El culto a la mediocridad

Acabo de terminarme dos libros muy recomendables, ambos escritos por mi admirado (y colega de profesión) Jano García: «La Gran Manipulación» y «El Rebaño».

Los dos hacen hincapié en un grave problema que sufrimos en la actualidad: a pesar de vivir en el único momento de la Historia en el que, gracias a Internet, todo el mundo tiene acceso al conocimiento de forma gratuita, a la vez las redes sociales, sus «masas de acoso» (como él las denomina) y los poderes públicos están contribuyendo a extender «pandemias» como el sectarismo, la mediocridad, la desinformación, la carencia de espíritu crítico y de criterio propio, etc.

La finalidad está muy clara: las élites gobernantes son conscientes de que la masa social (el rebaño) es quien pone y quita gobiernos en las elecciones, y por eso este colectivo mayoritario debe ser fácilmente «manejable» en función del momento, de las circunstancias y, sobre todo, de sus intereses políticos. Para conseguirlo no dudan en adoctrinar a niños y jóvenes, e incluso cambian las leyes de educación, como ha sucedido recientemente en España, rebajando las exigencias y los conocimientos educativos, garantizándose así el crecimiento de esa masa mediocre…

En «La gran manipulación» Jano documenta al detalle todo el proceso que sufrimos en España desde finales de 2019, en que tuvimos las primeras noticias de la epidemia china, hasta mediados de 2020, fecha de la publicación del libro.

En tan corto espacio de tiempo asistimos a dos manipulaciones gubernamentales, llevadas a cabo junto con sus acólitos: los sobornados medios de «desinformación» y las «masas de acoso» de las redes sociales. Las dos fueron de sentido absolutamente opuesto, pero eso sí, el rebaño apoyó fielmente una cosa y la contraria…

En primer lugar vivimos la propagación de la consigna de que el COVID19 era una enfermedad sin importancia, mucho más leve que una gripe, que apenas afectaría ni a la población española ni a nuestro robusto sistema sanitario. ¿Os acordáis de aquella célebre frase del bufón mayor de la farsa, que decía: «España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado»? La «extrema levedad» fue el dogma vendido durante semanas con el fin de llegar al «morado» 8-M, animando a las multitudes (en contra de las recomendaciones de la OMS) a manifestarse en las calles, para poder explotar políticamente los actos «feministas» (?) de toda España. Durante ese período, cualquiera que pusiera en cuestión las tesis oficiales, advirtiendo de que el tema podía ser preocupante, era duramente cuestionado, tildado de «coronahistérico» y aniquilado civilmente por las hordas mediáticas.

En definitiva: se manipuló deliberadamente a la población, anteponiendo intereses ideológicos a la salud pública, ya que en aquellos días las autoridades sanitarias conocían la extrema facilidad de propagación del virus: más de medio centenar de personas lo habían contraído en un velatorio y posterior funeral (los días 23 y 24 de febrero) en la Rioja. Por ese motivo varias delegaciones provinciales del gobierno se habían encargado de prohibir actos multitudinarios programados para esas fechas, con excepción -por supuesto- de los actos del fatídico 8-M.

Pero asombrosamente, como por arte de magia, en tan sólo 4 días la «extrema levedad» se convirtió en «extrema gravedad» y el gobierno decretó, por primera vez en la Historia, un estado de alarma para quince días, que posteriormente se alargaría hasta el mes de junio. Igual de asombroso resultó que todos los palmeros que habían defendido lo inocuo del virus, pasaran a defender con uñas y dientes la recién proclamada extrema gravedad. Para alimentar el circo mediático se distrajo al personal con las ovaciones diarias de las ocho de la tarde a todos esos sanitarios que lidiaban indefensos con la enfermedad, sin equipos de protección, ni respiradores suficientes.

Los cientos de miles de personas que se manifestaron aquel 8-M en toda España multiplicaron de forma exponencial los contagios, como supimos días después, al hacerse público que muchas caras conocidas participantes en el evento acabaron infectadas. Y lo que es peor: el show feminista socialcomunista convirtió a nuestro país en el líder mundial por número de contagios y de muertes entre la población, y también entre los sanitarios.

Las cifras demostraron que la gestión política de la situación fue lamentable. Los profesionales de la sanidad se jugaron la vida (y centenares de ellos la perdieron) en primera línea, mientras los dirigentes políticos vivían más preocupados de aleccionar a la población con sus mantras progresistas, que de dotar a sus sanitarios del material necesario para luchar contra el virus.

Cuando por fin reaccionaron, ya era demasiado tarde y los mercados internacionales estaban saturados. Además se produjeron una infinidad de irregularidades en las compras de material, con la aparición de empresas fantasma, precios sospechosamente desorbitados y contratos siempre vinculados a personas «demasiado próximas» a miembros del gobierno. Muchos de estos casos de supuesto nepotismo, cuando no directamente corrupción, fueron denunciados y se encuentran aún pendientes de juicio, con cuatro altos cargos del gobierno de Sánchez imputados…

En su libro «El Rebaño», Jano hace un repaso acerca de diversos mantras, convertidos en los dogmas de una nueva teología del progresismo. Esa doctrina es desde hace años la imperante, no sólo en la izquierda española, sino también en la de muchos países occidentales. Basándose en ella, han conseguido darle pátina de «corrección política» a lo que no es más que burda ideología tendente a dividir a la población.

Se han creado dogmas para solucionar «problemas inventados», con un propósito más que obvio: adoctrinar a las masas (el rebaño) y embarcarlas en «nuevas luchas», una vez que ya les caducó su casposa «lucha de clases»…

Los temas con los que se pretende manipular y enfrentar a la población son recurrentes: el feminismo, la ideología de género, la «cultura» LGTB, el racismo, la igualdad, la diversidad, la inmigración ilegal, el cambio climático, etc.

Una vez definidos los argumentos de sus dogmáticas «películas», el siguiente paso es construir dos bandos que propicien el enfrentamiento: «los buenos» (siempre los progres) y «los malos» (el resto). Para convencer a la gente de que se alisten en «el bando correcto», suele ser muy socorrido el victimismo: inventarse un relato de opresión, al igual que hacen los nacionalistas catalanes y vascos. De esa forma tratan de generar simpatías hacia las supuestas víctimas (las mujeres, los gays, las lesbianas, los bisexuales, los transexuales, los negros, los musulmanes, los «flujos migratorios», etc.) y de convertir en «verdugos opresores» a cualquiera que discrepe de esas luchas maniqueas.

Los ataques a estos últimos son defendidos por el gobierno y por sus grupos de presión, aunque contengan insultos, calumnias e incluso violencia física: el fin justifica los medios. Con ello generan un miedo a quedarse fuera de juego y a ser vilipendiados que hace que partidos de centroderecha (como PP y Ciudadanos) caigan en la trampa e intenten sumarse a esas «nobles causas» de los progres, aunque en muchos casos ni les dejen…

Con estas tácticas frentistas consiguen dotar de contenido a ese socialcomunismo obsoleto, que en lo económico ha demostrado sobradamente su incompetencia a lo largo de un siglo (generando miseria y muertos por millones), y en lo político siempre ha ido asociado a dictaduras con un total desprecio por la libertad humana. Quizás por ambos motivos, en los lugares en los que se ha implantado esa ideología perversa, fue necesario hacerlo a punta de pistola, a base de muros, de alambradas, de censura informativa y de prohibiciones de abandonar el país…

Y lo más gracioso de todo: en esos «paraísos» en los que la izquierda impuso su ideología durante décadas (Unión Soviética, China, Cuba, Corea del Norte, etc.) siempre se pisotearon los derechos de los gays, de las minorías y las mujeres han tenido un papel político absolutamente irrelevante! Por cierto, en este tema no necesitamos ni salir de casa: ¿alguien me podría decir el nombre de alguna mujer que haya dirigido los sindicatos izquierdistas CCOO o UGT, durante los 45 años que llevan legalizados? Tic, tac (…) Pero no pasa nada, eso les da exactamente igual: la propaganda progresista seguirá engañando a la gente sin el más mínimo rubor, identificando izquierda con feminismo…

Por no hablar del cambio climático: de las 25 ciudades más contaminadas del Mundo, 23 están en la China comunista (más Moscú y Tokio), pero eso sí, somos los ciudadanos de la Unión Europea y de Estados Unidos los que tenemos que luchar en primera línea contra la contaminación, según los dogmas de la progresía imperante!

En definitiva, todo es pura propaganda, con una tendenciosa finalidad partidista y basada en burdos engaños. Menos mal que las personas con criterio propio y con un mínimo de conocimiento de la realidad histórica sabemos que «no por ser repetida hasta la saciedad, una mentira termina convirtiéndose en una verdad».

Y en Francia parece que ya están tomando buena nota: en las elecciones presidenciales celebradas hace unos días, el candidato del partido comunista obtuvo un 2,37% de los votos y la candidata del partido socialista francés un 1,75%, quedando su formación (hermanada con el PSOE) al borde de la desaparición…

Todos con Ucrania

Ucrania es un gran país europeo: el mayor de la Europa del Este (superando en superficie a España), con unos 42 millones de habitantes. Su capital, Kyiv en ucraniano (Kiev en ruso), es más grande en superficie que Madrid y cuenta con una población de unos tres millones, casi cuatro si incluimos su área metropolitana.

A principios del siglo XX estuvo dominada por los imperios austriaco y ruso. Pero tras un infructuoso intento de independencia, con la revolución rusa los bolcheviques convirtieron a Ucrania en una de sus repúblicas socialistas soviéticas. Siete décadas más tarde, con la caída del Muro de Berlín (1989) y la posterior disolución de la URSS (1991), Ucrania se estableció como república democrática independiente, tras ser votado en un referendo que recibió más del noventa por ciento del apoyo de los ucranianos.

Ucrania había sido durante la guerra fría el mayor arsenal nuclear de la URSS, pero en diciembre de 1994 el país se adhirió al Tratado de No Proliferación Nuclear. Como consecuencia de ello, cedió a Rusia todo el antiguo armamento de la URSS: miles de bombas atómicas, misiles balísticos internacionales y aviones bombarderos de largo alcance.

En un principio las relaciones entre Ucrania y Rusia fueron buenas, como lo demuestra el Tratado de Amistad, Cooperación y Asociación que firmaron en mayo de 1997 con el presidente ruso Boris Yeltsin. Ucrania trataba de consolidarse como país independiente, pero sus problemas económicos fueron dividiendo a los ciudadanos entre pro europeos y pro rusos (nostálgicos del régimen anterior, sobre todo en las zonas orientales más cercanas a Rusia). Esta circunstancia provocó el nacimiento de violentos movimientos secesionistas pro rusos, clave para entender el intervencionismo ruso pocos años después.

Con la renuncia al cargo de presidente de Rusia por parte de Boris Yeltsin en diciembre de 1999, llegó al poder un siniestro personaje: Vladimir Putin. Este abogado y exagente del KGB (que trabajó varios años en la Alemania del Este para los servicios de espionaje soviéticos), supo revestir sus ideas totalitarias comunistas de los maquillajes necesarios para ganarse el apoyo de los rusos. La economía capitalista, el nacionalismo, el populismo y el belicismo fueron banderas con las que enmascaró su autoritarismo, con el fin de atraer a la población.

Nada más llegar al poder demostró su carácter bravucón iniciando la segunda guerra contra Chechenia. En 2008 atacó Georgia (otra ex república socialista soviética) por su acercamiento a Europa y a la OTAN. En 2014 llevó a cabo otra guerra contra Ucrania apoyando a los separatistas pro rusos en el este (el Dombás) y en el sur del país, tras la cual se anexionó el territorio de Crimea. En 2015 ordenó intervenir en la guerra civil siria causando la muerte de 35.000 milicianos antigubernamentales (según datos del ministerio de defensa ruso).

El culto al belicismo de este macabro personaje lo podemos comprobar en la actualidad con las carnicerías que está llevando a cabo en territorio soberano ucraniano. Pero afortunadamente la respuesta internacional a estas masacres ha sido casi unánime: la Asamblea General de la ONU ha exigido a Rusia la retirada inmediata e incondicional de sus fuerzas militares de Ucrania, por 141 votos a favor y sólo 5 en contra (la propia Rusia, Bielorrusia, Siria, Corea del Norte y Eritrea); ni siquiera China -su principal aliado- votó del lado de Rusia, optando por la abstención.

En la Unión Europea el apoyo de los 28 países ha sido total, hasta el punto de haber tomado duras medidas económicas contra Rusia y la decisión de enviar armas que ayuden al ejército ucraniano a repeler la agresión. En España sólo los «terraplanistas» de la política (Podemos, Izquierda Unida y Bildu), esos descerebrados que viven instalados en la ignorancia y en el culto a las tiranías comunistas, se han negado a condenar los ataques.

Con ello esta rancia extrema izquierda española se ha vuelto a retratar: quienes presumen de pacifistas (sin serlo), de demócratas (jamás lo fueron), de defensores de las mujeres, homosexuales e inmigrantes (para usarlos electoralmente), se han puesto del lado de un totalitario belicoso, bien conocido por sus ideas machistas, homófobas y racistas…

Incluso desde su país buena parte de la población rusa ha intentado manifestarse en las calles, pero las órdenes de Putin han llevado a la policía a disolver e incluso detener a miles de manifestantes pacifistas. Rusia es hoy por hoy un país que nada tiene que ver con las democracias occidentales: ocupa el puesto número 124 en el ranking de los 167 países analizados, con una puntuación de 3,24 sobre 10, según el Democracy Index 2021. La clasificación la encabezan Noruega (9,75), Nueva Zelanda (9,37) y Finlandia (9,27), y la cierran Corea del Norte (1,08), Myanmar (1,02) y Afganistán (0,32).

Putin, es una mezcla entre dictador y mafioso, que a lo largo de los años ha amasado un poder casi omnímodo. Ha ido amordazando primero y eliminando después, los medios de comunicación críticos con su gestión; los opositores y la población rusa tampoco tienen libertad de expresión y cualquier postura contra el gobierno es siempre reprimida con dureza (8.000 detenidos en la última semana). En los últimos días incluso se les ha prohibido a todos los periodistas usar las palabras «guerra» o «invasión» en sus crónicas, bajo pena de cárcel.

Además de las guerras, son numerosos los escándalos en los que se ha visto la siniestra mano de Putin. Dejaré sólo algunos ejemplos: el asesinato de la periodista Anna Politkóvskaya (autora de libros como La Rusia de Putin o El infierno de Chechenia) en su casa de Moscú; el asesinato del exagente de los servicios secretos rusos Aleksandr Litvinenko, envenenado con polonio en Londres, donde se había refugiado y obtenido la nacionalidad británica; el encarcelamiento del líder opositor Alexei Navalny, del empresario Mijaíl Jodorkovski o de las componentes del grupo punk Pussy Riot. Otros muchos han elegido exiliarse para huir de las garras de Putin: el campeón mundial de ajedrez Gari Kaspárov, el ex consejero presidencial Andrei Illariónov, el politólogo Andréi Piontkovski, los economistas Serguéi Guriev (ex consejero del gobierno y director de la Escuela de Economía de Moscú) y Serguéi Aleksáshenko (ex subdirector del Banco Central de Rusia) o el periodista Vladímir Kara-Murzá.

Pero aparte de la violencia dentro de su país y zonas de influencia, Putin es también un experto en entrometerse en el resto del mundo, sobre todo en la Unión Europea y Estados Unidos, a quienes acusa de ser los causantes del declive soviético. Han sido frecuentes sus intentos de desestabilizar políticamente Europa, llevando a cabo desde ciberataques hasta la difusión de noticias falsas a través de medios de comunicación pro rusos, pasando por préstamos para financiar las campañas de aquellos candidatos que satisfacen sus destructivos intereses (partidos secesionistas catalanes por ejemplo).

Su injerencia en temas como el Brexit o los procesos electorales norteamericanos está más que demostrada, así como la existencia de un ejército de hackers que trabajan para el GRU (Departamento Central de Inteligencia), cuyas misiones son: «labores de interferencia», desarrollar herramientas de piratería y malware, así como «operaciones de información y desinformación online».

Por todo ello, ha llegado el momento de establecer un cordón sanitario que proteja al mundo libre de este Adolf Hitler del siglo XXI. Es necesario apoyar a los ucranianos económica y militarmente, hasta conseguir liberar su país. Y todas las sanciones que se han aprobado (tanto económicas, como políticas e incluso deportivas) contra intereses rusos, contra sus dirigentes y sus oligarcas, deben mantenerse todo el tiempo que sea necesario. Tarde o temprano el propio pueblo ruso se levantará contra el tirano, como ya lo hicieron décadas atrás todos los países del Telón de Acero contra sus dictadores comunistas.

Espero y deseo que eso suceda pronto y sobre todo, que este peligroso psicópata no llegue a cumplir su amenaza nuclear, provocando la destrucción de la Humanidad…

Por último, vienen a mi cabeza dos famosas frases de Albert Einstein con las que quiero terminar este post, el número 100 de mi blog y sin duda uno de los más tristes:

«Dos cosas son infinitas: la estupidez humana y el Universo; y no estoy seguro de lo segundo»

“No sé con qué armas se peleará la tercera guerra mundial, pero la cuarta será con palos y piedras”

Las torpezas de Casado

Desde hace más de un año me refiero al líder del PP como «fra-Casado», y el tiempo ha confirmado mis augurios. Y lo peor es que no ha sido defenestrado por las urnas ni por la corrupción, sino por sus propios compañeros, a los que obligó a tomar partido en una guerra fratricida contra Isabel Díaz Ayuso.

En octubre de 2020, durante la moción de censura, cuando tuvo que decidir entre apoyar a Santiago Abascal (VOX) o a Pedro Sánchez (PSOE), una inmensa mayoría de sus votantes nunca entendió que se alineara ¡con el segundo! Porque su decisión no servía al interés de España ni al del electorado del PP, sino al suyo propio: Casado veía a Abascal (su antiguo compañero de partido), como una amenaza a su puesto de líder de la oposición.

Era normal que el votante de derechas se viera defraudado al ver como el peor gobierno de la democracia (por goleada), pergeñado gracias a la confluencia de todos los enemigos de España y de la democracia, era apoyado por el que decía ser el jefe de la oposición (?).

¿Oposición a quién? No a un gobierno socialcomunista dirigido por un aprendiz de tirano bolivariano (un sátrapa que años atrás había sido expulsado de su propio partido por despreciar las más mínimas líneas rojas de la democracia), sino a VOX, es decir, al único partido que podría haberle llevado a la Moncloa.

Ese día demostró que era un verdadero fracasado: sus aspiraciones quedaron limitadas a conseguir que en algún momento el PSOE rompiera su coalición con rufianes y canallas, volviendo a la moderación y a la democracia como el hijo pródigo. En ese momento estaría él, magnánimo, para ofrecerle una coalición a la alemana, a cambio del sillón de vicepresidente…

Esa estrategia de perdedor, de cobarde segundón, chocó frontalmente con la de una mujer valiente, que lleva años plantándole cara desde la presidencia de la Comunidad de Madrid a este socialcomunismo imperante en España: Isabel Díaz Ayuso. Una mujer con arrestos, que no se deja acorralar por el mantra compartido por PP y PSOE, que tilda a VOX de «extrema derecha repugnante».

De sobra sabe Ayuso quienes son los verdaderos enemigos de España y que una mentira no se convierte en verdad por el hecho de ser repetida hasta la náusea. Y sus votantes también. Por eso miles de madrileños salieron a las calles a tomar partido por ella, frente al pusilánime de su jefe (a quien no defendió «ni el tato»). Y los dirigentes del PP tomaron nota: no se puede gobernar un partido en contra del sentir de sus votantes…

Sobre todo porque la excusa de Casado para atacar a Ayuso era una supuesta corrupción de unos miles de euros, cuando su obligación, como jefe de la oposición, era la de hacerlo contra las millonarias fechorías, estafas, fraudes, desfalcos, saqueos y malversaciones del gobierno de Sánchez. Un tirano que igual le traspasa cientos de miles de euros a la empresa de sus padres, que derrocha dinero público para crear ministerios en los que colocar a los suyos, que beneficia a sus amigos con la compra de material sanitario, o le regala decenas de millones de euros de todos los españoles a una aerolínea venezolana desconocida, propiedad de sus amigos bolivarianos.

La gente de la calle enseguida comprendió que lo que había tras esos ataques a Ayuso por parte del tándem Casado-Egea, no era más que la incompetencia de unos tipos mediocres, que no pueden soportar que una mujer brille por encima de ellos y sea casi adorada por millones de españoles.

Las personas con sentido común (lo opuesto al fundamentalismo socialcomunista) que asisten con desesperación a la degradación moral, económica y política de nuestro país, necesitan engancharse a alguna bandera que les represente. Se merecen tener una esperanza a la que agarrarse, ante esta gravísima situación que vive España, gobernada por una pandilla de inútiles e indeseables.

Muchos millones se han subido ya al carro de la ilusión de VOX, pero los que aún optan por votar al PP necesitan algo similar: un líder valiente que deje de tirar piedras a su propio tejado y que tenga muy claro que sólo la unión de todos los partidos de centroderecha, tanto conservadores como liberales, puede llevar a dar el giro de timón que este país necesita urgentemente.

Por ello espero y deseo que quien quiera que se haga cargo del PP en las próximas semanas, tenga la inteligencia suficiente para entenderlo y para llevarlo a la práctica… por el bien de España.

¿Vacuna contra el COVID o ruleta rusa?

Hace unos días he leído con perplejidad unos datos del Ministerio de Sanidad que me han parecido dramáticos, y que sin embargo no han abierto ningún telediario. Es más, yo diría que están siendo deliberadamente ocultados a la opinión pública…

Aparecían dentro de un artículo del diario digital El Mundo titulado: «Notificados 13,7 casos adversos por cada 100.000 dosis de vacunas». No figuraba entre las noticias de portada, ni siquiera entre las más importantes del día, sino en la sección de «Ciencia y salud» (https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/salud/2022/01/26/61f150a3e4d4d8733c8b45c7.html).

No merecían ni titular ni entradilla; más bien se les restaba importancia, quedando casi ocultos entre porcentajes. Pero, si no nos dejamos engañar por las estadísticas, los datos son escalofriantes:

Oficialmente hasta el 9 de enero de 2022 ha habido en España 11.048 reacciones graves a las vacunas del COVID, definidas por el propio ministerio como «situaciones que requieren hospitalización, dan lugar a una discapacidad significativa o persistente o a una malformación congénita, ponen en peligro la vida, o resultan mortales». Y de ellas, 375 han tenido «un desenlace mortal».

Enmascarar las cifras usando porcentajes es una treta muy común cuando se pretende ocultar la realidad. Pero cuando se quiere decir la verdad sin ambages, se usan siempre datos absolutos.

Por ejemplo, cuando se habla de violencia de género, no se dice «este año el 0,0002% de los hombres ha asesinado a su pareja». Sencillamente porque se le estaría restando importancia a la cifra en datos absolutos: 50 muertes en el año. Por eso se recalca cada caso particular, hasta el punto de abrir los telediarios, aunque esa muerte violenta concreta sólo represente una ínfima parte de la población femenina, en proporción a los 47 millones de habitantes de España…

Yo me pregunto: ¿por qué entonces la estremecedora cifra de 375 muertes en apenas un año, que supera con creces las de violencia de género de 7 años, se maquilla usando porcentajes?, ¿por qué no recibe la relevancia que merece?

¿Es posible que una tragedia semejante, que ha ocasionado sólo en España, casi el doble de muertes que la mayor masacre terrorista de la historia de Europa (los atentados yihadistas de Madrid en 2004), esté pasando tan desapercibida?

Desconozco si en los países de nuestro entorno estará ocurriendo lo mismo, pero imagino que en muchos de ellos habrá más trasparencia informativa que en España. Aquí estamos regidos por un gobierno mentiroso, manipulador y despótico, que lo primero que hizo al comenzar la pandemia fue sobornar a los medios de comunicación privados con subvenciones millonarias…

Pero no se trata sólo de un tema político. Estos hechos deberían de avergonzar a mucha otra gente: en primer lugar a las farmacéuticas que han producido las vacunas, en segundo lugar a la Organización Mundial de la Salud, cuyas recomendaciones han sido seguidas por los gobiernos y en tercer lugar a los «medios de desinformación», siempre dispuestos a seguir los dictados del poder.

Nunca he sido antivacunas ni defensor de teorías conspiranóicas, y de hecho me vacuné con dos dosis siguiendo las recomendaciones de la OMS (que hasta ahora me merecía una cierta confianza), pero a la luz de estos datos ya no pienso volver a hacerlo. Me niego a seguir formando parte de la manada de conejillos de indias que estamos participando en este mortífero experimento a nivel mundial.

Recordemos que la medicina siempre ha rechazado que para salvar unas vidas haya que sacrificar otras. Y sin embargo esa parece ser ahora la consigna indecente de farmacéuticas, políticos e «informadores».

Ocasionar la friolera de 11.000 heridos graves y casi 400 muertos en un año, tan sólo en España (asumiendo que habrá sin duda muchos más casos reales de los contabilizados oficialmente), es algo que no puede justificarse bajo ningún concepto. Y si la población no viviera anestesiada, ideologizada y manipulada por tantos medios afines a este gobierno, la reacción popular habría de ser furibunda. Como sin duda lo sería si esta pandemia hubiera sucedido con un gobierno de derechas y con esta izquierda cavernaria en la oposición: las calles llevarían meses ardiendo a manos de movimientos «antifascistas» y antisistema, de piquetes sindicalistas violentos, de podemitas rabiosos y demás pseudoterroristas callejeros de puño en alto, dispuestos a ejercer la violencia más extrema…

Probablemente sea muy iluso por mi parte, pero espero y deseo que algún día se diriman las responsabilidades legales correspondientes entre todos los culpables de esta macabra situación que estamos viviendo.

Una vacuna ha de ser siempre un seguro de salud y de vida, nunca una ruleta rusa capaz de ocasionar dolencias graves por millares y de provocar centenares de muertes entre personas sanas…

Sánchez: el mayor dictador de la democracia…

Dos cosas caracterizan al actual presidente del gobierno de España: el despotismo y la mentira.

En cuanto a su comportamiento tiránico, la primera víctima fue su propio partido, en el que perpetró una purga al más puro estilo estalinista, vengándose de todos aquellos que en su día se alinearon con la gestora o con Susana Díaz. Y a continuación llevando a cabo todo aquello que el comité federal socialista le había prohibido, por entender que atentaba contra el sentido de Estado que debe tener un presidente de gobierno.

El Tribunal Constitucional también le ha desautorizado en varias ocasiones por saltarse a la torera el marco constitucional: le ha tumbado los dos estados de alarma, el cierre del Congreso, el nombramiento de Iglesias para entrar en el CNI… A todo esto hay que unir que es el presidente de la democracia que más ha gobernado por decreto, que más uso privado ha hecho del Falcon y de las instalaciones de Patrimonio Nacional, que ha corrompido con su sectarismo descarado instituciones del Estado (es decir, de TODOS los españoles) como la Fiscalía General, la Abogacía del Estado, el CSID, el CIS, RTVE, etc.

En cuanto a lo segundo, es también, sin duda, el mayor mentiroso de cuantos presidentes han pisado el Congreso. Pero con una característica peculiar y muy suya: el descaro y la chulería con que lo hace. Le da exactamente igual que las hemerotecas estén llenas de videos suyos diciendo una cosa y haciendo lo contrario…

Mintió a su partido, cuando sus propios compañeros ya sospechaban de él: intuían que no era de fiar, que era un tipo sin escrúpulos, capaz de cualquier cosa para satisfacer sus ansias de poder, y él lo negaba. No le creyeron (demasiado bien le conocían!) y el comité federal del PSOE se vio obligado a tomar la drástica medida de desalojar del puesto a su secretario general. Tras ello constituyeron una gestora que dirigiera el partido y «mister no es no» se vio obligado a renunciar a su acta de diputado y salir del Congreso por la puerta de atrás…

Pero este tipo de personajes maquiavélicos son capaces de todo y su revancha no se hizo esperar. Gracias (supuestamente) al dinero del chavismo, al favor de muchos medios de comunicación y al apoyo de una mayoría de afiliados (deslumbrados por su imagen impostada y por su verborrea de charlatán de feria), consiguió ser reelegido para el puesto anterior. Pero no podía esperar a las siguientes elecciones para recuperar su escaño, así que pergeñó la moción de censura contra Rajoy, con la promesa de convocar elecciones inmediatamente si salía adelante. Para ello contó con el apoyo de todos aquellos con los que había prometido que nunca pactaría, con lo que quedó en evidencia que las sospechas que su partido mantenía sobre él eran más que fundadas. Una vez desalojado el gobierno, «cambió de opinión» afirmando que se proponía agotar los dos años que aún quedaban de legislatura…

Las últimas elecciones las ganó gracias a una mentira que repitió hasta la saciedad: «ni yo ni el 95% de los españoles podrían dormir tranquilos si pactara con Iglesias». Pues bien, apenas unas horas después de cerrarse las urnas hizo exactamente lo contrario de lo que había prometido a sus votantes en campaña, al más puro estilo de Groucho Marx: «estos son mis principios, pero si no le gustan no hay problema, tengo otros»…

A lo largo de su carrera política, todas sus promesas han sido incumplidas sistemáticamente: la ya mencionada de no pactar con Podemos, la de no indultar a los golpistas catalanes, la de no pactar con secesionistas, la de no negociar nunca con Bildu, la de despolitizar la justicia, la de despolitizar RTVE, la de la transparencia en los gastos del gobierno (especialmente de la presidencia)… y una larga lista que no terminaría nunca.

Y como no podía ser de otro modo, la gestión de la pandemia también se ha visto ensuciada de mentiras desde sus inicios. Durante el mes de febrero de 2020 se nos decía que en España apenas habría algún caso diagnosticado, y que el COVID-19 era menos grave que la gripe común de cada invierno. El 8 de marzo de 2020 el Gobierno nos animaba a todos a salir a la calle para acudir a las manifestaciones multitudinarias convocadas por «el día de la mujer». No existía problema sanitario alguno según las informaciones oficiales. Y tan sólo 5 días después se nos confinó a todos en nuestras casas durante más de tres meses, como a borregos en el redil, eliminando de un plumazo los más elementales derechos civiles (trabajar, moverse libremente, reunirse, visitar a familiares enfermos, acudir a entierros, a actos religiosos, etc.) por primera vez en la Historia.

El gobierno español comenzó más tarde que todos los de su entorno a comprar material sanitario para hacer frente a la pandemia. Eso provocó un gravísimo desabastecimiento en los hospitales y un caos con las compras de los suministros necesarios. Los casos de corrupción en estas operaciones fueron innumerables, pero los grandes medios de comunicación, convenientemente sobornados a base de subvenciones de dinero público, mantuvieron un estrepitoso silencio. Además, cualquier persona que se preguntaba por qué España lideraba las peores cifras mundiales (en ratios de población contagiada, de fallecimientos y de sanitarios infectados, por cada 100.000 habitantes), era automáticamente tachada de «antipatriota»…

Se nos mintió afirmando que el uso de las mascarillas era innecesario (en contra de las recomendaciones de la OMS) e incluso malo para la salud. Pero el 20 de mayo de 2020 se decretó su uso obligatorio en espacios públicos. También ese mes comenzó la tomadura de pelo de las «fases de desescalada», convenientemente manipuladas en función del color político de cada autonomía…

A las tres semanas, el 10 de junio de 2020 Sánchez anunció a bombo y platillo: «hemos vencido al virus». Y a partir del día 21 de ese mes era decretada una «nueva normalidad», plagada de restricciones. Pero en octubre se destapó la nueva mentira gubernamental al producirse una segunda ola. Y en vez de hacer autocrítica, optaron por decretar un nuevo estado de alarma, esta vez nada menos que de 6 meses de duración…

Las mentiras y la falta de transparencia con respecto a la cifra de infectados, y sobre todo de fallecidos, no han cesado desde el principio de la pandemia. Y luego han venido las mentiras relacionadas con las vacunas: si se llegaba a un porcentaje de vacunados determinado (70 u 80%) se produciría la cacareada «inmunidad de rebaño» y el problema se terminaría definitivamente. Ya hemos superado esas cifras y todo sigue igual, ante la ausencia total de autocrítica gubernamental…

Por eso ahora nos quieren distraer con nuevas mentiras: la necesidad de una tercera vacuna, el tema de las nuevas cepas y lo más grave, la criminalización de los no vacunados. El pasaporte COVID, inicialmente ideado para dar seguridad a la industria turística, ahora lo quieren utilizar para impedir derechos elementales a los que, en el uso de su libertad individual, han decidido no vacunarse.

Estoy convencido de que este personaje infame que dirige el gobierno socialcomunista, se comportaría de manera opuesta si estuviera en la oposición: se le llenaría la boca acusando al gobierno de recortes de derechos y de medidas «fascistas», llamaría a la movilización social y sindical contra el «liberticidio», exigiría dimisiones a todas horas, etc.

Basta con recordar la que montaron cuando se produjo el brote de ébola de 2014 en el que tan sólo murió un perro: la izquierda se movilizó, tomó las calles acusando al gobierno de asesino y el propio Sánchez exigió en sede parlamentaria la dimisión de la ministra de sanidad Ana Mato e incluso del presidente Rajoy.

Pero bueno, eso es lo que tienen los tiranos. Si fueran consecuentes con sus propias palabras, congruentes con sus actos, si tuvieran principios éticos, si respetaran a la ciudadanía y sus libertades, si pidieran disculpas cuando se equivocan, si no mintieran a sus conciudadanos… entonces no serían dictadores!

Gracias Ángela

En las últimas semanas hemos asistido a la retirada de Ángela Dorothea Kasner, más conocida como Ángela Merkel, tras 16 años ejerciendo de presidenta del gobierno alemán. En ese lapso de tiempo, se han sucedido cinco primeros ministros británicos, cuatro presidentes estadounidenses, tres españoles y ocho italianos. Además, durante 14 años ha sido nombrada por la revista Forbes «la mujer más poderosa del mundo». Todo ello ensalza la carrera política de esta gran mujer, que figura ya en la Historia del siglo XXI.

Nació en 1954 en Hamburgo (República Federal Alemana), hija de un pastor luterano y de una profesora de latín e inglés. Fue la mayor de 3 hermanos (Markus e Irene, 3 y 10 años menores que ella). Al poco de nacer trasladaron a su padre a una iglesia de un pequeño pueblo de la RDA, donde vivió con su familia durante décadas. Allí pudo experimentar los rigores, la pobreza y la falta de libertad de la tiranía comunista. Estudió Física en la universidad de Leipzig, licenciándose con una tesis en la que obtuvo sobresaliente, y se doctoró cum laude en la universidad de Berlín, en la que trabajó durante años.

Con la caída del Muro de Berlín en 1989 se afilió al nuevo partido Despertar Democrático y tras las primeras elecciones democráticas fue designada viceportavoz del nuevo gobierno. Con la reunificación alemana se afilió al CDU (Unión Demócrata Cristiana) y en 1993 fue elegida presidenta regional. Dos años antes, el canciller Helmut Kohl ya la había nombrado ministra para la mujer y la juventud. Y en 1994 le dio la cartera de ministra de medio ambiente y seguridad nuclear.

En el año 2000 alcanzó la presidencia del CDU, partido que hubo de «limpiar», tras los casos de corrupción que causaron la derrota del presidente Helmut Kohl. En 2005 fue elegida candidata a la presidencia de Alemania y por primera vez ganó las elecciones nacionales, victoria que repetiría en las 3 siguientes (2009, 2013 y 2017).

En sus 16 años de mandato, esta brillante mujer no sólo fue clave para la consolidación de Alemania como principal potencia del continente, sino también para el fortalecimiento de la Unión Europea. Sus férreos principios basados en el máximo respeto al dinero de los contribuyentes y en una gestión económica ortodoxa (respetar las reglas de deuda y de déficit, no gastando más de lo que se ingresa) chocaron en multitud de ocasiones con la desidia y la falta de profesionalidad de muchos de los dirigentes de izquierdas y algunos de derechas, principalmente de los países del sur.

En la actualidad, en plena crisis económica generada por la pandemia, vamos a echar mucho de menos a esta gran mujer, que fue capaz de «poner firmes» a tantos políticos ineptos. Fue acusada de falta de carisma y de tener una imagen descuidada, pero nos demostró a todos que los principios están por encima de las apariencias. Su honestidad, su capacidad de trabajo, su austeridad y su respeto al contribuyente (que es quien da de comer a todos los políticos, aunque lo suelan olvidar), fueron valores que adornaron su carrera pública y que por desgracia en España desconocen la inmensa mayoría de dirigentes…

Me pregunto cómo es posible que esta mujer no sea símbolo de las feministas, como no lo fue en el siglo XX Margaret Thatcher… Y lo digo de forma retórica, ya que tengo la respuesta a esa pregunta: el feminismo imperante es solo una argucia más de la izquierda para sus intereses políticos. Por eso nunca ensalzarán a mujeres que no sean de izquierdas ni moverán una pestaña para defender a mujeres de derechas, como ha pasado tantas veces. La última hace solo unos días cuando una mujer fue violada en Reus «por llevar una camiseta de VOX» (execrable manera de disculpar y casi justificar un crimen), sin que ninguna de las «feministas oficiales» haya condenado los hechos…

Por cierto, enlazando con lo anterior, tengo que recomendar el documental del director José Luis López-Linares que se acaba de estrenar, titulado «España, la primera globalización». En él se destaca la figura de la reina Isabel la Católica, que fue durante años la mujer más poderosa de la tierra. Sin lugar a dudas, si el feminismo actual no fuera más que una maniobra política de la izquierda, Isabel de Castilla sería un símbolo feminista, al menos en España. Una mujer que reinó en medio mundo y que tomó decisiones hace más de 500 años de gran importancia para los derechos humanos: la prohibición de la esclavitud y el reconocimiento de los indígenas como súbditos de la corona española de pleno derecho, sin distinción con el resto de españoles. Para poner aquellas normas en valor, hay que recordar que en Estados Unidos la esclavitud estuvo vigente hasta 1865 y que la equiparación de derechos de los ciudadanos negros e indios (los pocos que dejaron vivos) con los de los blancos, no tendría lugar hasta la segunda mitad del siglo XX…

Por último, volviendo a la figura de Ángela Merkel, quiero hablar de algo con lo que no he estado de acuerdo con ella: su gran apertura a la inmigración. Puedo entender que la carencia de mano de obra en Alemania, al ser un país muy industrializado y con muy poco desempleo, le lleve a necesitar trabajadores extracomunitaros. Puedo entender también que una mujer con fuertes convicciones religiosas, y que además vivió el rescate de la Alemania comunista por parte de la Alemania Federal, sea partidaria de ejercer la solidaridad con las gentes de países desfavorecidos. Pero el problema es que esa circunstancia ha marcado la política europea en la materia, provocando un efecto llamada que es el responsable de las oleadas permanentes de inmigrantes ilegales que llegan al sur de Europa a través del Mediterráneo.

La economía española por ejemplo, no tiene ni de lejos la misma capacidad que la alemana para integrar laboralmente a tanta inmigración, ni las cuentas tan saneadas como para regalar subsidios públicos a cambio de nada. Y el resultado es el que podemos ver en las calles de cada ciudad: personas que malviven como manteros, vendedores de kleenex en los semáforos o ejerciendo de gorrillas, cuando no dedicados al tráfico de drogas u otras formas de delincuencia.

No obstante, con sus muchas luces y algunas sombras, creo que Ángela Merkel es una de esas figuras políticas irrepetibles, cuya carrera como «servidora pública» ha hecho honor a esas palabras, brillando entre esa mayoría de personajillos que llegan a la política para «servirse de lo público»…

Feliz jubilación y muchas gracias Ángela.

Imagine (John Lennon)

En los últimos días se han cumplido los 50 años de este icónico tema, compuesto por el malogrado John Lennon.

Desde hace décadas, cuando alguien me pregunta cual es mi canción favorita, siempre respondo que «Imagine». Por ese motivo creo que merece que le dedique un post con mis reflexiones, a modo de pequeño homenaje por este medio siglo de vida…

En primer lugar, me parece una combinación perfecta de letra y música. Su melodía está hecha de acordes sencillos, fáciles de cantar y con un pegadizo estribillo. Pero sobre todo tiene una letra que expresa una bonita utopía, propia de un dreamer (soñador) como el bueno de John.

Creo que si se hiciera un concurso para elegir el himno de la Humanidad, esta canción bien podría ser la elegida. Al menos entre el mundo civilizado al que pertenecen Europa (por ahora), América, Oceanía y buena parte de Asia y de África.

La primera estrofa nos pide imaginar que no existen ni el cielo ni el infierno. En ese caso ya no tendría sentido pensar en el más allá y todo el mundo viviría con alegría el presente (y yo añado: al igual que el resto de los animales de la Naturaleza!).

La segunda nos anima a imaginar un mundo sin países ni religiones donde todo el mundo viva en paz, ya que no existirían motivos para matar o morir. Pone el dedo en la llaga, puesto que ambos conceptos inventados por el Homo Sapiens (países y religiones), han sido los causantes de casi todas las guerras de la Historia…

Y la tercera nos interpela a imaginarnos un mundo sin posesiones, codicia, ni hambre, en el que la humanidad conviva en hermandad.

Por último, en el estribillo se autodefine como un soñador y nos anima a unirnos a él.

Si esos bonitos sueños de John Lennon hubieran sido una realidad, la Humanidad se habría ahorrado la mayor parte del sufrimiento que ha padecido…

Por eso, por un momento, me gustaría adherirme a su utopía e imaginarme un mundo sin fantasías religiosas ni políticas. O al menos sin la religión violenta por excelencia (el Islam) y sin la ideología política más genocida, mentirosa y generadora de odio (el socialcomunismo). Un mundo sin «nazi-onalistas», en el que la banda criminal ETA («extorsionadores, torturadores y asesinos», como me gusta definir su acrónimo) y los secesionismos catalán y vasco no hubieran existido nunca. Una España sin los reinos de taifas autonómicos (con el enorme ahorro de dinero público que se generaría), en la que todos los españoles fueran realmente iguales y las finanzas públicas estuvieran saneadas: sin déficit público, con una deuda en cifras asumibles y un sistema de pensiones garantizado de por vida.

Y por último, me gustaría imaginarme un Mundo en paz y progreso, con la Humanidad dedicada a luchar unida en las guerras que realmente nos deberían importar: el cáncer, el alzheimer, el párkinson, las epidemias, el hambre, el calentamiento global…

Madrileñofobia

En los últimos días está saliendo a la luz ese sentimiento que tienen los socialistas contra Madrid, una comunidad autónoma en la que llevan sin gobernar desde 1995. Que los madrileños rechacen el socialcomunismo en sucesivas elecciones a lo largo de 26 años, es un pecado que la izquierda, y muy especialmente Sánchez, no les puede perdonar.

Madrid ya probó las recetas de la izquierda durante más de 20 años, con Joaquín Leguina de presidente. Y aún teniendo en cuenta que Leguina es uno de los socialistas más moderados que ha dado la política española, los madrileños acabaron decidiéndose por las políticas liberales: menos impuestos, menos intervencionismo y menos dogmatismos ideológicos.

Digamos que los madrileños por fin alcanzaron la mayoría de edad, como también ha acabado sucediendo en Andalucía después de cuatro décadas de corruPSOE. De niños está bien creer en los reyes magos, en el ratoncito Pérez o en papá Noel, pero ya de adultos, seguir creyéndo en esas bobadas, o en las mentiras del socialismo, la verdad es que sólo demuestra una ignorancia supina…

El primero que hizo alarde de su «madrileñofobia» fue ese político catalán que hace honor a su nombre: Rufián. Este sujeto, después de que la milonga del «España nos roba» no le funcionara (ya ha quedado demostrado que quien roba son los catalanazis: desde la banda de los Pujoles hasta la de Puigdemont y sus prófugos), cambió el mantra por el de «Madrid nos roba».

Para agitar su odio contra Madrid, la llama “chiringuito fiscal”, dice que hace “dumping fiscal”, que es insolidaria y demás patrañas insidiosas. Todo es rotundamente falso: la comunidad madrileña es la región más solidaria con el Estado, ya que es la que más aporta y la que menos recibe de esas aportaciones (tan solo un 23%, según datos de 2019); es también la que más riqueza y empleo genera, y la que tiene menos deuda.

Ademas según su cortedad mental, el hecho de que las empresas catalanas huyan de esa región para instalarse en Madrid, nada tiene que ver con la política catalanazi que ejerce su partido, basada en fomentar el odio y la ruptura entre catalanes, y en abrasarles a impuestos, para luego dilapidar su dinero en hacer apología de su paranoia secesionista, racista y xenófoba.

Y es que este individuo no puede soportar que Madrid sea exactamente lo contrario a Cataluña: un espacio de libertad y de emprendimiento, donde todo el mundo es bien recibido; con unos impuestos mucho más bajos, sencillamente porque no necesita esquilmar a los madrileños para crear embajadas en el exterior, para tener una policía propia, para hacer guerras lingüísticas, para tener la TV más cara de España (como TV3) o para hacer un cansino proselitismo independentista y antiespañol, como llevan haciendo ellos varias décadas.

Que el secesionismo golpista catalán, además de delictivo (por muchos indultos que quiera Sánchez), es una mezcla de delirio enfermizo y de negocio (que se lo digan a banda de los Pujoles), es algo de lo que ya no duda casi nadie. Lo verdaderamente preocupante es que su discurso lo acaben comprando los socialistas, con el único objetivo de mantener al sátrapa Sánchez en el poder unos meses más.

Solo unas pocas mentes preclaras quedan en el socialismo español, y ya hace tiempo que se dieron cuenta de que el objetivo final de Sánchez, una vez asegurado su futuro económico personal de por vida, es destruir el PSOE; ese partido cuyo comité federal osó mandarle a la calle por «el solo hecho» de sugerir pactar con los chavistas de Podemos, con los golpistas catalanes y con los herederos de ETA…

El sátrapa Sánchez ya ha ejecutado su venganza contra el PSOE, laminando a quienes demostraron tener principios y sentido de Estado. Principios y valores que, en la mente de este psicópata, no eran más que simples obstáculos para que él llegara a la Moncloa.

Gracias a su falta de escrúpulos y a los apoyos más indeseables, alcanzó su objetivo. Pero más pronto que tarde acabará saliendo de su adorado palacio: en cuanto que una parte de sus votantes despierte y dejen de votar a este grandísimo mentiroso.

Pero todavía le queda una infamia por cometer: vengarse de Madrid, por representar todo lo opuesto a su modelo totalitario y por ser la primera comunidad española que le ha dado un severo varapalo al socialcomunismo en versión sanchista. Y con esa finalidad, no ha dudado en comprar la «madrileñofobia» de Rufián y en mandar a sus secuaces a extenderla por toda España.

Al final todos los tiranos son iguales: necesitan dividir a la sociedad (los «buenos» ellos, los malos los demás), crear un enemigo ficticio al que combatir, y así conseguir adhesiones para una causa (también ficticia) que venden como «el bien común». En definitiva, cortinas de humo para tapar su incompetencia y su sectarismo…

Pero con Madrid, mi Madrid, no va a poder, porque «Madriz es mucho Madriz»… 😉

¿A qué juega el PP?

La pasada semana se produjo un hecho relevante en la ciudad autónoma de Ceuta: izquierdistas e islamistas declararon “persona non grata” a Santiago Abascal, gracias a la abstención del PP. Con ello han vuelto a criminalizar, una vez más, al tercer partido de España, esta vez en la persona de su presidente.

Varias figuras destacadas del partido se han desmarcado de semejante vileza, pero su fraCasado presidente lo ha permitido y ni siquiera ha abierto la boca para desautorizar a sus colegas ceutíes.

El PP lleva años, o mejor dicho décadas, traicionando a su electorado, dando muestras de que no están en política para mejorar la vida de los españoles, sino la suya propia… Y por eso surgieron con fuerza primero Ciudadanos y luego Vox.

Durante mucho tiempo habían gozado del monopolio de ser el único partido no izquierdista a nivel nacional. Todos aquellos que con buen juicio rechazaban los mantras (por no decir directamente “las mentiras”) del socialcomunismo, sólo tenían una opción política: el PP. Pero sus dirigentes, en su absurdo afán de declararse “centristas” para convencer a la “izquierda moderada”, iban contagiándose de sus políticas, hasta llegar a dejar huérfanos a una buena parte de su electorado natural: votantes conservadores y liberales…

El máximo exponente de esa política errática fue Mariano Rajoy, quien a pesar de disponer en su primera legislatura de una cómoda mayoría absoluta, tanto en el Congreso como en el Senado, no se atrevió a derogar ninguna de las políticas sectarias e ideologizantes de Zapatero (memoria histórica, violencia de género, etc.), e incluso continuó con su infame negociación con ETA.

Ya en la segunda legislatura, cuando el PSOE le presentó la moción de censura, su típica desidia de mal funcionario le llevó a fiarse de uno de los partidos menos de fiar del Parlamento: el PNV. Estos mercenarios de la política, que llevan décadas “recogiendo las nueces” del terrorismo, tardaron apenas unas horas en dejarse sobornar por la izquierda y en traicionarle.

Hasta el minuto antes de la votación de aquella vergonzante moción de censura, Rajoy podría haber dimitido, evitando entregar el gobierno a una amalgama de socialistas, comunistas, secesionistas, golpistas y bilduetarras, pero no lo hizo, y el resultado es el que todos conocemos: los tres peores años para España en más de 40 de democracia…

Nunca entenderé ese complejo de inferioridad del PP frente a sus adversarios izquierdistas, y su incapacidad para rebatir con firmeza su pretendida (y falsa) superioridad moral. En primer lugar los podemitas/comunistas ya se descalifican por sí solos con su anacrónica, totalitaria y genocida ideología; es más, en países como Alemania ni siquiera existirían, ya que su constitución prohíbe los partidos de ideología comunista. Y en segundo lugar, ¿cómo es posible acobardarse ante un partido tan despreciable como el PSOE, con una historia de más de un siglo de corrupción y de crímenes? Sin entrar en su bochornoso pasado antidemocrático durante la II República, recordemos que se trata del partido más corrupto de España en democracia (los datos lo evidencian), y además es el único partido político europeo con dirigentes condenados y encarcelados por terrorismo de estado! No olvidemos que el propio Pablo Iglesias, antes de abrazarse a Sánchez y sumarse a “la casta”, denominó al PSOE “el partido de la cal viva”…

Afortunadamente tuvo que surgir VOX para terminar con los tradicionales complejos del PP y para dar todas las batallas ideológicas a esta izquierda zafia, torticera, sectaria y sin escrúpulos que padecemos en España. Una izquierda que señala a los partidos de derecha como si fueran apestados, que les insulta llamándoles fascistas (por cierto, el fascismo no es más que otra execrable derivada del socialismo) y luego se abraza con defensores de los genocidios comunistas (Podemos), con terroristas (Bildu), con racistas (PNV) y con delincuentes condenados por golpismo y malversación de fondos públicos en Cataluña (unos partidos supremacistas que oprimen a la otra mitad de la población catalana)…

Pero lo incomprensible es que la irrupción de VOX, que ha posibilitado el desalojo del PSOE de su cortijo andaluz tras 40 años de corrupción y clientelismo político, y sobre todo el mantenimiento del emblemático gobierno de Madrid (entre otros) para el PP, haya sido tan mal digerida por su fraCasado presidente. Un sujeto que no sólo ha demostrado ser un desagradecido y un desleal, sino que en la moción de censura presentada por VOX llegó al extremo de insultar gravemente a Santiago Abascal y de alinearse con Sánchez y toda su corte de maleantes. ¿De verdad este tipo se cree que los votantes del PP prefieren a este gobierno infame antes que a VOX? ¿No le ruboriza proporcionarle semejante carnaza a la izquierda? ¿No le da vergüenza sumarse a ese cordón sanitario progre (que tantas veces sufrió el PP), causante de innumerables actos de violencia contra el tercer partido español?

Creo que alguien con un poco de luces debería explicarle a este individuo que el PP jamás volverá a sacar una mayoría absoluta y que, por tanto, el único partido capaz de hacerle llegar a la Moncloa es VOX. Debería ir asumiéndolo ya y cambiar su discurso cuanto antes, como por cierto han hecho los dirigentes populares en Madrid (Ayuso y Almeida). Estos últimos han optado por el sabio aforismo “la unión hace la fuerza”, y no hay más que ver los buenos resultados electorales que les ha reportado…

Y el sátrapa Sánchez consumó la infamia…

El pasado martes el gobierno aprobó la concesión de nueve indultos, con el objetivo de liberar de prisión a los condenados por el golpe secesionista de 2017. Levantamiento perpetrado precisamente por las máximas autoridades del Estado en la comunidad autónoma catalana.

Sánchez necesita su apoyo para seguir en el poder y no ha dudado en consumar esta infamia, en contra del criterio del Tribunal Supremo, del Tribunal Constitucional y de la inmensa mayoría de los españoles (incluidos dos de cada tres votantes del PSOE según las encuestas).

La banda mafiosa que gobierna la región catalana desde hace décadas, apropiándose de las instituciones y del dinero público para hacer proselitismo de su aldeanismo identitario, ha vuelto a ganar. Al igual que llevan años sometiendo por la fuerza a todos aquellos que no comulgan con sus ensoñaciones independentistas, esta vez han logrado someter al mismísimo Gobierno de España.

El totalitarismo xenófobo que llevó a cabo una consulta ilegal (prohibida por el Tribunal Constitucional), que lanzó a sus terroristas callejeros (CDR’s) a provocar múltiples altercados por toda Cataluña (bloqueo de autopistas, vías de tren, estaciones y aeropuertos), que les alentó a que convirtieran las manifestaciones en contra de la sentencia del Supremo de 2019 en verdaderas batallas campales de guerrilla urbana, en la que resultaron heridas 600 personas (en su mayoría miembros de las fuerzas de seguridad del Estado), ha quedado impune de la noche a la mañana por obra y gracia de otro totalitario: Pedro Sánchez.

Lamentablemente la Historia se repite, ya que en 1936 el gobierno frentepopulista integrado -como el de ahora- por socialcomunistas y separatistas, también puso en libertad a Companys y a los miembros de su gobierno, encarcelados por su golpe de Estado de 1934 en Cataluña. En aquella ocasión lo hicieron no mediante una colección de indultos a medida, sino mediante la aprobación de una ley de amnistía.

Es sorprendente que esta izquierda española caiga siempre en el error de asociarse con quienes representan todo lo contrario a los supuestos valores de la izquierda: aquellos que tratan de saltarse la legalidad por la fuerza, que atentan contra la igualdad entre catalanes y españoles con un discurso supremacista paranoico y anacrónico, que arruinan la economía regional y no dudan en malversar fondos públicos para sus intereses partidistas, que se vanaglorian de quemar las calles y de agredir a discrepantes y fuerzas de seguridad, que exhiben su odio a España, adoctrinando en él a los niños desde pequeños y discriminando nuestra lengua oficial…

Y para colmo con estos indultos Sánchez contribuirá a que esa banda de sociópatas convierta a unos delincuentes en ídolos de masas, como ya sucedió en la II República, y en nuestros días con J. Pujol, Arthur Mas, o con los cobardes prófugos (Puigdemont y sus secuaces) que llevan ya casi cuatro años huyendo de la justicia española.

Tristemente, cada vez son de más actualidad las palabras del célebre periodista y escritor sevillano D. Manuel Chaves Nogales, publicadas en 1936 en el diario madrileño Ahora, del que fue director:

«Reconozcamos que Cataluña tiene esta virtud imponderable: la de convertir a sus revolucionarios en puros símbolos, ya que no puede hacer de ellos perfectos estadistas.»