El Pacto de la Transición

Tras la muerte de Franco en 1975 y la proclamación del Rey Juan Carlos, comenzó en España un delicado proceso. Muchos esperaban que el nuevo rey se limitara a ser una continuación del Franquismo, con su modelo de “democracia orgánica” sin partidos políticos. Otros deseaban el desmantelamiento total del régimen por la vía revolucionaria. Pero el nuevo Jefe del Estado, con el incuestionable apoyo de Adolfo Suárez, optó por un camino intermedio: la transformación pacífica del sistema político en vigor, para llegar a una democracia homologable al estilo europeo.

No lo tuvieron fácil: ese noble objetivo requería pactar una constitución que sirviera de marco legal para la convivencia de una sociedad muy dividida. Y para ello era necesario llegar a acuerdos entre los herederos de dos bandos que menos de cuatro décadas antes habían llevado su odio hasta una encarnizada guerra civil…

Los protagonistas de esa espinosa empresa hubieron de asumir su tarea desde una responsabilidad de estado. Sabían que su ejemplo era determinante para que la sociedad civil creyera en el proceso y les diera finalmente su apoyo. Personajes tan antagónicos como Manuel Fraga (exministro de Franco) y Santiago Carrillo (comunista exiliado durante décadas e implicado en crímenes de guerra) se vieron obligados a sentarse en la misma mesa y a dialogar sobre el futuro de los españoles.

Asumiendo el objetivo altruista de construir una nueva España, en la que cupieran todas las sensibilidades políticas, se llegó a un gran pacto, que facilitara la transición pacífica de un sistema autoritario al actual. Ese acuerdo consistía básicamente en mirar hacia el futuro con un ánimo constructivo, sin rencores, sin reproches y sin remover las cenizas de una guerra acaecida cuarenta años antes. Exigía por tanto una capacidad de discrepar desde el respeto, dejando de mirar al pasado y de identificarse como heredero de uno u otro bando.

Afortunadamente los esfuerzos de todos dieron resultado y el 29 de diciembre de 1978 entró en vigor la actual Constitución, aprobada por una amplia mayoría de españoles. Aquello supuso el espaldarazo definitivo al proceso iniciado tres años antes y se establecieron las bases para un nuevo sistema político que, con sus luces y sus sombras, nos ha traído hasta la actualidad.

Durante las presidencia de Adolfo Suarez, de Calvo Sotelo y las primeras legislaturas de Felipe González, aquel “Pacto de la Transición” fue respetado por los sucesivos gobiernos. Pero en la última legislatura socialista, ante el empuje del entonces jefe de la oposición José María Aznar, que por primera vez amenazaba con ganar las elecciones, sucedió algo novedoso: en la campaña electoral la izquierda en su conjunto identificó a la derecha con un dóberman que representaba el regreso al Franquismo y el fin de la democracia.

Se activó con ello una peligrosa e infame acusación que fracturó a la sociedad y que no ha dejado de degenerar desde entonces. La izquierda traicionó el Pacto de la Transición, volviendo a mirar al pasado con un objetivo espurio: señalar al adversario político como el bando de los antidemócratas (“los malos”), identificándose ellos con el bando de los demócratas (“los buenos”). En definitiva, el viejo y maquiavélico “divide y vencerás”…

Tras la victoria del PP de Aznar vinieron ocho años de relativa calma. Pero en 2004, de forma sorpresiva llegó al poder el avieso Rodríguez Zapatero. Días antes se había producido en Madrid el mayor atentado terrorista de la historia de Europa, que la izquierda alentada por tan siniestro personaje, no tuvo ningún rubor en aprovechar políticamente a su favor. Llegaron a cometer la ignominia de culpar a Aznar de aquel horrendo crimen cometido por yihadistas y de alentar la violencia callejera contra las sedes del PP, incluso durante el día de reflexión previo a las elecciones…

Gracias a esos métodos tan “poco ortodoxos” (por decirlo suavemente), llegó al poder el miserable de Zapatero. Fue el inicio de siete años de mandato en los que demostró su absoluta incompetencia. Un individuo que no había trabajado en nada, ni había tenido la más mínima responsabilidad política en su vida, se vio de pronto dirigiendo un país. Y los resultados son de todos conocidos. Quizás por ello, para ocultar su total incompetencia, se dedicó de forma cainita a seguir dinamitando el pacto de la Transición. La despreciable y absurda “ley de memoria histórica” es el máximo exponente de su talante destructivo y belicoso.

Afortunadamente en 2011 terminó la pesadilla del personaje “de la ceja”, pero el indolente Rajoy, a pesar de su abrumadora mayoría absoluta, no movió un dedo por desmantelar la legislación socialista que incitaba a la división y al odio. Su dejadez habitual llegó a costarle el puesto, cuando en 2018 Pedro Sánchez, un nuevo socialista sin escrúpulos (como bien sabían en el PSOE cuando le echaron en 2016 del cargo de secretario general), le amenazó con aliarse con todos los enemigos de España para desalojarle del poder mediante una moción de censura. Mariano Rajoy pudo haber dimitido a tiempo de evitarnos la iniquidad que nos esperaba, pero no lo hizo.

Desde el asalto al poder de Sánchez gracias a sus pactos con comunistas, delincuentes golpistas y terroristas, aquella traición al Pacto de la Transición que comenzó con Felipe González y Alfonso Guerra allá por los inicios del siglo XXI, no ha cesado. España es hoy un país menos democrático y más crispado que nunca, en el que se adoctrina a las nuevas generaciones y se les oculta que tras la muerte de Franco hubo un “pacto de caballeros” que posibilitó la evolución pacífica hacia el régimen democrático actual.

Se omite sistemáticamente que la izquierda firmó y se comprometió con aquel bienintencionado acuerdo. Se esconde que posteriormente lo incumplieron por puros intereses partidistas, y que todo ello nos ha llevado a la situación actual: una sociedad cada vez más polarizada, más dividida, que pierde el tiempo y derrocha esfuerzo mirando innecesariamente al pasado, y en la que brilla por su ausencia el respeto democrático hacia el adversario político.

La búsqueda del bien común, es decir, de TODOS los españoles, y no el beneficio propio o de partido, debería ser el objetivo prioritario de todo gobernante decente…

España NO es una democracia

La democracia es un sistema de organización política en el que la soberanía nacional reside en los ciudadanos, quienes la ejercen directamente o por medio de representantes. Sus principios esenciales son:

  • La libertad (individual, de asociación, de empresa, de mercado, de opinión, de expresión, etc.),
  • La igualdad de todos ante ante la ley (tanto en derechos como en obligaciones),
  • La separación de poderes (Legislativo, Ejecutivo y Judicial),
  • El respeto al estado de Derecho, por parte de todas las personas, instituciones y entidades, tanto privadas como públicas (incluido el Estado).

Defender la democracia requiere defender las reglas del juego y sancionar a todo aquel que atente contra ellas: desde terroristas y delincuentes de todo tipo, hasta personas que no respetan (ya sea de palabra o con actos) los valores y principios democráticos.

Pues bien, de estos últimos, tenemos en España por desgracia muchos ejemplos entre la izquierda gobernante y los partidos secesionistas. Son personajes que defienden sistemas antidemocráticos y dictatoriales, e incluso reciben o han recibido apoyo económico de los mismos. Son individuos que cuestionan el estado de Derecho español, su carta magna, su integridad territorial, sus instituciones y sus símbolos. Son sujetos que atentan contra la libertad de las personas y contra sus propiedades, recurriendo incluso a la violencia. Son tipejos que justifican desde actos delictivos como la usurpación de domicilios privados o la violencia callejera, hasta el golpe de estado de los secesionistas catalanes e incluso el pasado criminal de la banda terrorista ETA.

En mi opinión, esa gente son un peligro real para el sistema democrático español. Y si España fuera una democracia verdadera y sin complejos, no admitiría que semejantes comportamientos quedaran impunes. No tiene ningún sentido que con el dinero de todos se financie a quienes solo tienen por objetivo sembrar el odio, destruir la convivencia democrática y atacar a la nación española.

Junto a los secesionistas catalanes y vascos, Pablo Iglesias es sin duda el máximo exponente de estos comportamientos antidemocráticos, que han llevado a la “batasunización” de la política española. Sus soflamas propagadoras de odio deberían haberle supuesto el procesamiento y la ilegalización de su partido hace ya tiempo.

En su paranoia totalitaria, este psicópata, burda parodia de Lenin, no para de insultar a la tercera formación política más importante de España, llamándoles fascistas e incitando a la violencia contra ellos. Como resultado, VOX lleva más de dos años sufriendo ataques de los cachorros podemitas/comunistas en la mayoría de sus actos públicos.

Habría que recordarle a este energúmeno que el único comportamiento fascista (es decir, tratar de reprimir por la violencia a quien piensa diferente) es el suyo. Lo malo es que este individuo no está solo: su discurso se lo ha copiado un PSOE radicalizado, dirigido por otro sujeto fanatizado como Sánchez, quien en lugar de actuar como presidente del gobierno de España, y con ello de TODOS los españoles, se comporta habitualmente como un hooligan procaz y deslenguado…

En ninguna democracia occidental homologada sucedería lo que está ocurriendo en España. Pero este es un solo paso más en esa estrategia totalitaria tan típicamente izquierdista, de no respetar a quien piensa distinto, e incluso llegar a criminalizarlo. Somos millones de españoles los que llevamos ya décadas sufriendo ese sectarismo enfermizo, al que mucha gente ya se ha acostumbrado e incluso lo vive como algo normal…

Y es que, ¿en qué país se admitiría como algo normal que se agrediera o se insultara a alguien solo por apoyar a un partido político, o por portar una pulsera con los colores de su bandera nacional? ¿Sería aceptable que a un italiano por lucir la bandera italiana le llamaran fascista? ¿O que a un alemán por llevar la enseña alemana le llamaran nazi? Pues bien, en España esto es algo asumido durante los más de cuarenta años de “supuesta democracia”. Y una buena parte de esta izquierda rancia que padecemos, apoya que un español no pueda llevar su bandera o la camiseta de la selección española en muchas zonas de la geografía española, sin arriesgarse a ser insultado o incluso agredido…

Estos hechos, que estamos comprobando a diario durante la campaña electoral de la Comunidad de Madrid, ponen de manifiesto que la izquierda se siente muy a gusto ante esta falta de democracia. Porque para ellos la libertad y la democracia son sólo dos banderas para engañar a la gente, obtener su apoyo y alcanzar su único fin: el PODER. Después, una vez conseguido, aparece su verdadera cara y queda patente que tanto democracia como libertad son obstáculos inservibles, de los que se puede prescindir…

Esta criminalización de toda opción política no izquierdista es una anomalía democrática, propia de regímenes totalitarios que desaparecieron de Europa el siglo pasado con la caída del Muro de Berlín. Sólo en España tenemos a esta izquierda casposa, de estilo “república bananera”.

Otro ejemplo más de este aberrante socialcomunismo: en los últimos días han anulado la ley de la época de Rajoy que prohibía los piquetes violentos durante las huelgas. Ya de por sí era algo extraño eso de tener que prohibir la violencia sindical, porque eso implicaba que los sindicalistas (todos ellos de izquierdas, por supuesto) disfrutaban del derecho a usarla… Por eso quedan retratados al derogar esa ley que sancionaba los actos violentos: para ellos es inconcebible que se les impida usar la violencia, porque es su modus operandi. De sobra sabe esta izquierda cavernaria, que sin la violencia, la coacción y la intimidación, no son nadie… Y encima tienen el cuajo de definirse como demócratas, ¡cuando no son más que una amenaza constante contra la convivencia democrática!

Ojalá algún día podamos disfrutar en nuestro país de una verdadera democracia, en la que nadie tenga que padecer violencia por apoyar la opción política que desee, por no querer participar en una huelga o por sentirse orgulloso de ser español y lucir sus símbolos.

Y por último, ojalá que en las próximas elecciones de Madrid -mi patria chica- ganen los partidos democráticos y se quede fuera del poder este socialcomunismo sectario, violento y totalitario que padecemos desde la época del infame Zapatero, y muy especialmente desde que Sánchez se echó en brazos del chavista del moño (ese con el que jamás pactaría porque le quitaría el sueño al 95% de los españoles, incluido él), de los criminales golpistas catalanes y de los neoetarras…

“8-M”

Hoy es el día internacional de la mujer. Y como todos los “días internacionales de algo”, debería ser motivo de celebración sin más. Y punto.

Pero lamentablemente, este día ha sido patrimonializado por la izquierda, que no se suele caracterizar precisamente por “celebrar sin más”. Y es que para la progresía, cualquier tema debe de ser usado para sus fines propagandísticos, para adoctrinar en el maniqueísmo, en la división y en el enfrentamiento. Ese comportamiento obsesivo les lleva siempre a clasificar a la gente: “los buenos” (ellos) y “los malos” (los demás).

En este asunto, como en tantos otros, parece ser que no se puede ser feminista sin ser de izquierdas, ya que según su prostituida versión de la realidad, todos los avances sociales en el terreno de la igualdad entre hombres y mujeres, han sido logros izquierdistas… Una vez más, como sucede por ejemplo con la ecología o con el respeto a las diversas opciones sexuales, ellos se arrogan una superioridad moral de la que por supuesto carecen!

Estos que defienden el feminismo levantando el puño y enarbolando la bandera de la hoz y el martillo, deberían en primer lugar estudiar un poquito de historia. Después, cuando su fundamentalismo dejara paso a la información y a la cultura (cosa bastante improbable por cierto), descubrirían que jamás la mujer tuvo el más mínimo papel protagonista en esos regímenes socialistas totalitarios que ellos defienden…

Tendrían que admitir que los únicos países en los que la mujer ha llegado a la cima del poder han sido siempre regímenes democráticos libres: la reina Isabel y Margaret Thatcher en el Reino Unido, Angela Merkel en Alemania, Michelle Bachelet en Chile, Indira Gandhi en la India, Golda Meir en Israel, etc. En siete décadas de comunismo soviético y en seis de comunismo cubano, jamás una mujer tuvo protagonismo alguno. Por no hablar de China, Corea del Norte y demás “paraísos socialistas”…

En España, en más de cuatro décadas de democracia, ningún partido de izquierda ha presentado a una mujer como candidata a presidente del Gobierno. Tan sólo Rosa Díez (UPD) e Inés Arrimadas (Ciudadanos) han aspirado a presidirlo. Por no hablar de los sindicatos “de clase”: CCOO y UGT han sido siempre dominados por hombres, por mucho que a los sindicalistas se les llene la boca con lo de la igualdad entre mujeres y hombres…

Conviene recordar ahora que la primera mujer ministra de la democracia fue Soledad Becerril (por UCD en 1981); la primera presidente del Senado fue Esperanza Aguirre (por el PP, en el año 1999); la primera presidente del Congreso fue Luisa Fernanda Rudí (por el PP, en el año 2000); la primera mujer presidente electa de una comunidad autónoma fue Esperanza Aguirre (en Madrid, por el PP en el año 2003). Es sólo un poquito de memoria histórica reciente, de esa que la izquierda no suele acordarse, ya que prefieren retrotraerse a la guerra civil que tuvo lugar hace más de 80 años…

El PSOE tuvo la oportunidad de elegir como secretaria general y candidata a la presidencia del Gobierno a una mujer (Susana Díaz), pero tampoco lo hizo: sus afiliados optaron por un ególatra, abyecto y psicópata (al que meses antes habían tenido que echar del partido, por su intención de prostituirlo pactando con podemitas y secesionistas varios, como precio para llegar al poder), antes que elegir a una mujer.

Lo más hilarante del tema en la actualidad, es que la cabeza visible del “feminazismo progre” sea una tal Irene Montero. Esa ministra de “Igual Da” con dilatada experiencia profesional (empleada de una tienda de electrodomésticos durante un año), y cuyo mayor logro en el campo de la lucha feminista fue el de conquistar la cama de un machista redomado. Un espécimen con coleta y chepa, de lo más casposo, que tan pronto un día afirma que le gusta “la política con cojones”, otro que le encantaría azotar a una mujer (a la periodista Mariló Montero) hasta que sangre, y otro decide “guardarle” la tarjeta del móvil a “una colaboradora” (motivo por el que está siendo investigado por la Justicia en la actualidad)…

En cuanto al pasado más lejano, también en esto la izquierda trata de reescribir la historia para ocultar sus vergüenzas. En 1931 los socialistas se opusieron al voto femenino, alegando que con ello se corría el riesgo de que las mujeres se dejaran manipular por “curas y maridos” (en palabras de la socialista Victoria Kent). Tuvo que ser una mujer liberal como Clara Campoamor la que enarbolara la bandera del feminismo y a la que las mujeres tienen que agradecer que se consiguiera el derecho femenino al voto, a pesar del rechazo de la izquierda…

La Constitución de 1978 consagró la igualdad de derechos y obligaciones entre hombres y mujeres. Y a día de hoy, en virtud de la controvertida Ley Integral de Violencia de Género, las mujeres gozan de una más que discutible superioridad legal frente a los hombres en los supuestos de violencia de género: el hombre ha perdido el derecho a la presunción de inocencia y las penas son para ellos mucho mayores que para las mujeres, ante los mismos delitos.

A pesar de todo el desprecio que siento hacia esas mujeres que fomentan el enfrentamiento antinatural entre los seres humanos de los dos géneros, quiero terminar defendiendo la igualdad más absoluta entre todos nosotros. Sin distinción alguna por razón de sexo (ni por razón de territorio, de edad, de ideología, de clase social, de procedencia, de credo, etc.) y durante los 365 días del año. Mi sincera felicitación a TODAS las mujeres en este Día Internacional de la Mujer!

Por último, quiero recordar aquí a todos esos cientos de millones de mujeres que viven en países en los que está consagrada la desigualdad legal entre hombres y mujeres: todos esos regímenes islámicos que denigran a la mitad de sus conciudadanos por el simple hecho de ser mujeres, y que desprecian la cultura occidental precisamente por defender lo que hoy nos recuerda el 8-M. Una igualdad entre hombres y mujeres que ellos consideran un sacrilegio contra sus creencias machistas medievales…

Elecciones catalanas: la victoria de “los malos”

El pasado domingo tuvieron lugar las elecciones de la autonomía catalana y los resultados, para todos los que queremos a esa preciosa región española, no pueden ser más desalentadores…

Quedan ya muy lejos aquellos años en los que Cataluña era un lugar estupendo para hacer turismo e incluso para irse a vivir. La prosperidad de su economía, así como el carácter trabajador de sus gentes, eran un excelente reclamo para las inversiones extranjeras y del resto de España.

El “seny” catalán (“cordura” en español) era su seña de identidad. Desde otras regiones españolas hacíamos chistes sobre ellos y nos mofábamos de su fama de serios y de tacaños… pero no eran más que eso: bromas. Trás ello se escondía una cierta envidia de aquella región tan próspera y hacia sus gentes emprendedoras, diligentes y cumplidoras.

Pero en apenas un par de décadas, y especialmente en el último lustro, aquella imagen tan atrayente de Cataluña se ha tornado en antipatía para muchos. Durante años sus dirigentes no han hecho otra cosa más que persistir en su hoja de ruta secesionista, gobernando sólo y exclusivamente para avanzar hacia ese objetivo fantasioso y delirante. Toda opinión contraria era convenientemente combatida, estableciendo con ello dos clases de catalanes: los independentistas (“los buenos”) y el resto (“los malos”).

Ha sido una contumaz labor, destructiva y perversa, que incluía fomentar la ruptura de la convivencia entre catalanes y por ende entre españoles. No han dudado para ello en inculcar el odio a las nuevas generaciones: los colegios, los institutos, las universidades, la televisión y la radio públicas han llevado a cabo una tenaz tarea durante años… Y el lavado de cerebro ha dado sus resultados!

Una parte importante de los catalanes compran ese mensaje fundamentalista de aversión al resto de España. Su ceguera les lleva a dejarse engañar por los delincuentes condenados por golpismo y por los herederos de la banda mafiosa de los Pujol, que durante décadas robó a manos llenas a los catalanes… Y a pesar de las casi 7.000 empresas que han abandonado la región, y de la destrucción económica que el independentismo ha ocasionado, demasiada gente sigue creyéndose que Cataluña sería más próspera fuera de España (y con ello de la Unión Europea)!

Qué atrevida es la ignorancia, y qué pena me dan los catalanes de bien de toda la vida que se siguen sintiendo catalanes y españoles. Esos que tienen que ocultar sus opiniones y sus sentimientos por vivir en una sociedad enferma, en la que cualquier descerebrado de estelada y puño en alto les puede agredir verbal e incluso físicamente, tanto a ellos como a sus propiedades… Debe de ser muy duro tener que convivir con ese drama, creado deliberadamente por una élite política que antepone sus ensoñaciones paranoicas a la convivencia en paz entre catalanes.

Pero esas hordas de palurdos de estelada, a los que yo denomino “catalanazis” por sus ideas supremacistas y por sus métodos fascistas, no están solos. Tienen el apoyo de esta izquierda cavernícola y acomplejada española, que padece el síndrome de Estocolmo y persiste en su política de apaciguamiento, al más puro estilo de los vergonzantes años 30 del siglo XX! En su ignorancia supina, los del puño en alto desconocen en lo que degeneró aquel “buenismo” europeo, como única estrategia contra el nacionalismo socialista de un tal Adolf Hitler: en la II Guerra Mundial.

Se juntan en definitiva “lo peor de cada casa”, afanándose en la triste tarea de la aniquilación del disidente y de la destrucción de Cataluña. Y ese odio enconado entre conciudadanos e incluso entre hermanos, no tiene visos de mejorar, como se ha podido ver cada día durante la campaña electoral: hemos podido asistir con estupor a la retransmisión de agresiones diarias por parte de una chusma enloquecida, a todo aquel que quisiera expresar ideas contrarias al dogmatismo independentista (VOX, PP o C´s).

Y lo que es peor, las fuerzas de seguridad han sido cómplices de las agresiones, siguiendo instrucciones de sus jefes políticos, mucho más preocupados de que no se detenga a ninguno de “sus cachorros” violentos, que de hacer cumplir la ley y de proteger a las víctimas…

Han sido por tanto unas elecciones sin libertad, en las que no se han respetado los más elementales principios democráticos. Los tramposos dirigentes catalanes han querido llevarlas a cabo en esas circunstancias de violencia impune, pero en un aspecto les ha salido el tiro por la culata: el partido al que más han agredido (VOX), ha sido el que mejores resultados ha obtenido de todos los partidos nacionales que se presentaban (recordemos que el PSC es un partido diferente del PSOE y sólo se presenta en Cataluña).

Otro tema indignante es la infamia que los políticos han cometido con el tema del coronavirus: después de meses de confinamientos en los que no hemos podido salir a la calle, ni siquiera para visitar a nuestros familiares enfermos, o para enterrar a nuestros muertos, de repente las reglas cambiaron durante la campaña electoral y en el día de las votaciones. Por arte de magia el virus dejó de ser peligroso y cualquiera pudo salir para acudir a mítines políticos. Y lo más abominable de todo: se animó a los positivos a ir a votar, cuando hasta ese día se les había exigido la cuarentena y evitar cualquier contacto, ni siquiera con sus familiares directos!

Es esta una demostración más de que la desvergüenza de los gobernantes catalanes y españoles no conoce límites: se les llena la boca al hablar de “salud pública” cuando les conviene recortar nuestra libertad y sin embargo se olvidan de ella para sus intereses electorales…

Por último, aunque no tenga que ver con las elecciones catalanas, esta semana nuevamente “los malos” han incendiado las calles de muchas ciudades españolas, para protestar como energúmenos por el encarcelamiento de un delincuente multireincidente (Pablo Hasel). Este individuo que lleva años cometiendo toda suerte de delitos, ha sido convertido por los golpistas y por la extrema izquierda en una especie de héroe, en una “víctima de la libertad de expresión”. Una vez más la realidad es prostituida para manipular a los más ignorantes y a los más violentos. Y lo más triste es que sea el propio vicepresidente primero del gobierno (el innombrable de la chepa y la coleta) el que incite a la violencia callejera, al igual que muchos otros de sus viles secuaces…

España debe de ser, junto con Venezuela, el único país del mundo en el que miembros de su gobierno fomentan los disturbios y aplauden la delincuencia callejera (destrozar mobiliario urbano, escaparates de comercios y bancos, cajeros automáticos, coches y motos aparcados, agresiones a los antidisturbios, etc.). Pero al menos en Venezuela el gobierno defiende a sus fuerzas de seguridad, no como el sector podemita del gobierno español, que “se emociona” cuando la turba del puño en alto atenta contra la policía (P. Iglesias dixit). Y no olvidemos que, el responsable de que ese individuo ostente su cargo, es un embustero miserable que prometió a los españoles que jamás se lo daría: Pedro Sánchez.

En definitiva, qué pena que tanto en Cataluña como en España, gobiernen “los malos”. Porque de quien ostenta el poder desde la maldad, desde el desprecio por la ley, por la democracia y por la convivencia pacífica, nunca podremos esperar nada bueno, como ya lo estamos viendo cada día…

Las revueltas populares

Hace tres semanas tuvo lugar el asalto al Congreso de los Estados Unidos y sinceramente no sé qué me resultó más bochornoso: los descerebrados seguidores de Trump que lo protagonizaron o los progres que lo han criticado…

Tiene mucha gracia que la misma gente que siempre anima a las revueltas populares, a la quema de las calles con el más mínimo pretexto, y que incluso se emociona cuando la turba patea la cabeza de los antidisturbios (Pablo Iglesias dixit), ahora se escandalice cuando son otros los que llevan a cabo sus recetas “democráticas”…

En la última ocasión en que Rajoy ganó las elecciones, tuvimos que aguantar la campaña “rodea el Congreso”, promocionada por esta izquierda cavernícola española. Cuando las manadas de catalanazis llevaron a cabo su golpe de Estado, paralizaron aeropuertos, autopistas y estaciones de tren, incendiaron Barcelona y agredieron a centenares de policías, entonces los fascistas de puño en alto les apoyaron. En Andalucía, cuando las urnas pusieron fin democráticamente a cuatro décadas de “corruPSOE”, la “moderada” Susana Díaz contrató autobuses para que la gente viniera a Sevilla a obstaculizar la toma de posesión de Juanma Moreno.

Y si nos remontamos unos años atrás, recordaremos la actuación de la izquierda en 2004 tras los sangrientos atentados del 11-M en Madrid. Sus injurias e intentos de agresión a los miembros del Gobierno de Aznar durante la manifestación de repulsa contra el atentado, los furibundos ataques a las sedes del PP, los feroces escraches a sus miembros y su violencia callejera incluso durante el día de reflexión previo a las elecciones, dejaron bien a las claras el desprecio que la izquierda tiene por la paz, la libertad y la democracia. Imponer su fanatismo y su sectarismo es su único propósito, para lo cual están dispuestos a politizarlo todo. Incluidos dos centenares de muertos y más de un millar de heridos…

La izquierda, muchos de cuyos partidarios consideran que “el fin justifica los medios”, siempre ha sentido adoración por la violencia (revoluciones, huelgas generales, escraches, asaltos a las propiedades ajenas, etc.). La llevan impresa a sangre y fuego en su ADN totalitario. La libertad individual y las reglas democráticas nunca se interponen en su camino. En Madrid fui testigo en muchas ocasiones del comportamiento de las hordas sindicalistas, que jamás respetan la libertad de un trabajador para decidir si ejerce su derecho a una huelga. Y lo que es peor, asistí anonadado a la pasividad policial ante semejantes comportamientos delictivos, ya que habitualmente los mandos políticos les prohiben actuar cuando los criminales son sindicalistas…

Recuerdo las palabras de mi abuelo Francisco (toda una vida ejerciendo su profesión de guardia civil en 14 lugares diferentes de la geografía española), cuando tras la muerte de Franco yo le preguntaba si era de derechas o de izquierdas. Él siempre me respondía: “de ninguna de las dos, yo soy de orden”. En la misma línea, el célebre escritor Fernando Vizcaíno Casas, con su gracia habitual y mucha menos diplomacia que mi abuelo, solía definirse con la siguiente frase: “yo soy de derechas y del Real Madrid, como toda persona decente”…

Y es que la izquierda ha despreciado siempre ese “orden”, que implica un comportamiento pacífico, con respeto a la ley y al prójimo; y también esa “decencia”, entendida como honestidad, dignidad y compostura, por tratarse de valores “conservadores”. Porque para los progres todo es relativo y todo les vale para fomentar su fanatismo: desde cuestionar la unidad nacional, saltarse a la torera las leyes vigentes de inmigración o atacar al jefe del Estado y demás símbolos patrios, hasta prostituir el día de reflexión previo a unas elecciones, “quemar las calles” y agredir a la policía, o defender a etarras y golpistas catalanes…

Y lo más indignante es que encima, esta chusma sin principios ni valores éticos, nos pretende dar lecciones arrogándose una superioridad moral que jamás han tenido y que nunca tendrán…

Spain is different

Winston Churchill decía: “algunos cambian de partido para defender sus principios; otros cambian de principios para defender a su partido”. Pues bien, esto es lo que parece estar ocurriéndole a millones de personas en nuestro querido país, aún llamado España…

Todas las fechorías que el gobierno socialcomunista ha perpetrado recientemente para sacar adelante sus presupuestos de 2021, que bien podrían llamarse los presupuestos de la propaganda, del derroche y del sectarismo, deberían remover las entrañas en primer lugar a sus votantes, gracias a los cuales ostentan el poder. Por tanto son ellos los responsables últimos de cuanto está sucediendo en nuestro país.

¿Alguien se imagina que el Reino Unido sacara adelante sus presupuestos con el apoyo del IRA? ¿O Alemania con el apoyo de antiguos terroristas de la Baader Meinhof? ¿O Italia con exconvictos de las Brigadas Rojas? ¿O que Estados Unidos autorizara un partido con el ideario de Al Qaeda y su gobierno federal aceptara recibir su apoyo en el Congreso? Pues eso es exactamente lo que está ocurriendo en España, por obra y gracia de la pareja tóxica que nos gobierna.

¿Alguien es capaz de pensar que una región francesa diera un golpe de estado secesionista y el Presidente de la República los indultara, los blanqueara y se aliara con ellos, tres años después? Y si los bávaros decidieran romper Alemania unilateralmente y después de ser juzgados y condenados, ¿cabe en alguna cabeza que Ángela Merkel les indultara y se aliara con ellos a los tres años de su delito? Evidentemente nadie apostaría por semejante majadería. Y sin embargo, esa aberración es la que está cometiendo el psicópata que tenemos de presidente en España.

¿Pude alguien imaginar que en Alemania se legalizara de nuevo el partido Nazionalsocialista (o en Italia el partido Fascista) y tras ser la cuarta fuerza del país en votos, formara parte de su gobierno? Pues en España su partido equivalente, aquellos que defienden los genocidios comunistas pasados y presentes, gozan de carteras ministeriales y una vicepresidencia del gobierno, gracias a la connivencia del infame Sánchez.

¿Como calificaríamos a un país en el que su gobierno impidiera el uso de su lengua oficial en una parte de su territorio? ¿Alguien se imagina que en una región de Alemania, de Francia, de Italia o del Reino Unido, los niños no pudieran ser escolarizados e incluso se les prohibiera hablar durante el recreo, en alemán, francés, italiano o inglés respectivamente? Pues esa ignominia está sucediendo en varias regiones españolas, con la complicidad del PSOE (y durante años también con la del PP).

Desde luego Fraga fue un auténtico visionario cuando en 1960 acuñó la expresión “Spain is different”. Hace 60 años su intención no era otra que la de promocionar el lado más “exótico” de la Península Ibérica, con el fin de atraer el turismo europeo. Pero ahora se demuestra que tenía razón en la vertiente más negativa de la expresión: España definitivamente es diferente… En pleno siglo XXI no creo que haya ningún país europeo en el que millones de sus ciudadanos pudieran justificar (como ocurre actualmente en nuestro país) las felonías de unos gobernantes tan abyectos, tan miserables y tan despreciables como los que tenemos que padecer los españoles…

 

La muerte de la socialdemocracia

En 1979 el PSOE de Felipe González abandonó el marxismo como ideología oficial del partido. Con ello pretendía modernizarlo, en la línea de las socialdemocracias europeas. La decisión le salió bien, ya que en 1982 el PSOE alcanzó el poder con una abrumadora mayoría absoluta: 202 escaños.

En aquellas elecciones de hace 38 años se estableció el techo de la formación izquierdista y desde entonces nunca más se ha acercado a esa elevada cifra de escaños. A pesar de ir bajando elección tras elección, Felipe González logró mantenerse en el poder durante más de 13 años, hasta que en 1996 fue derrotado por el PP de Aznar por un escaso márgen (156 escaños, frente a los 141 de los socialistas).

La corrupción generalizada acabó provocando el hartazgo de la sociedad española y se produjo la alternancia en el gobierno. Pero hay que reconocerle a aquel PSOE que, por encima de las diferencias ideológicas que se pudiera tener con ellos, era un partido de Estado.

Tras ocho años de gobierno del PP, en 2004 se produjo un vuelco electoral provocado por los atentados islamistas de Madrid y sobre todo por la mezquina utilización que hizo de ello la izquierda. Cuando la única duda era si el PP alcanzaría o no la mayoría absoluta, el terrorismo subvirtió todos los pronósticos. El grupo PRISA se encargó de manipular la mayor masacre terrorista de la Historia de España, con el objetivo de darle la vuelta a las encuestas. Se prostituyó incluso el día de reflexión y con ello las más elementales reglas democráticas.

Como resultado de todas esas deplorables maniobras, un mediocre político, sin la más mínima formación ni experiencia, alcanzó el poder. Con Zapatero comenzó sin duda el declive de un partido que hasta entonces había sido clave en la democracia. Para enmascarar su incompetencia, ZP se dedicó a crear cortinas de humo ideológicas y a fomentar todo aquello que pudiera dividir a los españoles. Se empeñó en su particular “regreso al pasado” con el fin de adoctrinar a las generaciones más jóvenes: en resucitar los dos bandos de la Guerra Civil y en revivir el Franquismo, fomentando así un odio que llevaba casi tres décadas enterrado gracias a la Transición.

La crisis económica, agravada por su pésima gestión, provocó la salida de tan siniestro personaje, ya que en 2011 el PP recuperó el poder con una aplastante mayoría absoluta: 186 escaños, que suponían la segunda victoria más holgada de la democracia.

El gobierno de la derecha se prolongó hasta 2018, año en que fue derrotado por una moción de censura. Era la primera vez en cuarenta años de democracia que esto sucedía. Un PNV traidor, que había dado su palabra a Rajoy de que no la apoyaría, finalmente votó a favor de la moción. De esa forma tan poco ortodoxa llegó al poder el controvertido Pedro Sánchez, a quien poco antes le habían desalojado del cargo sus propios compañeros socialistas. Nunca sabremos con exactitud el precio pagado a los secesionistas vascos por aquella traición, pero todos sabemos por donde deben ir los tiros…

Tras casi un año dando tumbos, sin capacidad para sacar adelante los presupuestos generales, Sánchez optó por convocar elecciones para abril de 2019. El PSOE obtuvo 123 escaños (los mismos que la suma de PP y Ciudadanos), Podemos más sus confluencias e Izquierda Unida 33 y VOX 24. Los resultados le impedían la gobernabilidad, a menos que hubiera optado por una coalición a la alemana junto al PP o a Ciudadanos. En ambos casos el gobierno de coalición habría gozado de una cómoda mayoría absoluta. Pero la arrogancia y la soberbia de Sánchez le llevó a convocar nuevas elecciones en apenas siete meses, convencido de que podría mejorar sus resultados.

Erró totalmente en sus previsiones y las elecciones del 10 de noviembre de 2019 supusieron un nuevo fracaso para la izquierda: el PSOE perdió 3 escaños y los extremistas de Iglesias y Garzón 7. Además, mientras que el bloque de la izquierda bajaba 10 escaños, la derecha ganaba 4. Y es que a pesar del descalabro de Ciudadanos, el PP subía 23 escaños y VOX 28 (duplicando con creces su representación anterior).

Pero una vez más Sánchez desechó toda posibilidad de acuerdos de Estado para conformar un gobierno sólido, y en apenas 24 horas se echó en los brazos de quien había prometido hasta la saciedad que no era de fiar y que jamás pactaría con él. De ese modo se configuró un matrimonio de perdedores, que no daba suficiente para gobernar y que requería de apoyos de las fuerzas secesionistas antiespañolas: desde los golpistas catalanes hasta los proetarras vascos.

Esos acuerdos no sólo permitieron a Sánchez garantizarse el sillón de Moncloa, sino que sobre todo le proporcionaron la oportunidad de vengarse de su propio partido, que años atrás le había sancionado por el sólo hecho de proponerlo…

En este año transcurrido todos conocemos la historia: el “nuevo PSOE” se ha radicalizado hasta extremos nunca vistos. Su alianza con la extrema izquierda y con lo más execrable del Parlamento español le ha llevado a una deriva antidemocrática sin precedentes. Sus ataques a la libertad de expresión, a la independencia judicial, a la libertad de educación, a la monarquía e incluso a la propiedad privada, lo ponen de manifiesto. Su sectarismo ideológico raya en el fundamentalismo: quieren hacernos creer que el franquismo sigue vivo, pero que ETA nunca existió…

Pero ha sido la semana pasada cuando el PSOE se ha retratado en el Congreso, perdiendo definitivamente su condición de partido teóricamente socialdemócrata. El PP presentó una proposición no de ley con la intención de que el Congreso suscribiera la resolución del Parlamento Europeo de septiembre de 2019, aprobada por amplia mayoría (socialistas incluidos), en la que se equiparaban y se condenaban por igual los regímenes totalitarios nazi y comunista, que asolaron Europa en el siglo XX.

Era previsible que partidos antidemocráticos y totalitarios como Podemos, la CUP, Bildu, etc. no apoyarían nada que supusiera condenar el comunismo, pero lo sorprendente es que a esa vileza vergonzante se haya apuntado el PSOE, ¡que el año pasado en Europa voto a favor!

Para mí ya no existe la menor duda: España carece hoy por hoy de un partido socialdemócrata homologable. Es la EXTREMA IZQUIERDA más trasnochada y más casposa la que está instalada en Moncloa, para vergüenza de millones de españoles y europeos…

La “guerra del COVID” y las colas del hambre

Si hace un año nos hubieran dicho que en España en 2020 iba a suceder algo que provocaría más de 60.000 muertes (los mismos que causó la guerra de Cuba a finales del siglo XIX), nos habríamos podido imaginar muchas cosas: una guerra civil provocada por otro golpe de Estado en Cataluña, la explosión de una central nuclear, un terremoto… pero difícilmente lo que está sucediendo.

Sin duda la pandemia provocada por el COVID19 es mundial, pero la penosa gestión del problema es responsabilidad de los incompetentes gobernantes que nos toca padecer. Muchas guerras han causado menos muertes. España está en cabeza en el ranking mundial de infectados y muertos por millón de habitantes, de sanitarios contagiados, de ancianos fallecidos en residencias, de caída del PIB… en definitiva: somos líderes en incapacidad, ineptitud e ineficiencia. Todo ello por obra y gracia de este gobierno guerracivilista, empeñado en dividir a los españoles en base a sus cruzadas ideológicas, basadas en el odio y la aniquilación del discrepante.

En lugar de dedicar todos sus esfuerzos a luchar contra la enfermedad, han aprovechado para llevar a cabo un recorte de derechos sin parangón en las cuatro largas décadas de democracia. La censura se ha convertido ya en algo cotidiano y los pactos con los peores criminales y delincuentes del panorama español en lo habitual. Para los psicópatas que nos gobiernan son mejores los terroristas con centenares de muertes a sus espaldas, que los millones de españoles que no votan a la izquierda.

La radicalidad de Sánchez queda patente cada día, rebasando todas y cada una de las líneas rojas que provocaron que el PSOE le destituyera de su cargo hace apenas cuatro años. Su venganza se está imponiendo sobre sus responsabilidades de Estado. Ha dinamitado su partido y compite con Podemos por ver quien hace más por destruir España. Su blanqueamiento de ETA y de los golpistas catalanes, sus ataques a la Constitución, su desprecio por la separación de poderes o sus humillaciones al Rey, son el pan nuestro de cada día. Leyes como la de educación (Ley Celáa), creada exclusivamente para enfrentar, para adoctrinar, para arruinar a la escuela concertada y de educación especial, para eliminar el idioma español de la enseñanza en algunas regiones, etc., son claros ejemplos de la calaña de este gobierno.

Pero aparte de todas esas medidas ideológicas de tufo totalitario, el principal daño colateral que está generando la nefasta gestión de la pandemia es el económico. Estamos sufriendo la mayor caída del PIB y el mayor aumento de la deuda pública y del déficit de la Historia. Cien mil empresas han tenido que cerrar. Millones de trabajadores por cuenta ajena, autónomos y empresarios están sufriendo la peor crisis de sus vidas, al haber sido desposeídos por el gobierno de su derecho a trabajar. Familias enteras se hacinan cada día en los comedores sociales de Cáritas y ante los supermercados gestionados por esta ONG católica se forman a diario las vergonzosas “colas del hambre”.

Todo esto conviviendo con el gobierno más caro y más numeroso (tanto en ministerios como en asesores) de la democracia. La indecencia de esta gentuza es tal que no han tenido pudor en subirse el sueldo, con la que está cayendo… Por no hablar de los despilfarros con nuestro dinero para todas sus estupideces ideológicas, de las que deberían olvidarse (al menos en estos tristes momentos) si fueran unos buenos gestores.

Y encima todos estos españoles de bien abandonados a su suerte, tienen que ver por la televisión a los miles de inmigrantes ilegales que llegan a las costas de Canarias, alojados en hoteles de lujo (por orden del gobierno socialcomunista), con pensión completa pagada sine die con el dinero de los contribuyentes!

Sólo me queda una esperanza ante tanto despropósito: que más pronto que tarde nos intervengan desde la UE y el FMI, y con ello toda esta banda criminal de gobernantes salga por la puerta de atrás. Los recortes sin duda van a ser tremendos, pero el precio a pagar será soportable si nos liberan del yugo que nos ha impuesto la pareja tóxica ahora en el poder…

El “trinazismo”

En España en la actualidad estamos conviviendo con tres tipos diferentes de ideologías que recuerdan tristemente a aquella Alemania nazi de la primera mitad del siglo XX. Pero antes de abordar mi tesis voy a hacer un poco de memoria histórica, esa que tanto les gusta a los socialistas…

Si buscamos “nazismo” en el DRAE, nos da como resultado “nacionalsocialismo”. A continuación, al explorar este término obtenemos: “movimiento político y social del Tercer Reich alemán, de carácter totalitario, pangermanista y racista”.

La formación política liderada por Adolf Hitler que defendía esos postulados se llamaba “Partido Nacionalsocialista Alemán” y con anterioridad “Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán”. Aquella ideología era por tanto una combinación de socialismo con nacionalismo. En Italia había surgido años atrás un movimiento similar denominado “fascismo”, creado por Benito Mussolini, un joven político que había sido miembro destacado del Partido Socialista Italiano…

El otro tipo de socialismo imperante en aquella época era de carácter internacionalista y marxista: el comunismo soviético. Ambos tenían muchas cosas en común: despreciaban los sistemas democráticos parlamentarios, así como la separación de poderes; propugnaban la estatalización de la economía; animaban a la eliminación de toda disidencia mediante el uso de la violencia y ejercían un férreo control policial sobre la población.

Esas dos ideologías fueron las originarias de la Segunda Guerra Mundial, cuando Hitler y Stalin se aliaron para invadir Polonia en 1939 en virtud de su acuerdo secreto: el Pacto Ribbentrop-Mólotov. Se trataba de un pacto de no agresión entre ambos países, a cambio de repartirse buena parte de Europa Central y del Este.

Después de hacer este breve repaso por esas ideologías totalitarias, antidemocráticas, xenófobas, racistas e imperialistas, quiero llegar al caso español del presente y de las últimas décadas, ya que como veremos hay demasiadas similitudes…

1.- El “nazionalismo” vasco es la amenaza más grave que tuvo que padecer España desde antes incluso de la llegada de la democracia. La banda criminal ETA (que yo defino como “Extorsionadores, Torturadores y Asesinos”) sembró el terror con sus cobardes atentados durante décadas, causando cerca de un millar de muertes y miles de heridos, viudas y huérfanos por toda España. Este grupo terrorista tiene una extraña ideología, mezcla de socialismo marxista y de ultranacionalismo xenófobo.

Compartiendo sus fines y beneficiándose de sus crímenes estuvo siempre el Partido Nacionalista Vasco, un partido aparentemente demócrata cristiano, pero que nunca ocultó su ideología pseudonazi: xenófobo, racista, supremacista, expansionista (reclamando Navarra y el país vascofrancés) y con un absoluto desprecio antidemocrático por quienes no comparten sus ideas. El éxodo de decenas de miles de familias vascas prolongado durante décadas, abandonando su tierra vasca para huir del exterminio etarra, provocó una situación de supremacía ad eternum del PNV. Con la “eliminación de facto” de más de cien mil votantes potenciales, el sistema democrático en aquella región quedó definitivamente desequilibrado, cuando no prostituido…

2.- El “nazionalismo” catalán es una amenaza más reciente, aunque lleva latente también décadas. Mientras pudieron robar a manos llenas a los catalanes y al resto de españoles, los “nazionalistas” catalanes no tuvieron problema alguno en participar del sistema. Pero cuando cayó el clan de “los pujolone” y quedaron al descubierto sus vergüenzas, optaron por echarse al monte. Sacaron entonces su lado más nazi: racismo (“los catalanes somos superiores”), ataques constantes al estado de derecho, señalamiento de los no partidarios (al igual que los nazis señalaban a los judíos), eliminación de toda disidencia (usando para ello la enseñanza, los medios de comunicación y la policía autonómica), ansias expansionistas (hacia Baleares y comunidad valenciana)… Todo ello en aras del sagrado objetivo de una supuesta independencia. Y en esa empresa se unieron desde los partidos de la extrema izquierda más radical, hasta los de la tradicional derecha burguesa catalana. Todos unidos por su fantasía secesionista y totalitaria…

3.- El actual gobierno social comunista que tenemos en España posee también, por desgracia, muchas características propias de los regímenes antes mencionados: ataques a la separación de poderes (amordazando al poder judicial mediante una fiscalía partidista), ataques al estado de derecho (a las libertades individuales, a la monarquía y a la soberanía del pueblo español), ataques a la libertad de expresión y de cátedra (ley de memoria histórica), señalamiento de cualquier tipo de disidencia, uso de la violencia contra el oponente (alentada criminalmente desde la vicepresidencia), etc. Su principal objetivo es perpetuarse en el poder a toda costa y para ello no dudan en fomentar la división entre españoles “buenos” (ellos) y “malos” (los demás). Denigran el pasado reciente de España, desde el Franquismo hasta la Transición y para sus mezquinos fines cuentan con el apoyo de toda una suerte de partidos englobados en los dos puntos anteriores: desde los terroristas vascos hasta los golpistas catalanes. Es evidente que todos ellos prefieren un gobierno como el actual, capaz de mercadear con el estado de derecho, con la historia, con el terrorismo, con la monarquía e incluso con la convivencia entre españoles…

Por último quiero denunciar una incongruencia, una mentira que por muchas veces que se repita nunca se convertirá en una verdad: aunque la maquinaria “naziprogre” insista en repetir su insulto preferido una y otra vez, ser de derechas (ya sea conservador o liberal) es incompatible con ser fascista o nazi. Es una auténtica entelequia. Ya he hecho antes un poco de memoria histórica para explicarlo: esos movimientos políticos se autodefinen como SOCIALISTAS (aunque no marxistas) y nacionalistas, para diferenciarse de los SOCIALISTAS marxistas internacionalistas que defienden el comunismo (también denominado “socialismo real”). En definitiva, para participar de cualquiera de esas dos ideologías criminales, es requisito imprescindible ser SOCIALISTA!

Por tanto es de todo punto imposible que una persona de derechas sea fascista o nacionalsocialista, porque el socialismo, con sus connotaciones totalitarias, está en las antípodas de un liberal o de un conservador, que son por definición personas que creen en la democracia, en el estado de derecho y en la separación de poderes…

Crisis post COVID19: “o ellos o nosotros…”

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra y sin duda la frase tiene toda la razón.

La crisis anterior, que estalló en 2008, aún no estaba debidamente resuelta cuando nos ha pillado la del COVID19. Tuvimos doce años para hacer los deberes y recuperar la solidez de nuestra economía, pero ni Zapatero, ni Rajoy, ni Sánchez lo hicieron durante sus mandatos. Y por supuesto la actual pareja tóxica (Pedro/Pablo), no sólo no se espera que lo hagan, sino todo lo contrario…

Cuando una empresa, un autónomo o una familia pasa por apuros económicos, la primera decisión que toma consiste en recortar todos aquellos gastos que no sean estrictamente imprescindibles. Pues bien, nuestros “brillantes” dirigentes, en lugar de eso, lo que hicieron fue seguir gastando sin freno y pedir dinero prestado cada año, endeudando con ello a todos los españoles y a las futuras generaciones.

Zapatero se encontró en 2004 con una deuda pública entorno a los 389.000 millones de €uros. Cuando se fue, tras siete años de nefasta gestión, casi la había duplicado: 743.000 millones (dato a Diciembre de 2011).

Ese desaguisado lo heredó Rajoy, quien en lugar de recortar drásticamente el gasto público, continuó endeudando más al país: cuando fue desalojado por la moción de censura frentepopulista en 2018, la deuda pública alcanzaba ya la desorbitante cifra de 1.157.000 millones de €uros.

Según el último registro publicado, al cierre de Mayo vamos ya por 1.258.000 €uros y las previsiones económicas son tan desoladoras que se espera otro enorme incremento para los próximos meses. El deterioro de PIB previsto para 2020, sin considerar un posible nuevo confinamiento, se sitúa entre un 11 y un 13%, lo que representará el peor dato desde la Guerra Civil, hace ya más de 80 años.

La inmensa mayoría de la población española asistirá por tanto a la peor crisis económica de su vida. Y las expectativas a corto y medio plazo no son nada halagüeñas, ya que nuestra economía depende en gran medida del turismo (casi un 15%), que es el sector más golpeado por esta situación.

Todo esto me lleva a insistir en algo esencial, aunque sea casi un planteamiento quijotesco, dado el enorme entramado de intereses político-económicos que lo rodean: es imprescindible el adelgazamiento de nuestra administración pública! Y es “ahora o nunca”, ya que la situación actual es de tal gravedad, que probablemente no volvamos a tener tantos argumentos a favor de tomar esta medida en mucho tiempo.

Y esta reducción pasaría en mi opinión por dos medidas drásticas:

1.- La eliminación de todos los ayuntamientos inferiores a una cifra de población determinada, digamos 10.000 habitantes. Actualmente hay en España 759 municipios de más de 10.000 habitantes y 7.372 que no llegan a esa cifra. Estos deberían proceder a mancomunarse para alcanzar esa cifra de población, o a integrarse en uno cercano que ya la tenga. Con ello se reducirían de un plumazo entorno al 90% de los políticos municipales (decenas de miles entre alcaldes y concejales), secretarios y demás personal de los ayuntamientos pequeños; se producirían también enormes ahorros de gastos de funcionamiento (luz, agua, teléfono, limpieza, mantenimiento, etc.) al cerrar, vender o alquilar todas esas instalaciones municipales innecesarias. Esta es una medida que ya han adoptado hace años en muchos países europeos, pero parece que en España todo lo que sea optimizar el gasto público y reducir la carga fiscal a los contribuyentes, a nuestros políticos no les interesa…

2.- Eliminar el actual sistema autonómico, que se ha demostrado incapaz, generando muchos más problemas de los que en teoría iba a solucionar. Cuando se diseñó, a finales de los años 70, no existía Internet, y por tanto la palabra “descentralizar” era una especie de panacea con la que nadie podía estar en desacuerdo. Pero en la actualidad, en la era digital del siglo XXI, la descentralización llega hasta el domicilio y hasta el teléfono de cada ciudadano. Ya no hace falta acudir a hacer la mayoría de gestiones administrativas que eran necesarias hace 40 años, al igual que no acudimos a la oficina bancaria. Todo lo solucionamos con nuestro teléfono móvil o desde casa gracias a Internet.

A esta nueva situación se han adaptado los particulares y las empresas, pero no el sector público. Las oficinas bancarias se han reducido en número por todo el territorio nacional, las compras por Internet son cada vez más numerosas y muchas gestiones que antes debían de ser presenciales, ahora las hacemos cómodamente desde nuestro teléfono u ordenador.

En esta situación, ¿qué sentido tiene por ejemplo que cada comunidad autónoma disponga de su propio servicio de previsión meteorológica? Resulta ridículo gastar 17 veces en algo que se puede perfectamente compartir vía Internet y reducir los 16/17 del gasto que implica. Pues bien, este simple ejemplo se repite en centenares de materias, por la obsesión de los políticos autonómicos y de los partidos políticos (especialmente los “nazionalistas”) de convertir sus territorios en pequeños reinos de taifas.

El entramado autonómico no sólo es ya un anacronismo, sino que genera desigualdades inasumibles entre la población, claramente contrarias a la Constitución. Casos como el de los territorios forales navarro y vasco, son verdaderas puñaladas traperas contra la igualdad entre españoles. Y detrás de ese favoritismo fiscal (que pagamos el resto de españoles), está el origen del malestar de los catalanes independentistas, que primero se circunscribía al ámbito económico y que acabó degenerando en sentimiento antiespañol y en el golpe de Estado del 1-O.

La reforma de la Constitución que hiciera posible la eliminación de las comunidades autónomas mandaría al paro a decenas de miles de políticos, entre ellos a los independentistas, esos que utilizan nuestro dinero para atacar a España y para extorsionar al gobierno de turno; esos que prostituyen las lenguas cooficiales para adoctrinar a los niños desde pequeños y arrinconar a la lengua de Cervantes; esos que dilapidan recursos del contribuyente abriendo embajadas y subvencionando todo lo que favorezca sus paranoias secesionistas…

El ahorro que generarían estas dos medidas que acabo de explicar superaría sin duda los 100.000 millones de €uros anuales y beneficiaría al bolsillo de todos los españoles de una forma ostensible: el sistema público de pensiones dejaría de estar en riesgo (actualmente tiene un déficit anual de unos 19.000 millones), se garantizarían una sanidad y una educación públicas de calidad y pasaríamos de un plumazo de tener déficit público a superávit! Esta nueva circunstancia, desconocida desde los tiempos de Aznar, posibilitaría dos cosas: la reducción de la deuda pública y una bajada considerable de impuestos tanto directos como indirectos. Recordemos que en estas décadas de democracia nuestros políticos (tanto del PSOE como del PP) no han hecho otra cosa más que subirlos. El IVA sin ir más lejos nació con un tipo general del 12% y un reducido del 6% y a día de hoy ya vamos por el 21% y el 10%. Y todo parece indicar que a la vuelta del verano la pareja tóxica gobernante lo subirán de nuevo…

En definitiva, el objetivo de este post es el de concienciar a la ciudadanía de que, ante la peor crisis económica de nuestras vidas, sólo hay una salida posible: plantarles cara a los políticos y exigirles que se recorten ellos de una vez!

Ahora más que nunca: “O ELLOS O NOSOTROS”!!!