Mis 10 mandamientos

De las múltiples enseñanzas que el maestro Osho nos dejó, publicadas en decenas de libros, voy a destacar ahora las tres siguientes:

  • No obedezcas ningún mandato, a no ser que sea un mandato desde tu interior.
  • No hay otro Dios que la vida misma.
  • La verdad está dentro de ti. No la busques en ninguna otra parte.

En base a esas tres ideas, después de leer varios libros del propio Osho y de investigar sobre enseñanzas budistas y taoístas, hace ya muchos años que redacté “mis 10 mandamientos”. Copié de aquí y de allá, resumí y traté de refundir en diez puntos lo que me pareció más importante. Después de ponerlos por escrito los imprimí y durante años he llevado (y aún lo llevo) ese papelito plegado en mi cartera. Son para mí una referencia y una meta a la que aspiro llegar, si es que algún día logro llevarlos a la práctica y aplicarlos sin excepción. Creo que si todas las personas fuéramos capaces de cumplirlos, el mundo sería un lugar mucho mejor. Hoy me he decidido a publicarlos en este post, para compartirlos con quien esté interesado…

  1. Haba sólo cuando sea necesario. Piensa antes lo que vas a decir. Sé breve y preciso. Si no tienes nada bueno, verdadero y útil que decir, es mejor quedarse callado y no decir nada.
  2. No te comprometas facilmente y nunca hagas promesas que no puedas cumplir.
  3. No te quejes y no utilices en tu vocabulario palabras que proyecten imágenes negativas.
  4. Aprende a escuchar, como un espejo, sin emociones y sin prejuicios. Permite una comunicación sincera y fluida.
  5. No te des mucha importancia y se humilde. Si realmente hay algo que no sabes, acéptalo. No compitas con los demás. Ayuda a los otros a percibir sus virtudes, a brillar.
  6. Ten confianza en ti mismo. Preserva tu paz interior evitando entrar en la provocación y en las trampas de los otros. Sé discreto, preserva tu intimidad.
  7. Toma regularmente momentos de silencio interno, practica el arte de no hablar. Así te volverás impasible y desarrollarás el arte de hablar sin hablar, dejando aparecer la luz de tu corazón y el poder de la sabiduría del silencio.
  8. Evita el hecho de juzgar y de criticar. Juzgar es una manera de esconder las propias debilidades: el sabio tolera todo y calla. Lo que te molesta de los otros no es más que una proyección de aquello que aún no has resuelto de ti mismo.
  9. Respeta la vida de los demás. No trates de forzar, manipular ni controlar a los otros. Deja que cada cual resuelva sus propios problemas y concentra tu energía en tu propia vida. Conviértete en tu propio maestro y deja a los demás ser lo que son, según su capacidad.
  10. Ocúpate de ti mismo, no te defiendas. Al defenderte estás dando demasiada importancia a las palabras de los otros y le das más fuerza a su agresión. Al no defenderte estás mostrando que las palabras de los otros no te afectan. No necesitas a los otros para ser feliz.

NAMASTÉ!

 

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Cristianismo: ¿religión monoteísta?

El emperador romano Constantino (272-337 d.C.) fue el que legalizó la religión cristiana mediante el edicto de Milán (313 d.C.), poniendo fin a las persecuciones que habían sufrido los cristianos hasta entonces. En ese edicto no sólo se permitía profesar la religión cristiana, sino cualquier otra, permitiendo que cada persona pudiera adorar a la divinidad que quisiera. Fue el reconocimiento por tanto, de la libertad religiosa para todos los ciudadanos romanos.

Pero en la práctica, y como tantas veces ha ocurrido a lo largo de la historia, los hechos no coincidieron con lo legislado, ya que los hasta entonces perseguidos cristianos se convirtieron en perseguidores: desde el año 314 comenzaron los ataques a los paganos, incluyendo asesinatos de sacerdotes y destrucción de templos.

Los cristianos habían pasado de ser apenas 40.000 en el año 150 a más de 6.000.000 en el año 300, lo que suponía tan sólo el 10% de la población. Sin embargo consiguieron que Constantino prohibiera la construcción de estatuas de los antiguos dioses romanos (319 d.C.) y que se rindiera culto a las existentes.

Tan solo un año después del primer concilio de Nicea (325 d.C.), Constantino ordenó también la destrucción de todas las imágenes, así como la incautación de los bienes de los templos paganos.

Posteriormente, hubo un intento de renovación de la religión romana tradicional a cargo del emperador Juliano II (llamado por los cristianos El Apóstata), que fue el último emperador pagano, pues tras su muerte el cristianismo terminaría de consolidarse. Finalmente, el emperador Teodosio I (380 d.C.) declaró el Cristianismo la única religión imperial legítima, prohibiendo la adoración pública de los antiguos dioses.

Parecería que a finales del siglo IV el politeísmo llegaba a su fin en Occidente y una religión monoteísta imponía sus tesis. Pero en los siglos venideros la práctica distó mucho de la teoría: el número de santos y vírgenes a venerar creció por millares, y la gran mayoría de los cristianos compartieron su devoción a su dios con la que profesaban hacia “sus” santos o vírgenes particulares, contradiciendo con esas prácticas todas las enseñanzas del profeta Jesucristo, fundador del Cristianismo. Este, en sus tres años de vida pública, repitió un mensaje que no dejaba lugar a la duda: no había que adorar más que a Dios. En ninguna ocasión recomendó adorar a su madre ni por supuesto a él mismo…

Ese politeísmo encubierto hace que en la actualidad los cristianos ingleses se sientan protegidos por san Jorge, los escoceses por san Andrés, los franceses por san Martín o los españoles por Santiago apóstol; que ciudades y pueblos tengan sus santos y vírgenes a quienes venerar: en España los madrileños adoran a san Isidro y a la virgen de la Almudena, los sevillanos a san Fernando y a la virgen de los Reyes, los valencianos a san Vicente y a la virgen de los Desamparados…

Las profesiones tienen también “sus” santos protectores: los arquitectos a santo Tomás, los agentes de la propiedad a santa Teresa de Ávila, los carpinteros a san José, los  conductores a san Cristóbal o los funcionarios a san Mateo…

Incluso las enfermedades tienen también “sus” santos particulares: para el dolor de cabeza san Acadio, para las enfermedades intestinales san Erasmo, para la epilepsia san Vito, para  la garganta y enfermedades respiratorias san Blas, para el dolor de muelas santa Apolonia…

Y en muchas ocasiones los santos cristianos no solo se parecían a los antiguos dioses politeístas, sino que a menudo eran los mismos: por ejemplo, la diosa principal de la Irlanda céltica era Brígida y la santa más venerada de la Irlanda cristianizada Santa Brígida.

Si Jesucristo levantara la cabeza…

 

 

Homo Sapiens, ¿de animal a Dios?

Como explica el historiador y brillante escritor Yuval Noah Harari, el Homo Sapiens era sólo una insignificante especie animal más, de los millares de especies que poblaban la Tierra hace unas cuantas decenas de miles de años. Por aquel entonces su influencia sobre el planeta era similar a la que podían tener las mariposas o las medusas…

Sin embargo hace 70.000 años se produce la revolución cognitiva, aparece el lenguaje ficticio y se inicia la Historia del Homo Sapiens, que comienza con su expansión fuera de África.

En primer lugar colonizan Eurasia, llegando al extremo sudoriental del continente, lo que ahora es Indonesia, donde provocaron la extinción de una especie de homínidos, el Homo Floresiensis (pequeños humanos de apenas un metro de estatura y 25 kilos de peso), hace unos 50.000 años. Esta fue la primera huella destructiva que dejó nuestra especie…

Años más tarde, hace unos 45.000 años, colonizan Australia, dando lugar con el paso del tiempo a la extinción de la megafauna australiana.

Unos miles de años después, hace unos 30.000 años, tuvo lugar otra extinción de la que seguramente también fuimos, al menos en parte, responsables: la de los neandertales, lo que nos dejó como la única especie humana en el planeta.

El siguiente capítulo destructivo de nuestra especie comenzó hace unos 16.000 años, cuando el Homo Sapiens coloniza America, provocando a lo largo de los siglos posteriores la extinción de la megafauna americana.

Hace unos 12.000 años se produce la revolución agrícola y el Homo Sapiens comienza a seleccionar especies vegetales y animales para su producción y cría. La quema y la tala de bosques se generaliza en todo el mundo, con el objetivo de ganar terreno para la agricultura y la ganadería. Ese proceso ya no cesaría hasta que con la Revolución Industrial (hace unos 200 años) se aceleró de manera exponencial, provocando desde entonces y hasta nuestros días la extinción masiva de plantas y animales.

En el siglo XX el Homo Sapiens alcanzó dos hitos históricos (y extremos opuestos), fruto de las capacidades humanas acumuladas a lo largo de miles de años de evolución y de aprendizaje:

  • Fue el primer ser vivo del planeta Tierra en sus 4.500 millones de años de existencia, que consiguió desplazarse hasta otro astro (la luna).
  • Fue la primera especie en desarrollar la capacidad de destruir el planeta Tierra o al menos poner fin a la existencia de la mayor parte de la vida animal y vegetal que lo habita, incluido el propio Homo Sapiens (desarrollo y producción masiva de armas nucleares).

¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí en “tan corto” espacio de tiempo? ¿Por qué hemos sido la única especie animal que lo hemos conseguido? Yuval Noah Harari lo explica brillante y didácticamente en la charla TED que he incluido al inicio del post. Espero que os guste tanto como a mí!

La religión comunista

El pasado mes de Febrero se cumplieron cien años de la Revolución Rusa que puso fin a tres siglos de régimen zarista y autocrático, instaurado en 1613 por la dinastía Romanov. Nicolas II se vio obligado a dimitir, la Duma se hizo cargo del gobierno y se creó la República Socialista Soviética. En un principio el control estuvo en manos de los mencheviques y de los socialrevolucionarios, hasta que en la posterior Revolución de Octubre los bolcheviques dirigidos por Lenin se hicieron con el control del poder.

Comenzó entonces un régimen que duró más de siete décadas, hasta que Gorbachov, primero con la perestroika y luego con la glásnost, puso las bases para llevar a cabo una transición pacífica desde la férrea dictadura imperialista comunista a un nuevo orden democrático. Los antiguos países del Telón de Acero pudieron así independizarse del control soviético y sus ciudadanos, al igual que los rusos, pudieron recuperar las libertades que el comunismo les había negado durante décadas “por su propio bien”…

¿Como es posible que un régimen tan atroz durara más de 70 años, que en su nombre se cometieran genocidios de millones de personas y que incluso hoy en día siga habiendo gente que defienda el comunismo?

El historiador Yuval Noah Harari nos explica el motivo: el comunismo no es más que una religión, y como en todas las religiones sus seguidores no se cuestionan la idoneidad de sus mensajes, sino que se limitan a tener fe ciega en sus consignas. También el nazismo, el nacionalismo e incluso el capitalismo pueden ser consideradas religiones, aunque en un ejercicio semántico a todas ellas se les denomine “ideologías”.

Si una religión es un sistema de valores humanos que se fundamenta en la creencia en un orden sobrehumano, entonces el comunismo soviético no era menos religión que el Budismo. Ninguno de los dos creen en dioses, pero ambos creen en un orden sobrehumano de leyes naturales e inmutables que debían guiar las acciones humanas. Mientras que los budistas creen que esa ley natural fue descubierta por Siddhartha Gautama, los comunistas creen que su ley natural la descubrieron Karl Marx, Friedrich Engels y Vladímir Ilich Lenin.

Como las demás religiones, el comunismo también tiene sus sagradas escrituras y profecías, como El capital de Karl Marx, que vaticinaba la inevitable dictadura del proletariado. Tenía sus fiestas como el Primero de Mayo y el aniversario de la Revolución de Octubre. Tenía teólogos adeptos a la dialéctica marxista, y cada unidad del ejército soviético tenía un capellán, llamado comisario político, que supervisaba “la piedad” de soldados y oficiales. El comunismo tenía sus mártires, guerras santas, e incluso herejías, como el trotskismo.

Al igual que todas las religiones, el comunismo era también excluyente: un comunista devoto no podía ser ni cristiano, ni islamista, ni budista, y se esperaba de él que internacionalizara el evangelio de Marx y las enseñanzas de Lenin a lo largo del mundo, incluso al precio de su propia vida…