lo que buscan es simplemente utilizar las instituciones democráticas para a continuación cargárselas…

Pero estas tretas no son nuevas en absoluto. El siglo XX ya nos dejó varios tiranos que se ampararon en las democracias de sus países para después imponer a su población una dictadura. El más famoso de ellos fue Adolf Hitler, quien a principios de los años 20 llegó a ser el líder del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, de corte nacionalista, populista y antimarxista (claro ejemplo de que “los extremos se tocan”…). En la siguiente década, en Enero de 1933, fue nombrado canciller alemán después de haber ganado las elecciones tras varios intentos fallidos. Lo consiguió mediante una “hábil” mezcla de política y violencia callejera. Y en tan solo 2 meses, en Marzo de 1933 el Reichstag controlado por su partido, aprobó una ley que le convirtió en dictador de facto. Apoyándose en ella abolió los poderes de los landers y en Julio de ese mismo año ilegalizó todos los partidos políticos excepto el suyo. Había conseguido su objetivo…

Otro caso parecido fue el de Benito Mussolini en Italia. Llegó a ser miembro destacado del Partido Socialista Italiano pero en 1921 acabó fundando su propio partido: el Partido Nacional Fascista, otro partido de corte nacionalista y populista, además de antiliberal y anticomunista (nuevamente “los extremos se tocan”). Mussolini no fue tan sibilino ni tuvo tanta paciencia como Hitler. Directamente recurrió a la violencia y sus famosas brigadas de “camisas negras” atemorizaron de tal forma a la población, que el propio rey Víctor Manuel sucumbió y en Octubre de 1922 le encargó a Mussolini que formara gobierno “para restablecer el orden”. Su forma de hacerlo fue convertirse en dictador durante las dos décadas siguientes…

Lo que acaba de perpetrar Maduro en Venezuela, cargándose el parlamento democráticamente elegido, sólo porque su partido había perdido claramente las elecciones de 2015, no es más que un golpe de estado. Un episodio que puede terminar en guerra civil y que sin duda se estudiará en los libros de Historia dentro de unos años, al igual que los dos casos que acabo de referir.

Y las maniobras secesionistas de Puigdemont y sus secuaces en Cataluña, con su pretendido referéndum ilegal, no son más que otra demostración de políticos fanáticos que, en el nombre de un pretendido (e inexistente) “mandato democrático”, se consideran con autoridad para subvertir el estado de derecho, se olvidan de su obligación de gobernar para toda la población y se dedican a dividir y a enfrentar al pueblo con estúpidas reivindicaciones partidistas y sectarias.

Sólo espero que más pronto que tarde, a ambos les caiga encima todo el peso de la ley y que  paguen caras sus tropelías…

 

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