Expectativas: el combustible de las reacciones, las exigencias y las decepciones…

Recomendaba el sabio Siddharta Gautama (Buda), hace más de 2.500 años: “no sientas por nada ni nadie un entusiasmo excesivo ni una aversión extrema; ese es el camino de la liberación”. Pero los occidentales no hacemos ningún caso de esa recomendación: vivimos en un permanente carrusel emocional, haciéndonos expectativas tanto positivas como negativas, acerca de las personas que forman parte de nuestras vidas y de los acontecimientos venideros… Siempre estamos anticipando emociones acerca de un futuro imaginario, en lugar de buscar nuestro equilibrio emocional y nuestra paz interior.

Y es que estamos empeñados en vivir en el futuro (y muchos también en el pasado), en lugar de disfrutar de cada momento presente, de nuestro “ahora”… Por ejemplo, salimos a pasear y en vez de disfrutar del paisaje, del sonido de los pájaros, de los olores y de los colores, vamos pensando en lo que tenemos que hacer al volver a casa o mañana en el trabajo, en las compras pendientes… y muchos incluso caminan mirando al teléfono móvil, ese artefacto del que parece que depende nuestra vida casi tanto como del aire que respiramos!

En nuestros pensamientos acerca de ese futuro imaginado, tendemos a idealizarlo todo, tanto a nivel profesional, como personal. Pero luego resulta que en la mayoría de las ocasiones esas expectativas creadas por nuestra imaginación no se cumplen, y nos creemos con derecho a exigir que se cumplan, culpamos a otros por ello, reaccionamos con indignación e incluso caemos en esa decepción un tanto traumática…

No nos damos cuenta de que no es la realidad ni son los demás los que nos decepcionan, sino que somos nosotros mismos, al habernos creado expectativas sin necesidad! Como dice Borja Vilaseca, “la realidad es neutra” y por tanto de nosotros depende el reaccionar de una u otra manera ante ella.

Cada uno de nosotros es libre de marcarse expectativas en la vida y luego reaccionar con entusiasmo cuando se cumplen, o con exigencias y decepciones cuando no se cumplen. Pero sin duda, lo más recomendable es vivir el presente, en el ahora, disfrutar de lo que nos ofrece la vida cada día y fluir, sin más…

Namasté!

 

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