La religión comunista

El pasado mes de Febrero se cumplieron cien años de la Revolución Rusa que puso fin a tres siglos de régimen zarista y autocrático, instaurado en 1613 por la dinastía Romanov. Nicolas II se vio obligado a dimitir, la Duma se hizo cargo del gobierno y se creó la República Socialista Soviética. En un principio el control estuvo en manos de los mencheviques y de los socialrevolucionarios, hasta que en la posterior Revolución de Octubre los bolcheviques dirigidos por Lenin se hicieron con el control del poder.

Comenzó entonces un régimen que duró más de siete décadas, hasta que Gorbachov, primero con la perestroika y luego con la glásnost, puso las bases para llevar a cabo una transición pacífica desde la férrea dictadura imperialista comunista a un nuevo orden democrático. Los antiguos países del Telón de Acero pudieron así independizarse del control soviético y sus ciudadanos, al igual que los rusos, pudieron recuperar las libertades que el comunismo les había negado durante décadas “por su propio bien”…

¿Como es posible que un régimen tan atroz durara más de 70 años, que en su nombre se cometieran genocidios de millones de personas y que incluso hoy en día siga habiendo gente que defienda el comunismo?

El historiador Yuval Noah Harari nos explica el motivo: el comunismo no es más que una religión, y como en todas las religiones sus seguidores no se cuestionan la idoneidad de sus mensajes, sino que se limitan a tener fe ciega en sus consignas. También el nazismo, el nacionalismo e incluso el capitalismo pueden ser consideradas religiones, aunque en un ejercicio semántico a todas ellas se les denomine “ideologías”.

Si una religión es un sistema de valores humanos que se fundamenta en la creencia en un orden sobrehumano, entonces el comunismo soviético no era menos religión que el Budismo. Ninguno de los dos creen en dioses, pero ambos creen en un orden sobrehumano de leyes naturales e inmutables que debían guiar las acciones humanas. Mientras que los budistas creen que esa ley natural fue descubierta por Siddhartha Gautama, los comunistas creen que su ley natural la descubrieron Karl Marx, Friedrich Engels y Vladímir Ilich Lenin.

Como las demás religiones, el comunismo también tiene sus sagradas escrituras y profecías, como El capital de Karl Marx, que vaticinaba la inevitable dictadura del proletariado. Tenía sus fiestas como el Primero de Mayo y el aniversario de la Revolución de Octubre. Tenía teólogos adeptos a la dialéctica marxista, y cada unidad del ejército soviético tenía un capellán, llamado comisario político, que supervisaba “la piedad” de soldados y oficiales. El comunismo tenía sus mártires, guerras santas, e incluso herejías, como el trotskismo.

Al igual que todas las religiones, el comunismo era también excluyente: un comunista devoto no podía ser ni cristiano, ni islamista, ni budista, y se esperaba de él que internacionalizara el evangelio de Marx y las enseñanzas de Lenin a lo largo del mundo, incluso al precio de su propia vida…

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