Imagine (John Lennon)

En los últimos días se han cumplido los 50 años de este icónico tema, compuesto por el malogrado John Lennon.

Desde hace décadas, cuando alguien me pregunta cual es mi canción favorita, siempre respondo que “Imagine”. Por ese motivo creo que merece que le dedique un post con mis reflexiones, a modo de pequeño homenaje por este medio siglo de vida…

En primer lugar, me parece una combinación perfecta de letra y música. Su melodía está hecha de acordes sencillos, fáciles de cantar y con un pegadizo estribillo. Pero sobre todo tiene una letra que expresa una bonita utopía, propia de un dreamer (soñador) como el bueno de John.

Creo que si se hiciera un concurso para elegir el himno de la Humanidad, esta canción bien podría ser la elegida. Al menos entre el mundo civilizado al que pertenecen Europa (por ahora), América, Oceanía y buena parte de Asia y de África.

La primera estrofa nos pide imaginar que no existen ni el cielo ni el infierno. En ese caso ya no tendría sentido pensar en el más allá y todo el mundo viviría con alegría el presente (y yo añado: al igual que el resto de los animales de la Naturaleza!).

La segunda nos anima a imaginar un mundo sin países ni religiones donde todo el mundo viva en paz, ya que no existirían motivos para matar o morir. Pone el dedo en la llaga, puesto que ambos conceptos inventados por el Homo Sapiens (países y religiones), han sido los causantes de casi todas las guerras de la Historia…

Y la tercera nos interpela a imaginarnos un mundo sin posesiones, codicia, ni hambre, en el que la humanidad conviva en hermandad.

Por último, en el estribillo se autodefine como un soñador y nos anima a unirnos a él.

Si esos bonitos sueños de John Lennon hubieran sido una realidad, la Humanidad se habría ahorrado la mayor parte del sufrimiento que ha padecido…

Por eso, por un momento, me gustaría adherirme a su utopía e imaginarme un mundo sin fantasías religiosas ni políticas. O al menos sin la religión violenta por excelencia (el Islam) y sin la ideología política más genocida, mentirosa y generadora de odio (el socialcomunismo). Un mundo sin “nazi-onalistas”, en el que la banda criminal ETA (“extorsionadores, torturadores y asesinos”, como me gusta definir su acrónimo) y los secesionismos catalán y vasco no hubieran existido nunca. Una España sin los reinos de taifas autonómicos (con el enorme ahorro de dinero público que se generaría), en la que todos los españoles fueran realmente iguales y las finanzas públicas estuvieran saneadas: sin déficit público, con una deuda en cifras asumibles y un sistema de pensiones garantizado de por vida.

Y por último, me gustaría imaginarme un Mundo en paz y progreso, con la Humanidad dedicada a luchar unida en las guerras que realmente nos deberían importar: el cáncer, el alzheimer, el párkinson, las epidemias, el hambre, el calentamiento global…

Madrileñofobia

En los últimos días está saliendo a la luz ese sentimiento que tienen los socialistas contra Madrid, una comunidad autónoma en la que llevan sin gobernar desde 1995. Que los madrileños rechacen el socialcomunismo en sucesivas elecciones a lo largo de 26 años, es un pecado que la izquierda, y muy especialmente Sánchez, no les puede perdonar.

Madrid ya probó las recetas de la izquierda durante más de 20 años, con Joaquín Leguina de presidente. Y aún teniendo en cuenta que Leguina es uno de los socialistas más moderados que ha dado la política española, los madrileños acabaron decidiéndose por las políticas liberales: menos impuestos, menos intervencionismo y menos dogmatismos ideológicos.

Digamos que los madrileños por fin alcanzaron la mayoría de edad, como también ha acabado sucediendo en Andalucía después de cuatro décadas de corruPSOE. De niños está bien creer en los reyes magos, en el ratoncito Pérez o en papá Noel, pero ya de adultos, seguir creyéndo en esas bobadas, o en las mentiras del socialismo, la verdad es que sólo demuestra una ignorancia supina…

El primero que hizo alarde de su “madrileñofobia” fue ese político catalán que hace honor a su nombre: Rufián. Este sujeto, después de que la milonga del “España nos roba” no le funcionara (ya ha quedado demostrado que quien roba son los catalanazis: desde la banda de los Pujoles hasta la de Puigdemont y sus prófugos), cambió el mantra por el de “Madrid nos roba”.

Para agitar su odio contra Madrid, la llama “chiringuito fiscal”, dice que hace “dumping fiscal”, que es insolidaria y demás patrañas insidiosas. Todo es rotundamente falso: la comunidad madrileña es la región más solidaria con el Estado, ya que es la que más aporta y la que menos recibe de esas aportaciones (tan solo un 23%, según datos de 2019); es también la que más riqueza y empleo genera, y la que tiene menos deuda.

Ademas según su cortedad mental, el hecho de que las empresas catalanas huyan de esa región para instalarse en Madrid, nada tiene que ver con la política catalanazi que ejerce su partido, basada en fomentar el odio y la ruptura entre catalanes, y en abrasarles a impuestos, para luego dilapidar su dinero en hacer apología de su paranoia secesionista, racista y xenófoba.

Y es que este individuo no puede soportar que Madrid sea exactamente lo contrario a Cataluña: un espacio de libertad y de emprendimiento, donde todo el mundo es bien recibido; con unos impuestos mucho más bajos, sencillamente porque no necesita esquilmar a los madrileños para crear embajadas en el exterior, para tener una policía propia, para hacer guerras lingüísticas, para tener la TV más cara de España (como TV3) o para hacer un cansino proselitismo independentista y antiespañol, como llevan haciendo ellos varias décadas.

Que el secesionismo golpista catalán, además de delictivo (por muchos indultos que quiera Sánchez), es una mezcla de delirio enfermizo y de negocio (que se lo digan a banda de los Pujoles), es algo de lo que ya no duda casi nadie. Lo verdaderamente preocupante es que su discurso lo acaben comprando los socialistas, con el único objetivo de mantener al sátrapa Sánchez en el poder unos meses más.

Solo unas pocas mentes preclaras quedan en el socialismo español, y ya hace tiempo que se dieron cuenta de que el objetivo final de Sánchez, una vez asegurado su futuro económico personal de por vida, es destruir el PSOE; ese partido cuyo comité federal osó mandarle a la calle por “el solo hecho” de sugerir pactar con los chavistas de Podemos, con los golpistas catalanes y con los herederos de ETA…

El sátrapa Sánchez ya ha ejecutado su venganza contra el PSOE, laminando a quienes demostraron tener principios y sentido de Estado. Principios y valores que, en la mente de este psicópata, no eran más que simples obstáculos para que él llegara a la Moncloa.

Gracias a su falta de escrúpulos y a los apoyos más indeseables, alcanzó su objetivo. Pero más pronto que tarde acabará saliendo de su adorado palacio: en cuanto que una parte de sus votantes despierte y dejen de votar a este grandísimo mentiroso.

Pero todavía le queda una infamia por cometer: vengarse de Madrid, por representar todo lo opuesto a su modelo totalitario y por ser la primera comunidad española que le ha dado un severo varapalo al socialcomunismo en versión sanchista. Y con esa finalidad, no ha dudado en comprar la “madrileñofobia” de Rufián y en mandar a sus secuaces a extenderla por toda España.

Al final todos los tiranos son iguales: necesitan dividir a la sociedad (los “buenos” ellos, los malos los demás), crear un enemigo ficticio al que combatir, y así conseguir adhesiones para una causa (también ficticia) que venden como “el bien común”. En definitiva, cortinas de humo para tapar su incompetencia y su sectarismo…

Pero con Madrid, mi Madrid, no va a poder, porque “Madriz es mucho Madriz”… 😉

¿A qué juega el PP?

La pasada semana se produjo un hecho relevante en la ciudad autónoma de Ceuta: izquierdistas e islamistas declararon “persona non grata” a Santiago Abascal, gracias a la abstención del PP. Con ello han vuelto a criminalizar, una vez más, al tercer partido de España, esta vez en la persona de su presidente.

Varias figuras destacadas del partido se han desmarcado de semejante vileza, pero su fraCasado presidente lo ha permitido y ni siquiera ha abierto la boca para desautorizar a sus colegas ceutíes.

El PP lleva años, o mejor dicho décadas, traicionando a su electorado, dando muestras de que no están en política para mejorar la vida de los españoles, sino la suya propia… Y por eso surgieron con fuerza primero Ciudadanos y luego Vox.

Durante mucho tiempo habían gozado del monopolio de ser el único partido no izquierdista a nivel nacional. Todos aquellos que con buen juicio rechazaban los mantras (por no decir directamente “las mentiras”) del socialcomunismo, sólo tenían una opción política: el PP. Pero sus dirigentes, en su absurdo afán de declararse “centristas” para convencer a la “izquierda moderada”, iban contagiándose de sus políticas, hasta llegar a dejar huérfanos a una buena parte de su electorado natural: votantes conservadores y liberales…

El máximo exponente de esa política errática fue Mariano Rajoy, quien a pesar de disponer en su primera legislatura de una cómoda mayoría absoluta, tanto en el Congreso como en el Senado, no se atrevió a derogar ninguna de las políticas sectarias e ideologizantes de Zapatero (memoria histórica, violencia de género, etc.), e incluso continuó con su infame negociación con ETA.

Ya en la segunda legislatura, cuando el PSOE le presentó la moción de censura, su típica desidia de mal funcionario le llevó a fiarse de uno de los partidos menos de fiar del Parlamento: el PNV. Estos mercenarios de la política, que llevan décadas “recogiendo las nueces” del terrorismo, tardaron apenas unas horas en dejarse sobornar por la izquierda y en traicionarle.

Hasta el minuto antes de la votación de aquella vergonzante moción de censura, Rajoy podría haber dimitido, evitando entregar el gobierno a una amalgama de socialistas, comunistas, secesionistas, golpistas y bilduetarras, pero no lo hizo, y el resultado es el que todos conocemos: los tres peores años para España en más de 40 de democracia…

Nunca entenderé ese complejo de inferioridad del PP frente a sus adversarios izquierdistas, y su incapacidad para rebatir con firmeza su pretendida (y falsa) superioridad moral. En primer lugar los podemitas/comunistas ya se descalifican por sí solos con su anacrónica, totalitaria y genocida ideología; es más, en países como Alemania ni siquiera existirían, ya que su constitución prohíbe los partidos de ideología comunista. Y en segundo lugar, ¿cómo es posible acobardarse ante un partido tan despreciable como el PSOE, con una historia de más de un siglo de corrupción y de crímenes? Sin entrar en su bochornoso pasado antidemocrático durante la II República, recordemos que se trata del partido más corrupto de España en democracia (los datos lo evidencian), y además es el único partido político europeo con dirigentes condenados y encarcelados por terrorismo de estado! No olvidemos que el propio Pablo Iglesias, antes de abrazarse a Sánchez y sumarse a “la casta”, denominó al PSOE “el partido de la cal viva”…

Afortunadamente tuvo que surgir VOX para terminar con los tradicionales complejos del PP y para dar todas las batallas ideológicas a esta izquierda zafia, torticera, sectaria y sin escrúpulos que padecemos en España. Una izquierda que señala a los partidos de derecha como si fueran apestados, que les insulta llamándoles fascistas (por cierto, el fascismo no es más que otra execrable derivada del socialismo) y luego se abraza con defensores de los genocidios comunistas (Podemos), con terroristas (Bildu), con racistas (PNV) y con delincuentes condenados por golpismo y malversación de fondos públicos en Cataluña (unos partidos supremacistas que oprimen a la otra mitad de la población catalana)…

Pero lo incomprensible es que la irrupción de VOX, que ha posibilitado el desalojo del PSOE de su cortijo andaluz tras 40 años de corrupción y clientelismo político, y sobre todo el mantenimiento del emblemático gobierno de Madrid (entre otros) para el PP, haya sido tan mal digerida por su fraCasado presidente. Un sujeto que no sólo ha demostrado ser un desagradecido y un desleal, sino que en la moción de censura presentada por VOX llegó al extremo de insultar gravemente a Santiago Abascal y de alinearse con Sánchez y toda su corte de maleantes. ¿De verdad este tipo se cree que los votantes del PP prefieren a este gobierno infame antes que a VOX? ¿No le ruboriza proporcionarle semejante carnaza a la izquierda? ¿No le da vergüenza sumarse a ese cordón sanitario progre (que tantas veces sufrió el PP), causante de innumerables actos de violencia contra el tercer partido español?

Creo que alguien con un poco de luces debería explicarle a este individuo que el PP jamás volverá a sacar una mayoría absoluta y que, por tanto, el único partido capaz de hacerle llegar a la Moncloa es VOX. Debería ir asumiéndolo ya y cambiar su discurso cuanto antes, como por cierto han hecho los dirigentes populares en Madrid (Ayuso y Almeida). Estos últimos han optado por el sabio aforismo “la unión hace la fuerza”, y no hay más que ver los buenos resultados electorales que les ha reportado…

Y el sátrapa Sánchez consumó la infamia…

El pasado martes el gobierno aprobó la concesión de nueve indultos, con el objetivo de liberar de prisión a los condenados por el golpe secesionista de 2017. Levantamiento perpetrado precisamente por las máximas autoridades del Estado en la comunidad autónoma catalana.

Sánchez necesita su apoyo para seguir en el poder y no ha dudado en consumar esta infamia, en contra del criterio del Tribunal Supremo, del Tribunal Constitucional y de la inmensa mayoría de los españoles (incluidos dos de cada tres votantes del PSOE según las encuestas).

La banda mafiosa que gobierna la región catalana desde hace décadas, apropiándose de las instituciones y del dinero público para hacer proselitismo de su aldeanismo identitario, ha vuelto a ganar. Al igual que llevan años sometiendo por la fuerza a todos aquellos que no comulgan con sus ensoñaciones independentistas, esta vez han logrado someter al mismísimo Gobierno de España.

El totalitarismo xenófobo que llevó a cabo una consulta ilegal (prohibida por el Tribunal Constitucional), que lanzó a sus terroristas callejeros (CDR’s) a provocar múltiples altercados por toda Cataluña (bloqueo de autopistas, vías de tren, estaciones y aeropuertos), que les alentó a que convirtieran las manifestaciones en contra de la sentencia del Supremo de 2019 en verdaderas batallas campales de guerrilla urbana, en la que resultaron heridas 600 personas (en su mayoría miembros de las fuerzas de seguridad del Estado), ha quedado impune de la noche a la mañana por obra y gracia de otro totalitario: Pedro Sánchez.

Lamentablemente la Historia se repite, ya que en 1936 el gobierno frentepopulista integrado -como el de ahora- por socialcomunistas y separatistas, también puso en libertad a Companys y a los miembros de su gobierno, encarcelados por su golpe de Estado de 1934 en Cataluña. En aquella ocasión lo hicieron no mediante una colección de indultos a medida, sino mediante la aprobación de una ley de amnistía.

Es sorprendente que esta izquierda española caiga siempre en el error de asociarse con quienes representan todo lo contrario a los supuestos valores de la izquierda: aquellos que tratan de saltarse la legalidad por la fuerza, que atentan contra la igualdad entre catalanes y españoles con un discurso supremacista paranoico y anacrónico, que arruinan la economía regional y no dudan en malversar fondos públicos para sus intereses partidistas, que se vanaglorian de quemar las calles y de agredir a discrepantes y fuerzas de seguridad, que exhiben su odio a España, adoctrinando en él a los niños desde pequeños y discriminando nuestra lengua oficial…

Y para colmo con estos indultos Sánchez contribuirá a que esa banda de sociópatas convierta a unos delincuentes en ídolos de masas, como ya sucedió en la II República, y en nuestros días con J. Pujol, Arthur Mas, o con los cobardes prófugos (Puigdemont y sus secuaces) que llevan ya casi cuatro años huyendo de la justicia española.

Tristemente, cada vez son de más actualidad las palabras del célebre periodista y escritor sevillano D. Manuel Chaves Nogales, publicadas en 1936 en el diario madrileño Ahora, del que fue director:

“Reconozcamos que Cataluña tiene esta virtud imponderable: la de convertir a sus revolucionarios en puros símbolos, ya que no puede hacer de ellos perfectos estadistas.”

El Pacto de la Transición

Tras la muerte de Franco en 1975 y la proclamación del Rey Juan Carlos, comenzó en España un delicado proceso. Muchos esperaban que el nuevo rey se limitara a ser una continuación del Franquismo, con su modelo de “democracia orgánica” sin partidos políticos. Otros deseaban el desmantelamiento total del régimen por la vía revolucionaria. Pero el nuevo Jefe del Estado, con el incuestionable apoyo de Adolfo Suárez, optó por un camino intermedio: la transformación pacífica del sistema político en vigor, para llegar a una democracia homologable al estilo europeo.

No lo tuvieron fácil: ese noble objetivo requería pactar una constitución que sirviera de marco legal para la convivencia de una sociedad muy dividida. Y para ello era necesario llegar a acuerdos entre los herederos de dos bandos que menos de cuatro décadas antes habían llevado su odio hasta una encarnizada guerra civil…

Los protagonistas de esa espinosa empresa hubieron de asumir su tarea desde una responsabilidad de estado. Sabían que su ejemplo era determinante para que la sociedad civil creyera en el proceso y les diera finalmente su apoyo. Personajes tan antagónicos como Manuel Fraga (exministro de Franco) y Santiago Carrillo (comunista exiliado durante décadas e implicado en crímenes de guerra) se vieron obligados a sentarse en la misma mesa y a dialogar sobre el futuro de los españoles.

Asumiendo el objetivo altruista de construir una nueva España, en la que cupieran todas las sensibilidades políticas, se llegó a un gran pacto, que facilitara la transición pacífica de un sistema autoritario al actual. Ese acuerdo consistía básicamente en mirar hacia el futuro con un ánimo constructivo, sin rencores, sin reproches y sin remover las cenizas de una guerra acaecida cuarenta años antes. Exigía por tanto una capacidad de discrepar desde el respeto, dejando de mirar al pasado y de identificarse como heredero de uno u otro bando.

Afortunadamente los esfuerzos de todos dieron resultado y el 29 de diciembre de 1978 entró en vigor la actual Constitución, aprobada por una amplia mayoría de españoles. Aquello supuso el espaldarazo definitivo al proceso iniciado tres años antes y se establecieron las bases para un nuevo sistema político que, con sus luces y sus sombras, nos ha traído hasta la actualidad.

Durante las presidencia de Adolfo Suarez, de Calvo Sotelo y las primeras legislaturas de Felipe González, aquel “Pacto de la Transición” fue respetado por los sucesivos gobiernos. Pero en la última legislatura socialista, ante el empuje del entonces jefe de la oposición José María Aznar, que por primera vez amenazaba con ganar las elecciones, sucedió algo novedoso: en la campaña electoral la izquierda en su conjunto identificó a la derecha con un dóberman que representaba el regreso al Franquismo y el fin de la democracia.

Se activó con ello una peligrosa e infame acusación que fracturó a la sociedad y que no ha dejado de degenerar desde entonces. La izquierda traicionó el Pacto de la Transición, volviendo a mirar al pasado con un objetivo espurio: señalar al adversario político como el bando de los antidemócratas (“los malos”), identificándose ellos con el bando de los demócratas (“los buenos”). En definitiva, el viejo y maquiavélico “divide y vencerás”…

Tras la victoria del PP de Aznar vinieron ocho años de relativa calma. Pero en 2004, de forma sorpresiva llegó al poder el avieso Rodríguez Zapatero. Días antes se había producido en Madrid el mayor atentado terrorista de la historia de Europa, que la izquierda alentada por tan siniestro personaje, no tuvo ningún rubor en aprovechar políticamente a su favor. Llegaron a cometer la ignominia de culpar a Aznar de aquel horrendo crimen cometido por yihadistas y de alentar la violencia callejera contra las sedes del PP, incluso durante el día de reflexión previo a las elecciones…

Gracias a esos métodos tan “poco ortodoxos” (por decirlo suavemente), llegó al poder el miserable de Zapatero. Fue el inicio de siete años de mandato en los que demostró su absoluta incompetencia. Un individuo que no había trabajado en nada, ni había tenido la más mínima responsabilidad política en su vida, se vio de pronto dirigiendo un país. Y los resultados son de todos conocidos. Quizás por ello, para ocultar su total incompetencia, se dedicó de forma cainita a seguir dinamitando el pacto de la Transición. La despreciable y absurda “ley de memoria histórica” es el máximo exponente de su talante destructivo y belicoso.

Afortunadamente en 2011 terminó la pesadilla del personaje “de la ceja”, pero el indolente Rajoy, a pesar de su abrumadora mayoría absoluta, no movió un dedo por desmantelar la legislación socialista que incitaba a la división y al odio. Su dejadez habitual llegó a costarle el puesto, cuando en 2018 Pedro Sánchez, un nuevo socialista sin escrúpulos (como bien sabían en el PSOE cuando le echaron en 2016 del cargo de secretario general), le amenazó con aliarse con todos los enemigos de España para desalojarle del poder mediante una moción de censura. Mariano Rajoy pudo haber dimitido a tiempo de evitarnos la iniquidad que nos esperaba, pero no lo hizo.

Desde el asalto al poder de Sánchez gracias a sus pactos con comunistas, delincuentes golpistas y terroristas, aquella traición al Pacto de la Transición que comenzó con Felipe González y Alfonso Guerra allá por los inicios del siglo XXI, no ha cesado. España es hoy un país menos democrático y más crispado que nunca, en el que se adoctrina a las nuevas generaciones y se les oculta que tras la muerte de Franco hubo un “pacto de caballeros” que posibilitó la evolución pacífica hacia el régimen democrático actual.

Se omite sistemáticamente que la izquierda firmó y se comprometió con aquel bienintencionado acuerdo. Se esconde que posteriormente lo incumplieron por puros intereses partidistas, y que todo ello nos ha llevado a la situación actual: una sociedad cada vez más polarizada, más dividida, que pierde el tiempo y derrocha esfuerzo mirando innecesariamente al pasado, y en la que brilla por su ausencia el respeto democrático hacia el adversario político.

La búsqueda del bien común, es decir, de TODOS los españoles, y no el beneficio propio o de partido, debería ser el objetivo prioritario de todo gobernante decente…

España NO es una democracia

La democracia es un sistema de organización política en el que la soberanía nacional reside en los ciudadanos, quienes la ejercen directamente o por medio de representantes. Sus principios esenciales son:

  • La libertad (individual, de asociación, de empresa, de mercado, de opinión, de expresión, etc.),
  • La igualdad de todos ante ante la ley (tanto en derechos como en obligaciones),
  • La separación de poderes (Legislativo, Ejecutivo y Judicial),
  • El respeto al estado de Derecho, por parte de todas las personas, instituciones y entidades, tanto privadas como públicas (incluido el Estado).

Defender la democracia requiere defender las reglas del juego y sancionar a todo aquel que atente contra ellas: desde terroristas y delincuentes de todo tipo, hasta personas que no respetan (ya sea de palabra o con actos) los valores y principios democráticos.

Pues bien, de estos últimos, tenemos en España por desgracia muchos ejemplos entre la izquierda gobernante y los partidos secesionistas. Son personajes que defienden sistemas antidemocráticos y dictatoriales, e incluso reciben o han recibido apoyo económico de los mismos. Son individuos que cuestionan el estado de Derecho español, su carta magna, su integridad territorial, sus instituciones y sus símbolos. Son sujetos que atentan contra la libertad de las personas y contra sus propiedades, recurriendo incluso a la violencia. Son tipejos que justifican desde actos delictivos como la usurpación de domicilios privados o la violencia callejera, hasta el golpe de estado de los secesionistas catalanes e incluso el pasado criminal de la banda terrorista ETA.

En mi opinión, esa gente son un peligro real para el sistema democrático español. Y si España fuera una democracia verdadera y sin complejos, no admitiría que semejantes comportamientos quedaran impunes. No tiene ningún sentido que con el dinero de todos se financie a quienes solo tienen por objetivo sembrar el odio, destruir la convivencia democrática y atacar a la nación española.

Junto a los secesionistas catalanes y vascos, Pablo Iglesias es sin duda el máximo exponente de estos comportamientos antidemocráticos, que han llevado a la “batasunización” de la política española. Sus soflamas propagadoras de odio deberían haberle supuesto el procesamiento y la ilegalización de su partido hace ya tiempo.

En su paranoia totalitaria, este psicópata, burda parodia de Lenin, no para de insultar a la tercera formación política más importante de España, llamándoles fascistas e incitando a la violencia contra ellos. Como resultado, VOX lleva más de dos años sufriendo ataques de los cachorros podemitas/comunistas en la mayoría de sus actos públicos.

Habría que recordarle a este energúmeno que el único comportamiento fascista (es decir, tratar de reprimir por la violencia a quien piensa diferente) es el suyo. Lo malo es que este individuo no está solo: su discurso se lo ha copiado un PSOE radicalizado, dirigido por otro sujeto fanatizado como Sánchez, quien en lugar de actuar como presidente del gobierno de España, y con ello de TODOS los españoles, se comporta habitualmente como un hooligan procaz y deslenguado…

En ninguna democracia occidental homologada sucedería lo que está ocurriendo en España. Pero este es un solo paso más en esa estrategia totalitaria tan típicamente izquierdista, de no respetar a quien piensa distinto, e incluso llegar a criminalizarlo. Somos millones de españoles los que llevamos ya décadas sufriendo ese sectarismo enfermizo, al que mucha gente ya se ha acostumbrado e incluso lo vive como algo normal…

Y es que, ¿en qué país se admitiría como algo normal que se agrediera o se insultara a alguien solo por apoyar a un partido político, o por portar una pulsera con los colores de su bandera nacional? ¿Sería aceptable que a un italiano por lucir la bandera italiana le llamaran fascista? ¿O que a un alemán por llevar la enseña alemana le llamaran nazi? Pues bien, en España esto es algo asumido durante los más de cuarenta años de “supuesta democracia”. Y una buena parte de esta izquierda rancia que padecemos, apoya que un español no pueda llevar su bandera o la camiseta de la selección española en muchas zonas de la geografía española, sin arriesgarse a ser insultado o incluso agredido…

Estos hechos, que estamos comprobando a diario durante la campaña electoral de la Comunidad de Madrid, ponen de manifiesto que la izquierda se siente muy a gusto ante esta falta de democracia. Porque para ellos la libertad y la democracia son sólo dos banderas para engañar a la gente, obtener su apoyo y alcanzar su único fin: el PODER. Después, una vez conseguido, aparece su verdadera cara y queda patente que tanto democracia como libertad son obstáculos inservibles, de los que se puede prescindir…

Esta criminalización de toda opción política no izquierdista es una anomalía democrática, propia de regímenes totalitarios que desaparecieron de Europa el siglo pasado con la caída del Muro de Berlín. Sólo en España tenemos a esta izquierda casposa, de estilo “república bananera”.

Otro ejemplo más de este aberrante socialcomunismo: en los últimos días han anulado la ley de la época de Rajoy que prohibía los piquetes violentos durante las huelgas. Ya de por sí era algo extraño eso de tener que prohibir la violencia sindical, porque eso implicaba que los sindicalistas (todos ellos de izquierdas, por supuesto) disfrutaban del derecho a usarla… Por eso quedan retratados al derogar esa ley que sancionaba los actos violentos: para ellos es inconcebible que se les impida usar la violencia, porque es su modus operandi. De sobra sabe esta izquierda cavernaria, que sin la violencia, la coacción y la intimidación, no son nadie… Y encima tienen el cuajo de definirse como demócratas, ¡cuando no son más que una amenaza constante contra la convivencia democrática!

Ojalá algún día podamos disfrutar en nuestro país de una verdadera democracia, en la que nadie tenga que padecer violencia por apoyar la opción política que desee, por no querer participar en una huelga o por sentirse orgulloso de ser español y lucir sus símbolos.

Y por último, ojalá que en las próximas elecciones de Madrid -mi patria chica- ganen los partidos democráticos y se quede fuera del poder este socialcomunismo sectario, violento y totalitario que padecemos desde la época del infame Zapatero, y muy especialmente desde que Sánchez se echó en brazos del chavista del moño (ese con el que jamás pactaría porque le quitaría el sueño al 95% de los españoles, incluido él), de los criminales golpistas catalanes y de los neoetarras…

“8-M”

Hoy es el día internacional de la mujer. Y como todos los “días internacionales de algo”, debería ser motivo de celebración sin más. Y punto.

Pero lamentablemente, este día ha sido patrimonializado por la izquierda, que no se suele caracterizar precisamente por “celebrar sin más”. Y es que para la progresía, cualquier tema debe de ser usado para sus fines propagandísticos, para adoctrinar en el maniqueísmo, en la división y en el enfrentamiento. Ese comportamiento obsesivo les lleva siempre a clasificar a la gente: “los buenos” (ellos) y “los malos” (los demás).

En este asunto, como en tantos otros, parece ser que no se puede ser feminista sin ser de izquierdas, ya que según su prostituida versión de la realidad, todos los avances sociales en el terreno de la igualdad entre hombres y mujeres, han sido logros izquierdistas… Una vez más, como sucede por ejemplo con la ecología o con el respeto a las diversas opciones sexuales, ellos se arrogan una superioridad moral de la que por supuesto carecen!

Estos que defienden el feminismo levantando el puño y enarbolando la bandera de la hoz y el martillo, deberían en primer lugar estudiar un poquito de historia. Después, cuando su fundamentalismo dejara paso a la información y a la cultura (cosa bastante improbable por cierto), descubrirían que jamás la mujer tuvo el más mínimo papel protagonista en esos regímenes socialistas totalitarios que ellos defienden…

Tendrían que admitir que los únicos países en los que la mujer ha llegado a la cima del poder han sido siempre regímenes democráticos libres: la reina Isabel y Margaret Thatcher en el Reino Unido, Angela Merkel en Alemania, Michelle Bachelet en Chile, Indira Gandhi en la India, Golda Meir en Israel, etc. En siete décadas de comunismo soviético y en seis de comunismo cubano, jamás una mujer tuvo protagonismo alguno. Por no hablar de China, Corea del Norte y demás “paraísos socialistas”…

En España, en más de cuatro décadas de democracia, ningún partido de izquierda ha presentado a una mujer como candidata a presidente del Gobierno. Tan sólo Rosa Díez (UPD) e Inés Arrimadas (Ciudadanos) han aspirado a presidirlo. Por no hablar de los sindicatos “de clase”: CCOO y UGT han sido siempre dominados por hombres, por mucho que a los sindicalistas se les llene la boca con lo de la igualdad entre mujeres y hombres…

Conviene recordar ahora que la primera mujer ministra de la democracia fue Soledad Becerril (por UCD en 1981); la primera presidente del Senado fue Esperanza Aguirre (por el PP, en el año 1999); la primera presidente del Congreso fue Luisa Fernanda Rudí (por el PP, en el año 2000); la primera mujer presidente electa de una comunidad autónoma fue Esperanza Aguirre (en Madrid, por el PP en el año 2003). Es sólo un poquito de memoria histórica reciente, de esa que la izquierda no suele acordarse, ya que prefieren retrotraerse a la guerra civil que tuvo lugar hace más de 80 años…

El PSOE tuvo la oportunidad de elegir como secretaria general y candidata a la presidencia del Gobierno a una mujer (Susana Díaz), pero tampoco lo hizo: sus afiliados optaron por un ególatra, abyecto y psicópata (al que meses antes habían tenido que echar del partido, por su intención de prostituirlo pactando con podemitas y secesionistas varios, como precio para llegar al poder), antes que elegir a una mujer.

Lo más hilarante del tema en la actualidad, es que la cabeza visible del “feminazismo progre” sea una tal Irene Montero. Esa ministra de “Igual Da” con dilatada experiencia profesional (empleada de una tienda de electrodomésticos durante un año), y cuyo mayor logro en el campo de la lucha feminista fue el de conquistar la cama de un machista redomado. Un espécimen con coleta y chepa, de lo más casposo, que tan pronto un día afirma que le gusta “la política con cojones”, otro que le encantaría azotar a una mujer (a la periodista Mariló Montero) hasta que sangre, y otro decide “guardarle” la tarjeta del móvil a “una colaboradora” (motivo por el que está siendo investigado por la Justicia en la actualidad)…

En cuanto al pasado más lejano, también en esto la izquierda trata de reescribir la historia para ocultar sus vergüenzas. En 1931 los socialistas se opusieron al voto femenino, alegando que con ello se corría el riesgo de que las mujeres se dejaran manipular por “curas y maridos” (en palabras de la socialista Victoria Kent). Tuvo que ser una mujer liberal como Clara Campoamor la que enarbolara la bandera del feminismo y a la que las mujeres tienen que agradecer que se consiguiera el derecho femenino al voto, a pesar del rechazo de la izquierda…

La Constitución de 1978 consagró la igualdad de derechos y obligaciones entre hombres y mujeres. Y a día de hoy, en virtud de la controvertida Ley Integral de Violencia de Género, las mujeres gozan de una más que discutible superioridad legal frente a los hombres en los supuestos de violencia de género: el hombre ha perdido el derecho a la presunción de inocencia y las penas son para ellos mucho mayores que para las mujeres, ante los mismos delitos.

A pesar de todo el desprecio que siento hacia esas mujeres que fomentan el enfrentamiento antinatural entre los seres humanos de los dos géneros, quiero terminar defendiendo la igualdad más absoluta entre todos nosotros. Sin distinción alguna por razón de sexo (ni por razón de territorio, de edad, de ideología, de clase social, de procedencia, de credo, etc.) y durante los 365 días del año. Mi sincera felicitación a TODAS las mujeres en este Día Internacional de la Mujer!

Por último, quiero recordar aquí a todos esos cientos de millones de mujeres que viven en países en los que está consagrada la desigualdad legal entre hombres y mujeres: todos esos regímenes islámicos que denigran a la mitad de sus conciudadanos por el simple hecho de ser mujeres, y que desprecian la cultura occidental precisamente por defender lo que hoy nos recuerda el 8-M. Una igualdad entre hombres y mujeres que ellos consideran un sacrilegio contra sus creencias machistas medievales…

Elecciones catalanas: la victoria de “los malos”

El pasado domingo tuvieron lugar las elecciones de la autonomía catalana y los resultados, para todos los que queremos a esa preciosa región española, no pueden ser más desalentadores…

Quedan ya muy lejos aquellos años en los que Cataluña era un lugar estupendo para hacer turismo e incluso para irse a vivir. La prosperidad de su economía, así como el carácter trabajador de sus gentes, eran un excelente reclamo para las inversiones extranjeras y del resto de España.

El “seny” catalán (“cordura” en español) era su seña de identidad. Desde otras regiones españolas hacíamos chistes sobre ellos y nos mofábamos de su fama de serios y de tacaños… pero no eran más que eso: bromas. Trás ello se escondía una cierta envidia de aquella región tan próspera y hacia sus gentes emprendedoras, diligentes y cumplidoras.

Pero en apenas un par de décadas, y especialmente en el último lustro, aquella imagen tan atrayente de Cataluña se ha tornado en antipatía para muchos. Durante años sus dirigentes no han hecho otra cosa más que persistir en su hoja de ruta secesionista, gobernando sólo y exclusivamente para avanzar hacia ese objetivo fantasioso y delirante. Toda opinión contraria era convenientemente combatida, estableciendo con ello dos clases de catalanes: los independentistas (“los buenos”) y el resto (“los malos”).

Ha sido una contumaz labor, destructiva y perversa, que incluía fomentar la ruptura de la convivencia entre catalanes y por ende entre españoles. No han dudado para ello en inculcar el odio a las nuevas generaciones: los colegios, los institutos, las universidades, la televisión y la radio públicas han llevado a cabo una tenaz tarea durante años… Y el lavado de cerebro ha dado sus resultados!

Una parte importante de los catalanes compran ese mensaje fundamentalista de aversión al resto de España. Su ceguera les lleva a dejarse engañar por los delincuentes condenados por golpismo y por los herederos de la banda mafiosa de los Pujol, que durante décadas robó a manos llenas a los catalanes… Y a pesar de las casi 7.000 empresas que han abandonado la región, y de la destrucción económica que el independentismo ha ocasionado, demasiada gente sigue creyéndose que Cataluña sería más próspera fuera de España (y con ello de la Unión Europea)!

Qué atrevida es la ignorancia, y qué pena me dan los catalanes de bien de toda la vida que se siguen sintiendo catalanes y españoles. Esos que tienen que ocultar sus opiniones y sus sentimientos por vivir en una sociedad enferma, en la que cualquier descerebrado de estelada y puño en alto les puede agredir verbal e incluso físicamente, tanto a ellos como a sus propiedades… Debe de ser muy duro tener que convivir con ese drama, creado deliberadamente por una élite política que antepone sus ensoñaciones paranoicas a la convivencia en paz entre catalanes.

Pero esas hordas de palurdos de estelada, a los que yo denomino “catalanazis” por sus ideas supremacistas y por sus métodos fascistas, no están solos. Tienen el apoyo de esta izquierda cavernícola y acomplejada española, que padece el síndrome de Estocolmo y persiste en su política de apaciguamiento, al más puro estilo de los vergonzantes años 30 del siglo XX! En su ignorancia supina, los del puño en alto desconocen en lo que degeneró aquel “buenismo” europeo, como única estrategia contra el nacionalismo socialista de un tal Adolf Hitler: en la II Guerra Mundial.

Se juntan en definitiva “lo peor de cada casa”, afanándose en la triste tarea de la aniquilación del disidente y de la destrucción de Cataluña. Y ese odio enconado entre conciudadanos e incluso entre hermanos, no tiene visos de mejorar, como se ha podido ver cada día durante la campaña electoral: hemos podido asistir con estupor a la retransmisión de agresiones diarias por parte de una chusma enloquecida, a todo aquel que quisiera expresar ideas contrarias al dogmatismo independentista (VOX, PP o C´s).

Y lo que es peor, las fuerzas de seguridad han sido cómplices de las agresiones, siguiendo instrucciones de sus jefes políticos, mucho más preocupados de que no se detenga a ninguno de “sus cachorros” violentos, que de hacer cumplir la ley y de proteger a las víctimas…

Han sido por tanto unas elecciones sin libertad, en las que no se han respetado los más elementales principios democráticos. Los tramposos dirigentes catalanes han querido llevarlas a cabo en esas circunstancias de violencia impune, pero en un aspecto les ha salido el tiro por la culata: el partido al que más han agredido (VOX), ha sido el que mejores resultados ha obtenido de todos los partidos nacionales que se presentaban (recordemos que el PSC es un partido diferente del PSOE y sólo se presenta en Cataluña).

Otro tema indignante es la infamia que los políticos han cometido con el tema del coronavirus: después de meses de confinamientos en los que no hemos podido salir a la calle, ni siquiera para visitar a nuestros familiares enfermos, o para enterrar a nuestros muertos, de repente las reglas cambiaron durante la campaña electoral y en el día de las votaciones. Por arte de magia el virus dejó de ser peligroso y cualquiera pudo salir para acudir a mítines políticos. Y lo más abominable de todo: se animó a los positivos a ir a votar, cuando hasta ese día se les había exigido la cuarentena y evitar cualquier contacto, ni siquiera con sus familiares directos!

Es esta una demostración más de que la desvergüenza de los gobernantes catalanes y españoles no conoce límites: se les llena la boca al hablar de “salud pública” cuando les conviene recortar nuestra libertad y sin embargo se olvidan de ella para sus intereses electorales…

Por último, aunque no tenga que ver con las elecciones catalanas, esta semana nuevamente “los malos” han incendiado las calles de muchas ciudades españolas, para protestar como energúmenos por el encarcelamiento de un delincuente multireincidente (Pablo Hasel). Este individuo que lleva años cometiendo toda suerte de delitos, ha sido convertido por los golpistas y por la extrema izquierda en una especie de héroe, en una “víctima de la libertad de expresión”. Una vez más la realidad es prostituida para manipular a los más ignorantes y a los más violentos. Y lo más triste es que sea el propio vicepresidente primero del gobierno (el innombrable de la chepa y la coleta) el que incite a la violencia callejera, al igual que muchos otros de sus viles secuaces…

España debe de ser, junto con Venezuela, el único país del mundo en el que miembros de su gobierno fomentan los disturbios y aplauden la delincuencia callejera (destrozar mobiliario urbano, escaparates de comercios y bancos, cajeros automáticos, coches y motos aparcados, agresiones a los antidisturbios, etc.). Pero al menos en Venezuela el gobierno defiende a sus fuerzas de seguridad, no como el sector podemita del gobierno español, que “se emociona” cuando la turba del puño en alto atenta contra la policía (P. Iglesias dixit). Y no olvidemos que, el responsable de que ese individuo ostente su cargo, es un embustero miserable que prometió a los españoles que jamás se lo daría: Pedro Sánchez.

En definitiva, qué pena que tanto en Cataluña como en España, gobiernen “los malos”. Porque de quien ostenta el poder desde la maldad, desde el desprecio por la ley, por la democracia y por la convivencia pacífica, nunca podremos esperar nada bueno, como ya lo estamos viendo cada día…

Las revueltas populares

Hace tres semanas tuvo lugar el asalto al Congreso de los Estados Unidos y sinceramente no sé qué me resultó más bochornoso: los descerebrados seguidores de Trump que lo protagonizaron o los progres que lo han criticado…

Tiene mucha gracia que la misma gente que siempre anima a las revueltas populares, a la quema de las calles con el más mínimo pretexto, y que incluso se emociona cuando la turba patea la cabeza de los antidisturbios (Pablo Iglesias dixit), ahora se escandalice cuando son otros los que llevan a cabo sus recetas “democráticas”…

En la última ocasión en que Rajoy ganó las elecciones, tuvimos que aguantar la campaña “rodea el Congreso”, promocionada por esta izquierda cavernícola española. Cuando las manadas de catalanazis llevaron a cabo su golpe de Estado, paralizaron aeropuertos, autopistas y estaciones de tren, incendiaron Barcelona y agredieron a centenares de policías, entonces los fascistas de puño en alto les apoyaron. En Andalucía, cuando las urnas pusieron fin democráticamente a cuatro décadas de “corruPSOE”, la “moderada” Susana Díaz contrató autobuses para que la gente viniera a Sevilla a obstaculizar la toma de posesión de Juanma Moreno.

Y si nos remontamos unos años atrás, recordaremos la actuación de la izquierda en 2004 tras los sangrientos atentados del 11-M en Madrid. Sus injurias e intentos de agresión a los miembros del Gobierno de Aznar durante la manifestación de repulsa contra el atentado, los furibundos ataques a las sedes del PP, los feroces escraches a sus miembros y su violencia callejera incluso durante el día de reflexión previo a las elecciones, dejaron bien a las claras el desprecio que la izquierda tiene por la paz, la libertad y la democracia. Imponer su fanatismo y su sectarismo es su único propósito, para lo cual están dispuestos a politizarlo todo. Incluidos dos centenares de muertos y más de un millar de heridos…

La izquierda, muchos de cuyos partidarios consideran que “el fin justifica los medios”, siempre ha sentido adoración por la violencia (revoluciones, huelgas generales, escraches, asaltos a las propiedades ajenas, etc.). La llevan impresa a sangre y fuego en su ADN totalitario. La libertad individual y las reglas democráticas nunca se interponen en su camino. En Madrid fui testigo en muchas ocasiones del comportamiento de las hordas sindicalistas, que jamás respetan la libertad de un trabajador para decidir si ejerce su derecho a una huelga. Y lo que es peor, asistí anonadado a la pasividad policial ante semejantes comportamientos delictivos, ya que habitualmente los mandos políticos les prohiben actuar cuando los criminales son sindicalistas…

Recuerdo las palabras de mi abuelo Francisco (toda una vida ejerciendo su profesión de guardia civil en 14 lugares diferentes de la geografía española), cuando tras la muerte de Franco yo le preguntaba si era de derechas o de izquierdas. Él siempre me respondía: “de ninguna de las dos, yo soy de orden”. En la misma línea, el célebre escritor Fernando Vizcaíno Casas, con su gracia habitual y mucha menos diplomacia que mi abuelo, solía definirse con la siguiente frase: “yo soy de derechas y del Real Madrid, como toda persona decente”…

Y es que la izquierda ha despreciado siempre ese “orden”, que implica un comportamiento pacífico, con respeto a la ley y al prójimo; y también esa “decencia”, entendida como honestidad, dignidad y compostura, por tratarse de valores “conservadores”. Porque para los progres todo es relativo y todo les vale para fomentar su fanatismo: desde cuestionar la unidad nacional, saltarse a la torera las leyes vigentes de inmigración o atacar al jefe del Estado y demás símbolos patrios, hasta prostituir el día de reflexión previo a unas elecciones, “quemar las calles” y agredir a la policía, o defender a etarras y golpistas catalanes…

Y lo más indignante es que encima, esta chusma sin principios ni valores éticos, nos pretende dar lecciones arrogándose una superioridad moral que jamás han tenido y que nunca tendrán…

Spain is different

Winston Churchill decía: “algunos cambian de partido para defender sus principios; otros cambian de principios para defender a su partido”. Pues bien, esto es lo que parece estar ocurriéndole a millones de personas en nuestro querido país, aún llamado España…

Todas las fechorías que el gobierno socialcomunista ha perpetrado recientemente para sacar adelante sus presupuestos de 2021, que bien podrían llamarse los presupuestos de la propaganda, del derroche y del sectarismo, deberían remover las entrañas en primer lugar a sus votantes, gracias a los cuales ostentan el poder. Por tanto son ellos los responsables últimos de cuanto está sucediendo en nuestro país.

¿Alguien se imagina que el Reino Unido sacara adelante sus presupuestos con el apoyo del IRA? ¿O Alemania con el apoyo de antiguos terroristas de la Baader Meinhof? ¿O Italia con exconvictos de las Brigadas Rojas? ¿O que Estados Unidos autorizara un partido con el ideario de Al Qaeda y su gobierno federal aceptara recibir su apoyo en el Congreso? Pues eso es exactamente lo que está ocurriendo en España, por obra y gracia de la pareja tóxica que nos gobierna.

¿Alguien es capaz de pensar que una región francesa diera un golpe de estado secesionista y el Presidente de la República los indultara, los blanqueara y se aliara con ellos, tres años después? Y si los bávaros decidieran romper Alemania unilateralmente y después de ser juzgados y condenados, ¿cabe en alguna cabeza que Ángela Merkel les indultara y se aliara con ellos a los tres años de su delito? Evidentemente nadie apostaría por semejante majadería. Y sin embargo, esa aberración es la que está cometiendo el psicópata que tenemos de presidente en España.

¿Pude alguien imaginar que en Alemania se legalizara de nuevo el partido Nazionalsocialista (o en Italia el partido Fascista) y tras ser la cuarta fuerza del país en votos, formara parte de su gobierno? Pues en España su partido equivalente, aquellos que defienden los genocidios comunistas pasados y presentes, gozan de carteras ministeriales y una vicepresidencia del gobierno, gracias a la connivencia del infame Sánchez.

¿Como calificaríamos a un país en el que su gobierno impidiera el uso de su lengua oficial en una parte de su territorio? ¿Alguien se imagina que en una región de Alemania, de Francia, de Italia o del Reino Unido, los niños no pudieran ser escolarizados e incluso se les prohibiera hablar durante el recreo, en alemán, francés, italiano o inglés respectivamente? Pues esa ignominia está sucediendo en varias regiones españolas, con la complicidad del PSOE (y durante años también con la del PP).

Desde luego Fraga fue un auténtico visionario cuando en 1960 acuñó la expresión “Spain is different”. Hace 60 años su intención no era otra que la de promocionar el lado más “exótico” de la Península Ibérica, con el fin de atraer el turismo europeo. Pero ahora se demuestra que tenía razón en la vertiente más negativa de la expresión: España definitivamente es diferente… En pleno siglo XXI no creo que haya ningún país europeo en el que millones de sus ciudadanos pudieran justificar (como ocurre actualmente en nuestro país) las felonías de unos gobernantes tan abyectos, tan miserables y tan despreciables como los que tenemos que padecer los españoles…